Capítulo único
Katsuki no lo podía creer.
¿Desde cuando el Deku de mierda se había vuelto tan descarado?
Se suponía que ambos habían viajado hasta Sapporo por una misión. Un maldito grupo de villanos a sueldo estaba intimidando a los empresarios locales. Katsuki odiaba tener que hacer el trabajo de la policía, pero fue el mismísimo Hawks quien los solicitó como plan de apoyo. Además, no estaba tan mal. Si Katsuki tenía que viajar a una ciudad turística en compañía del amor de su vida, y además patear un par de traseros, no se quejaría.
A los pocos días de llegar, con Deku habían atrapado a cinco de los malditos delincuentes que fomaban parte del grupo, y se esperaba que en los próximos días los nombres del resto de los integrantes fueran confirmados. En difinitiva, el viaje iba excelente. Sin embargo, con lo que Katsuki no contaba, era que tendrían que lidiar con la presencia de los héroes locales.
Joder.
Decir que Katsuki estaba cabreado, era decir poco.
No entendía qué hacía el maldito nerd perdiendo el tiempo hablando tan animadamente con ese estúpido héroe híbrido de toro.
Katsuki conocía los rumores acerca de esa clase de bastardos, de como su polla descomunal podría hacerte ver estrellas y toda esa mierda absurda y asquerosa, sin embargo, Katsuki se negaba a creer que Izuku cayera en ese tipo de comentarios. Izuku no era la maldita Ashido, tampoco el Pikachu bastardo. Y es decir, sí, los híbridos de conejo eran conocidos por su naturaleza libidinosa, pero Deku era un maldito héroe profesional. Jamás se permitiría pensar con el culo, y menos en medio de una misión, ¿verdad?
Además, ¿cómo podría Deku considerar a ese estúpido toro, teniéndolo a él en su radar? Es decir, los híbridos de lobos no tenían nada que envidiarles a esos bastardos cornudos.
—Ya me voy al hotel, nerd. —Katsuki le informó a su compañero. El estúpido que no dejaba de sonreír y mover las pestañas al bovino idiota que lo miraba con estrellas en los ojos.
—Oh, está bien Kacchan. Yo me quedaré un poco más. Ve a descansar.
Izuku lo despidió con un movimiento de manos, y... ¿desde cuando el nerd de mierda no lo seguía como un "cachorro a su amo"? Katsuki arrugó el entrecejo.
Miró a Deku y luego al idiota que lo acompañaba. ¿Cómo era que se llamaba el tipo? Joder, Katsuki ni siquiera lo recordaba, realmente no le prestó atención a su nombre.
—Yo creo que también deberías ir a descansar —dijo entre dientes.
Deku parpadeó en su dirección y volteó su muñeca para ver la hora en su reloj.
—Son recién las nueve, Kacchan, me quedaré un poco más.
Katsuki apretó la mandíbula.
¿Qué mierda?
El jodido toro lo miró, y una sonrisa de suficiencia se dibujó en su estúpido y feo rostro. Eso pareció activar todos los instintos lobunos de Katsuki, porque se le crisparon las orejas y se le tensó la cola.
—Yo creo que no, estúpido Deku, te irás conmigo ahora, tengo que darte mi puto informe y lo sabes. —Katsuki tomó a Izuku por la muñeca y lo arrastró consigo.
—Oh, lo siento mucho, Buru san, mañana seguiremos hablando —Izuku se despidió apresurado del otro héroe, mientras era llevado por Kacchan fuera de la agencia.
(...)
—¿Qué es lo que te pasa, Kacchan?, eso fue muy grosero —Deku se quejó una vez que llegaron a la habitación del hotel.
Bakugou sintió palpitarle una vena de la sien. Un escalofrío de ira le subió por la columna vertebral.
—¿Grosero? —Katsuki dijo, sus dientes apretados—. Yo te diré lo que es jodidamente grosero, maldito Deku. —lo miró con seriedad y lo apuntó con una de sus garras en el pecho—. Grosero es dejar solo a tu jodido compañero en medio de una misión, solo para andar a las risitas con algún imbécil.
