En el corazón de la bestia

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Summary

Lucian, un lector empedernido que muere y renace en una de las historias más bizarras que ha leído. Sistema: Sobrevivir más de ocho horas en el mundo semibestia Lucian: Hecho Sistema: Cumplir la primera misión para saber la primera escena de la trama Lucian: ¡Hecho!, espera, ¿por qué la primera misión es que el rey bestia me desate? ¿desatar qué? Un mundo en dónde la fertilidad de las semibestias recae en humanos con la capacidad de procrear. Escapar de la bestia parece la prioridad número uno hasta que la trama del libro se va volviendo poco a poco más profunda, tanto que Lucian siente como si una guillotina estuviera a punto de caer sobre su cabeza. "Observó al gran lobo negro que movía la cola como una hélice y que lo observaba con sus ojos rojos como si en cualquier momento saltaría a comérselo. Su boca se crispó en una mueca. Miró hacia atrás, el gran castillo que albergaba personajes misteriosos que contenían intenciones asesinas hacia su persona. Volvió a mirar al lobo dócil frente a él. Suspiró. Prefiere al lobo pervertido antes que perder la cabeza"

Genre
Fantasy
Author
Angel
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

0

La dulce melodía del violín danzaba con los suspiros de admiración que soltaban los oyentes. Una y otra vez una historia de amor se repetía incontables veces en cada una de sus notas musicales.

El salón iluminado por unos grandes candelabros de oro parecía más animado de lo normal, sin embargo solo aquellos capaces de ver un poco más allá se daría cuenta de las comisuras temblorosas en cada sonrisa y los ojos llorosos. Todos danzaban al son del violín, dando vueltas y vueltas, viéndose diminutos al lado de las grandes columnas que sostenían el techo de cristal.

El violín se detuvo, y todos hicieron rápidamente una fila en frente de la gran tarima. Una jaula tapada con una manta blanca fue traída al centro del escenario, los nobles agrandaron sus sonrisas y con ellas los temblores en sus músculos faciales fueron más evidentes.

— Su majestad nos honrará con su presencia está noche— habló el mayordomo alzando su voz sobre los murmullos de curiosidad

Pasos fuertes resonaron y al mismo tiempo la sombra de alguien crecía a medida que se acercaba a la tarima, hasta que apareció, tan imponente que el aire parecía volverse espeso. Su traje ceñido al cuerpo mostraba unos músculos fornidos y trabajados, sus ojos inyectados en sangre eran el temor de todo niño y la característica de su raza se vislumbraba en sus colmillos afilados.

Una vez el rey se había sentado en el trono, aplausos y vítores llenaron el salón. Los nobles ya no eran capaces de contener sus lágrimas y ya no era posible distinguir si estás eran causadas por emoción o por terror de la tan inesperada presencia real.

— Comencemos con el inicio del Baile— el mayordomo siguió hablando— ahora presentaremos a la nueva Flor que acompañará al rey en este ciclo.

Hubo un silencio sepulcral en el salón. Hacía miles de años que ningún rey había tomado una flor para el ciclo, y todos los nobles sabían el sutil mensaje que se escondía en aquella acción. La manta blanca se dejó caer y por fin se pudo apreciar el interior de la jaula. El cuerpo de un joven se encontraba acostado, tal vez dormido o inconsciente, su piel parecía bañada por escarcha de oro y sus rizos castaños acaparaban la atención. Su rostro no se podía apreciar debido a que estaba acostado boca abajo, y tal vez fue lo mejor, ya que el rey gruñó advirtiendo a todos que dejarán de ver lo que le pertenecía.

— ¡Vuelvan a bailar y disfruten de la velada!

El violín volvió a sonar esta vez más alegre, pero aunque este tratará de transmitir su alegría a los presentes un profundo temor iba incrementando en lo profundo de las personas.

El rey permanecía quieto en el trono, con rostro serio y con su mirada fija en el cuerpo que yacía dentro de la jaula. No podía apartar sus ojos, pero todo se lo atribuyó a que esa persona significaba el comienzo de una nueva era. Observó su piel canela con detenimiento, sus largas piernas cubiertas apenas por un vestido blanco de satín que no dejaba casi nada a la imaginación. Sus rizos se movían con cada pequeña respiración que hacía y su rostro permanecía oculto debido a su posición.

