El dolor de un amor eterno

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Summary

En medio de la oscuridad y la memoria, una voz escribe a quien ya no está. —ángel, demonio o recuerdo— se ha convertido en la obsesión que mantiene vivo al narrador, y al mismo tiempo, su condena. Entre la fe rota y el deseo, él busca una señal, un perfume, una sombra que pruebe que no está solo en el infierno que ella dejó tras su partida. El dolor de un amor eterno es una carta escrita desde la frontera entre lo divino y lo profano. Una confesión donde el cuerpo y el alma se funden hasta volverse indistinguibles, donde el amor se vuelve plegaria, y el pecado, refugio. El narrador no pide redención, solo permanencia: que su historia resuene hasta el rincón más frío del infierno. Con una voz íntima, melancólica y provocadora, mezcla erotismo, culpa y fe para recordarnos que hay amores que ni Dios ni el Diablo pueden borrar… y que algunas heridas merecen ser eternas.

Genre
Drama/Erotica
Author
EROX
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

El dolor de un amor eterno

Déjame abrazarte una vez más, aunque mis labios se quiebren al rozarte.

Quiero fundir mi cuerpo con el tuyo, como si el universo solo existiera para vernos arder.

Me niego profundamente a olvidar aquellas noches ,donde tu piel buscaba la mía, recuerdo el calor de tus caderas aún latente entre mis manos, tu perfume que jugaba con mi aliento sigue provocándome.

No se si aun estas aquí, a la lejanía escucho tu voz susurrarme al oído, respirando en la almohada, quizás solo son los ecos de mi mente, aferrándose al deseo que dejaste en mi…

Cada noche mi boca se inunda con el sabor de tu cuerpo, lujurioso y eterno.

Mi fe es poca, pero se que algún día te conoceré, y estaré aqui… esperandote, solo para ti

Y si alguna vez te hago el amor, ¿contará como pecado capital, o el perdón que solo el infierno se atrevió a ofrecerme?

Aunque conociendo mi suerte, el infierno sería tu buzón de voz.

Mi cuerpo te pertenece, aunque ya no estés.

y el tuyo mi angel demoniaco, aun me duele como si fuera mío.

Mientras más pienso en ti, más fuerte suena tu nombre en mi corazón.

A veces creo que me secuestraste; que el olor a madera persiguiendome es solo la forma en que tu recuerdo me ata.

Se mia, te lo suplico. Quédate aquí, a mi lado, entre el sueño insoñable y el interminable cansancio.

Jesucristo será testigo si así lo desea.

Nuestra historia no busca absolución, solo permanecer hasta el fin

Que nuestra historia resuene hasta el rincón más frío del infierno.

No para pedir perdón, si no para que seamos recordados.

Tener hijos quizá no… pero dejar una herida si.

Robaste todas mis fuerzas aquel día, no he podido hablarte desde entonces.

Lo que dejaste en mi cuerpo me mantiene con vida y cansado al mismo tiempo.

Si es que estas ahi, enviame una señal –un temblor en el corazón, un silencio ruidoso, una sombra de luz, un perfume que me emborrache…–

Algo que pruebe que no soy el único conocedor de tu existencia.

¿Es mucho pedir un poco de luz en este rincón que aún guarda tu esencia pronunciandola?

Podría jurar que esa noche a la cálida luz de la luna escuche tu voz una vez más, susurrando entre mis pensamientos, pidiendo que le hable, que no te olvidará.

No se si fue un sueño o una alucinación, aun así recuerdo con claridad cada palabra que me dictó:

Me pediste que imaginara nuestros cuerpos, y que siguiera las líneas de tu piel como si fueran caminos hacia un lugar que no tiene nombre, con la luna de testigo.

Querías que aprendiera el lenguaje del corazón, con la lengua y la respiración, para hechizarte con el temblor que nace cuando la piel se reconoce..

Dijiste que los lobos nos mirarian de lejos, celosos porque solo nosotros sabriamos cómo pronunciar el deseo en voz baja.

Tu voz cambió.

Ya no sonabas cual ángel con esa voz endulzante al oído, ahora sonabas a algo más antiguo, tu voz sonaba atrevida y coqueteante, provocando lo más pervertido de mi ser.

Una promesa que me propusiste, que si te entregaba mi alma, tu la cuidarias como a un juguete roto, en este mundo gastado y vacio, tu serias el ultimo pecado que valdría la pena cometer.

Si llegas a leer esto… encuéntrame antes de que la oscuridad lo haga.

el infierno me hace los mandados; ya le debo más cafés de los que le debo a mis ex.

Temo no volver a embriagarme con el dulce aroma de tu piel.

Lo nuestro no era redención

si no una condena compartida.


Y ahora dime

¿Te atreves a cometer el pecado una vez más?

–SIR_EROX