Arruíname

Summary

JUNGKOOK: Hace seis años, cometí el grave error de enamorarme de mi mejor amigo. ¿Y lo que es peor? Él también se enamoró de mí. Pero las cosas bonitas son efímeras. El inicio de mi depresión me cegó ante las señales de advertencia y, cuando más lo necesitaba, desapareció con tan sólo una críptica nota. Ahora, mientras termino la universidad en la ciudad de la que juramos escapar, me encuentro más perdido que nunca. Tratando de ahogar la miseria de mi mente, me apunto a una fiesta cuando el fantasma de mi pasado regresa con un aspecto tan atormentado como yo. No puedo volver a enamorarme de Jimin Park. No sobreviviré. Pero él no me da opción. ****************************************** JIMIN: Debería haber sido una llamada de atención volver a casa de mis padres tras fracasar en la universidad y salir de rehabilitación. Pero eso implicaría que tengo algo por lo que vivir. Estúpidamente, acepto asistir a una fiesta, ya sea por aburrimiento o por un impulso innato de sabotear mi sobriedad, no estoy seguro. Sin embargo, todos los planes de sumergirme en mis vicios se detienen en seco cuando me tropiezo con él. Mi Sunshine. El mismo que tuve que dejar atrás. Creo que he redescubierto la forma de hacer que Jungkook Jeon sea mío otra vez.

Genre
Romance
Author
jimena
Status
Complete
Chapters
65
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

Hace seis años

Una vez escuché un discurso en una boda que decía que el amor es justo, equitativo y bondadoso. No creo que sea justo. Ni equitativo. Ni bondadoso.

Quizás eso me convierte en una persona cínica. O antirromántica. O pesimista. Pero no me considero ninguna de esas cosas. Si me preguntaran, diría que soy un soñador, que vivo en fantasías de “qué pasaría si” y “algún día”. Un tonto implacablemente optimista al que le han dado una dosis brutal de realidad.

Para mí, el amor es una bola de nieve que rueda montaña abajo hacia un pueblo tranquilo y desprevenido. Empieza siendo pequeño: una sonrisa tímida, una mirada nerviosa al asiento vacío en clase y un “¿Qué tal?” susurrado. Se va construyendo poco a poco, desde algo casi imperceptible, como un sutil parpadeo de ojos grises o un roce de codos, hasta convertirse en bromas ingeniosas y sonrisas secretas. Gana densidad en los paseos de vuelta a casa desde el colegio, compartiendo música y chistes privados. Su impulso se vuelve imparable cuando las miradas se prolongan y se pierden. Cuando el aire es tan denso en el espacio que compartes que es imposible respirar. Cuando los abrazos duran cada vez más.

Preparándose para el impacto.

Porque la bola de nieve va a toda velocidad y no hay señales de que vaya a detenerse. Lo engulle todo a su paso, ya no va despacio, está fuera de control.

Destructiva. Peligrosa.

Se precipita hacia la ciudad condenada. Y la arrasa.

Tengo las rodillas temblorosas. Quieren fallarme, pero no puedo moverme, ni siquiera para desplomarme entre los escombros de lo que podría haber sido. Las cigarras chillan en la oscuridad, armonizando con las sirenas de emergencia que suenan en mi cabeza.

No, no, no. Esto no puede ser real. Esto no está pasando.

Conmoción, eso es lo que es.

Estoy paralizado hasta los huesos a pesar de la humedad sofocante de una noche en Busán después de la tormenta. Tengo los dedos entumecidos de apretar con fuerza la carta arrugada.

El amor es un desastre natural que deja a su paso daños irreparables.

Yo solo soy otra víctima más.

Supongo que, después de todo, soy un cínico.