Tu Sonrisa en el Mundo Carmesí

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Summary

Eriksen es un cantante prodigioso pero le falta algo sumamente importante para un artista: Corazón. Descubriremos que le ocurrió en este mundo en donde la tecnología dicta cada paso de la humidad, incluído el arte. Esta no es solo una historia de amor. Es una historia de redención.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

La sonrisa de Gwendolyn era radiante. El viento revoloteaba a través de sus rizos rojos. El sol brillaba con fuerza y eso que era el atardecer. Sin embargo, ella no sentía demasiado calor. De hecho, la brisa del mar le refrescaba la piel. El canto de las gaviotas alzando el vuelo le encantaba.

Subió al mirador Vista Azul, el cual era una enorme torre al sur de la isla Solaris Prime. En la terraza estaban construidos asientos y mesas con sombrillas. Y ¡Por mis rizos! También habían pequeños puestos de comida rápida, que ofrecían variedades de aperitivos. Aunque estaba demasiado maravillada como para comer.

De la torre sobresalían grandes balcones dando una sensación de vértigo a los más asustadizos que se atrevían a asomarse; y una sensación de libertad a aquellos más valientes.

Vaya que estaba repleto de gente. Familias enteras visitaban la torre para disfrutar de las vistas de la ciudad y de la puesta sol, perdiéndose poco a poco en el mar.

Gwendolyn vio que habían bastantes parejas y la verdad es que le pareció que el lugar era apropiado para el romance, sobre todo por ese precioso cielo color turquesa con trazos de color rosa que lo surcaban de lado a lado. Estaba despejado, amó aquel cielo sin nubes. Era algo que no veía en la pequeña isla en donde creció, muy lejos.

Esta ciudad era la capital del mundo y ahora sería su hogar. Eso la llenaba de emoción.

Se acomodó las gafas y contempló la enorme ciudad de Solaris Prime, que se extendía hasta donde alcanzaba su vista, con enormes edificios que resplandecían con la luz naranja del sol.

Apoyó los brazos sobre una baranda metálica y por unos minutos contempló el movimiento de la ciudad. Un caos de vehículos y personas en movimiento. Color y más color. De donde ella venía la vida era más calmada y gris, y no existía tal cosa como avenidas llenas de letreros flotando brillantes y proyectando imágenes publicitarias.

Desde las alturas, Gwendolyn se maravilló de la vida que proyectaba aquella ciudad y deseó conocerlo todo. A los lejos podía ver el corazón de la ciudad con sus cuatro rascacielos, alzándose por sobre todo lo demás y medio una gran esfera. ¿Estaba suspendida en el aire? Gwendolyn estaba demasiado lejos para estar segura, su padre se lo había comentado pero verlo era increíble. Seguramente de cerca será aún más impresionante.

—¡Maravilloso! —dijo hablando consigo misma—. Es como un sueño, aunque… sería perfecto si estuvieras aquí conmigo, mamá.

Llevaba consigo una guitarra en un estuche negro que colgaba de su espalda. Para ella, aquella guitarra era un trocito de su alma. Invaluable.

—Lo cierto es que siempre estás conmigo ¿verdad? —dijo apretando ligeramente la correa del estuche de su guitarra.

Suspiró y cruzó hacía el otro lado de la torre. Sus traviesos rizos se revolvieron con el viento mientras corría. Desde uno de los balcones vio el inconmensurable mar. El agua acompañaba al cielo copiando sus hermosos colores turquesa y rosa y la cálida luz del sol le acarició el rostro. Ella respiró hondo, cerró los ojos respirando el olor del mar. Bueno, eso era familiar. ¡Rizos! Ya empezaba a dudar si encontraría algo en común con su antiguo hogar.

Unos minutos más tarde Gwendolyn bajó por el ascensor hacía la parte baja de la torre. Al salir eligió una calle al azar. No había fijado un rumbo en su Interfaz. ¿Para qué usar un GPS cuando no conoces ningún lugar en concreto?

Decidió que la mejor manera de conocer una ciudad era perderse en ella y eso fue lo hizo. Mientras andaba, le llamó mucho la atención, lo increíblemente inmersas que veía a las personas que transitaban por las calles, en la Interfaz. Se podía deducir cuando alguien usaba la Interfaz, por el movimiento de los ojos. Era como si leyeran un libro invisible mientras andaban. Claro, en su pueblo no es que no existiera tal tecnología, Gwendolyn la conocía muy bien, pero aquí parecía que las personas dependían más de ella. O simplemente se usaba mucho más.

Gwendolyn levantó una ceja. Ella era más de instinto. No necesitaba saber dónde estaba en todo momento, pues sus pies terminarían llevándola a algún buen lugar tarde o temprano. Confiaba en ello. Y por sus rizos, encontraría un buen lugar donde comer.

