Único
Ser el mejor amigo de Felix era un trabajo inmenso.
Un trabajo que Hyunjin, incluso de adolescente, no siempre quería cargar. Pero Felix tenía esa luz, esa dulzura que te atrapaba, que hacía imposible no querer protegerlo, cuidarlo, tenerlo cerca.
Hyunjin era el que Felix buscaba cuando necesitaba ayuda, consuelo o simplemente compañía.
A medida que crecían, Felix se volvió más dependiente, siguiéndolo a todas partes, imitando sus gestos, sus frases, hasta su forma de reír. A veces, Hyunjin sentía que era demasiado. ¿Por qué Felix no podía ser simplemente él mismo? Pero, en el fondo, no podía negar el cariño inmenso que sentía por él.
Cuando Hyunjin se fue a la universidad, sintió un alivio. Por fin podía respirar sin Felix pegado a él, pidiéndole que le explicara algo o que lo acompañara. Disfrutó de su libertad: fiestas, ligues, nuevas amistades.
Pero volvió unos días porque extrañaba la comida casera, su cama cómoda y, aunque no lo admitiría fácilmente, también extrañaba a Felix.
La primera noche de regreso fue tranquila. Sus padres lo recibieron con su comida favorita y un pastel exagerado que, aunque cursi, devoró con gusto, incluso se encontró a los familiares del rubio y lo invitaron a pasar.
Pero al ver a Felix estaba… diferente. Antes, siempre estaba encima de Hyunjin, hablando sin parar, pero ahora se mantenía reservado, sentado a una distancia que parecía intencional. Hyunjin lo notó, y aunque era un alivio, también le dejó un nudo en el estómago.
Los primeros cuatro días fueron perfectos. Hyunjin se la pasó jugando videojuegos, escuchando música y descansando en su habitación. Pero al quinto día, mientras Felix regresaba a casa al otro lado de la calle, los padres del pecoso lo arrinconaron.
—Hyunjin-ah —dijo la madre —. Algo le pasa a Felix. Está actuando raro.
—Estaba tan emocionado por verte, pero el día antes de que llegaras, algo cambió… —añadió con cara de preocupación.
Hyunjin frunció el ceño, preguntándose por qué eso era su problema. Pero no podía ignorar la mirada suplicante.
—Ve a hablar con él, por favor. Te admira tanto —insistió la madre —. Estaremos fuera un par de horas haciendo recados, así que…
Hyunjin suspiró, pero asintió. No podía decirles que no, no cuando lo pedían así. Además, aunque no lo admitiera, Felix le importaba.
No creía que fuera gran cosa. Felix estaba en su último año de secundaria; seguro eran las típicas hormonas adolescentes o el estrés de los exámenes finales. Hyunjin había lidiado con eso saliendo de fiesta. Felix, en cambio, parecía de los que se encerraban a rumiar sus problemas.
Llamó a la puerta de la habitación de Felix y esperó. Silencio. Resopló, golpeó de nuevo, diciéndose que si no respondía esta vez, le diría a sus padres que lo intentó y punto.
Entonces, Felix abrió la puerta.
—¿Hyung? —dijo, con los ojos abiertos y voz temblorosa.
—Hola, Lix —murmuró Hyunjin—. ¿Puedo entrar?
Felix asintió, apartándose para dejarlo pasar. Cerró la puerta tras él y se dejó caer en la cama, con las manos apretadas sobre su regazo. Hyunjin eligió la silla del escritorio, sintiendo una incomodidad que no esperaba. Pensó que esto sería rápido, un trámite para calmar a los padres. Pero ahora que estaba aquí, tenía que seguir adelante.
—Te noto raro, Lix. ¿Qué pasa? —preguntó sin rodeos.
Felix alzó las cejas, claramente sorprendido. Luego, sus hombros se hundieron, y una sombra de tristeza cruzó su rostro. A Hyunjin no le gustó verlo así. Felix siempre era sonrisas, energía pura, incluso cuando era un poco intenso. Esto no era normal.
