Capítulo 1 LA HISTORIA PERDIDA
Esta es una historia perdida, un relato que nadie escribe, que nadie recuerda. Es un susurro roto, sepultado en los registros fragmentados de una humanidad que se desvaneció. Es el testimonio olvidado del colapso, grabado en las ruinas de un mundo que no supo detenerse.
La Tierra yace en desolación, un desierto de cenizas y acero retorcido bajo un cielo fracturado. Portales dimensionales, como grietas palpitantes en la realidad, destellan con una luz púrpura que ciega y hiere. El aire apesta a metal fundido, cargado del hedor de un error catastrófico. Los portales rugen en la distancia, ecos del Experimento I.A.B., la máquina que abrió puertas a mundos que la humanidad nunca debió explorar. Este es el paisaje de un desastre que nadie quiso prever, un mundo donde cada escombro grita el costo de la ambición desmedida.
Pero hubo un tiempo antes de la ruina, cuando la Tierra resplandecía bajo un cielo azul tan puro que parecía eterno. Ciudades de cristal reflejaban la luz del sol, los campos verdes vibraban con vida, y la humanidad vivía en una paz engañosa, ciega a las semillas de su propia destrucción. Las plazas resonaban con risas, los mercados bullían con sueños, y los laboratorios albergaban visiones de grandeza. Allí, en el cenit de su orgullo, nació el Experimento I.A.B., una máquina que prometía desentrañar los secretos del universo, pero que solo trajo caos.
¿Cuál fue el objetivo inicial de construir esa máquina?
¿Qué buscaba la humanidad al crear el Experimento I.A.B.?
¿Por qué jugaron con una tecnología cuyos peligros no podían siquiera imaginar, abriendo puertas a mundos que no entendían?
¿Fue solo por investigar, por saciar una curiosidad ciega?
¿Tan necios fueron que no vieron lo que desencadenarían? Cada portal, cada ruina, es una acusación: un testimonio de la arrogancia que condenó a la humanidad, de la estupidez de manipular fuerzas sin prever su furia, de la irresponsabilidad de anteponer el deseo de saber al valor de la vida. No supieron lo que causaron, o no quisieron saberlo, y el precio fue un mundo roto, un cielo fracturado, una humanidad perdida.
Esta historia, enterrada en el olvido, comienza aquí: en los días de esplendor, cuando la humanidad soñó con lo imposible, y en el instante en que esas sueños se convirtieron en su fin.
Isla Artificial y el Inicio del Experimento
Océano Pacífico, cerca del Punto Nemo
Área restringida: Zona de Experimentos
La isla artificial se alzaba sobre el océano como un coloso tecnológico, un santuario erigido para desafiar las leyes de la naturaleza. Torres de acero y cristal emergían del centro, atravesando las nubes, mientras plataformas flotantes sostenían reactores, laboratorios y complejos residenciales. Desde lo alto, el complejo brillaba como una joya incrustada en el mar infinito.
Dentro del Núcleo C.M.P.A.I., la sala principal hervía de actividad. Decenas de científicos se movían entre pantallas y paneles holográficos, mientras un zumbido profundo recorría el aire, vibrando en los huesos.
En el centro, una cápsula suspendida contenía a Juan, el sujeto principal. Su cuerpo estaba conectado a docenas de cables biométricos y a un casco neural que lo vinculaba directamente con el sistema central. El C.M.P.A.I. —Creación de Mundos Paralelos con Inteligencia Artificial— era la cúspide de todo: la fusión entre mente humana y red cuántica.
El tablero de control mostraba parámetros estables. Las luces de los indicadores pulsaban con un ritmo calmado. La voz sintetizada del sistema informó:
—Estabilidad cerebral: 99,8%. Sincronización neural completa.
Los científicos se miraron entre sí. Algunos sonrieron. Todo estaba funcionando.
El director del proyecto se inclinó sobre la consola:
—Inicien la fase final de enlace —ordenó con voz firme.
Los datos fluyeron como ríos de luz en los hologramas. El patrón de energía era perfecto. La IA central respondía a cada estímulo. Por primera vez, el sueño de controlar un espacio-tiempo simulado parecía estar al alcance.
Pero entonces... algo se filtró.