Una gran ansiedad lo invadió, sus ojos recorrieron la parte de atrás de la cabeza del joven como si así pudiera ver el rostro. Bufó y rodó sus ojos. No sabía por qué estaba tan inquieto.

La música siguió sonando, una suave melodía llena de coquetería acariciaba los tímpanos de todos, pero nadie prestaba atención ya al baile más esperado del año. De forma sutil y discreta los ojos de todos estaban pegados en el joven de la jaula que desprendía un aura pura e inocente. Claro que este era el pensamiento de las nobles jóvenes que no tenían idea de política y que sus días se resumen en vestidos, joyas y eventos sociales. Los otros nobles tenían una mirada más impura, algunos con deseo y otros con odio.

La primera flor del reino desde hace años había llegado al fin a este gran reino, pero la flor no había venido de ninguna de las cinco casas nobles del reino, ¿cómo podrían aceptar tal hecho?.

El baile siguió hasta que la luna brilló intensamente en el cielo. El rey alzó su mano en el aire parando la música. Todos se congelaron en su lugar. Los cuerpos tensos y las respiraciones agitadas se podían ver a simple vista.

— El baile ha acabado — una voz ligeramente ronca y tranquila sonó en el salón estremeciendo a todos

— ¡Agradecemos la benevolencia del rey!— gritaron todos al unísono

Los nobles salieron apresurados del salón, sintiendo sus músculos rígidos destensarse al sentir el aire frío.

— ¿Una flor después de un siglo?— murmuró un hombre al aire parado junto a los rosales— no lo creo.

Dentro del castillo un ligero chirrido se oía, era como si algo oxidado rodara por el suelo de mármol. La jaula avanzaba empujada por un joven sirviente, la bata y máscara azúl cielo se balanceaba con cada empujón que daba a la estructura. Ya sudaba profusamente, mientras rezaba que la flor de adentro no despertara antes de llegar a la habitación del rey. Las grandes puertas de metal frío que parecían fuera de lugar del lujoso castillo aparecieron ante él, se apresuró a avanzar para tocar la puerta con un ligero temblor.

— Adelante— murmuró una voz baja y ronca.

El sirviente tembló y se apresuró a empujar la jaula mientras las puertas se abrían mecánicamente. Dentro habían murales hechos de oro, dibujos delgados a los que si no prestaba atención pensarías que son líneas doradas sin sentido alguno, pero en realidad eran dibujos que contaban una historia. El suelo alfombrado de color blanco parecía más puro que las sábanas, cortinas y objetos rojo sangre. Al fondo una gran silla de madera se vislumbraba con alguien sentado en él.

— Mi rey— el sirviente cayó de rodillas ante la imponente presencia.

— Vete— ordenó la figura con sus ojos fijos en la jaula.

El sirviente se retiró rápidamente dejando la jaula en medio de la gran habitación, con las puertas cerrándose a su salida. Un suspiro pesado se oyó en la silenciosa habitación. Sus manos grandes aflojaron la corbata de su traje rojo. Los músculos de su pecho se hincharon al inhalar y exhalar aire. Era insoportable, el olor a melocotón, fresco y dulce que hormigueaba en su nariz lo invitaba a lamer y chupar al portador de tal aroma.

Observó inquieto esperando escuchar algún sonido o indicio de que su flor había despertado. Por minutos solo escuchó su corazón tamborilear irritandolo. Jamás había sentido algo así. Su mandíbula se tensó aguantando el deseo ferviente que le provocaba el aroma. Se acercó a la jaula a pasos agigantados para arrancar la sábana que cubría la jaula. Sus ojos se abrieron y un rugido gutural se oyó por todo el castillo.

— No dejes que te atrape si no quieres que una cadena envuelva tu lindo tobillo— gruñó con ira, sus venas saliendo a relucir con la furia que tironeaba de sus nervios, la amenaza fue baja pero clara.

La ventana se abrió de par en par. Sus ojos de animal brillaron previendo la caza que pronto se daría. El hombre inhaló, buscando el aroma en el aire hasta sentirlo. Rugió hacia el bosque advirtiendo a su presa que ya iba por él, saltó por la ventana cayendo de pie con facilidad para correr hacia el bosque y adentrarse en él en busca de su flor perdida.

Al otro lado del castillo, en algún lugar del bosque un joven corría mientras maldecía al cielo.

— ¿¡Si iba a renacer por qué tenía que ser en un libro tan bizarro!?

Tal vez el cielo en este momento se estaría burlando de su situación.