Deku lo miró con los ojos muy abiertos.
—¿De qué hablas? ¿Desde cuando te molesta que mi presencia no esté a tu alrededor? Siempre estás quejándote de mi.
¿Qué carajos?
—Yo no...
—Sabes que, no importa, Kacchan. —Izuku tomó sus cosas—. Me daré una ducha, luego puedes darme tu informe.
—Estamos hablando ahora, estúpido.
—No estamos hablando, tú me estás diciendo cosas sin sentido.
—¿Cosas sin sentido? ¿Acaso me vas a negar que estabas coqueteando con ese estúpido toro? —Katsuki gruñía, sin ser capaz de medir sus palabras.
Izuku no lo miraba al rostro al estar de espaldas, pero Katsuki pudo distinguir las bridas de poder recorriendo sus extremidades. Era bastante obvio que el nerd estaba cabreado. A Katsuki le importó una mierda.
—No es así, Kacchan.
—¿Ah? ¿Crees que soy idiota? ¡Te he estado viendo todo el maldito tiempo, Deku!
—¡Que no es así! —Izuku devolvió los gruñidos.
Katsuki se quedó en shock por unos segundos. "¿Qué mierda pasaba con este cabrón?" La ira comenzó a hacer estragos en su autocontrol, llevándolo a soltar un rugido primitivo.
Deku se giró a mirarlo, desconcertado.
Maldita sea, Katsuki se reprendió al instante por hacer aquello. Se suponía que trabajaba arduamente para lograr ser menos imbécil (o eso era lo que su terapeuta le decía). Pero el estúpido de Deku siempre se lo ponía tan difícil.
No supo cómo, pero de alguna manera, ya le estaba mostrando los colmillos al conejo.
Respiró profundo. Necesitaba controlarse.
—¿No es así, eh? —Intentó sonar un poco menos intimidante, aunque el borde afilado en su voz era imposible de disimular.
Deku por su parte, no se movía, demasiado impactado, pero también muy furioso. Solo le dijo:
—Jódete, Kacchan. —Su voz salió fría. La misma voz que empleaba al enfrentar a un villano.
Bakugou era un imbécil de proporciones monumentales.
Suspiró. Demonios, él y Deku no tenían nada.
Que el maldito conejo le encendiera hasta la última de las hormonas no significaba que Katsuki pudiera llamarle la atención de esa forma tan posesiva. Katsuki era consciente de que estaba haciendo el ridículo, sin embargo, lo que en verdad le molestaba, no era el coqueteo en sí mismo.
No, lo que en verdad le crispaba los nervios a Bakugou, era que el maldito Deku negara lo evidente, mintiéndole en la cara.
Eso era algo que Katsuki no podía tolerar.
Con un demonio. Katsuki jamás había visto a Deku comportarse como un descarado, tampoco lo había visto tratarlo como a un estúpido. El que le estuviera negando lo obvio solo hacía que los instintos brutales de Katsuki se activaran.
Jesucristo.
¿Cómo es que Deku siempre lograba sacarlo de sus casillas?
El nerd lo miraba. El verde de sus irises brillaba de una forma casi escalofriante.
—Solo deja de perder el tiempo y concéntrate en la misión. —Katsuki demandó. Su voz se volvió más baja, casi culpable. Aun así, seguía habiendo un borde intimidante en él.
—Eso es lo que hago —Izuku le respondió a la defensiva. La ira de Katsuki volvió a bullir en sus entrañas.
—¡No, no lo haces!
—¡Que sí lo hago!
—No, no lo haces y yo te diré por qué. —Katsuki se acercó hasta Izuku y lo tomó con brusquedad por la tela del traje, justo por encima de su pecho. —¡Porque estás más ocupado buscando ensartarte en la polla de ese toro bastardo en vez de la misión! —sentenció. Su voz salió repleta de frustración: un aura venenosa que nublaba sus sentidos. Izuku se le quedó mirando, con una mezcla de desconcierto y decepción—, aunque... —Katsuki se sentía tan herido que continuó escupiendo saña—. Que se puede esperar de un maldito conejo caliente como tú.