—Mis amigos… se rieron de mí, hyung —murmuró Felix, con la mirada fija en el suelo.
Hyunjin arqueó una ceja. —¿Te molestaron, Lix?
Sonaba infantil, y se preguntó si era tan simple. A él también lo habían molestado en el pasado, pero no era para tanto. A menos que fuera algo más serio.
—¿Te están acosando? —preguntó, asegurándose.
Felix negó con la cabeza rápidamente. —No, Chan y Minho no harían eso, hyung. No es eso.
Hyunjin asumió que hablaba de sus amigos más cercanos. —Pero los amigos no hacen sentir mal a sus amigos, Lix. ¿De qué se estaban riendo?
Felix se removió en la cama, claramente incómodo y sus mejillas tiñéndose de rosa. Eso picó la curiosidad de Hyunjin. Si estaba tan avergonzado, debía ser algo importante, y la idea de que alguien hubiera herido a Felix le revolvía el estómago.
—¿Lix? —insistió suavemente, inclinándose hacia él.
Felix evitó su mirada, jugueteando con el borde de su camiseta. —Nunca… nunca he tenido, s...sexo… eso, hyung —admitió, con timidez.
Hyunjin parpadeó, sorprendido. —¿Todavía se ríen por no haber tenido sexo?
—¡Hyung! — exclamó Felix, con las mejillas ardiendo—. Es… es importante.
—Vale, vale —dijo Hyunjin, levantando las manos para calmarlo—. Pero, en serio, ¿eso sigue siendo un problema? Pensé que los chicos de ahora no le daban tanta importancia.
Felix se mordió el labio, claramente con más que decir. Hyunjin se inclinó más, esperando. Quería saber qué había pasado, porque si los amigos de Felix lo estaban haciendo sentir mal, tal vez tendría que hablar con ellos.
—Y… nunca he visto… esas películas, hyung —añadió Felix, aún más bajo, su rostro ahora rojo brillante. Hyunjin tuvo que contenerse para no mostrar su sorpresa. ¿Felix nunca había visto porno? Era casi imposible de creer. —Me contaban cosas, y yo no entendía nada. Empezaron a reírse de mí por ser ingenuo, aunque tenemos la misma edad.
Hyunjin frunció el ceño. —Bueno, entonces… ¿no es solo buscar algo en internet? Tienes un celular, Lix.
Felix se mordió el labio otra vez, un gesto que Hyunjin notó que hacía cuando estaba nervioso. —Es que… no sé qué buscar o cómo, hyung. Todo es tan confuso.
Hyunjin no pudo evitar sonreír ligeramente. Felix era adorable, tan puro y perdido. Si hubiera pasado más tiempo con él, tal vez habría notado antes lo inocente que era. Quizás podría haber evitado que sus amigos lo hicieran sentir así.
—Está bien, Lix. ¿Qué quieres saber? —preguntó, suavizando el tono.
Los ojos de Felix se abrieron de par en par. —¿Vas a explicarme… eso, hyung? ¿Sobre… esas cosas?
Hyunjin asintió, sintiendo una punzada de culpa. Debería haber sido más cercano con Felix. —Claro, Lix. ¿Qué quieres saber?
Felix dudó, mirando al suelo. —¿Qué es… tocarse, hyung?
Hyunjin casi se atraganta. —¿Qué? ¿Te refieres a masturbarse?
—¿Mastur… qué? —repitió Felix, claramente perdido, sus ojos grandes y confundidos.
Hyunjin se quedó helado. ¿Cómo era posible que Felix, a los dieciocho, no supiera qué era masturbarse? Sabía que Felix era un chico de iglesia, que pasaba constantemente aprendiendo sobre religión y como ser un buen chico, pero... ¿tan inocente podía ser por eso? Intentó mantener la calma para no avergonzarlo.
—Es cuando… bueno, cuando tu… parte se pone dura y te das placer. Usas algo resbaladizo, como crema, y… te sientes bien.
