La sombra de tu mentira

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Summary

Han Ji-yoon es la brillante, pero arrogantemente independiente, CEO de la poderosa Torre Han en Seúl. Acostumbrada a controlar cada aspecto de su vida, su mundo se tambalea cuando su padre, obsesionado con la seguridad, le impone una guardaespaldas personal: la misteriosa y letal Kang Yoo-jin. Para Ji-yoon, Yoo-jin es una intrusión frustrante, una máquina inexpresiva que irradia una fría eficiencia que desafía todos sus intentos de provocarla o deshacerse de ella. Pero lo que Ji-yoon no sabe es que "Kang Yoo-jin" es, en realidad, Rin, una asesina de élite de la mafia Yakuza japonesa, encubierta para cumplir una misión secreta que la ha colocado justo en el epicentro del poder de Han. Mientras Rin navega entre su estricto protocolo de protección y las órdenes oscuras que recibe de su verdadera organización, una tensión inesperada comienza a surgir entre las dos mujeres. La fría fachada de la guardaespaldas se quiebra con destellos de humanidad letal, y la CEO, a pesar de su desprecio inicial, se siente irrevocablemente atraída por la peligrosa y enigmática sombra que ahora la sigue a todas partes.

Genre
Lgbtq/Action
Author
Bay
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

El precio de la infiltración

Kuroda Rin

El aire olía a pólvora y lluvia tardía, una combinación familiar que siempre conseguía anular el hedor a hierro. Me mantuve de pie junto a la gran ventana panorámica, ignorando deliberadamente el caos que había dejado atrás en la oficina. Tres cuerpos. Tres problemas solucionados, la sangre aun presente en mi ropaje y guantes. La luz de neón de Shinjuku se reflejaba en el cristal, pintando de colores vibrantes el suelo de moqueta que, en cuestión de minutos, se convertiría en una escena del crimen. Que para mí, ya era historia.

El smartphone de modelo añejo vibró en mi mano. Era un número desconocido, pero sabía quién estaba al otro lado. Solo un hombre se atrevía a llamarme sin previo aviso y sin importar si me negaba a trabajar con el. Deslicé para contestar con un astivo de astio.

“Tanaka.” Mi voz era plana, desprovista de emoción, mientras mi miraba sin expresión alguna el paisaje frio que me brindaba la ciudad atra vez del ventanal. No pregunté el motivo de su llamada, ni hice el saludo habitual.

Una risa seca resonó. “Rin. Asumo que la limpieza ha terminado. Espero un informe detallado antes del amanecer. Pero primero, tienes otro encargo.”

“Estoy en camino,” respondí, sin esperar la orden. Nunca se le discute al Oyabun. Es un hombre de temer.

Colgué. Con la misma calma con la que respiraba, recogí el silenciador desmontado de la mesa y lo guardé en el compartimento secreto de mi abrigo. Apenas me tomó treinta segundos abandonar la oficina por la ruta de servicio, eludiendo cualquier cámara de seguridad que pudiera haber sobrevivido a mis preparativos. Dejar el rastro limpio era tan importante como el objetivo.

El Despacho del Oyabun

El complejo de oficinas de Tanaka Kenzo no era un palacio tradicional. Era un edificio moderno en el corazón de Tokio, una fachada de legalidad que solo revelaba su verdadera naturaleza a aquellos que se atrevían a cruzar su umbral. Sato Hiroshi, la mano derecha de Tanaka, me esperaba en el vestíbulo. Vestía un traje impecable y su rostro era una máscara de apatía. Me condujo sin decir palabra por un pasillo de mármol pulido y luego por un ascensor privado que subía al piso superior, en donde sin dudas estaría aquel hombre despreciable, y sin ninguna pizca de delicadeza

Al entrar al despacho, sentí la densa atmósfera de poder. Tanaka estaba de espaldas, contemplando la ciudad. Llevaba un traje oscuro de corte caro, pero los detalles hablaban de su verdadera autoridad: los tatuajes, las marcas de dragones y peonías, asomaban por la nuca y las mangas de su camisa, si no supiera quien es este hombre ni su naturaleza podria decir que el podria ser un buen partido

Me detuve a dos metros del escritorio de caoba. Posición firme. Manos quietas. Lista para reaccionar si era necesario. Aunque éramos aliados, nunca me permitía relajarme ante aquel hombre que podría ordenar mi muerte, este lugar es como el hogar de los lobos donde yo soy un conejo que juega a ser uno de ellos.

Tanaka se giró. Sus ojos eran fríos y afilados. Golpeó un sobre lacrado con el símbolo de su clan sobre la superficie.