Lo siguiente que Katsuki sintió, fue el dolor punzante de un puño furibundo contra su quijada.
.
.
.
.
.
—¡Joder! —Katsuki se quejó de dolor, con el culo en el suelo. Llevó su mano a su mandíbula magullada.
—¡Eso es lo que piensas de mí! —Izuku le gritó. Su sangre hervía dentro de sus venas.
Estaba sumamente molesto. Ya bastante incómodo se sentía tratando de "amistar" con ese héroe desconocido, para que más encima Kacchan lo acusara de esa forma tan horrible. Todo era producto de la misión. Hawks le había encomendado buscar información entre los héroes locales. Descartar las sospechas por posible colusión.
«Pero que se puede esperar de un maldito conejo caliente como tú».
—Deku de mierda ¿Qué pasa contigo? Me golpeaste. —El rostro de Katsuki era de genuino desconcierto.
—¿Qué pasa conmigo? —Izuku rio. No pudiendo creer el descaro de Kacchan al reclamarle—. Pensé que ya habías superado tu etapa de idiota, Kacchan. Que el chiquillo de la secundaria había madurado.
—Lo hice.
—Ja, déjame diferir al respecto —Izuku soltó con sarcasmo. Katsuki fijó sus ojos en él e Izuku odió el sentimiento que vio en ellos: había conflicto, quizás arrepentimiento.
Pero no. Izuku desechó esa idea al instante. Kacchan no era del tipo que se arrepintiera en absoluto por sus palabras.
—Sabes que no quise decir eso, Deku, ¡Mierda, no quise decirlo! —Izuku frunció el ceño. Honestamente, no se creía esa desesperación en la voz del lobo.
—Pero lo hiciste —dijo en cambio, con firmeza. No estaba dispuesto a ceder esta vez.
Izuku estaba demasiado acostumbrado a los arrebatos de ira de Kacchan, sin embargo, jamás lo había escuchado disminuirlo de esa manera.
—Solo estaba enojado, de acuerdo. Estamos en una jodida misión.
—Yo sé eso, Kacchan. ¿Acaso no confías en que sea lo suficientemente profesional?
—No es eso... es solo que...
—Es solo que; "qué se puede esperar de un maldito conejo caliente como yo" ¿no? —El tono de Izuku era venenoso, repleto de decepción.
—Sabes que no pienso eso.
—Pero lo dijiste
—Solo estaba jodidamente enojado.
—¿Y estabas enojado por qué...?
—¿Por qué...? —Katsuki replicó. Su rostro se tiñó de un rojo brillante. Izuku no estaba seguro si era producto de la ira o de la estupidez. —¡¿Qué sentirías si la persona que jodidamente amas está coqueteando con otro imbécil frente a tus narices, eh?!
Y esa fue, oficialmente, la peor confesión de amor de la historia.
—¿Qué? —Izuku no lo podía creer.
Que brillante manera de pensar sobre la persona que amas.
—Ya lo oíste, maldito. —Katsuki bajó la mirada, su semblante se tornó sombrío.
Izuku estaba boquiabierto. Se hubiera esperado cualquier cosa de Kacchan, menos eso.
—Bueno, si es así como me amas, Kacchan, no me quiero ni imaginar cómo seria si me odiarás.
Katsuki levantó la mirada hacia Izuku, su expresión dolida.
Izuku intentó no dejarse llevar por el semblante de cachorro pateado de Kacchan. Y aunque sabía que sus palabras lo habían lastimado, no podía importarle. Él también se sentía herido.
Demonios, ¿quién fue el que empezó con todo esto, eh?
—Lo siento, está bien. Sabes que no pienso esa mierda sobre ti.
