El susurro del espejo (parte 01)
💀Capítulo 01.
🪞 El susurro del espejo
🎃17 de septiembre.
Día de Chuseok, el Festival de la Cosecha. Las calles estaban decoradas con luces cálidas y faroles colgantes, mientras el aroma del pastel de arroz recién hecho se mezclaba con el aire fresco del atardecer. Los jóvenes paseaban vestidos con atuendos clásicos de época; el sol se ocultaba lentamente y pronto el cielo se iluminaría con los fuegos artificiales.
Taehyung recorría los pequeños puestos de comida y golosinas tradicionales, vestido de noble junto a su amigo. Sus ojos brillaban con la luz de las linternas hasta que una suave brisa rozó su cuello, haciéndolo estremecer. Giró el rostro instintivamente, y fue entonces cuando lo vio: un pequeño local de antigüedades, casi escondido entre los demás. El cartel, medio borrado por el tiempo, colgaba torcido sobre la puerta, y un leve tintineo metálico lo invitó a entrar.
—¿Tae? ¿A dónde vas? —preguntó Jimin, dándole un bocado a su yakgwa (galleta coreana). Sin recibir respuesta, soltó un suspiro y lo siguió con resignación.
Al abrir la puerta, una capa de polvo flotó en el aire, brillando bajo los últimos rayos del sol que se filtraban por la ventana. Todo dentro olía a historia, a recuerdos, a nostalgia… y a secretos olvidados.
Taehyung comenzó a caminar lentamente entre los objetos, dejando que sus dedos rozaran las superficies gastadas. Sus pasos eran suaves, casi temerosos, mientras admiraba la belleza de lo antiguo, el polvo que cubría cada pieza como si protegiera un tesoro. Hasta que un leve murmullo lo hizo detenerse.
Un susurro, apenas perceptible, recorrió el aire.
Frunció el ceño y giró sobre sí mismo, buscando el origen de la voz.
Entre una pila de objetos, un destello lo cegó por un instante. Se acercó con cautela, conteniendo la respiración… y ahí estaba: un espejo grande, de madera oscura y tallado a mano, con un marco tan detallado que parecía latir bajo la luz. No era un objeto común; había algo especial en él, algo que lo hacía sentir observado, incluso antes de acercarse.
Taehyung dio un paso más, hipnotizado. Había algo en ese espejo que lo atraía, una energía suave pero insistente que lo obligaba a extender la mano hacia el cristal, como si una voz, dulce y lejana, lo llamara desde el otro lado.
—¿Le gusta el espejo? —preguntó el dueño de la tienda, apareciendo detrás de él y provocándole un pequeño sobresalto.
—¡No! Es horrible. —Jimin se apresuró a responder, frunciendo el ceño.
—Sí me gusta… —susurró Taehyung, sin apartar la vista del cristal—. Tiene algo mágico. —Rozó con la yema de sus dedos el marco, como si quisiera sentir su historia.
—Qué curioso —murmuró el hombre, llevándose una mano al mentón con una sonrisa extraña.
—¿Por qué curioso? —preguntó Tae, mirándolo a través del reflejo.
—Porque este espejo es muy antiguo… y dicen que tiene una maldición —explicó con voz grave.
—Ser tan tétrico debe ser su maldición —comentó Jimin, distraído, tomando un pequeño plato de porcelana decorado con flores azules.
—Para mí es hermoso. Parece hecho para alguien de la nobleza. —murmuró Tae, pasando los dedos por el marco rasposo por el paso del tiempo—. Y no creo en esas cosas de maldiciones. Me lo llevo.
—¿Te volviste loco? ¡No pienso caminar a tu lado cargando esa porquería! —protestó Jimin, abriendo los ojos con horror.
Unos minutos después…
—Jimin… —lo llamó en voz baja.
—¡Shh! No me hables, no te conozco. Vete más allá —gruñó, alejándose un paso mientras fingía no verlo.
Taehyung negó con una sonrisa. Aunque su amigo estaba molesto por su compra, él se sentía extrañamente feliz, como si hubiera recuperado algo que no sabía que había perdido.
Tras varios metros, Jimin se cansó de caminar adelante y se colocó a su lado.
—No me gusta ese espejo, me da malas vibras —comentó sin mirarlo.
—Es solo un espejo antiguo —respondió Tae con calma, sujetando el objeto con firmeza, como si le perteneciera desde siempre.
Horas más tarde, regresó a su casa.
—Hola, ma —saludó intentando subir las escaleras con cuidado.
—¡Al fin llegas! Espera… ¿qué llevas ahí? —preguntó su madre, acercándose curiosa.
—Es un espejo antiguo. Un señor lo vendía a muy buen precio —explicó, apoyando el objeto en el primer escalón.
