ANTOLOGÍA: EMPODERADAS

All Rights Reserved ©

Summary

Antología: Empoderadas, es una recopilación de cinco relatos cortos, escritos durante los últimos veinte años, por la escritora Daphne Ars, cuyas historias son un extraño cóctel de amor, drama y erotismo, que solo tienen un fin: llegar al corazón de sus lectores.

Status
Complete
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

VAS A SENTIR AMOR

Para ti, que me lees.

Escucho el cerrojo de la puerta que amortigua la música proveniente de la sala, finalmente los cinco minutos que nos dimos para despistar han concluido, estoy aquí, y lo más importante, estoy con él.

–Disculpa la tardanza me distraje –Intenta dar excusas que honestamente no me interesan escuchar, corro a su encuentro.

Shh –Pongo un dedo sobre sus finos labios–. Estás aquí, no importa nada más –Le digo mirándolo a los ojos, se remueve un poco nervioso.

–¿Qué quieres? –Me pregunta en tono bajo.

Sonrío tímidamente, me acerco a su oreja.

Quiero ser tuya –Palidece bajo la tenue luz de la luna que entra por la ventana.

–Pero –Balbucea nervioso–… Pero es tu casa… tus padres están afuera… Además…

–Es mi casa, conozco cada cuarto, y mis padres tienen bastante con los invitados para estarme cuidando.

Él sigue nervioso.

–¿Por qué me pides esto Victoria, tú y yo ni siquiera…

Bufo molesta.

–Sé que tú y yo ni siquiera salimos juntos, sé que no me amas, pero no te pido que lo hagas, solo… Hazme tuya, quiero serlo, y no me interesa que mañana no me llames, que después de hoy no me busques, que no nos veamos más, pero si no estoy contigo… voy a morirme, Tobías, créeme –Él niega lentamente–. ¿No te gusto, es eso? –Le pregunto, sé que él no me ama, pero sí me desea, su cuerpo lo está gritando.

–No. No es eso… tú eres… –Se sonroja ligeramente– hermosa, solo que…

–Hazlo, Tobías, he notado como me miras. Me deseas y yo a ti –Le digo sin ningún tipo de recato, él se queda en silencio–. Te lo preguntaré una sola vez ¿quieres estar conmigo?

Él baja la mirada y tras un silencio que creí era negativo me susurra.

–Sí, lo deseo, te deseo.

Suspiro aliviada y feliz.

–Ven –Le tomo la mano y lo guío hasta la cama. Estamos uno frente al otro, tan cerca que podemos oír el palpitar de nuestros corazones tan fuertes que parece querérsenos salir del pecho, una oleada de nervios se apodera de mí cuando una mano temblorosa roza mi cuello, y siento su aliento en mi oreja.

–Siempre he imaginado que estábamos así, Victoria… juntos… –Me recorre un escalofrío.

–Es hora de dejar de imaginar –Le contesto y finalmente voy directo a sus labios, tan exquisitos como pude soñarlo tantas veces, tan suaves como aparentan ser… La humedad de sus finos labios cubriendo los míos, es una sensación prodigiosa que se intensifica más, rayando casi en lo pecaminoso cuando su lengua se apodera de mi boca para explorarla con propiedad y plenitud, un estallido de fuegos artificiales se cuela en mi mente haciéndome perder el suelo a mis pies, y me aferro a él como si fueselo único que podría mantenerme en la tierra; de inmediato siento su peso apoyarse en mí, hasta hacerme caer lentamente sobre el colchón, apenas y nos separamos para mirarnos, lo siento nervioso y aunque yo estoy hecha un manubrio de nervios le puedo manejar.