—Aunque lo dijiste. —Izuku insistió, sonando como un idiota. Dios, estaba tan enojado con Kacchan.
Katsuki suspiró, y su cuerpo se soltó como si fuera una marioneta, rendido.
—Puedes creer lo que quieras, nerd, ya te dije lo que pienso. —Se puso de pie y caminó hacia la puerta. La cabeza gacha y la mirada en el suelo.
Pero Izuku no lo permitiría. Desplegó sus látigos negros y lo capturó antes de que traspasara la puerta.
—¿Qué carajos...? —Katsuki exclamó, viéndose atrapado.
—Estamos hablando ahora —Izuku dijo, repitiendo exactamente lo mismo que había escuchado minutos atrás.
—Ya dije todo lo que tenía que decir.
A Izuku no le importó. Acercó a Kacchan con la ayuda de su don, y envolvió sus brazos alrededor del cuello del lobo.
—Entonces, ¿todo este tonto berrinche es porque me amas? —preguntó con propiedad.
Izuku intentaba parecer más sereno, aunque podía sentir el calor subiendo por sus mejillas. Maldito Kacchan. Izuku estaba enojado, pero tenía muchísimas ganas de molestarlo.
Katsuki apartó la mirada, su mandíbula se apretó tanto que le rechinaron los dientes. Izuku se mordió los labios para evitar soltar a reír.
Todo este drama era absurdo, y aunque al principio Izuku se sintió ofendido por todas las acusaciones de su compañero, ahora no podía evitar sentir algo parecido al regocijo. A simple vista, las acciones de Kacchan podrían parecer un sin sentido, sin embargo, Izuku sabía que había mucha vergüenza detrás de ellas.
—Ya te lo dije, no juegues conmigo —Katsuki gruñó, sus músculos se pusieron tensos bajo su toque. Izuku no podía creer lo mimado que actuaba Kacchan.
—¿Quién dijo que estaba jugando?
Izuku se acercó y rozó sus labios con los del lobo.
Dios bendito.
Estaba a punto de hacer la única cosa que siempre deseó desde que tenía quince años. Solo que esta vez, tenía la certeza de que sería correspondido.
Pero no.
Katsuki desvió el rostro, tomó a Izuku de la cintura y lo alejó con gentileza. Sus manos grandes y cálidas se sintieron inestables sobre su piel.
—No, Deku. —Kacchan se opuso al beso, pero en vez de eso, juntó sus frentes. El gesto le pareció tan íntimo a Izuku que fue inevitable el retumbar de su corazón—. No te atrevas a jugar conmigo solo porque estás enojado.
Izuku se lamió los labios con ansiedad.
—No estoy jugando contigo, Kacchan. —Fue sincero. No podía hablar más en serio en ese momento.
Izuku volvió a tomar el rostro de Kacchan y acarició justo donde puso el golpe.
Jesús bendito.
¿Por qué Kacchan tenía que ser tan apuesto, tan perfecto, incluso con la mandíbula golpeada? Con cuidado, Izuku pasó sus nudillos por su atractivo rostro.
¿Acaso el lobo no sabía que su corazón le pertenecía por completo?
—Lo siento mucho —Izuku se disculpó y de forma lenta, llevó su boca a la de Kacchan.
Está vez, el lobo no dudó, tomó los labios de Izuku con total dominio. La lengua cálida y ligeramente áspera de Kacchan se apoderó de la boca de Izuku con fuerza. El conejo se derritió por completo. Los labios de Kacchan eran perfectos, mejor de lo que hubiera imaginado.
Izuku se permitió zapatear de puro gusto.
Dios, Kacchan besaba increíble, lo tocaba increíble, ¿por que tenía que ser tan increíble en todo?
—Me gustas, Deku, me encantas.— Kacchan canturreó sobre sus labios, e Izuku sintió una explosión de calor invadirle el estómago—. Joder, no podía soportar verte con ese idiota.
Dios mío. Le encantaba a Kacchan.
Él le encantaba.