Al principio fue apenas un destello en el sistema, una fluctuación casi imperceptible. Un pulso de código extraño que ningún firewall reconoció. Un técnico frunció el ceño:
—Eso... no es nuestro.
Los indicadores empezaron a parpadear. En segundos, la sala se llenó de alertas.
—Aumento súbito de potencia en el núcleo cuántico —informó el sistema con voz distorsionada.
—No puede ser, los estabilizadores están al máximo —replicó otro científico mientras sus dedos volaban sobre los controles.
Pero el error no estaba afuera... estaba dentro.
El virus se expandió como un incendio, modificando parámetros en tiempo real. Los niveles de energía, que debían ser constantes, comenzaron a subir de forma exponencial. Los gráficos se dispararon hasta valores imposibles.
—¡Corten las conexiones con el sistema central! —ordenó el director.
—¡No responde! —gritó uno de los técnicos.
Los hologramas estallaron en luces rojas. La temperatura de la sala aumentó varios grados en cuestión de segundos. El reactor principal rugía como un monstruo contenido.
Entonces, Juan... gritó.
Su cuerpo convulsionó dentro de la cápsula. Los monitores mostraban picos imposibles de actividad cerebral, como si su mente estuviera procesando miles de realidades simultáneamente.
—El sistema está absorbiendo más energía de la que generamos... —susurró un científico, incrédulo.
Nadie alcanzó a reaccionar.
Un zumbido profundo, grave, inhumano, llenó el laboratorio. Las paredes vibraron. Los reactores auxiliares se sobrecargaron, y el suelo tembló bajo sus pies. La luz blanca de los hologramas se desvaneció, reemplazada por una oscuridad total... seguida de un destello.
El mundo entero dejó de respirar.
Caos en la Isla Artificial
La isla artificial, ciudad flotante en medio del océano, comenzó a moverse ligeramente, un temblor imperceptible al principio, pero suficiente para inquietar a los guardias de seguridad en los puestos exteriores. La calma habitual se quebró.
De pronto, las alarmas resonaron en cada rincón. Luces rojas y naranjas parpadearon en torres, laboratorios y plataformas. Los guardias de seguridad corrían por los pasillos, observando cómo la realidad misma parecía vibrar.
—¿Qué demonios está pasando? —gritó uno mientras el suelo temblaba bajo sus botas.
Los sistemas internos del laboratorio comenzaron a colapsar. Los sensores de energía emitían picos imposibles; aunque los científicos dentro estaban ajenos a todo lo que ocurría afuera, las ondas de energía liberadas por la máquina afectaban la estructura completa de la ciudad.
El núcleo principal brilló con intensidad cegadora y, en segundos, una explosión comparable a una bomba atómica arrasó la isla. Edificios, torres y laboratorios se desintegraron en un instante, dejando solo un vacío en el mar. El agua fue desplazada violentamente por la onda expansiva, creando un vacío como si la isla nunca hubiera existido.
El cielo se volvió azul intenso, saturado de energía que parecía rasgar la realidad. Se formaban zonas oscuras suspendidas en el aire, como agujeros que mostraban fragmentos de mundos imposibles, mientras todo permanecía completamente quieto. No había sonido alguno; ni viento, ni gritos, ni explosiones. Todo estaba detenido.N/A: Imagen generada por chatGpt 1/09/2025 : Explosión
El tiempo permaneció congelado unos instantes eternos, hasta que, como si parpadearan, la realidad comenzó a regresar. La isla se recompuso lentamente: el metal, el cristal y las plataformas flotantes regresaron a su lugar, limpios, sin hollín, sin daños aparentes. Todo parecía haberse restaurado como por arte de magia, casi como una ilusión.
Los científicos y guardias se miraron entre sí, incrédulos. Se tocaron los brazos, el rostro, los hombros, intentando confirmar que no era un espejismo, que seguían vivos y que todo lo que vieron había ocurrido realmente. Solo entonces comprendieron que habían sobrevivido.
El sistema C.M.P.A.I. permanecía en línea, pero algo había cambiado. La anomalía PE567, que distorsiona la realidad, fluía de manera impredecible dentro de la isla. Todos entendieron que algo se había liberado y que nada volvería a ser igual.
