Chapter 1
🌌 Capítulo 1 – El Reino Entre las Nubes
Muy por encima de los cielos donde los vientos nunca descansan, se alzaba Skyros, el reino oculto de los alicornios. Un lugar de columnas flotantes, cascadas suspendidas y jardines que brillaban con polvo de estrellas. Allí, entre la luz dorada de los amaneceres eternos, vivía Emily Rose, una joven alicornia cuyo destino aún estaba por escribirse.
Rose no era frágil ni pequeña. Su figura era fuerte y su porte, noble. En su mirada se mezclaban la curiosidad, la firmeza y una chispa de misterio que parecía reflejar los secretos del cielo.
Aun sin ser princesa, todos podían sentir que en ella había algo distinto —una energía profunda, poderosa, que ni siquiera ella comprendía del todo.
La gobernante de Skyros, Galaxia, fue quien la eligió años atrás. No lo hizo por compasión, ni por simple cariño, sino porque vio en ella un poder que desafiaba toda lógica mágica. Cuando Rose era apenas una potrilla, una tormenta mágica arrasó parte del reino, y fue ese poder —incontrolable y puro— el que Galaxia presenció con sus propios ojos.
Desde entonces, decidió protegerla, educarla y enseñarle a dominar la fuerza que dormía dentro de ella.
Galaxia era sabia, de voz suave y presencia serena. Pocos sabían de su pasado, pero todos la respetaban. Sus ojos, luminosos como constelaciones antiguas, guardaban siglos de conocimiento. Aunque no lo admitiera, veía en Rose algo más que una aprendiz: una promesa… y quizá, un riesgo.
Una tarde, Rose se hallaba en los balcones del castillo, contemplando el horizonte. Las nubes se extendían hasta perderse, y más allá de ellas, el mundo del que tanto había escuchado: Equestria, la tierra de los ponis, donde la magia fluía sin límites.
—Otra vez mirando hacia abajo, ¿verdad? —dijo una voz cálida detrás de ella.
Era Lily, su mejor amiga. Una alicornia de alas amplias y crines lavanda que destellaban con la luz del sol.
A diferencia de Rose, Lily sí era una princesa. Tenía la libertad de volar donde quisiera, sin límites ni prohibiciones, y era tan amable como valiente.
Rose suspiró, sin apartar la vista del horizonte.
—Solo me pregunto cómo será allá abajo… por qué siento que algo me llama desde ese lugar.
Lily se acercó con una sonrisa tranquila.
—Quizá el destino está tratando de hablarte. Pero recuerda, Rose… a veces, el destino no llama: pone a prueba.
Rose la miró, seria, y asintió.
Su corazón ardía con preguntas que nadie le podía responder.
Y mientras el sol desaparecía detrás de las nubes, juró que algún día descubriría por qué el mundo de abajo la llamaba con tanta fuerza