“Corea del Sur,” comenzó, sin preámbulos. “El Chaebol Han nos debe una fortuna y una pieza de información que vale la guerra. El patriarca, Han Ki-tae, es débil. Queremos forzar su mano. Y queremos el caos.”

Hizo una pausa y me miró directamente. “Tu objetivo es su única hija mujer. La heredera. Han Ji-yoon.”

No parpadeé. “Detalles.” mi actitud fria sin apuros, tone aquel sobre y revise su contenido sin expresión alguna

“Veinte millones de wones por el encargo. Diez millones de bonificación cuando tengamos el ‘Libro Mayor Digital’ que ella protege sin saberlo. Esta misión es delicada. No es un golpe rápido. Tienes que infiltrarte. Ganarte su confianza. Y luego destruirla para que su padre ceda.”

Me deslizó un grueso sobre y una carpeta de color negro sobre su escritorio.

“Olvídate de Kuroda Rin. Para ellos, tú eres Kang Yoo-jin. Ex-militar, especialista en seguridad privada, con experiencia en protección de élite. Aquí están los billetes a Seúl, los documentos y una cuenta bancaria con tus gastos iniciales.”

Abrió la carpeta. Una foto de una joven, de rasgos elegantes y una expresión concentrada, apareció en la superficie. Han Ji-yoon. 19 años. CEO.

“Ella es la llave. La obtienes o la matas cuando ya no sea útil. Pero el libro viene primero,” sentenció Tanaka.

Asentí con un movimiento apenas perceptible. “Acepto.”

El Primer Paso

Horas después, en la seguridad de un piso franco, me convertí en Kang Yoo-jin. Me deshice de todo lo que me ligaba a Japón, reemplazándolo por ropa de diseñador discreto y la actitud pulcra de una profesional de seguridad. Mi equipo de viaje era minimalista: ropa, botiquín de emergencia, y una pequeña navaja de precisión oculta. La identidad de Kang Yoo-jin era inexpugnable, cortesía de los contactos de Tanaka.

Sin mas tome mis cosas y me dirigí al aeropuerto sin ningun problema oude pude tomar el vuelo y evadir la seguridad, pude escuchar a lo lejos como en las noticias mencionaban las muertes de tres políticos japoneses, sonrei levemente recordando mis víctimas anteriores

Repasé el plan durante el vuelo. Han Ji-yoon. Joven, brillante, perfeccionista. La protegida. La presa, si hago todo con precisión este trabajo sera fácil.

Mi objetivo era acercarme, establecer un perímetro de seguridad falso y buscar la vulnerabilidad que me permitiría acceder al servidor central de su empresa de Telecomunicaciones. Matarla en el aire, a distancia, era fácil. Matarla de cerca, mientras la proteges, es el verdadero arte.

Al aterrizar en el aeropuerto de Incheon, me sentí como una pieza de ajedrez recién colocada en un tablero de guerra. Al cruzar la puerta de llegadas, un hombre con un traje caro, sosteniendo un cartel con el nombre de "Kang Yoo-jin", me hizo una inclinación formal. Me dirigió a un sedán negro con vidrios polarizados, digno de un jefe de estado.

El viaje fue silencioso hasta llegar a un complejo corporativo impresionante en Gangnam. El hombre me guio a una sala de juntas de lujo.

Detrás de la mesa estaba el hombre del que tanto había oído hablar. Han Ki-tae. El Patriarca. Un hombre con las ojeras de la preocupación y la arrogancia del dinero.

“Señorita Kang Yoo-jin,” dijo el CEO Han, apenas sonriendo. “He oído que eres la mejor en lo tuyo. No me importan tus antecedentes ni tu precio. Solo me importa la seguridad de mi hija. Mi única heredera, Han Ji-yoon.”

Se inclinó sobre la mesa, su voz se hizo más grave. “Ella es la luz de esta empresa. Si le pasa algo… si el más mínimo pelo de su cabeza es dañado mientras estás a su cargo, me aseguraré de que tu vida, y la de cualquier persona que te importe, sea destruida hasta los cimientos. ¿Entendido?”

Nuestros ojos se encontraron. Su miedo era casi palpable.

“Entendido, Señor Han,” respondí con mi nuevo nombre, mi voz firme.

Kuroda Rin estaba ahora encerrada. Solo quedaba Kang Yoo-jin, la guardaespaldas.

De la misma forma como hable y mantego mi compostura seria, con desimulo gire mi vista a la joven que se encuentra solo a unos pasos de nosotros, ella debe ser Ji-yoon mi nueva presa.

Ella me miraba con desprecio, mientras juega con una pluma a la vez que movia sus oiernas con inquitud.

Esta enfada, fue lo que cruzó mi mente y una diminuta sonrisa se hizo presente en mi rostro