Prólogo
No sé si esto es una carta o una advertencia.
Dicen que todos los monstruos hacen ruido cuando atacan.
El mío no.
Él me observó durante semanas. Nunca habló, nunca sonrió.
Solo me escuchó respirar.
A veces lo encontraba de pie en el pasillo, mirándome sin decir nada. Y había algo en sus ojos… una calma que dolía más que el miedo.
Cuando finalmente me habló, lo hizo para pedirme silencio.
Y yo… obedecí.
Desde entonces, el mundo parece hecho de ecos.
Ecos de cosas que no dije.
Ecos de todo lo que él se llevó.
Si alguien encuentra este cuaderno, no intente entenderlo. Hay cosas que solo pueden escucharse cuando ya es demasiado tarde.
Y si alguna vez te mira a ti…
No le respondas.