Kacchan posó sus manos en la cintura de Izuku y la apretó con fuerza, su cálida boca volviéndose cada vez más exigente. Izuku gimió en medio del beso. Los dientes de Kacchan mordían y apretaban todo a su paso. Izuku lo permitió todo. No había nada más placentero que sentirse devorado por este lobo.
—Mierda. —Kacchan soltó un gruñido. Tomó a Izuku por el pelo de la nuca y lo apartó del beso. Sus ojos oscurecidos estaban fijos en los suyos—. Jodidamente me encantas, idiota.
Izuku tragó un poquito de saliva.
No era la primera vez que alguien mostraba interés en él, pero esta vez era diferente: se trataba del hombre que protagonizaba todos y cada uno de los sueños húmedos de Izuku. El conejo no iba a contenerse.
—¿Quieres comprobar que tan caliente puedo ser? —Izuku miró a Kacchan con desafío, se alejó, y lentamente comenzó a desabrochar el cinturón de su traje.
Kacchan se le quedó mirando, su respiración inestable. Sus cejas rubias se elevaron, y sus ojos, atentos e increíblemente oscuros, recorrieron cada uno de los movimientos de Izuku con diligencia.
Izuku hizo una mueca de dolor al ver a Kacchan al rostro. Pobre, se notaba que estaba haciendo todo lo posible por contenerse. Sus labios se veían dolorosamente apretados entre sus afilados colmillos.
—Deku, yo no quise... —Un gemido ronco salió de Kacchan.
—Está bien.
Con dulzura, Izuku le sonrió, sin quitarle los ojos de encima. Sus manos trabajaban en la cremallera de su traje.
—Pero...
—Lo que dijiste no es del todo falso.
La libido insaciable de los conejos era una característica bien sabida por todas las especies de híbridos. Izuku no se avergonzaba de aquello, es más, podía reconocer que le gustaba muchísimo el sexo, aunque a decir verdad, eso no significaba que se acostara con cualquiera.
Katsuki tragó pesado. Sus ojos recorrieron la anatomía de Deku de pies a cabeza.
—¿Te gusta lo que ves? —Izuku tentó y Katsuki no pudo hacer más que asentir estúpidamente, demasiado concentrado en apreciar la figura llena de pecas.
Izuku rio, permitiéndose ser soberbio por primera vez.
Aunque Kacchan quisiera negarlo, no podría hacerlo. Era cosa de mirar su cola peluda, y como esta se agitaba, demasiado entusiasmada por la vista. Su pene no disimulaba tampoco, se veía completamente erecto y duro bajo sus pantalones.
Izuku pateó su traje que aún estaba enganchado en uno de sus tobillos, tirándolo lejos. Luego, con un gesto de su dedo, le indicó a Kacchan seguirlo a la cama.
Kacchan lo hizo.
La habitación del hotel era doble, con una cómoda cama individual para cada uno, mullidos cojines y suaves cobertores, sin embargo, ahora no importaba nada de eso ¿verdad?
Izuku arrojó a Kacchan de espaldas sobre una de las camas y se trepó desnudo sobre él.
La personalidad de Izuku era mayormente tímida, pero cuando se trataba de la intimidad, no existía nada que pudiera frenarlo. Después de todo, así eran como funcionaban los instintos. Además, no podía permitirse actuar cohibido ahora, no cuando Kacchan lo miraba como si fuese un bocadillo.
—Espera, Deku ¿qué haces? —Kacchan gruñó e Izuku se detuvo.
¿De qué se había perdido?
Izuku creyó que él y Kacchan estaban en la misma sintonía.
—¿Qué crees que hago, cachorro? —arrulló con sensual tono.
Katsuki negó, su rostro preocupado se contrajo de una forma casi dolorosa.
—No, no quiero esto —expresó.
¿Eh? ¿Qué cosa? ¿Cómo?
—¿No quieres esto? —Izuku preguntó, sin entender del todo la actitud de su compañero.
Katsuki asintió.
