Las formas del silencio

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Summary

Eva es fuego contenido en una botella de cristal. Impulsiva, apasionada y de decisiones viscerales, vive cada emoción como si fuera la última. Tiene una mirada intensa -la de quien busca algo que nunca termina de encontrar- y un corazón que late entre la ternura y el caos. Desde pequeña aprendió a ser fuerte, o al menos a parecerlo. Su deseo de libertad fue, en realidad, una forma de huir del peso de no sentirse suficiente. Lo que llama independencia, a veces es miedo a depender. Lo que llama amor, a veces es deseo de llenar un vacío.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1: Las cosas que no se dicen

Eva nunca supo en qué momento empezó a sentirse diferente, solo recuerda que un día dejó de reconocerse en el espejo. Había algo en su reflejo -una sombra, una duda, una falta- que antes no estaba.

En las fotos de su infancia, sonríe como si el mundo fuera un lugar sencillo. Le gustaba correr descalza por el patio, inventar historias, cantar para nadie. Su madre decía que era pura luz. Y quizá lo fue. Pero las luces también cansan cuando no hay quien las mire.

Con el tiempo, esa niña se volvió ruido. Risa fuerte. Gesto desafiante. Mirada que no se deja tocar. Aprendió a hablar más alto de lo que sentía, a decir "no me importa" cuando todo dolía.

No sabía que la ausencia también se hereda. Que a veces se busca amor con la misma urgencia con la que se busca aire.

Esa tarde -una cualquiera, de sol tibio y cuadernos abiertos- pensó que tal vez la libertad era eso: no necesitar a nadie. No depender. No sentir tanto. Pero en el fondo, lo que más temía era estar sola dentro de si misma.

Eva tenía quince años y una urgencia que no sabía nombrar. Decía que quería vivir, pero lo que quería en realidad era huir.Del silencio, de las reglas, de la sensación de que su vida era demasiado pequeña para todo lo que tenía dentro.

Su madre la miraba con ese gesto que mezcla amor y cansancio, intentando entender en qué momento la niña dulce se volvió tempestad. Pero Eva no sabía explicarlo. Había días en que solo quería romper algo, cualquier cosa, para sentir que podía elegir aunque fuera el caos.

Las amigas hablaban de chicos, de ropa, de fiestas. Ella también lo hacía, pero en su voz había un fondo distinto, una especie de hambre. No buscaba diversión: buscaba sentido. Buscaba, sin saberlo, alguien que la mirara como si por fin fuera suficiente.

En casa, la ausencia del padre se había convertido en costumbre, en ese vacío que ya nadie nombra porque dolería demasiado hacerlo. Eva decía que no lo necesitaba, que no le importaba. Mentía con la seguridad de quien repite una frase hasta creerla.

A veces se asomaba por la ventana por las noches, mirando las luces lejanas de la ciudad, imaginando vidas que no fueran la suya. Pensaba que, tal vez, en otro lugar, con otro nombre, las cosas dolerían menos.

Y sin saberlo todavía, esa sería su forma de vivir durante años: corriendo detrás de algo que nunca se deja atrapar.