La mirada que pedía amor.

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Summary

A los que alguna vez amaron creyendo que podían sanar a otro… y terminaron aprendiendo a salvarse a sí mismos.

Genre
Poetry
Author
yani
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

La mirada que pedía amor.

Qué intrigante,

y qué doloroso,

puede ser amar

a alguien

que nunca fue amado.

Así me sentí

la primera vez que te vi:

no eras tan malo

como todos decían.

Me pregunté por qué.

¿Qué te hizo el mundo,

o qué le hiciste vos?

No lo sabía,

pero tus ojos…

ay, tus ojos,

eran un pozo callado,

una voz que gritaba amor

sin decir palabra.

Yo, que del amor

nada sabía,

te amé.

Algo en vos me dijo:

“hacelo”.

Y así empezó mi historia contigo.

---

Cuando me amabas,

el amor era de película.

Cuando me fallabas,

dolía como un puñal en el pecho,

robándome el aire.

Aun así, me quedaba.

Porque seguía viendo

esa mirada tuya:

profunda,

silenciosa,

rogando amor.

Olvidaba el dolor

para volver a sentir

tu amor de película.

---

El tiempo pasó.

Las peleas se volvieron un reto:

quién resistiría más

sin el otro.

Pero ahí seguíamos,

rotos,

aferrados.

Hasta que dijiste:

—¿Y si lo intentamos

viviendo juntos?—

Y yo,

con ansias y fe,

dije que sí.

Entonces todo cambió.

---

Lo inesperado sucedió:

un bebé crecía en mí,

mitad tuyo,

mitad mío.

Tu mirada se iluminó,

y creí

que el destino

tenía este plan.

Pero no fue así.

Tu adicción

te ganó la batalla.

Y esa noche,

al borde del colapso,

miré a mi hija,

la envolví en su manta

y me fui.

---

Fui al hogar

donde papá me esperaba

con los brazos abiertos.

Pero nada era igual.

Todo se quebró más.

Nunca imaginé ver

esa oscuridad en tus ojos,

ni oír de tu boca

esas palabras.

Me fui.

Y lo logré.

---

Pero algo

seguía tirando de mí.

Volviste distinto:

flores, mensajes, promesas,

un amor nuevo.

Y caí.

Sí, caí.

Pensé que ahora sí.

Pero no.

Nunca pudimos ser.

---

Eras la llama de mi alma

que poco a poco

se fue apagando

hasta quedar humo,

silencio,

nada.

Y aun así,

yo seguía sosteniendo el hilo,

con las manos heridas,

ensangrentadas.

Hasta que miré hacia arriba…

y lo sentí.

Era Dios.

---

Me abrazó y susurró:

“No temas, hija mía,

deja tus cargas en mis manos.”

Un escalofrío

recorrió mi cuerpo.

Era paz.

Era hogar.

Entonces entendí:

el amor no lo es todo.

No lo fue para vos.

---

Tu mirada sigue perdida,

tu mente en guerra,

tus sombras ganando.

Yo quise darte aire,

familia,

hogar.

Pero elegiste el polvo,

la ilusión,

la nada.

---

Este fue mi último intento,

la última herida

a mi amor propio.

Ojalá ganes tus batallas

antes de que te ganen.

Yo no volveré al laberinto

donde tantas veces

perdí la salida.

---

Ahora veo una luz.

Quizás sea mi salida.

Por tu odio,

mi amor se apagó.

Todo es más frío.

La llama se consumió.

Y aun así,

cuando miro tu mirada,

veo al niño que pedía amor,

y al hombre que mintió llorando.

---

Que se ilumine tu camino,

y que tus ojos

dejen de ser tan oscuros.

—Yani.