Capitulo 1
–¡SAM!— Se escucho una voz familiar entre el fuego y los escombros de una cabaña en medio del bosque.
El suelo estaba cubierto de sangre alrededor de Sam, mientras esta miraba desconcertada al hombre sin vida tirado junto a ella, para luego ver una silueta bastante alta que la observaba sin emitir ningún sonido.
—¡SAM, RESPONDE!
Pero Sam no podia dejar de ver la silueta atras del hombre sin vida, tenia unos ojos tan rojos como la sangre que se derramaba en el suelo, observandola como una presa sin valor.
Las lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos, mirando a la silueta, a esos ojos... con un tono de desesperacion e ira en su rostro Sam grito pero la silueta no se inmuto.
—¡SAMANTHA¡
En un instante Sam abre los ojos con una respiracion agitada levanta la cabeza de la almohada, al momento la luz del sol cayo en sus ojos desde la ventana dandose cuenta que ya era de dia.
La puerta de la habitación se abrió y Sam giró su cabeza para ver a una mujer que parecía en sus treinta asomarse con un delantal y un rostro bastante enojado, diciendo: —Hace un rato que estoy llamándote para el desayuno y terminé completamente ignorada. —La mujer la observó y suspirando, cambió su expresión a una más preocupada—. Buenos días, ¿otra vez la pesadilla?
—Sí… todas las noches sin falta como siempre.
La mujer caminó hasta la cama, sentándose justo al lado de Sam. Es una habitación pequeña, así que no recorrió mucho.
—Sam, sabes que eso pasó hace muchísimos años y aunque igual quiera justicia, no puedo arriesgarte a algo así.
Sam observó sigilosamente a la mujer. —Por eso no me dejas hacer nada. —susurró.
—¡SAM!
De un momento a otro, la actitud de Sam cambió a una más alegre. —Bueno, dejemos esta conversación para otro momento, tía Susan. —Se levantó apresuradamente de la cama—. Voy tarde para la universidad.
Sam se empezó a preparar para salir lo más rápido posible.
—¿Pero y el desayuno? —dijo Susan con preocupación.
—Compraré algo en el camino, no te preocupes.
Salió apresuradamente, pero al llegar a la puerta se detuvo y dio media vuelta, dirigiéndose a la sala. Se paró justo en frente de una foto en un mueble; su expresión se volvió tierna. —Adiós, papá, deséame suerte. — Dicho esto, Sam también se despide de su tía y sale de casa.
Mientras caminaba, Sam vio autos, pasar a toda velocidad por la calle junto a ella. No eran autos normales, ya que eran grandes, con blindajes por todos lados, de color blanco y negro. De inmediato, la expresión de Sam tomó un tono de seriedad profunda.
En ese instante se escuchó cómo una chica la llamaba.
—¡SAM POR AQUÍ! —Dijo la chica mientras agitaba su mano de un lado a otro levantándola.
Sam la observó y vio que había otra persona más junto a la chica. Eran sus amigas de carrera y la que la llamaba era Angie. No pudo evitar sonreír y corrió para llegar a ellas.
—Angie, Ester, lamento la demora otra vez.
Las chicas la miraron y suspiraron. Sam agachó la cabeza con culpa.
—No sé por qué te disculpas si ya estamos acostumbradas, idiota. —dijo Ester.
Angie solo rio e hizo una seña para que partieran.
En el camino las chicas se toparon con un grupo de personas las cuales estaban vestidas con una especie de traje blanco, los bordes del blazer eran negros junto con las mangas, luciendo un cinturón en la cintura que también era negro, se veía una camisa negra con una corbata blanca por debajo de todo y por último unas botas negras que llegaban hasta las rodillas.
—Cazadores… —afirmó Ester.
Sam quedó observando a las personas que pasaban frente a ellas con absoluta seriedad.
—Dicen que ha habido muchos ataques de Drimos enloquecidos por la zona. —dijo Angie con voz temblorosa.
Ester cambió su expresión a una enojada, mirando hacia el frente. —Solo espero que los cazadores exterminen a esas malditas pestes de una buena vez.
