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El Lamento de Anathēma: Legado de Carne y Divinidad

Summary

En el Universo-696, la Tierra ha sido transformada por un legado divino y grotesco. El 76% de la población femenina son Futas, seres poderosos que heredaron el pene de caballo enorme, grotesco y monstruoso de Anathēma, la Diosa Primigenia, junto con habilidades sobrehumanas. Este nuevo orden ha relegado a los hombres a una minoría marginada, sosteniéndose solo por una antigua profecía: el regreso de Aethelred, el amado de la Diosa, destinado a ser el núcleo de un harén sagrado. En medio de este caos, la familia Loud intenta mantener la normalidad. Lynn Sr., el padre, carga con un secreto que podría destruirlos, mientras su esposa Rita y sus diez hijas Futas navegan un mundo que las rechaza. Pero el verdadero foco es Lincoln Loud, el único hijo, quien descubre que su aparente falta de poderes oculta una verdad aterradora: él es la reencarnación de Aethelred, y su habilidad única, el Mpreg (Embarazo Masculino), es la clave para cumplir el destino que Anathēma tejió para él.

Genre
Erotica
Author
Popeye707
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

El Eco del Lamento Primordial

En el vasto, incomprensible e intrincado tejido del multiverso, donde incontables realidades pululaban como burbujas de jabón en un viento cósmico, existía una singularidad, una anomalía vibrante y a menudo desconcertante que era una excepción gloriosa y grotesca en el patrón cósmico: el Universo-696, específicamente en su planeta insignia, la Tierra-696. Aquí, lo divino y lo mundano no solo coexistían en una frágil tregua; se entrelazaban en una danza absurda, grandiosa y profundamente física, transformando el planeta en un escenario donde el drama de la creación se repetía en cada esquina, en cada suspiro, y de la forma más visceral imaginable. El catalizador de esta transformación, el eje sobre el cual giraba esta nueva realidad, era una estirpe que había reescrito la biología, la sociedad y la propia esencia del poder: las Futas. No eran meras mujeres con atributos masculinos añadidos por un capricho genético; eran la encarnación física de un legado divino, la herencia viviente, palpitante y a menudo aterradora de Anathēma, la Diosa Primigenia. Y este legado se manifestaba, de forma ineludible, imposible de ignorar y grotescamente sublime, en el atributo que las definía, las coronaba y las segregaba: un pene de caballo enorme, grotesco y monstruoso.

Estos miembros no eran simples apéndices de carne y sangre; eran monumentos vivos a la potencia generativa de la propia creación, armas de placer y destrucción, símbolos de un poder que humillaba a la misma naturaleza. Cada uno era una obra de anatomía desmesurada, una escultura de carne vascularizada, testosterona divina y potencial crudo. Longitudes que rivalizaban con los tentáculos de un kraken legendario, grosores comparables a los troncos de secuoyas milenarias, cabezas bulbosas y coronadas por un surco palpitante que emanaba un calor vital y un aroma a ozono, tierra fértil y ambrosía, y venas gruesas como serpientes primordiales que latían con un ritmo sincronizado con el corazón mismo del planeta. Eran tan colosales que su mera presencia inerte distorsionaba la silueta bajo la ropa, creando una sombra de poder latente, una promesa o una amenaza que anunciaba su potencial. Una erección completa podía considerarse un evento de pequeña escala sísmica, un despliegue de fuerza bruta que desafiaba toda lógica terrenal, capaz de partir un automóvil por la mitad con su mera rigidez. Para los no iniciados, los rezagados de la vieja humanidad, era una visión visceralmente chocante, una monstruosidad que perturbaba los cimientos de la razón y la moral preestablecida. Pero para quienes comprendían la intrincada y trágica mitología de la Tierra-696, era un recordatorio constante y humillante de que la divinidad no era siempre etérea, gentil y distante; a veces, era cruda, bestial, abrumadoramente física y estaba aquí, ahora, caminando entre ellos, comprando el pan y salvando el mundo.