Felix frunció el ceño, más confundido. —¿Qué parte se pone dura, hyung?
Hyunjin sintió que se le caía el alma. Pobre Felix. —¿Tu… parte no se pone dura? —preguntó con cuidado, tratando de no sonar brusco.
Felix negó con la cabeza, y Hyunjin sintió lástima y desconcierto. —¿Qué parte se supone que se pone dura, hyung?
Hyunjin frunció el ceño. ¿Cómo demonios explicaba una erección a alguien que parecía no haberla tenido nunca? —Lix, yo… no sé cómo explicarlo…
Su duda hizo que Felix se hundiera más, con los ojos brillando por las lágrimas y una mueca de tristeza en la cara. —Hyung, por favor, no pienses que soy raro. Chan y Minho juraron que no lo piensan, pero me miraron como tú ahora. No soy raro, lo juro. Solo… no entiendo.
Felix empezó a sollozar bajito, y Hyunjin, sin pensarlo, se acercó y lo abrazó, frotándole la espalda con suavidad. Se sintió horrible. ¿Cómo no había notado antes lo perdido que estaba Felix? Tal vez podía ayudarlo, explicarle con calma.
—Tranquilo, Lix. No pienso que seas raro —murmuró, intentando consolarlo—. Solo me sorprendí, nada más.
Felix levantó la mirada, con los ojos húmedos. —¿De verdad, hyung?
—De verdad —aseguró Hyunjin, acariciándole la mejilla para secar una lágrima—. ¿Me dejas ayudarte a entender?
Felix asintió lentamente, aún inseguro. —Chan y Minho me mostraron un video, pero… no se veía bien, hyung. Las cosas estaban mal. No entendí nada.
Hyunjin frunció el ceño. —¿Qué quieres decir con ‘estaban mal’, Lix?
—No sé… la persona en el video tenía… algo que no tengo —dijo Felix, cada vez más rojo—. Cuando se los dije, me miraron raro.
Hyunjin estaba perdido. —Lix, no te sigo. ¿Qué cosas?
Felix se removió, claramente incómodo. —Tenía… algo que no tengo yo. No sé cómo explicarlo, hyung.
Hyunjin respiró hondo, intentando mantener la calma. —Esto va a sonar raro, Lix, pero… ¿puedes quitarte los pantalones?
Felix lo miró con los ojos abiertos. —Eso suena muy raro, hyung.
—Lo sé, lo sé —admitió Hyunjin, sintiendo que sus mejillas ardían—. Pero creo que si lo haces, podremos entendernos mejor.
Felix dudó, mordiéndose el labio. —Está bien… confío en ti, hyung.
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Hyunjin agradeció esa confianza, aunque por dentro no tenía idea de lo que estaba haciendo. Felix se bajó los pantalones cortos, dejando ver unas bragas rosadas con moñitos, manchadas en el centro con una humedad clara que delataba su estado, incluso se veía un poco de la costura de su pequeño coño. Hyunjin tragó saliva, su polla palpitando ante la visión y por la sorpresa, pero se recordó que estaba ahí para ayudar, no para perderse en deseos sucios.
Aunque... felix, su pequeño mejor amigo, estaba mojadito y tenía vagina, ¿Cómo nunca lo supo?..
—Las… bragas también, Lix —dijo Hyunjin, con la voz más grave.
Felix dudó de nuevo, sus manos temblando. —Hyung… no soy raro, ¿verdad? Recuerdo haberte visto una vez en el baño y… tú eras diferente, grande. Por favor, no pienses que soy raro.
Hyunjin le sonrió con suavidad, aunque su mente estaba nublada por el deseo. —No pienso eso, Lix. Nunca. Solo déjame ayudarte, ¿sí?