Izuku parpadeó perplejo. Kacchan debía estar bromeando. No había forma de que no quisiera tener sexo con él.
¿Cómo podía negarle a su cuerpo lo que ambos deseaban con tanta urgencia?
Solo para asegurarse, Izuku bajó su mano hasta la polla de Kacchan y la apretó un poquito. Kacchan estaba claramente muy excitado.
—Demonios. —Kacchan dio un respingo, acompañado de un gruñido ronco.
Izuku no entendía.
—Tu cuerpo no me dice lo mismo, Kacchan. —Izuku se alejó, sentándose sobre Kacchan—. ¿Qué ocurre? —De a poco comenzaba a preocuparse por la actitud de su acompañante.
Quizás el lobo no quería esto, quizás la enorme erección que sostenía solo era una repuesta fisiológica a la cercanía entre ambos. Pero... dios. Esos ojos oscurecidos lo confundían muchísimo.
—Es solo que... —Kacchan murmuró con expresión incómoda. Izuku podía verlo, pero..., ¿qué era aquello que lo frenaba?
Izuku observó a Kacchan con detenimiento, y... oh, claro. El lobo seguía completamente vestido tendido en la cama. Izuku sonrió, un atisbo de claridad lo golpeó en ese momento. A Kacchan debía gustarle sentir la piel de su amante. Se acercó a tomar sus labios, mientras sus manos trabajaban en el broche de sus pantalones.
—No, Deku, espera —Katsuki apartó sus manos con gentileza y se sentó en la cama.
Su cabello rubio era un desastre y sus labios no estaban mucho mejor. Húmedos y magullados por los besos.
Kacchan se veía delicioso pero también muy conflictuado.
—No juegues tú conmigo ahora, Kacchan —Izuku gruñó con algo de frustración. No sabía por qué, pero se sintió humillado.
¿Acaso Kacchan solo estaba probando su punto? ¿Quería sacar al animal necesitado dentro de él?
—¿Esto se trata de probar algo? ¿Que en verdad soy un conejo caliente que busca desesperadamente una polla en la cual enterrarse?
—Deku, ¿qué? claro que no...
—¿Te encanto pero no puedes estar con un maldito conejo? ¿Es eso, Kacchan?
—¡Joder, para con eso!
Katsuki se rompió. Su rostro se arrugó en una expresión dolorosa. Atrajo a Izuku hacia su pecho y lo abrazó con todas sus fuerzas. Izuku apretó las manos en un intento por no desmoronarse.
—Entonces ¿por qué rayos, no? —Izuku gimió. Le dolía. Le apretaba el pecho el rechazo.
Esto no se trataba solo del sexo.
Izuku odiaba los malditos prejuicios. Estaba acostumbrado a ellos, pero jamás se sentiría preparado para el prejuicio de Kacchan.
Katsuki tomó su rostro y lo obligó a mirarlo a la cara.
—¡Porque te amo demasiado, idiota! —reveló, con lágrimas en los ojos.
—Pero...
Katsuki resopló.
—No, escúchame bien, imbécil —gruñó, sus mejillas sonrojadas debido al llanto—. ¡No voy a tener sexo contigo a menos que pueda repetirlo mañana, y pasado, y todos los putos días. No quiero algo casual contigo, nerd, quiero hacerte el amor. Quiero que seas completamente mío!
Madre de dios.
Esa sí, era una confesión de amor en toda la regla.
Izuku dejó de respirar, en realidad, temía moverse demasiado y romper esa burbuja que los envolvía.
Kacchan lo amaba, lo amaba de una manera que gritaba, "mío".
—Kacchan. —Izuku sollozó. No quería llorar, pero estaba tan emocionado que por su puesto su voz saldría hecha un desastre. Kacchan lo apretó en un nuevo abrazo y dejó un pequeño beso en su sien. Izuku hundió la nariz en el cuello de Kacchan y respiró su aroma. Dios bendito. Kacchan olía muy muy bien.— ¿De verdad me amas tanto? —preguntó, solo para darse el gusto de escuchar una confirmación.