Luego de una hora de caminata le dolían los pies, pero estaba feliz. Había encontrado una enorme heladería y ya desde fuera pudo ver bandejas en filas, una tras otra llenas de helados de una variedad de colores y por lo tanto sabores de los que nunca había oído hablar.

Pidió una exótica bola de helado de cambiaba de color cada cinco segundos. Según el encargado de la tienda, cada probada te daba un sabor distinto hasta cincuenta diferentes sabores de los que tenían disponibles en el mostrador. ¡A probarlos todos!

Lo primero que hizo fue pegar la lengua a su helado y esperar los cinco segundos para que cambie de sabor. La experiencia fue muy interesante. El cambio de sabores era instantáneo y empezó a reír sintiendo su lengua entumecida. Paró cuando notó que algunos chicos la miraban entrecerrando los ojos. No es que le importara mucho, pero no quería llamar la atención. Sí, lo mejor era intentar pasar desapercibida.

Los primeros diez sabores estuvieron deliciosos. Luego de eso su paladar se había cansado de tanta variedad. Aunque eso no minó su entusiasmo y se terminó el helado con calma.

Al caer la noche, la Interfaz le mostró una notificación, aconsejandole ir a casa. Es cierto que la ciudad era bastante segura, pero aún así, su padre había programado una especie de niñera virtual que daba este tipo de sugerencias a Gwendolyn.

—Al menos solo son notificaciones y no me puso una aplicación de rastreo —Frunció el ceño—. A lo mejor lo hizo. Conociéndolo…

“Por mis rizos, que si no fuese obligatorio llevar esta pulsera a partir de los doce no la llevaría casi nunca” pensó.

Llegó a una plaza en donde habían personas reunidas alrededor de algo. ¡Estupendo! Algo de arte callejero.

Al acercarse se abrió paso entre los que observaban. Un joven pintaba sobre un lienzo en el suelo: el rostro de un bebé que estaba en brazos de su madre.

Gwendolyn se quedó hasta que el joven pintor terminó su cuadro. Era sin lugar a duda perfecto. Pero no en el sentido artístico según ella. Era demasiado simétrico, demasiado bien hecho. Ella no era una experta. Pero el arte para Gwendolyn, se trataba de personalidad, emoción y pasión. Los ingredientes del arte eran las emociones. No podía encontrar emoción alguna en aquel cuadro. Aunque era casi perfecto.

El joven pintor recibió el aplauso del grupo de personas que lo rodeaban.

—¡Gracias, gracias! Mis queridos espectadores, el cuadro de este bebé lo ofrezco a quince créditos. Ni un centavo más. Aprovechen damas y caballeros ¡Algún día esta obra valdrá millones! Ahora bien, para la siguiente obra. Si quieren disfrutar de la experiencia completa de verme pintar, recuerden abrir la aplicación Pinta Experto. Podrán ver en tiempo real cómo construyo mi arte. Sacó otro lienzo y lo tendió sobre el suelo.

Gwendolyn recibió una notificación para abrir la aplicación.

Gwendolyn, has sido invitada para la experiencia virtual de Pintor Experto. Nuestro artista registrado como Juluis le extiende la invitación. ¿Aceptas?

Con un movimiento de su mano, descartó la notificación. Había escuchado ya sobre esta manera de hacer arte. Había IA para todo lo que quisieras hacer y desde niños, en Solaris Prime, las personas aprendían todo tipo de habilidades siguiendo indicaciones. Pero ¡Rizos! ¿Qué tanto podían crear siguiendo indicaciones programadas por una inteligencia artificial? Y ¿Qué parte del cuadro era de la IA y qué parte del cuadro se lo podía atribuir a Juluis?

Se acomodó la correa de su guitarra en el hombro y volvió a caminar.

Un par de calles después, se dio cuenta de que este lado de la ciudad estaba más solitario. Y las casas empezaban a cambiar. Se notaban un poco más descuidadas. No estaba sucio aquel lugar, es solo que no era para nada glamuroso como las amplias calles de antes.

Incluso en la capital del mundo, el eje de la economía, la educación y la cultura, el progreso en su más pura expresión. Existe gente que no puede tenerlo todo.

—Bueno creo que iré a casa. Mañana empieza el año escolar. Me pregunto cómo será mi escuela.

Mientras hablaba, abrió la Interfaz y solicitó un taxi. No sabía en dónde estaba y por el tamaño de la ciudad seguramente le tardaría toda la noche, si no más, encontrar el camino a casa. Tenía que reconocer que, en estos casos, la tecnología podría ahorrarte mucho tiempo.