Sam solo quedó mirando la escena, un poco triste recordó que la madre de Ester fue asesinada por un Drimo por lo cual no pudieron salir palabras de su boca para animarla.
—Bueno, vamos o llegaremos tarde a las clases. —dijo Angie con una sonrisa.
El día pasó volando para Sam y, en la salida de la universidad, le propuso a Ester y Angie ir a un karaoke que quedaba cerca de donde estaban, ya que no quería volver aún a casa después de la conversación pendiente con su tía.
Las amigas la miraron y sonrieron al mismo tiempo aceptando la idea. Sam, contenta, no sabía lo que en realidad planeaban ellas dos y lo que le esperaba.
—¡SI CANTA, BABY! —gritó Angie, mientras todos aplaudía y reían al unísono en una habitación del karaoke, a excepción de una persona.
—¿Ester, pensé que solo seríamos nosotras tres, porque invitaron a esos chicos? —dijo Sam, bastante desconcertada y avergonzada.
—Desde que nos conocemos, no te hemos visto relacionarte con nadie más, ni con chicas, ni con chicos, pensamos que esta podría ser una oportunidad. —dijo Ester con una sonrisa mientras tomaba un gran vaso de cerveza.
Después de terminarse el vaso Ester se paró y grito que era su turno al micrófono, Sam solo pudo suspirar y mirar a la gente perdida en sus pensamientos, cuando un gran dolor de cabeza la golpeó de un momento a otro.
Sam cerró sus ojos fuertemente llevando una de sus manos a la cabeza, estaba por pararse cuando una chica desconocida se sentó junto a ella.
—¿estás bien? —dijo la chica mientras le ofrecía un vaso de agua.
Sam reaccionó y nerviosa recibió el vaso de agua dándole las gracias. —¿Disculpa, tú eres?
La chica se rio: —Mi nombre es Rita, no me sorprende que no te acuerdes. Cuando nos presentamos, te veías en tu mundo.
—Oh… lo siento mucho, no era mi intención, solo no estoy acostumbrada a convivir con gente nueva. —dijo Sam agachando la cabeza con vergüenza.
De repente, el dolor de cabeza de Sam comienza a intensificarse y su expresión de dolor pasó a enojo en solo segundos.
—Pues, te vi y pensé que podríamos hablar y acerca-
—Lo siento, debo irme ahora, buena charla. —dijo Sam mientras agarraba su mochila con una expresión fría y saliendo de la sala hasta afuera del karaoke.
—Sí, buena charla… —dijo Rita con un tono triste.
Sam caminó lentamente hasta un callejón lo más lejano al karaoke donde estaban todos, no pasó mucho hasta que una persona se paró justo detrás de ella.
—Parece que no tuviste mucha suerte, jovencita. —era la voz de un hombre no muy grave, algo aguda.
Al darse la vuelta, Sam observó a esta persona. Su cabeza estaba escondida entre el gorro de su abrigo gastado, pero aún se podía distinguir la piel roja y un cuerno sobresaliendo de su frente, ojos completamente negros a excepción del iris que era de un amarillo destellante.
—Un Drimo. —dijo Sam con indiferencia.
Este comenzó a reír descontroladamente, observó a Sam de pies a cabeza. —Qué hermoso cabello rojo tienes, se verá muy lindo como recuerdo de mi décima víctima esta semana.
Sin dejar de sonreír, el Drimo, corrió para atacar con su mano derecha y, aun así, Sam no se movió. Al sentir el impacto contra el cuerpo, el Drimo se rio nuevamente, pero inmediatamente notó que algo estaba mal, que algo no estaba…
Al mirar su mano atacante, esta ya no estaba.
El Drimo Grito, desgarradoramente sosteniendo el brazo sin mano que no dejaba de sangrar, miró a Sam en estado de shock para notar que su mano faltante la sostenía ella.
Los ojos de Sam cambiaron de un color oscuro a un rojo vivo.
Tirando la mano a un lado, Sam observó al Drimo asustado frente a ella. —Parece que el de la mala suerte eres tú.