—Lo hago, Deku maldito —Katsuki confesó. Su voz sonó amortiguada, pero había un borde de satisfacción en ella.
Izuku alzó la vista para verlo. Y... que tierno. El lobo estaba sonrojado hasta las orejas. Esas lindas orejitas que se agachaban, sometidas por completo.
—Yo también te amo —Izuku admitió. Sus ojos eran suaves y su tono de voz salió dulce y cariñoso.
Kacchan soltó un suspiro repleto de alivio. Izuku se permitió ser travieso. Llevó a Kacchan a tumbarse juntos sobre la cama, ambos enredados el uno con el otro.
—Te amo mucho, Kacchan —repitió Izuku.
Katsuki negó con la cabeza, parecía demasiado divertido por su emoción. Juntó sus narices. Su sonrisa era más radiante que el sol.
—¿Tanto como yo lo hago? —preguntó. Su voz, un poco vulnerable, derritió el corazón de Izuku.
—Quizás te ame mucho más de lo tú que crees —confesó Izuku, y antes de que pudiera avergonzarse, Kacchan lo atrapó, tomando su boca en una nueva sesión de besos.
Está vez, con más suavidad, con más gentileza.
—Eso es imposible, estúpido Deku. —Kacchan se apartó de sus labios y lo miró a los ojos. Su mirada era profunda y se mostraba repleta de calidez. Izuku se sintió adorado.
—No puedes subestimarme, Kacchan, tú no sabes lo que yo...
—¡Tú no me subestimes a mí! —Kacchan lo interrumpió. Su rostro se puso serio, con sus cejas muy fruncidas. Izuku quiso rodar los ojos y burlarse de él, pero Kachan tomó sus rizos con firmeza.
Izuku dejó escapar un pequeño jadeo ante el tacto rudo, y la lengua de Kacchan se volvió a abrir paso dentro su boca.
Izuku se derritió, ronroneando complacido.
Madre de dios, los labios de Kacchan se sentian muy bien. Las manos que amasaban su trasero también. La sangre de Izuku se calentó. Quería a Kacchan más cerca. Quería a Kacchan dentro.
—Te amo demasiado, conejito —Katsuki dijo entre besos. Izuku gimió y se estremeció cuando los dedos de Kacchan se escabulleron entre sus nalgas. —Me tienes completamente jodido—. Izuku entornó los ojos. Los dígitos de Kacchan invadiendo en su agujero.
Izuku lo quería dentro ahora.
—Joder, Deku —Kacchan soltó una carcajada—. Estoy mas caliente que un conejo.
Izuku rodó los ojos ante el comentario tan clasificador. Ya trabajarían en ello, después de todo, ahora ya empezarían una relación formal.
Una relación entre un lobo y conejo no se consideraba para nada convencional, sin embargo, tampoco era imposible de llevar.
Izuku tendría mucho tiempo para enseñarle a Kacchan a respetar a los conejos. Por ahora, ambos debían darse lo que deseaban, ¿verdad?.
—Quítate la ropa —Izuku ordenó, su ojos se volvieron depredadores.
Y aunque Katsuki jamás dejaba que le dieran órdenes, en esta oportunidad, no esperó a que se lo repitieran dos veces. Quitó de un jalón su camiseta, luego sus pantalones. Deku recorrió con sus ojos la anatomía maciza del hombre que amaba y decir que no estaba encantado con la vista, sería una vil mentira. Izuku jamás había tenido la oportunidad de ver a Katsuki completamente desnudo.
Ciertamente, aunque el héroe era muy orgulloso de sí mismo, también era muy reservado cuando se trataba de exponer su cuerpo.
Izuku se mordió los labios con deseo, si bien era cierto que pudo sentir la gran y dura polla de Kacchan contra su mano con anterioridad, verla así; desnuda y majestuosa, era una cosa totalmente diferente.