—¡Ay, Tae! ¿Cuántas veces te he dicho que no debes comprar espejos usados? —bufó, cruzándose de brazos.
—Mmm… que yo recuerde, nunca me lo has dicho —respondió rascándose la nuca con una sonrisa.
—Bueno, no importa. El tema es que los espejos son portales, hijo. Sus antiguos dueños pudieron hacer algo malo y abrir una puerta al más allá —advirtió.
—Mamá, esas cosas son solo supersticiones —replicó Taehyung con una risa leve mientras volvía a tomar el espejo—. ¿Me ayudas? —le dió una sonrisa dulce.
—Está bien… pero si algo raro pasa, te juro que lo tiro a la basura —dijo ella, sosteniendo el borde del marco con cautela.
—Nada va a pasar, te lo prometo… —susurró él, como si intentara convencerla.
Entre ambos lo llevaron hasta su habitación. Lo apoyaron en la pared, de costado a la cama, y luego su madre se retiró, lanzándole una última mirada inquieta desde la puerta.
El silencio volvió a llenar el cuarto.
Y por un instante, Taehyung creyó escuchar un leve susurro proveniente del espejo, nego con la cabeza, y se retiró.
—Apresúrate, que se hace tarde para darle honor a nuestros antepasados —dijo su madre, llevando varios platos hacia el pequeño altar donde descansaba una urna de cenizas, rodeada por velas.
Encendieron las velas, colocaron los platos y las bebidas frente a la urna, y luego rindieron honor, terminando con una reverencia silenciosa.
Finalmente, cenaron juntos.
—¿Qué haces? —preguntó su madre al verlo subir las escaleras con un plato de jeon (platillo típico de corea) y una botella de soju.
—Es por si a medianoche me da hambre —explicó, levantando los hombros.
—Cada día estás más extraño —respondió ella con una sonrisa leve.
Tae entró a su habitación y se sentó frente al espejo. Miró su reflejo y sonrió. Luego dejó la comida junto a la bebida, sobre la mesita de noche, se quitó el disfraz de noble, se acostó y, poco después, se durmió profundamente.
El reloj marcó las 03:33.
Las velas de la sala comenzaron a titilar sin motivo hasta apagarse por completo con una ráfaga de viento helado. Las luces de la calle parpadearon, y un leve crujido resonó desde el marco del espejo, como si algo en su interior respirara.
De pronto, el cristal firme se volvió blando, líquido, moviéndose en contra de la gravedad sin romperse. Desde aquella superficie oscura emergieron unas manos negras, alargadas, cubiertas de sombras que parecían humo. El vidrio se abrió como un velo, dejando que una figura diera un paso al frente.
Solo sus ojos, brillantes y fríos, se distinguían en la penumbra gracias a la pálida luz de la luna. Y cuando el silencio se volvió insoportable, una voz susurró entre el viento helado:
"Al fin te encontré, mi amor."
Aquella figura se sentó al borde de la cama, el colchón se hundió levemente bajo su peso invisible. Se inclinó hacia Taehyung, tan cerca que el aire se volvió gélido, y lo besó con un roce apenas perceptible, helado… como si la muerte misma rozara sus labios.
En ese mismo instante, Tae comenzó a soñar.
Abrió los ojos y se vio de pie frente aquel espejo, aunque ahora se veía nuevo, y su reflejo era diferente. Llevaba un traje de noble, similar al que había usado esa noche en el festival, pero con bordados finos de hilos dorados que brillaban con un resplandor casi irreal. Su cabello era largo, castaño oscuro, recogido a medias con un elegante sangtu y un gwan de jade blanco: símbolo de nobleza, y pureza.
Miró sus manos, y en ellas vio varios anillos de oro con piedras preciosas.
—Joven príncipe, su nuevo guardia ha llegado —escuchó la voz de una mujer detrás de él. Giró para verla, pero su rostro era difuso, como una sombra desdibujada.
—Eres un príncipe, el heredero al trono. Tu deber es casarte —dijo otra voz, grave, proveniente del vacío.
Taehyung se giró una vez más, intentando encontrar a quien hablaba, pero de pronto el entorno cambió. Ahora estaba de rodillas, en una sala inmensa, llorando frente al rey.
—¡Prefiero verte morir antes que estés con él! —bramó la voz del monarca, cargada de furia.
Taehyung bajó la vista. Sus manos… estaban cubiertas de sangre. El suelo también. Intentó gritar, pero ningún sonido escapó de su garganta. Quiso moverse, pero su cuerpo estaba rígido, pesado, como si alguien lo sujetara desde las sombras. Su pecho se oprimía, el aire se negaba a entrar. Todo era frío, silencio y desesperación.
