Mi familia

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Summary

Nicolás creía que su vida era bastante normal, un padre y una hermana cariñosos, un verano tranquilo y cero dramas. Pero todo cambia cuando una invitación inesperada lo lleva a conocer a su abuela... y con ella, un apellido que podría cambiarlo todo. Entre secretos familiares, momentos incómodos y descubrimientos que jamás imaginó, Nico empieza a darse cuenta de que su historia no es tan simple como pensaba. Este no era el plan, pero a veces, las historias que no planeas... son las que de verdad te encuentran.

Genre
Drama
Author
Osmita12
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1


Menta nunca deja de moverse. Apenas me estaciono frente a la casa de mi papá y, cuando abro la puerta del auto, tengo que sujetarlo para que no corra directo a la entrada.

—Tranquilo, Menta, ya llegamos —le digo, riéndome mientras él se retuerce entre mis brazos, lleno de energía.

Juliana aparece en la puerta y suelta una exclamación apenas lo ve.

—¡Menta! —grita, corriendo hacia nosotros. Me arrebata al cachorro y lo llena de besos—. ¡Cómo te extrañé, pequeño!

—A mí también me da gusto verte, hermana.

Juliana solo gira los ojos y entramos juntos a la casa.

Papá me saluda mientras acomoda la cena en el comedor.

—¡Bienvenidos! ¿Cómo están mis dos favoritos?

—Bien —respondo, dejando la caja de postre sobre la mesa—. Traje tu favorito, Juliana.

—¡Gracias, Nico! —dice, abrazándome antes de soltar de nuevo a Menta, que ahora gira en círculos alrededor de ella.

Desde que me gradué y me mudé hace un año, no los veo todos los días, pero tratamos de cenar juntos al menos una vez por semana. Y aunque papá tiene un trabajo exigente en el despacho de abogados, siempre encuentra la manera de hacernos un espacio. Eso es algo que admiro de él: su forma de hacernos sentir prioridad incluso en medio de todo.

Mientras ponemos la mesa, la conversación fluye igual que siempre. Hablamos de cosas cotidianas: pacientes nuevos en la veterinaria, los exámenes de Juliana y las galletas que últimamente me dejan las clientas en agradecimiento.

—Eso te pasa por ser tan encantador con las dueñas de los perros —dice papá, sonriendo divertido.

—Muy gracioso —respondo, rodando los ojos.

—Oye, Juli —le pregunto mientras acomodo los vasos—, ¿qué era eso de la presentación de jazz que mencionaste la otra vez?

Ella se endereza con una sonrisa.

—Este verano habrá una presentación familiar —explica emocionada—. Todas las familias de los estudiantes bailaremos una coreografía que montará nuestro maestro, ¡y quiero que ustedes dos participen conmigo!

Papá, que justo estaba masticando, se atraganta. Le da un sorbo al agua antes de hablar.

—¿Bailar? —pregunta, todavía recuperándose.

—Sí, bailar —responde Juliana entre risas—. No hay escapatoria.

Yo suelto una carcajada.

—Creo que va a ser épico.

Papá se sacude la cabeza, resignado, aunque con una sonrisa.

—Está bien, lo intentaré. Pero no prometo que me salga genial.

—Solo avísenme los horarios —añado—, así no agendo pacientes en la clínica.

Seguimos cenando entre risas y anécdotas. Juliana cuenta cómo va con sus compañeros de danza y papá nos habla de los casos en el despacho. Todo parece tan normal, tan nuestro, que por un momento olvido lo rápido que ha pasado el tiempo. Me doy cuenta de cuánto necesitaba una noche así.

Después de cenar, Juliana se retira a su cuarto. Papá y yo nos quedamos recogiendo los platos mientras Menta, por fin cansado, duerme junto a la mesa.

—Ya es tarde para que manejes —dice papá en voz baja mientras enjuaga los vasos—. Quédate a dormir.

Lo pienso solo un segundo antes de asentir.

—Sí, muchas gracias.

Subo después a mi antiguo cuarto, donde todo está igual que siempre. Me siento en la cama y Menta se acurruca a mis pies.

Por más independiente que sea, hay noches en las que quedarse en casa se siente como un abrazo.