Renacido en las Sombras del Éter

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Summary

En las traicioneras cumbres del murim, el maestro legendario Jian Wei, el "Puño Inmortal", muere traicionado por sus discípulos. Renace como Eiran Voss, un huérfano en Arcania, un mundo mágico donde el Mana gobierna hechizos recitados y academias élficas. Con técnicas de cultivo de Qi de su vida pasada, Eiran trata el Mana como Qi externo: refina meridianos para absorber cantidades ilimitadas, lanza hechizos silenciosos con pensamientos y fusiona artes marciales con arcana. De marginado, asciende a prodigio temido, desafiando clanes dracónicos y una profecía como "Equilibrador de Esencias".

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: El Último Golpe y el Despertar

El trueno de los tambores de guerra retumbaba como el corazón furioso del Monte Yinlong, donde el aire se espesaba con Qi cortante, un filo invisible que desgarraba las almas. Jian Wei, el “Puño Inmortal”, se alzaba como un titán entre los restos de su legado, su túnica negra hecha jirones exponiendo músculos tallados por siglos de dominio marcial. Sus ojos dorados ardían con una furia divina mientras enfrentaba a sus discípulos traidores, un mar de espadas alzadas contra él, alimentadas por la envidia que su invencibilidad había sembrado. Shen Lo, su pupilo más letal, empuñaba una hoja curva que brillaba con Qi corrupto, su sonrisa una grieta en el rostro de la lealtad.

“¡Tu reinado termina, maestro!” rugió Shen Lo, mientras Mei Ling, mi hermana de sangre adoptiva, tejía sombras de Qi que se alzaban como serpientes venenosas, sofocando el campo. La traición era una lanza en mi corazón, más afilada que cualquier arma. Desaté mi poder interior: un torrente de Qi rugiente que incendiaba mis meridianos, lanzando un puñetazo que desgarró el cielo con un torbellino de fuerza divina. Montañas temblaron, pero el enjambre de traidores no cedió. Una daga envenenada, guiada por la mano temblorosa de Mei Ling, se hundió en mi espalda, su filo rompiendo mi núcleo de Qi. La sangre brotó como un río carmesí, y el mundo se derrumbó en tinieblas.

“¿Es este mi ocaso?” rugí en mi mente, mientras mi espíritu se desvanecía en el vacío. Pero el destino, un dragón colosal y caprichoso, rugió su desafío.

Un grito desgarrador me arrancó de la muerte. Abrí los ojos a un firmamento púrpura, donde dos lunas colosales, ojos de un dios olvidado, vigilaban un mundo desconocido. Mi cuerpo era un cascarón frágil, un bebé envuelto en harapos podridos, mis manos temblorosas apenas capaces de apretar una roca. ¡Renací! Pero mi alma ardía con la memoria de Jian Wei, el titán caído, atrapada en esta carne débil.

Una mujer de rostro endurecido como piedra me alzaba, su voz un susurro roto en un idioma arcano que mi espíritu reconoció. “Eiran Voss”, me nombró, un eco que retumbó en mi ser. El aire vibraba con una energía extraña, distinta al Qi que conocía: una corriente sutil, casi etérea, que danzaba como espíritus luminosos alrededor mío. Era similar a mi energía interna, cálida y pulsante en mis meridianos, pero más ligera, como un viento que se desliza sin resistencia. La sentí fluir hacia mí cuando respiré profundo, como si mi dominio del Qi la atrajera instintivamente, y una chispa de luz débil brotó de mis dedos, temblorosa y fuera de control.

“¿Qué es esto?” me pregunté, mientras la luz se desvanecía en la niebla encantada, dejando solo un eco de su brillo.

La mujer me depositó en un lecho de musgo, sus ojos como hielo cortante. “Un débil no sobrevivirá aquí“, gruñó, y desapareció entre las sombras etéreas que envolvían el bosque. Un bramido colosal sacudió la tierra, y ojos brillantes emergieron de la penumbra, hambrientos de sangre fresca.

¿Moriré otra vez?