La llegada de las Futas no había sido un suceso pacífico, ni una revelación discreta. Siglos atrás, impulsada por el Lamento de la Diosa por la pérdida de su amado Aethelred, la primera de ellas, conocida simplemente como Futa, había descendido a la Tierra. No llegó en una nave de luz celestial ni a través de un portal mágico custodiado por ángeles; sino que simplemente se manifestó, su aparición causando una reorganización inmediata y violenta de la realidad a su alrededor, como si el universo mismo se estremeciera para hacerle espacio. Era un ser de belleza serena y poder absoluto, y entre sus piernas, colgando con un peso que parecía anclar la gravedad a su voluntad, pendía el estandarte de su linaje: el primer pene de caballo enorme, grotesco y monstruoso que el mundo había contemplado. Su llegada fue el catalizador, el “Big Bang” de una nueva era genética. Un virus divino, una energía de cambio puro y amor posesivo, se propagó por el globo no como una enfermedad que debilitaba, sino como una bendición forzosa, una reescritura radical del ADN femenino. Las mujeres, de la noche a la mañana, comenzaron a desarrollar estos atributos, sus cuerpos transformándose en templos de la nueva divinidad, y sus hijas nacían con ellos ya integrados, junto con habilidades que trascendían lo meramente humano, otorgándoles poderes clasificados en un sistema de rango F, C, B, A y S, administrado por la omnipresente y poderosa Academia de Superhéroes.

Este fenómeno no se limitó a la población anónima. En todos los rincones de la cultura, las figuras femeninas más icónicas se transformaron, sus realidades de ficción entremezclándose tangencialmente con la cruda realidad-696. Se podía ver a una Wonder Woman

cuyo Lazo de la Verdad ahora se enroscaba no solo alrededor de los malhechores, sino también alrededor de una entrepierna que albergaba un falo equino digno de una diosa amazona, su poder ofensivo multiplicado exponencialmente por la fuerza bruta divina que ahora poseía. Supergirl,

surcando los cielos de Metrópolis, no solo con su capa ondeando al viento, sino con la imponente sombra de su miembro bestial proyectándose contra los rascacielos, un arma capaz de proyectar el mismo calor abrasador de su visión calorífica. La Ranger Rosa del Power Rangers,

cuyo Megazord era ahora una extensión mecánica de una biología ya de por sí colosal y sobrecogedora. En Japón,All Might

había encontrado en Momo Yaoyorozu

una sucesora cuya “Creación” se veía potenciada por una energía vital sin precedentes, emanada directamente de su núcleo divino y de su grotesco y fértil miembro. Sailor Moon,

la doncella en traje de batalla, luchaba con un Cetro Lunar que palidecía en comparación con la vara de carne que llevaba consigo, un arma de “amor y justicia” en su expresión más literal, física y abrumadora. Y en los sombríos reinos de lucha interdimensional, Mileena de Mortal Kombat,

siempre una criatura de contrastes sangrientos, encontraba una nueva capa de horror y fascinación en su transformación, sus colmillos afilados y su nuevo y monstruoso apéndice formando una imagen de pesadilla y poder irresistible que aterraba incluso a los guerreros más veteranos de Outworld.

Fue en este mundo reinventado, este tapiz de maravillas tecnológicas y grotescas bellezas divinas, donde la familia Loud, en la apacible (en apariencia) 216 Franklin Avenue, Royal Woods, Míchigan, trataba de llevar una vida que se asemejara, aunque fuera remotamente, a la normalidad de antaño. Una familia de trece integrantes: un padre, Lynn Sr., una madre, Rita, diez hijas y un hijo, Lincoln. Y, como era el statu quo inquebrantable en la Tierra-696, once de sus miembros eran Futas, cada una con su propio pene de caballo enorme, grotesco y monstruoso, y cada una con poderes únicos que las clasificaban en el sistema de la Academia, haciendo de la casa Loud un microcosmos de la nueva sociedad, un hervidero de hormonas divinas, tensiones fraternales y un amor tan complejo y enredado como la mitología que lo sustentaba.


En la 216 Franklin Avenue, Royal Woods, Míchigan.

Dentro de la casa, un caos domesticado y familiar reinaba en la sala de estar. El sol de la mañana se filtraba por las ventanas, iluminando las partículas de polvo que danzaban en el aire como átomos en un universo en miniatura. Dos jóvenes de 18 años, sentados en el sofá, miraban fijamente el enorme televisor de pantalla plana. Uno de ellos, Lincoln, tenía el pelo blanco como la nieve, un rasgo tan llamativo como hereditario, y unos ojos que reflejaban una paciencia forjada a fuego lento por años de ser el único varón en un harén no solicitado. A su lado, Lily, su hermana, con un rubio dorado que contrastaba con su mirada infantil y la extraña pero para ella cómoda prenda que usaba: un pañal abultado.