Felix asintió, más tranquilo, y se quitó las bragas, dejándolas en la mesita de noche. Hyunjin no pudo evitar soltar un gruñido. Delante de él, el coñito de Felix era un espectáculo rosadito, tierno, con labios carnosos y suaves que brillaban con una humedad pegajosa, como una flor empapada. Era pequeño, delicado, con un tono rosa pálido que lo hacía ver puro, casi intocable, pero jodidamente tentador. La piel alrededor era lisa, sin un solo pelo, resaltando cada pliegue jugoso. El clítoris, hinchado y palpitante, asomaba como una perla brillante, y el agujero central se contraía levemente, goteando un líquido claro que hacía que Hyunjin quisiera devorarlo entero, como un depredador.
Felix retrocedió, cubriéndose con las manos, con las mejillas ardiendo. Las lágrimas volvieron a sus ojos, y Hyunjin, que ya estaba cerca tras el abrazo, lo atrajo de nuevo hacia sí, y con su hambre creciendo.
—Lix, mierda, lo siento, no quise reaccionar así —dijo rápido, aunque su voz temblaba de deseo—. No eres raro, de verdad. Solo… joder, tienes un coñito tan perfecto.
Felix parpadeó, confundido. —¿Eso es lo que es, hyung?
Hyunjin asintió, con la culpa ahogada por el deseo. —Sí, Lix. Eres un chico con coñito. No hay nada malo en eso. Algunos chicos tienen coñito, algunas chicas tienen otra cosa. Es normal.
—¿En serio? —preguntó Felix, con los ojos brillando de sorpresa.
—De verdad —aseguró Hyunjin, con una sonrisa tensa—. Nunca te mentiría, Lix.
Felix le devolvió una pequeña sonrisa, y Hyunjin no pudo evitar notar cómo ese coñito rosado brillaba más, goteando sobre las sábanas. Su mirada se deslizó hacia abajo, y el hambre lo consumió. Quería saborearlo, llenarlo, destrozarlo.
—Lix… ¿confías en tu hyung para explicarte, todo esto bien? —preguntó, con la voz ronca, casi gruñendo porque tenia su polla dura como piedra.
Felix asintió, con esa mirada inocente que lo volvía loco. —Claro, hyung. En el video, la persona abría las piernas así. ¿Debo abrirlas más? Dijo y abrió un poco sus piernas, haciendo que el coño se mostrara aún más mojadito y tentador.
Hyunjin tragó saliva, su control al borde. —No, Lix, está perfecto así.
Quería sentirse culpable, pero ese coño rosadito, húmedo y jodidamente perfecto era una maldita obsesión.
Y cuando Felix, igual de inocente y juguetón dio un pequeño vuelta boca abajo para tomar sus braguitas, Hyunjin se inclinó para cazar a su presa. Tenía el coñito completamente desnudo y mojadito, debía comerse a yongbokie.
Se inclinó, lamiéndose los labios como un lobo hambriento, y rozó con la lengua los pliegues carnosos de Felix, saboreando la dulzura pegajosa que goteaba de él. Felix soltó un gemido agudo, arqueando la espalda, y Hyunjin gruñó, perdiéndose en el sabor.
—Hyung —gimió Felix, con la voz temblando de sorpresa y placer—. Eso… se siente muy bueno.
Hyunjin levantó la cabeza por un segundo, sus labios brillando. —Esto es tu clítoris, Lix —explicó, lamiendo esa perlita hinchada con una lentitud tortuosa, chupándola hasta que Felix tembló—. Lo tocas cuando quieres… sentirte bien.
Hyunjin lo volteó para mirar su lindo rostro y comenzó a saborear con más hambre el pequeño coño.
Felix gimió más fuerte, casi lloriqueando, mientras Hyunjin devoraba su clítoris, chupándolo y moviendo la lengua en círculos rápidos. Las manos de Felix se aferraron a las sábanas, pero pronto encontraron el cabello de Hyunjin, tirando suavemente.
Era jodidamente adictivo. Como lamer un postre prohibido.
Hyunjin sabía que no debía hacer esto con su mejor amigo, pero no podía parar. Felix era tan dulce, tan puro, y su coñito respondía como si estuviera hecho para él, mojándose cada vez más, era tan virginal que Hyunjin se lo comía como loco y le daba besitos ricos en el coñito, haciendo a Felix temblar de placer.