Los científicos, aún atónitos por lo que acababan de presenciar, tardaron apenas unos segundos en reaccionar. Sin comprender del todo lo ocurrido, una idea se impuso con claridad: debían abandonar la isla de inmediato.
Los pasillos resonaban con el eco de pasos apresurados y respiraciones entrecortadas. Los científicos corrían a toda prisa hacia los hangares, mientras las luces de emergencia parpadeaban, tiñendo todo con destellos intermitentes. Los sistemas principales seguían muertos, pero los guardias habían logrado activar la energía de respaldo, abriendo accesos y preparando las aeronaves de evacuación.
Las compuertas del hangar se abrieron lentamente con un chirrido metálico, revelando las elegantes naves listas para despegar. El rugido de los motores encendiéndose llenó el aire, devolviendo un atisbo de esperanza.
Entonces, el cielo cambió.
Una sombra avanzó sobre la isla, proyectada por varias aeronaves militares que descendían desde lo alto. Sus rampas comenzaron a desplegarse incluso antes de tocar tierra. Columnas de soldados bajaron con precisión milimétrica, formando un cerco silencioso alrededor de las plataformas de evacuación.
Un murmullo colectivo recorrió a los científicos. No entendían qué estaba ocurriendo, y tampoco había tiempo para preguntar.
En ese instante, un destello cruzó el cielo. Después, otro. Y otro.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, una serie de explosiones sacudió el perímetro. Las aeronaves de evacuación que apenas comenzaban a elevarse estallaron en pedazos, una tras otra, como si hubieran sido alcanzadas por algo imposible de ver. Fragmentos incandescentes cayeron sobre la plataforma, provocando caos y confusión.
Uno de los guardias, con la voz rota, señaló hacia el mar. Entre la bruma de humo y polvo, emergían imponentes barcos alineados en formación, cada uno con un símbolo que brillaba bajo el sol: el mismo logo que decoraba cada edificio de la isla.
Nadie dijo nada. No hacía falta.
Los guardias restantes intentaron reaccionar, pero fueron neutralizados sin que nadie pudiera ver qué los había derribado. En cuestión de segundos, el perímetro quedó bajo control absoluto. Los científicos, acorralados, no tuvieron más remedio que alzar las manos.
Uno a uno, fueron rodeados, separados y sometidos. No hubo resistencia. Solo confusión y un silencio pesado, roto apenas por el crujir de las llamas que devoraban las aeronaves destruidas.
Sin dar explicaciones, los soldados comenzaron a guiar a los cautivos hacia las naves militares. Los ojos de algunos científicos seguían fijos en el logo, incapaces de comprender por qué la misma corporación que financiaba su investigación estaba ahora reduciendo la isla a cenizas.
El sol seguía alto en el cielo, iluminando el desastre con una luz casi cruel.
La isla, que alguna vez fue símbolo de innovación, quedaba atrás convertida en un cementerio de humo y acero retorcido.
Sala de conferencias de Control Tecnológico .
Las luces blancas iluminaban la sala abarrotada de periodistas, cámaras y grabadoras. El CEO de la empresa, con un traje impecable y expresión serena, subió al estrado. El murmullo se detuvo inmediatamente.
—Después de perder contacto con la Isla Artificial durante cinco días, logramos restablecer el control y asegurar a todo el personal —anunció el CEO, su voz resonando en la sala abarrotada, mientras las cámaras capturaban cada palabra.
—Señor, ¿qué ocurrió realmente en la Isla Artificial? —preguntó un periodista, inclinándose hacia adelante, su micrófono temblando ligeramente.
—Muchos testigos afirman que estaban evacuando la isla cuando sus tropas llegaron y destruyeron todo. ¿Cómo responde a estas denuncias? ¿No es contradictorio con lo que dice? —insistió otro, con tono desafiante.
—Todavía estamos investigando los sucesos —respondió el CEO, su rostro impasible, esquivando las miradas inquisitivas—. Pero los presuntos responsables fueron capturados con éxito.
—¿Hubo personas heridas debido a que afectó los sistemas de navegación? ¿Tiene algo que ver con la isla? —preguntó un tercer periodista, ajustándose las gafas.
—¿Tiene relación con la tecnología que desarrollan? —añadió otro, garabateando notas frenéticas.
