Capítulo Único
... Cuando estaba en la habitación de Edward, me sentí llena de energía nuevamente, me alegró sobremanera que hubiese adelantado su regreso de la caza, amé ver nuevamente sus ojos de color oro líquido, tan brillantes, tan perfectos... -¿Bella?- Voltee la vista hacia la puerta y sonreí, Edward había vuelto con un jugo de naranja.
-Gracias- Le dije cuando extendió el vaso hacia mí.
-¿En qué piensas?...-Me preguntó mientras yo volvía la vista hacia la ventana mirando la oscuridad que se cernía sobre el jardín de los Cullen, los duros y fríos brazos de Edward atraparon mi cintura mientras él apoyaba su barbilla en mi hombro, mi corazón comenzó a latir tan rápido que podía escucharlo en mi cabeza y supe que Edward también lo escuchaba, me lo decía esa risa ahogada que susurró en mi oído – Ay, Bella...- Fue lo único que dijo antes de soltarme.
Lo miré enojada- ¿Por qué me sueltas? Nunca sabremos hasta donde llega mi corazón, si cada vez que se pone así me sueltas...- Dije siendo totalmente honesta con Edward.
-Bella...- Dijo Edward sentándose en el sofá – Eres tan infantil...- rió abiertamente – No te suelto porque me da miedo lo que pueda resistir tu corazón, lo que me da miedo es lo que siento cuando lo escucho – Volvía a hacerlo, volvía a hacerme derretir y esfumar cualquier ápice de enojo que sintiera en ese momento, abrí la boca un par de veces pero no sabía qué decir – Ven, estamos demasiado lejos para estar solos- Dijo señalando el espacio vacío a su lado, caminé guardando distancia mientras él veía como me acercaba y me sentaba justo a su lado, tomó una de mis manos y posó sus fríos labios en el dorso – Te Amo, Bella, y ambos sabemos que eso sigue siendo malo.
Lo miré nuevamente enojada- Me hubiese conformado con el “Te amo, Bella” el resto arruinó el momento, Edward Cullen...- Sonrió nuevamente ante mi enojo y volvió a besar mi mano, suspiró y me atrajo hacia sí, apoyé mi espalda en su pecho de piedra mientras él volvía a repetir el gesto de abrazarme por la cintura, respiré profundo para intentar controlar las pulsaciones cardíacas – Sabes perfectamente lo que debemos hacer para que deje de ser peligroso...- Le dije acariciando sus brazos –Es tan simple, Edward, este es un momento perfecto...- Me quedé en silencio esperando su respuestas.
-Este sería el peor momento, estamos solos Bella, si no me controlo te mataría, y además ya tenemos un trato.
Decliné de mi idea que me transformara – Ángela me preguntó algo cuando hablamos en mi casa ayer...-Le comenté porque aquella pregunta había sido bastante íntima.
Edward se aclaró la garganta - ¿Qué te preguntó, Bella?
Volví a sonrojarme- Pues, acerca de nosotros, de que tan “seria” es nuestra relación...- No podía ver la expresión de Edward pero sabía que el comentario lo había tomado por sorpresa –Obviamente le dije que tu eras bastante tradicional, y que yo no estaba preparada...- Hubo un silencio, quería decirle a Edward la necesidad que sentía en mi cuerpo desde hacía semanas, el estremecimiento aún más intenso que sentía con cada contacto –...La mitad fue verdad- Confesé sorprendiéndome a mí misma de la ligereza con la que dije aquello.
-Me estás matando, Bella Swan...- Me dijo Edward en tono lastimero, como si decir eso le doliera mucho, me giré un poco para poder verle la cara, sus ojos aún de color oro líquido brillaban pero había un deje de tristeza.
Le sonreí – No es mi intención hacerlo – Me disculpé bajando la mirada - ¿Me deseas, Edward? – Le pregunté con la voz anhelante.