—Hyung —gimoteó Felix, con la voz rota—. Creo que… voy a hacer algo raro, pipí...
Hyunjin levantó la cabeza y soltó una risa. —No es raro, Lix. No es pipí, vas a correrte. Dámelo todo.
Volvió a hundir la cara entre sus piernas, devorando ese coñito rosado con una avidez animal. Chupó el clítoris, lamió los pliegues empapados, y metió la lengua en ese agujero apretado, saboreando cada gota dulce. Felix gritó, sus piernas temblando mientras su cuerpo se tensaba. Sus paredes se contrajeron alrededor de la lengua de Hyunjin, y un chorro de juguitos calientes lo inundó, resbalando por su barbilla. Hyunjin lo lamió todo, gruñendo de puro placer.
—Rico... —dijo, levantando la cabeza, con la cara brillante por los fluidos de Felix—. Fue tu corrida, y está jodidamente deliciosa.
Felix lo miró con los ojos vidriosos, las mejillas rojas y una sonrisa tímida. —Mi… mi coñito está temblando, hyung.
—Porque está hambriento, Lix. Necesita que lo llenen —explicó Hyunjin, acariciando ese clítoris hinchado con el pulgar, sintiendo cómo palpitaba—. ¿Quieres que hyung lo llene?
Felix parpadeó, confundido pero curioso. —¿Con qué, hyung? ¿Cómo lo puedes llenar, puedes hacerlo?
—Primero mis dedos —dijo Hyunjin, con una sonrisa hambrienta.
—Eres virgen, Lix, y si te meto mi polla sin prepararte, te va a doler. ¿Quieres los dedos de hyung? ¿Y luego… más?
Felix asintió, con los ojos brillando. —Sí, hyung. Quiero… quiero todo lo que me des.
Hyunjin deslizó un dedo dentro de ese coñito apretado, gruñendo al sentir cómo lo succionaba. —Joder, Lix, estás tan estrecho que me vas a romper.
Felix gimió, moviendo las caderas tímidamente, buscando más. Hyunjin lo detuvo con una mano en su cadera, controlando el ritmo. Quería ir despacio, no quería lastimarlo, pero también le encantaba ver cómo se retorcía, tan inocente y necesitado.
Añadió un segundo dedo, follándolo lento, sintiendo cómo ese tierno y dulce coñito se aferraba a él, goteando jugos que empapaban las sábanas. —Mierda, qué bien te sientes, Lix —susurró con voz de deseo—. Tan mojado, tan perfecto para tu hyung.
Felix lloriqueó cuando Hyunjin rozó un punto sensible, arqueando la espalda. —¡Hyung! Eso… eso se siente tan bueno. Por favor, otra vez.
Hyunjin obedeció, curvando los dedos para golpear ese punto dulce una y otra vez. Felix se deshacía, aferrándose a su brazo mientras su cuerpo temblaba, empapando los dedos de Hyunjin con otro orgasmo.
El pecho de Felix subía y bajaba, pero en lugar de rendirse, abrió más las piernas, mostrando ese coñito rosado, goteante y palpitante. —Hyung, quiero más —dijo, con esa voz suave y tímida, abriendo los labios de su coñito con dedos temblorosos, dejando ver ese agujero estrecho y empapado que rogaba por ser llenado.
Hyunjin estaba perdido. Ese coñito era su maldita perdición.
—Mierda, Lix —gruñó, bajándose el chándal y la ropa interior con un movimiento rápido. Su polla salió libre, era larga, más de lo normal, con un grosor que hacía que las venas se marcaran. La cabeza, ancha y rosada, brillaba con presemen, palpitando con necesidad salvaje. Era enorme, intimidante, y la mirada de Felix, entre sorprendida y tímida, solo lo puso más duro.