Él es quien busca besarme ahora, suave y lentamente, sus manos ya no están en mi cintura, salen de mi espalda para posarse en mis pechos, los hace suyos, se apropia de cada uno con intensidad arrancándome un gemido cuando lo que hace arriba sufre consecuencias… abajo. Con cuidado llega hasta la falda de mi vestido y la hace subir por sobre cintura dejándome expuesta, me mira, y con la seriedad que lo caracteriza coloca sus piernas a mis costados, se irgue y se deshace de su camisa dejándome ver su tórax desnudo por un breve instante que sé, quedará en mi memoria por el resto de mis días; vuelve sobre mí y lo recorro entero con la yema de los dedos, siento que se estremece al contacto, y lo escucho suspirar por lo bajo. Siento un miedo inesperado cuando una de sus manos baja para descubrir mi intimidad, todo se detiene por un momento y pienso en las consecuencias de lo que estoy haciendo, sin embargo, un dulce beso en mi frente me lleva de nuevo a la tierra de maravillas en la que estoy viajando, siento sus firmes piernas apretadas contra mis muslos, dentro de su pantalón su virilidad rozándome, me estremece y no puedo más que descubrirla para hacer lo propio.

Una vez el pantalón ha caído al suelo, siento su rodilla entre las mías para separarme las piernas, que de manera voluntaria le dan paso sin objeción, la primera presión de su sexo sobre mí me hace escapar un gemido instintivo, ahora, Tobías con sus manos me llena de una ternura inimaginable en él. Tras unos minutos que pudieron ser un instante o la eternidad misma, ya no son sus dedos los que deslizan en la calidez de mi entrepierna. Ahora es su virilidad erguida, dura como mármol, caliente como lava empujando hacia mí, aparto un poco el dolor de las tentativas en poseerme, sin embargo, en su último intento logra hacerme suya y un dolor agudo se apodera de mí, él se detiene, pero no quiero que lo haga, lo abrazo fuerte atrayéndolo más a mí, ya estoy en este viaje sin regreso. Él sigue, pareciera no tener el control de sí mismo, entra en mí una y otra vez, y aunque mi cuerpo sienta dolor, mi alma experimenta el mayor de los placeres, estamos trepando juntos la montaña más alta, nadamos el mar más profundo… recorremos la distancia más larga… pero juntos; mi cuerpo se amolda a su ritmo y el viaje es aún más placentero y gratificante, escucho sus gemidos y me hallo así, con su rostro expresando placer, sus ojos cerrados, su cabeza tirante dirigida hacia el cielo, sus manos aferradas a mis hombros apretando como si de ello dependiera su vida, leves gotas de sudor recorren su frente, y sus cabellos negros se adhieren a su rostro ahora sofocado, sin darme cuenta, mientras lo observo los gemidos escapan de mi boca, mi cuerpo transpira junto al de él. Es una travesía única en la que nos entregamos en cuerpo y alma, es más fuerte que yo esta explosión de sensaciones, perdemos el control entre gemido y gemido que cada vez se hacen más constantes, me aferro a las sábanas cuando pierdo el ritmo de las embestidas y repentinamente siento el fluido del placer en mis entrañas, y el peso muerto del cuerpo rendido de Tobías sobre el mío.

Mi corazón busca su ritmo normal, igual que mi respiración, aun temblando logro abrazarlo cuando baja de a poco y recuesta su cabeza entre mis pechos, acaricio su cabello y él acaricia mi brazo, no decimos nada, no hace falta, parecemos dos niños asustados, pero que en el fondo disfrutamos el miedo; a tientas, logro cubrirnos con una sábana, buscamos nuestras manos y la entrelazamos para sentirnos protegidos.

Poco a poco la luz de la luna está siendo cubierta por una nube…

Escucho el profundo suspiro de Tobías antes de acomodarse a mi lado y caer dormido; me pongo frente a él, aparto su cabello negro tras su oreja, acaricio su rostro, y descubro que nací para darle todo, para hacerlo feliz. Para dedicarme día a día a él. Para amarlo más cada minuto… y para ser suya eternamente…

Nací para hacerlo sentir amor.