Él me vio con esa única mirada que yo no sabía descifrar – En todos los aspectos posibles- Me contestó. No sabía que decirle esperaba una de sus “evasivas” –Bella... Te recuerdo que sigo teniendo instintos humanos, pero no sé qué hacer con ellos...- Le acaricié una pálida mejilla y él sonrió – Cuando haces esas cosas me siento más humano que nunca...
-Eres mejor que un humano, Edward- Le dije con ímpetu.
-No sabes lo que dices...- Aunque hablaba muy en serio la sonrisa no se borraba de su rostro, busqué sus labios fríos aprisionándolos con los míos, Edward correspondió, me giró hasta quedar frente a él, sus manos subían y bajaban por mi espalda, las mías se aferraban tan fuerte a sus brazos que me dolían los dedos, mi corazón volvió a traicionarme pero para mi grata sorpresa Edward lo ignoró y me pegó más a él, sus labios apretaban los míos ahora, era un beso distinto a cualquier otro, de hecho, casi podía dejar de ser frío, una de sus manos fue a mi pecho, quería sentir mis latidos, y estos hicieron lo propio, latían a velocidad impresionante, demasiado rápido, me costaba respirar ya fuera por el brazo de Edward alrededor de mi cintura o por ese beso increíble, con sutileza Edward se separó de mí –Estamos jugando con fuego, Bella, y nos vamos a quemar...- Me dijo mientras se ponía de pie y se iba lo más lejos del sofá y de la cama dispuesta para mí.
-Esto apesta, realmente me siento frustrada, y sabes que cuando estoy frustrada no es agradable...- Dije cruzándome de brazos y caminando de un lado a otro por la habitación.
-No pienses que esto para mí no es tan frustrante como lo es para ti, diría que lo es más, puedo tener más de 100 años pero mi parte humana se quedó en los 17 años, y no es nada fácil; Bella, si algo saliera mal...- Se interrumpió – Es demasiado complicado...- Dijo recostándose del espejo que había colocado antes de mi llegada a la casa de los Cullen, fue a su lado tropezando con la alfombra, pero no me importó, lo abracé fuerte, con toda la fuerza que yo podía tener, él apoyó su barbilla en mis cabellos y me abrazaba también – Hoy hueles mejor que nunca...- Me dijo riendo.
-Gracias... supongo...- suspiré y me quedé allí aferrada a su abrazo duro y frío, una de mis manos estaba en su cerviz buscando sus cabellos, comencé a juguetear con ellos y oí a Edward murmurar rápidamente, cuando lo miré él tenía los ojos cerrados.
-Me debato entre lo que es correcto y lo que deseo...- Me dijo tan de repente que no lo vi ni mover los labios, su mano acariciaba mi mejilla, la línea de la mandíbula y bajaba por mi cuello.
Estaba debatiéndome yo también por lo mismo, esta vez no habría nadie que pudiera ayudar en dado caso que yo lograse gritar si Edward no se controlaba, pero el imaginar ir algo más allá de aquellos besos inocentes, de las furtivas caricias, era demasiado tentador – Confío en ti, Edward- Le dije aceptando mi destino – Si he de morir que sea en tus brazos...- Él me miró ceñudo. 1
-Bella...- Protestó.
-Está bien, retiro lo último, rectifico, si muero no te lo perdonaré cuando te vea al otro lado - Esta vez logré hacerlo reír, y compartí con él esa sonrisa, alborotó mi cabello y se paró derecho para llegar tras de mí, quedé frente al espejo y lo miré a través del mismo; sus manos estaban en mis hombros y la mitad de su cuerpo se escondía tras de mí.