En la pantalla, una transmisión en vivo mostraba a Wonder Woman desviando un meteoro con sus braceletes, su figura poderosa y esbelta, hasta que la cámara, en un ángulo bajo y quizás no tan accidental, capturaba la distintiva protuberancia en su malla azul, la silueta inconfundible de su pene de caballo enorme, grotesco y monstruoso que se tensaba con el esfuerzo sobrehumano.

Lily, chupando distraídamente un chupete que había sacado de no se sabe dónde, señaló la pantalla con un dedo pequeño. “Vaya Lincoln, Wonder Woman salvo a todos. Es tan genial.”

Lincoln, sin apartar los ojos de la pantalla, asintió con una mezcla de resignación y admiración. “Qué lo digas, Lily. Otro día, otro apocalipsis evitado.”

La escena cambió. Ahora aparecían dos nuevas heroínas. Supergirl, descendiendo de los cielos con los brazos cruzados y una sonrisa confiada, y la Ranger Rosa, en su traje ajustado, dirigiendo a su Megazord para apagar un incendio en un rascacielos con un enorme cañón de espuma. La cámara, de nuevo, se enfocó en sus entrepiernas, donde el material de sus trajes se deformaba bajo la presión de sus respectivos y colosales miembros.

“Lincoln, mira,” dijo Lily, su voz un susurro de asombro. “Dos superheroinas, Supergirl y la Ranger Rosa, están apagando un edificio en llamas. Son tan hermosas.”

Lincoln gira la cabeza hacia la television, y ve con detenimiento como las dos esbeltas y hermosas superheroinas coordinan sus esfuerzos para sofocar las llamas. La Ranger Rosa dirige un chorro de espuma desde su Megazord, mientras Supergirl usa su aliento gélido. Pero es imposible no notar, como la tela de sus trajes se estira y se moldea alrededor de dos enormes bultos, dos sombras de poder bestial que se mueven con ellas, dos penes de caballo enormes, grotescos y monstruosos que, incluso en reposo, parecían poseer una vida y una presencia propia.

Lincoln suspiró profundamente, un sonido que cargaba con el peso de toda una era. “...Bueno, ya se iba a venir… Es imposible ignorarlo… ya que todas las mujeres, bueno, digamos que el 76% de las mujeres de este planeta, y el porcentaje sigue subiendo de manera implacable, son mujeres futanaris con penes de caballo enormes, grotescos y monstruosos. Las clasifican con poderes de rango F, C, B, A y S. Tienen una academia de superhéroes que lo regula todo. Justamente hoy voy a ir a su clínica porque, a diferencia de mi madre y demás hermanas, yo aún no he manifestado mi superpoder. Por eso mi madre pidió una cita, para ver qué me pasa, si soy como mi papá, un hombre normal en un mundo de diosas, o tal vez siempre tuve ese superpoder pero simplemente no lo uso porque no sé cómo se activa.”

Lily giró lentamente su cabeza hacia él, y su mirada, usualmente despreocupada, se nubló con una preocupación genuina. “¿Es eso un problema… Lincoln?”Lily mira al suelo, sus pequeños dedos jugueteando con el elástico de su pañal. Un aroma dulzón y terroso, familiar para Lincoln, empezó a impregnar levemente el aire a su alrededor.

Lincoln (pensamientos): Mierda! La he preocupado. Ella es mi hermana Lily, y se puede decir que, sin lugar a dudas, es la persona más rota de todas, no solo de la familia, sino posiblemente de todo el planeta. Su poder es una abominación de la lógica, ya que tiene acceso a los poderes ofensivos y defensivos de todos los personajes que existen en cualquier narrativa, real o ficticia, que se haya concebido en este y otros universos. Si preguntan por qué tenemos la misma edad, es porque nuestra madre, en un evento que desafió toda probabilidad médica y biológica, dio a luz a nonillizos. Ya volviendo con Lily… su…pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco no solo es el más grande de la familia (aunque todas lo tienen más grande que el mío y el de papá), sino de todo el planeta, un verdadero monumento a la herencia de Anathēma. Nosotros dos somos muy cercanos… compartimos un vínculo especial desde la cuna… aunque últimamente pienso que ella me ve o quiere pasar a otro nivel más allá del fraternal… y si preguntan por qué utiliza pañal, es simple: ella tiene un Fetichismo del pañal, un fetiche intenso y arraigado con la caca y la orina. Se caga mucho y deja mucha orina encima deliberadamente. Yo soy el único que la cambia; solo deja que yo lo haga. Es un ritual extraño, íntimo y, créanme, si viven en este reino, es una de las cosas más normales con las que uno puede lidiar.