Hyunjin usó su polla para untar los fluidos de Felix, frotándola contra esos pliegues rosados antes de golpear el clítoris con la punta. Felix se estremeció, sensible, pero abrió las piernas como si quisiera tragárselo entero.
—No… no tengo condón —dijo Hyunjin, dándose cuenta tarde, aunque su deseo lo consumía.
—No lo usaban en el video, hyung —respondió Felix, con un puchero inocente que casi lo mata.
—Esto no es un video, Lix —explicó Hyunjin, frotando su clítoris con la cabeza de su polla, gruñendo por lo bien que se sentía—. Hay que tener cuidado, tener sexo seguro.
Felix frunció el ceño, haciendo un puchero. —Hyung, quiero más. Dijiste que me darías más.
Ese tono inocente y con esa súplica, era demasiado. Hyunjin sabía que estaba cruzando una línea, pero no podía parar.
—Lix, puedo… follarte sin condón. Estoy limpio, pero… ¿estás seguro?
Felix tomó la mano de Hyunjin, la que aún jugaba con su clítoris, y se llevó los dedos a la boca. Los chupó con una mirada pura, sin romper el contacto visual. —Confío en ti, hyung —dijo, con una línea de saliva conectando sus labios—. Por favor, mi coñito… te necesita, dijiste que me llenarias, que mi coñito tiene hambre y es verdad.
—Joder, Lix —gruñó Hyunjin mientras su punta empujaba ese agujero apretado—. Eres tan puro y tan jodidamente perfecto.
Felix intentó responder, pero Hyunjin lo penetró, lento pero firme. Felix jadeó, con los ojos abiertos y la boca entreabierta, mientras ese coñito se tragaba su polla centímetro a centímetro. Estaba jodidamente lleno, y Hyunjin podía sentir cada apretón, cada latido.
—Hyung —gimió Felix, arañando su espalda —. Es… es mucho.
Hyunjin quería saborear esa estrechez, pero Felix le suplicaba con esos ojitos, y no podía negarle nada. Empezó despacio, embistiendo con cuidado, pero Felix le rogó con gemidos suaves.
—Dios, tomas mi polla como si estuvieras hecho para mí —gruñó Hyunjin, perdiéndose en el calor—. Me estás chupando hasta el fondo.
Ese coñito era un vicio, apretándolo como si no quisiera soltarlo. Hyunjin no lo decía solo para excitar a Felix; la forma en que gemía, se retorcía y arañaba sus brazos era mucho para el.
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Se meció contra Felix, gruñendo al sentir cómo esas paredes rosadas lo apretaban. Era cálido, húmedo, jodidamente perfecto. Felix estaba hecho para ser follado.
Hyunjin se inclinó y capturó los labios de Felix, besándolo con hambre. Sus labios eran suaves, carnosos, y su boca sabía a inocencia. Era como si tuviera que besarlo, como si no hubiera otra opción.
El ritmo de Hyunjin se aceleró, embistiendo a su mejor amigo con una intensidad que hacía crujir la cama. Felix gemía debajo de él, de manera sumisa y desesperada.
—¡Hyung! —gimió Felix—. Hyun, yo…
Hyunjin sonrió, con los dientes apretados. —Mi Lix está sintiendo mucho, ¿verdad?
Felix no podía responder, y eso lo hacía más sexy. Solo gemía, con los ojos brillando de lágrimas, intentando hablar pero frustrándose. Nunca lo habían tocado así, y Hyunjin juraba que nadie más lo haría.
—Joder, el mejor coñito de mi vida —soltó Hyunjin, perdiendo el control. Agarró la pierna de Felix y la dobló, empujando su rodilla hacia su cara para follarlo más profundo. Felix se arqueó, lloriqueando cuando Hyunjin golpeó ese punto dulce.
Felix empezó a moverse con él, tímidamente, como si su cuerpo supiera qué hacer. Era instintivo, y Hyunjin estaba al borde.
—Te quiero, hyung —gimió Felix—. Hyun muy grande.