-Y que Dios me perdone...- Me susurró casi inaudiblemente logrando estremecerme, sus manos fueron al primer botón de mi camisa, yo estaba paralizada, él veía todo lo que hacía a través de el espejo, bajó al segundo botón y ya podía sentir como mi pecho subía y bajaba desbocado, el tercer botón y me regaló aquella sonrisa torcida tan perfecta que tenía, tras terminar con el último botón, Edward comenzó a apartar la blusa hacia los lados, las mangas descendieron por mis brazos y la camisa quedó a nuestros pies, giré mi rostro para mirarlo, pero él seguía con la vista fija en el espejo, sus manos se deslizaban por mi abdomen, sentí un corrientazo al primer contacto y volví a fijar la vista en el espejo, no había mucho contraste entre el color de su piel y la mía, ambas eran pálidas, sentí un escalofrío cuando los duros labios de Edward besaron mis hombros, gemí y nuestras miradas se encontraron reflejadas en el espejo, pude ver como Edward sonreía mientras yo me avergonzaba... mis mejillas se tornaron totalmente rojas – Respira, Bella - Me pidió Edward, y tomé una bocanada de aire, él sonrió a mi reflejo en el espejo, y juro, que hice un esfuerzo sobrehumano por respirar.
-Lo haces difícil...- Le dije entrecortadamente.
Sus manos se separaron de mi piel por un momento - ¿Quieres que pare?- Me preguntó alzando una ceja, yo negué fervientemente.
-Todos menos eso, Edward, no dejes de tocarme- Me sonrió nuevamente y besó la línea de mi mandíbula mientras sus manos ahora iban al zipper de mi jean, era tan difícil respirar, cuando Edward dejó que el pantalón bajara por mis piernas, saqué los pies de las botas de los jeans antes de haberme quitado las zapatillas que tenía, estaba sólo cubierta por mi ropa interior rosa con flores verdes, no era el mejor momento para recordar la lencería que Reneé me envió para navidad, sexy y negra, no, ahí estaba yo frente al espejo y frente a Edward con ropa interior de algodón que usaría una niña de 12 años, mi rostro reflejo la incomodidad que sentía.
-¿Pasa algo?- Preguntó Edward sin dejar de acariciar mis caderas.
La vergüenza se reflejó en mis mejillas nuevamente – Soy muy infantil...- Le dije.
Edward sonrió- Bella, eso ya lo sabíamos -No supe que decir, él me giró y me abrazó, era una suerte que el tuviera ropa, el frío de su cuerpo llegaba más directamente, temblé ligeramente, él me cargó en su brazos y me llevó a la cama, me sentó en el borde y se situó frente a mí -¿Tienes curiosidad?- me preguntó, levanté la vista, era mucho más difícil verle la cara cuando yo estaba sentada y él totalmente de pie ¿Curiosidad?, pensé, más que eso... Era una necesidad.
-Edward- Le dije- Mi curiosidad la sacio preguntándote, yo lo necesito, deseo tocarte, besarte...- No sabía que más decirle.
-Hazlo...- Me dijo agachándose para quedar a mi altura, levantó sus fuertes brazos, y me miró expectante.
¿En verdad puedo?- Pregunté sorprendida, él asintió sonriendo, agarré el borde de su suéter de cuello alto y lo fui subiendo por su abdomen, me deslumbró lo pálido y brillante de su piel, la yema de mis dedos rozó su frío y fuerte pecho mientras deslizaba el suéter por los brazos, él me ayudó bajándolos para mostrarme su torso, cerró los ojos cuando comencé a trazar líneas por todo su pecho, no sabía que estaba sintiendo él.
-Es dolorosamente agradable...- Me contestó sin yo haberle preguntado – Tú eres mi perdición... ¿Ya te lo había dicho?- Me preguntó abriendo los ojos enfrentando los míos.
-Un par de veces, Edward- Le dije sin dejar de acariciarlo, se enderezó nuevamente, dejado mi vista a la altura de su cintura, estaba temblando, no sé como pude desabrochar la correa de su pantalón, a penas y lograba bajar la vista de su perfecto abdomen, donde se marcaban sus músculos, su ombligo, eran tan perfecto – No te merezco...- Susurré apartando mis manos de esa humanidad tan perfecta.
Edward gruñó, enojado conmigo por lo que decía- Bella, no seas ridícula- Su rostro estuvo tan rápido frente al mío que me asusté – Eres lo mejor que pudo pasarme, desde que estoy contigo me siento más vivo que en los últimos bastantes años... Tú sabes que te amo, no lo dudes.