Hasta que, de pronto, abrió los ojos de golpe, jadeando. De una bocanada de aire llenó sus pulmones. Su respiración era errática, su corazón golpeaba con fuerza, y sus manos temblaban sin control. Lágrimas tibias resbalaron por sus mejillas mientras buscaba desesperado entender qué había pasado.
—¿Qué… qué acabo de soñar? —murmuró con voz entrecortada, girando lentamente el rostro hacia el espejo.
A la mañana siguiente, mientras desayunaba, le contó a su madre sobre aquel sueño, omitiendo la parte en la que aparecía el espejo.
—Tal vez fue porque usaste ese traje —reflexionó su madre mientras servía más té—. Y quizás porque eres un Kim; en tus venas corre sangre real, cariño. Tu mente solo armó una historia.
—¿Y si fue mi vida pasada? —preguntó Tae, dándole un sorbo a su taza.
—Es una opción… o tan solo un mal sueño, hijo. Sabes que en esa época el amor entre dos hombres estaba prohibido, y... —sonrió suavemente— A ti te gustan los chicos. Quizás soñaste cómo habría sido tu vida en ese entonces.
—Tal vez —susurró, aunque en el fondo algo le decía que no era solo un sueño. Aquella sensación de haber estado ahí lo perseguía desde que abrió los ojos.
Cuando su madre subió más tarde a su habitación, se encontró con el plato de comida en la mesa de noche. Faltaban varias porciones, y la botella de soju estaba por la mitad. Frunció el ceño, y miro el espejo, pero enseguida restó importancia al pensar que su hijo había sido el culpable.
Durante las siguientes noches, Tae tuvo el mismo sueño una y otra vez. Las imágenes se volvían más nítidas, los sonidos más cercanos, y la sensación de ahogo más real.
A la cuarta noche, agotado, se levantó y caminó hacia el baño. El agua fría le corrió por el rostro, intentando despejarlo, cuando un susurro apenas audible le erizó la piel.
"Taehyung…"
Su nombre, pronunciado con una voz suave.
Su corazón comenzó a latir fuerte . Levantó la vista y miró al espejo del baño, buscando una explicación. Solo vio su reflejo, pálido y confundido. Giró el rostro hacia ambos lados, pero no había nadie.
—¿Mamá? —murmuró, en voz baja. Eran casi las cuatro de la mañana.
Al no recibir respuesta, negó con la cabeza, se secó el rostro con manos temblorosas y volvió a la cama. Estaba a punto de quedarse dormido cuando sintió cómo el borde del colchón se hundía, despacio, como si alguien invisible se hubiera sentado allí.
El aire se volvió frío, denso. Su respiración se entrecortó, y por un instante juró oír un leve suspiro.
Intentó convencerse de que todo era su imaginación. Se cubrió la cabeza con la manta, se giró hacia el otro lado y, con esfuerzo, terminó por quedarse dormido.
—Te ves cansado —dijo Jimin al día siguiente, caminando a su lado rumbo a la universidad.
—Desde hace varias noches tengo el mismo sueño —confesó Tae.
—Para mí es culpa de ese maldito espejo.
—¿Qué tiene que ver el pobre espejo con mis sueños? —preguntó, intentando restarle importancia, aunque solo mencionar el objeto le provocó un escalofrío.
—No lo sé, Tae, pero para mí ese espejo tiene algo raro —respondió Jimin, encogiéndose de hombros.
Al terminar las clases, ambos se encontraron en la salida.
—Yoongi organizó una salida con los chicos, ¿te unes? —preguntó Jimin con una sonrisa.
—No, tengo que estudiar. Prefiero volver a casa temprano.
—Eso sí es raro —rió su amigo, poniéndose frente a él—. Kim Taehyung, el rey de las fiestas, quiere ir a estudiar. ¿A caso estás enfermo?
Tae sonrió. —Qué chistoso. No es eso, solo quiero descansar un poco.
—Bueno, como quieras —se despidió Jimin, alejándose entre la multitud.
Esa tarde, Tae llegó a casa y subió directo a su habitación. El silencio lo envolvió. Se paró frente al espejo, observando su propio reflejo como si buscara una respuesta.
Tembloroso, extendió la mano hasta apoyar las yemas de sus dedos sobre el cristal. Cerró los ojos y respiró hondo.
Un cosquilleo frío recorrió su piel.
El vidrio parecía latir, responder a su contacto. Abrió los ojos sobresaltado y apartó la mano de golpe, apretándola contra su pecho.
—Creo que me estoy volviendo loco… —murmuró, dándose la vuelta.
"Mi amor…"
La voz, suave como un aliento, se deslizó en el aire a su espalda. Su respiración se detuvo, el corazón se le heló en el pecho.
