Prólogo
Meses antes
Aim se había convertido en la escritora más popular de la web gracias a una historia que superó millones de visualizaciones. Nadie sabía quién era en realidad, hasta que su mejor amiga, Mali, decidió que ya era hora de mostrar su rostro al mundo.
—Muchas chicas podrían enviarte mensajes —dijo Mali por videollamada, sonándose la nariz.
—¿Mensajes de qué tipo?
—Del tipo “me enamoré de ti”, no del tipo “amo tus libros”.
Aim dejó escapar un suspiro de fastidio.
—Solo soy una escritora encerrada con su tableta.
—Exacto, y así no conocerás a nadie. Cambia la foto del perfil y sal con alguien, aunque sea una vez.
Y así lo hizo. Desde ese día, el caos comenzó.
Pronto empezaron a llegar confesiones de amor y todo tipo de propuestas. Mali, agotada de tanto caos, decidió clasificarlas con apodos que iban desde la abogada 1 hasta la intensa 33. Aim comenzó a salir con todas, pero el resultado fue el mismo.
—Next —decía después de cada cita.
Ninguna le causaba interés, ni las abogadas con discursos eternos, ni las idols con encanto de escenario y mucho menos las empresarias que solo hablaban de trabajo. Aim había cerrado la puerta al amor desde su última relación, y lo único que la hacía sentirse bien era escribir y dibujar historias de amor. Bueno, al menos hasta que enfermó.
El cuerpo empezó a dolerle, las rosetas rojas aparecieron en su piel y, cuando menos lo esperaba, terminó en la sala de urgencias. Allí, conoció a la doctora Bam.
Parecía ser la residente más amable del hospital, con una sonrisa que contrastaba con su mirada profunda. Aim la observó durante la revisión médica, intentando no parecer tan fascinada, pero era difícil ignorar tanta belleza junta.
—¿Puedo preguntarle algo, doctora? —dijo.
—Claro.
—¿Me va a atender todos los días?
—Sí.
—Qué suerte la mía.
Había conocido al amor de su vida justo después de una pandemia que no logró matarla, en un hospital, cuando pensó que ya no volvería a enamorarse.









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