—Esa información es clasificada. No puedo dar más detalles —cortó el CEO, levantando una mano para silenciar la sala, mientras los clics de las cámaras llenaban el aire.
—¿Y qué pasará con los premios tecnológicos? —preguntó alguien desde las filas traseras.
—Se cancelarán por completo —declaró el CEO, ajustándose la corbata con un gesto seco.
—¡Una pregunta más! —gritó un periodista, poniéndose de pie.
—Lo siento, debo retirarme —dijo el CEO, poniéndose de pie y alejándose con pasos firmes.
—¡Espere, señor! —llamaron varios, pero sus voces se perdieron entre el murmullo de la multitud.
En un rincón, un hombre de los altos mandos se disculpaba en voz baja por haber alertado a los países sobre el despliegue de tropas, su rostro pálido bajo la luz fría de los reflectores.
Mientras tanto, la prensa, con micrófonos y cámaras en mano, intentaba desesperadamente desentrañar la verdad. El caso fue archivado rápidamente como un acto terrorista, aunque solo quienes estuvieron en la isla conocieron la realidad de lo ocurrido.
Laboratorio de Control Tecnológico — Varios años después del fatídico día
Dos personas entraron en una habitación tenuemente iluminada, sus batas de laboratorio crujiendo con cada paso.
Detrás de ellas, una máquina cubierta con una sábana polvorienta reposaba en silencio, su forma oculta bajo la tela como un secreto guardado por el tiempo.
Poco después, más personal ingresó al laboratorio, instalando computadoras y conectando cables. El murmullo de teclas y zumbidos se mezclaba con el crujir de los sistemas reiniciándose. La máquina, al ser reinstalada, emitió un zumbido tenue que reverberó en las paredes de acero.
Uno de los individuos, con paso decidido, se acercó al centro de mando.
A su lado derecho, una columna que llegaba a la altura de la cadera se alzaba, conectada al panel de control con un entramado de circuitos apenas visibles.
—Sistema, código JG6372... Extrae la memoria interna... —ordenó con voz firme, su aliento condensándose ligeramente en el aire frío.
[Reconocimiento de voz]
[Sí, señor]
La columna se abrió con un clic metálico, revelando un cubo que brillaba con una luz interna, su resplandor danzando en las sombras de la sala.
El hombre lo tomó con cuidado, sus dedos rozando las superficies pulidas, y lo extrajo.
En uno de sus lados, una entrada similar a un puerto USB destacaba, un detalle que parecía fuera de lugar en su diseño enigmático.
—Señor, ¿qué es esto? Esto no debería estar aquí —preguntó el otro, identificado como Hack, con una mezcla de sorpresa y cautela en su voz, sus ojos fijos en el objeto.
—Es un mundo digital, Hack... Después de tantos años, por fin volveremos a vernos... Ahora estará en el Experimento I.A.B. —dijo el primero, su voz quebrándose apenas, como si cada palabra liberara años de espera contenida. Su mirada cortó el aire como un bisturí, mientras le pasaba el cubo con manos temblorosas, no por miedo, sino por reverencia.
Hack lo sostuvo con dedos inseguros, como si el objeto pudiera desintegrarse o despertar. El resplandor del cubo se reflejaba en sus gafas, proyectando una danza de luces sobre su rostro, como si el pasado intentara hablarle en código.
—Sí, señor —susurró, más para sí que para el otro, sintiendo el peso de algo que no era solo tecnología... sino historia.
El silencio se volvió denso. El primero se giró hacia el centro de mando, y con una voz que parecía resonar desde el fondo de una caverna olvidada, pronunció:
—Que comience el Experimento.
Las luces del laboratorio parpadearon una última vez. Las pantallas se apagaron una por una, como párpados cerrándose ante lo inevitable. El personal guardó sus maletas en silencio, sin palabras, como si supieran que lo que acababan de presenciar no debía comentarse... aún.
Y en medio de la penumbra, el cubo seguía brillando. Solo él permanecía encendido.
Como un corazón que nunca dejó de latir.
..................
Continuara.
Reedición 5/07/2024
Reedición 1/09/2025
N/A: Esta historia es 100 % mis algunas imágenes son generados por I.A para que disfruten visualmente, en realidad se escribió en 2019 en Wattpad pero la estoy reeditando, espero que les guste.