—Será mejor que me dé un baño —dijo en voz alta, intentando convencerse de que no había escuchado nada.
Pero mientras se alejaba, el espejo volvió a emitir un leve crujido, como si algo dentro de él se hubiera movido…
Entró al baño, se quitó la ropa y abrió el grifo, dejando que el sonido del agua llenara el espacio. Se colocó bajo la ducha y comenzó a tararear por lo bajo, intentando distraerse del extraño malestar.
El vapor empañaba el espejo, y la cortina, movida apenas por una corriente de aire, se balanceó levemente. Taehyung giró la cabeza, deteniendo por un instante el tarareo. La miró fijo, con el corazón latiéndole en el pecho. Esperó unos segundos… nada. Exhaló, tratando de convencerse de que su imaginación le jugaba una mala pasada.
Terminó de enjuagarse, apagó el agua y salió de la ducha. Se envolvió la cintura con una toalla y comenzó a secarse el cabello, cuando un movimiento oscuro llamó su atención: una sombra se deslizó lentamente por debajo de la puerta.
El aire pareció enfriarse. Su respiración se detuvo apenas un segundo antes de que, impulsado por la adrenalina, abriera la puerta de golpe.
Nada.
Solo el pasillo vacío y el sonido lejano del viento golpeando la ventana.
—¿Mamá? —llamó, alzando la voz.
—¿Qué? —respondió ella desde el piso de abajo.
—Ah, llegaste —dijo, asomándose al barandal para verla, intentando ocultar el temblor en su voz.
—Sí, cariño, llegué hace un minuto. Voy a preparar la cena, cuando esté lista te llamo.
—Okey, voy a estudiar —respondió, forzando una sonrisa antes de volver a su habitación.
Se vistió un poco más tranquilo, se sentó frente a su escritorio y abrió sus libros. Pronto el sonido del lápiz y las páginas lo envolvió, ayudándolo a olvidar lo ocurrido.
Hasta que, entre el silencio de la casa, escuchó su nombre.
Un susurro apenas perceptible, pero tan nítido que le heló la sangre.
Se levantó despacio y caminó hacia la cocina.
—Ya estoy listo para cenar —dijo, asomándose.
Su madre lo miró confundida. —Aún le falta a la comida.
—¿Entonces me llamaste para que te ayude en algo? —preguntó, tomando un trozo de zanahoria del mesón.
—No, yo no te llamé.
Tae la observó unos segundos, frunciendo el ceño. —Supongo que lo imaginé —murmuró, antes de regresar a su habitación, sin notar que, tras él, la luz del pasillo titiló por un instante.
Unos días después...
—¿Cariño, estás bien? —preguntó su madre con un deje de preocupación en la voz.
—Sí, ma —respondió desde la mitad de la escalera, apoyando una mano en la baranda. —¿Por qué me lo preguntas?
—Últimamente te la pasas mucho tiempo en tu habitación, ya no sales con tus amigos… no sé, solo se me hace extraño.
Bajó los escalones, la abrazó con ternura y le dio un beso en la frente.
—Tan solo intento ser más aplicado en mis estudios —dijo sonriendo, antes de despedirse con prisa.
Más tarde, tomó un baño caliente y se acostó. La casa estaba en silencio, solo se oía el leve golpeteo del viento contra las ventanas. Cerró los ojos, sintiendo cómo el cansancio lo arrastraba lentamente hacia el sueño.
Entonces, la temperatura de la habitación descendió de forma abrupta.
El aire se volvió denso, pesado, casi imposible de respirar.
Desde el espejo comenzó a salir un humo negro, espeso, que se deslizaba como una serpiente por el suelo. El reflejo se distorsionó hasta que el cristal, antes firme, pareció volverse líquido, oscuro como la tinta. De aquella superficie densa emergió lentamente una silueta humana, su forma se retorcía entre el humo mientras un murmullo antiguo, casi un lamento, resonaba por toda la habitación.
El alma tomó forma frente a su cama. Su presencia desprendía un aroma a flores marchitas y a tierra húmeda. Se inclinó hacia su rostro, tan cerca que el aliento gélido rozó sus labios.
"Es hora de que avancemos, mi amor " susurró.
En el mismo instante, una corriente helada recorrió el cuerpo de Taehyung, haciéndolo estremecer aún dormido. El espejo, tras la figura, seguía latiendo suavemente, como si respirara...
🎃¿Dulce o trato?
Trato 😉
Nos volvemos a leer el 31 de octubre…
cuando las sombras se alarguen, los susurros recorran cada rincón, los espejos reflejen más de lo que deberían, y las puertas del infierno se abran solo para los valientes.
🌸Nikki









necesito más