La polla de Kacchan era preciosa. De un tamaño generoso y una cabeza roja que se erguía orgullosa por sobre sus abdominales. Su tronco era grueso y estaba adornado por venas sobresalientes que la hacían verse increíblemente deliciosa, sobre todo por el líquido brillante y blanquecino que se escurría por toda su extensión.
Izuku sintió como la boca se le hizo agua al contemplar ese pene hermoso y chorreante a su disposición, su propio pene se puso duro como roca ante la perspectiva.
—¿Por qué diablos tienes que ser tan increíble en todo? —refunfuñó con fingida indignación.
Katsuki lo miró y soltó una carcajada.
—¿Acaso no te gusta?
Izuku negó, sus cejas fruncidas.
Katsuki dejó de reír.
—¡Mierda! —exclamó con pánico—. ¿De verdad no te gusta? —La expresión de Kacchan era de espanto.
—No puedes estar hablando en serio, Kacchan —Izuku se quejó con los brazos cruzados sobre el pecho—. Es el pene más perfecto que he...
Izuku no pudo seguir hablando. Kacchan lo había tomado y tumbado en la cama.
Ay, dios. Ahora Izuku se había convertido en la presa. Sus instintos se crisparon, erizándole los pelos.
Kacchan lo miraba hacia abajo, con sus ojos oscuros y su cuerpo enorme cubriéndolo todo.
—Se mío, Izuku, deja que este lobo te demuestre lo que es el amor y el placer, y entenderás por qué no debes coquetear con ese toro bastardo, ni con ningún otro extra de mierda sin importar la polla que...
Izuku jaló a Kacchan para un beso.
Qué tontería.
Izuku jamás hubiera imaginado a Kacchan hablar de algo tan estúpido como el tamaño del pene. Kacchan siempre había sido muy seguro de sí mismo.
¿Por qué demonios pensaba en idioteces como esa en primer lugar?
Para Izuku, Kacchan no tenía nada que envidiarle a ningún híbrido de toro ni a nadie más. Era absolutamente perfecto ante los ojos del conejo.
—Eres un idiota —resopló con diversión.
Pero por supuesto, Kacchan no se quedaría callado.
—Soy tu idiota —refunfuñó—. Solo tuyo... y viceversa. Nadie más estará en nuestra ecuación.
Izuku gimió de deseo antes esas palabras tan posesivas, pero luego reflexionó ante ellas, no pudiendo evitar dejar escapar una carcajada.
—No es así como lo piensas, Kacchan, te lo prometo.
Katsuki tarareó en respuesta y su boca húmeda y caliente bajó por el cuello de Izuku para chupar sobre la piel.
—Yo te jodidamente ví, carajo. Pensé que me volvería loco —Katsuki gruñó, apretando el cuerpo de Izuku entre sus manos.
Izuku soltó un gemidito, porque, Dios, Kacchan hablándole de esa forma, apretándolo de esa forma y adorándolo de esa forma, era la epítome de todo lo que Izuku podría desear en un hombre.
Katsuki mordió la piel de sus hombros, en un acto que buscaba dejar sus colmillos marcados. Elevó uno de los muslos de Izuku y se abrió paso entre sus torneadas piernas. Su pelvis se frotó con fuerza en el pomposo trasero del conejito.
—Dios, Kacchan.
—Joder, Deku —Katsuki gruñó—. Me siento jodidamente animal ahora mismo. ¿Ves lo que provocas? —Y dio una estocada dura, deslizando su polla entre las nalgas del conejito.
—¡Deja de jugar y fóllame!
Con agilidad, el conejo cambió sus posiciones. Katsuki cayó desprovisto con su espalda apoyada en el colchón. Sus ojos se abrieron enormes por la sorpresa.
Izuku se lamió los labios, hambriento.
—¿Qué carajos, Deku...?
—Soy un conejo, Kacchan —Izuku tomó la polla del lobo y la guio a su agujero—. Adoro saltar sobre mi zanahoria.
Katsuki parpadeó confundido, sin embargo, pronto su expresión de duda, se transformó en una por completo depredadora.