-Es que no dudo que me ames, Edward, dudo que tú merezcas algo tan simple como yo - Un frío dedo se posó en mis labios.
-Basta- Me exigió – Estás arruinando el momento.
-Lo siento- Me disculpé, levantó mis piernas haciéndome extenderlas sobre la colcha – No quiero arruinarlo- Le susurré cuando él pasaba una de sus piernas sobre mi cuerpo, se pegó a mí y automáticamente me fui dejando caer, mi cabeza alcanzó una almohada, el rostro de Edward estaba pegado al mío, la punta de su nariz rozaba la mía.
-No podemos avanzar mucho... No sé nada acerca de esa materia con mi condición- Me decía, no le prestaba mucha atención a sus palabras, mi concentración estaba en el olor de su aliento, fresco, dulce... me hacía temblar – Bella ¿me estás escuchando?- Sacudí la cabeza.
-No mucho- Me regaló una sonrisa que se reflejaba en sus ojos. Sus labios rozaron los míos, no estaban del todo fríos mantenían la temperatura de cuando estábamos en el sofá – Te Amo, Edward, tanto, tanto...- Le dije cuando se separó un par de segundos, su frío dedo recorrió mi rostro, la punta de mi nariz, el contorno de mi boca, mi barbilla, bajó por mi cuello, se quedó un rato en mi garganta, la acariciaba con anhelo, pegó su nariz a ella, murmuraba cosas... Luego de un par de minutos su mano siguió su recorrido, atrapó mis pechos, eso era más de lo que esperaba, sus labios se posaron apenas a un centímetro de mi piel, agradecía que no pudiera ver mi rostro, me mordía el labio para no gemir, pero era casi imposible como respirar- Oh Dios, respirar- se me había olvidado hacerlo, respiré con mucha concentración, los vellos de mi cuerpo se erizaban a medida que él iba dejando su aliento en el recorrido, aferré mis puños tan fuerte que las uñas me hacían daño en las palmas, de mis pechos bajó por mi abdomen, y allí si me besó, suaves y fríos, sus labios me recorrían, bajaron por mis caderas, sus manos acariciaban mis piernas temblorosas, comencé a transpirar.
-Bella, mi amor... cálmate- Me dijo Edward cuando sus manos subían de mis tobillos hasta mi cintura, volvió a quedar a mi altura – Esto es ser muy mal educado...- Me dijo y vi en sus ojos algo de vergüenza, tenía una mano apoyada a mi costado y la otra se quedó en mi cintura, le sonreí, su mano rodó de mi cintura a mi entrepierna.
-Oh, Edward- gemí, no pude evitarlo, su mano se movía rápido y fuerte contra mí, tenía una sensación tan extraña dentro, en mis entrañas, en mi estómago todo se contraía, me sorprendió cuando me besó repentinamente, mi pierna se enroscó a su alrededor, estaba fuera de mí, mis manos fueron a su espalda, fue estúpido esperar que su piel fuera cálida, estaba helado, y ese frío se caló en mi cuerpo, jamás había sentido tanto frío, ni el día más lluvioso aquí en Forks, era un frío que dolía pero era tan placentero, no había dejado de mover su mano sobre mí, ¿Cómo se respiraba?, comencé a marearme – Te amo, Edward- Dije apenas con aire en mis pulmones.
-Y yo a ti, Bella- Edward hablaba entrecortadamente, besó mis mejillas – Te amo, aunque no tenga alma ni corazón, si los tuviera te amaría con todo mi corazón y con los 21 gramos de mi alma- No era su habitual voz gutural, era una desesperada, anhelante, mi pecho me desconcentraba en las palabras, el frío entumecía mis músculos – Bella, Bella, Bella...- Murmuraba Edward, su mano libre atrapó mi brazo tan fuerte que me quejé en voz alta – Lo lamento tanto, Bella- Dijo antes de que todo cambiara, el placer pasó al agudo dolor, sentí sus dientes clavarse en mi cuello, y en ese momento todo se volvió negro...
Para siempre.
FIN.