LA HABITACIÓN
Siempre tengo un sueño recurrente donde estoy sentado en la orilla de la playa viendo el atardecer. Luego el escenario cambia y estoy corriendo en un campo de lavanda sintiendo como el aire de libertad choca contra mi rostro. Me giro hacia mi izquierda y me encuentro con la sonrisa de un un hermoso chico que corre a mi lado
Después de eso, me despierto y vuelvo a la realidad, mi realidad. Mi habitación de cristal de la cuál no he salido nunca.Cuando era niño siempre me daba curiosidad saber que había más allá de estas cuatro paredes de cristal, como era el mundo, los colores, los árboles, los coches, como es ir a un colegio y cómo es convivir con otros seres humanos
Una vez leí que en la adolescencia era muy importante la convivencia con otros seres porque ayuda a formar tu personalidad. Desde que tengo uso de razón mi única interacción con un humano es cuando el anciano viene a dejar suministros para que no muera de hambre. Aunque también recuerdo que no siempre estuve solo, en mis primeros años de vida me acompañó una mujer de unos veinte años más o menos pero ella llegó ahí unos años antes
Esa mujer yo la conocía como mamá aunque su nombre era Marisa, lo sé porque el anciano así se refería a ella. Pero un día, un día antes de que yo cumpliera cinco años ella se puso muy mal, paso todo el día en la pequeña cama, tenía el cuerpo caliente y no paraba de temblar, ella lloraba mientras me abrazaba y me decía que no se quería ir y dejarme ahí solo con el anciano, pero de un momento a otro dejo de moverse, unas horas más tarde su cuerpo se sentía helado, yo pensaba que esta dormida por eso no me solté de su abrazo en ningún momento hasta que el anciano regresó y el ver su estado abrió la puerta de la habitación y cuando toco su cuerpo frío la sacó del cuarto
Esa fue la última vez que la vi.
Desde entonces he estado solo en esta pequeña habitación
Cuando tenía entre ocho y diez años le suplicaba todos los días al anciano que por favor me dejara salir, que me llevara donde había llevado a mamá pero nunca lo hizo, me decía que era muy peligroso allá afuera, que si salía me harían daño porque la gente es muy cruel y más con los niños. No importaba cuánto llorara, cuánto le suplicara nunca accedió y después de un tiempo deje de rogar y acepte que nunca saldría
Que todo mi mundo está aquí, dentro de esta habitación de cristal.