Su coñito se apretó alrededor de su polla, y Hyunjin gruñó. —¿Mi Lix va a correrse otra vez?
Felix asintió, con lágrimas en los ojos. —Hyung, el mejor hyung del mundo.
La cama crujía, el marco golpeaba la pared con cada embestida. Hyunjin agradecía que los padres del pecoso no estuvieran; si no, no estaría aquí, destrozando el coñito perfecto de su tierno rubio.
—Eres enorme —canturreaba Felix, perdido en el placer, con el cuerpo temblando.
Hyunjin se chupó el pulgar, cubriéndolo de saliva, y frotó el clítoris hinchado de Felix. Este lloriqueó, gritando mientras otro orgasmo lo destrozaba. Su coñito se convulsionó alrededor de la polla de Hyunjin, empapándolo con jugos calientes.
—Lix —gruñó Hyunjin, follándolo sin piedad—. Cariño, voy a salir y correrme.
Pero Felix negó con la cabeza, envolviendo una pierna alrededor de su cintura, atrapándolo. —No, hyung —jadeó, con esa voz suave—. Quiero… quiero sentirte dentro.
—Mierda, Lix, ¿estás seguro? —preguntó, con la voz rota.
—Por favor, hyung. Lléname.
Hyunjin perdió la cabeza. Su ritmo se volvió salvaje, embistiendo ese coñito hambriento. Felix gritó, corriéndose otra vez, y ese apretón lo llevó al límite.
Se inclinó para besar a Felix, devorando su boca mientras su polla explotaba, llenando ese coñito rosado con chorros calientes de semen. Felix gimió, temblando bajo él, agradecido.
Era adorable, pero todo se intensificó cuando Hyunjin se retiró lentamente. Su polla salió, aún dura, larga, gruesa, con venas marcadas que palpitaban y una cabeza ancha que brillaba con una mezcla de su semen, un poquito de sangre y los jugos de Felix. Era enorme, intimidante, y el contraste con el coñito pequeño y rosado de Felix, ahora goteando semen blanco y espeso que resbalaba por sus muslos y manchaba los pantalones cortos en el colchón, era puro vicio.
Nunca pensó que le haría un creampie a su pequeño mejor amigo inocente, tierno y tímido.
Normalmente, Hyunjin necesitaba tiempo para recuperarse, pero ese coñito lo tenía hipnotizado. Su polla seguía dura, pero Felix estaba exhausto, así que se subió a la cama y los arropó bajo la manta.
—Hyung, estás… otra vez así —dijo Felix, frotando su trasero contra la polla de Hyunjin, con voz tímida.
—Sí, pero necesitas descansar. Hyung puede esperar, Lix.
Felix se giró y lo besó, un beso dulce pero torpe, lindo. Intentó meterle la lengua, pero era un desastre adorable.
—Te quiero, hyung —susurró contra sus labios, mirándolo con ojos brillantes.
Hyunjin le besó la nariz. —Hyung también te quiere, Lix.
—No, hyung, te quiero… como amigo, pero también… más.
—Lo sé, cariño. Siento lo mismo. Y prometo lograrlo para ambos.
Y lo decía en serio. Había sido un idiota, pero Felix se merecía lo mejor.
—¿Me… harás sentir bien otra vez, hyung? —preguntó Felix, con esa voz inocente que encendía su hambre.
Hyunjin se atragantó, esperando algo más suave. Pero Felix siempre lo sorprendía. —¿Quieres, Lix?
Felix asintió. —Por favor, hyung. Me hiciste sentir tan bien.
Su mano rodeó la polla de Hyunjin, acariciándola con dedos temblorosos, untándola con los restos de semen. Hyunjin gruñó, agarrando su teléfono para mandarle un mensaje a los Lee, diciendo que necesitaba más tiempo con Felix. Respondieron que no había problema. Hyunjin dejó el teléfono y se volvió hacia Felix.
—Y ahora, ¿qué tal si hyung te enseña a usar esa boquita dulce tuya?