Lincoln la mira, viendo cómo sus hombros se encorvan ligeramente. Sabe que su respuesta puede afectarla profundamente.

Lincoln: “Vamos Lily, tú sabes que… no tengo ningún problema contigo, con ninguna de ustedes. Literalmente, cuando nacimos, ya vivíamos plenamente inmersos en la era de las futanaris. Esto es todo lo que hemos conocido.”

Lily: “Pero… ¿te gusta esta era, hermano?”Su voz era un hilo de sonido, cargado de una vulnerabilidad que traspasaba el corazón de Lincoln. Una lágrima solitaria rodó por su mejilla y cayó sobre la tela de su pañal, absorbiéndose inmediatamente.

Lincoln titubea. No es una pregunta simple. Es una cuestión existencial.

Lincoln: “Bueno… eso es… complicado…”

Lily baja aún más su mirada y un sollozo silencioso escapó de sus labios. El pañal, ya pesado, se movió perceptiblemente.

Lily: “Me tengo qu-”

Antes de que Lily pudiera levantarse y huir, Lincoln se inclinó y le agarró la mano con firmeza pero con ternura. Su piel era suave y cálida.

Lincoln: “Lily… para serte sincero, no tengo la respuesta ahora mismo. El mundo es un lugar confuso. Pero tengo claro una cosa, y es más clara que el agua más pura: ustedes son mi familia. Eso nunca, jamás, cambiará. No importa qué.”

El efecto de sus palabras fue inmediato y físico. A través del grueso pañal, Lincoln pudo sentir, más que ver, cómo el pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco de Lily se erguía con fuerza, una erección instantánea y poderosa que empujó contra la tela, creando una tienda aún más prominente y haciendo que el pañal se tensara de manera alarmante. Un rubor intenso cubrió el rostro de Lily.

Lily (Sonrojada): “Incoln… tú eres diferente a otros hombres. Eres… especial.”

Lincoln (nervioso, sintiendo el calor subirle a sus propias mejillas): “Ah, ¿sí? ¿Soy diferente?”(Pensamientos: Conozco esa mirada. Es la misma que he estado viendo en todas mis hermanas últimamente. Es una mezcla de anhelo, posesividad y algo más… algo ancestral y divino que me da miedo reconocer.)

Lincoln (Pensamientos): A pesar de que vivimos en la era futanari y que, por ahora, el 76% de la población son futanaris, la verdad es que el 99.5% de los hombres las rechazan. ¿La razón? Bueno, para ser sinceros, si lo miras con detenimiento, las futanaris nos reemplazaron en la cadena alimenticia social, sexual y de poder. La única razón por la que nosotros, los hombres, no somos discriminados completamente, a diferencia de cómo ellos sí discriminan a las futanaris en ciertos círculos retrógrados, es por una antigua religión que surgió en nuestro planeta. Habla del regreso de un “varón”, la reencarnación de ese tal Aethelred del que hablan los mitos más antiguos. Profetizan que este varón formará un harén de futanaris y será preñado por ellas, es decir, tendrá un Mpreg (Embarazo Masculino). Suena todo muy extraño, lo sé, pero hey, cuando llegue ese “varón” prometido, seguramente todas las futanaris estarán con él y ya nosotros, el resto de los hombres, podremos estar con mujeres normales en paz… aunque… estar tan cerca de esta familia, donde once son futanaris, me tiene… indeciso. Incluso en su propio reino, ellas son marginadas por esos hombres que las temen y desprecian, y ver su dolor… duele.

Lily se acercó más a Lincoln, buscando el calor de su cuerpo. Su pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco, aún erecto y palpitando dentro del pañal, presionó contra el muslo de Lincoln, transmitiéndole una calor húmedo y una vibración sorda.

Lily (Sonrojada): “Incoln…”

De repente, la atmósfera cargada se rompió con la aparición de una tercera figura en la entrada de la sala. Una joven de 18 años con pelo marrón arreglado con precisión y un par de anteojos que descansaban sobre su nariz. Llevaba una bata de laboratorio sobre su ropa casual.

Lisa: “Al parecer interrumpí un momento importante. Los datos recogidos por mis sensores ambientales indican un pico de feromonas y un aumento del 300% en la actividad cardíaca de Lily. Fascinante.”

Lily: “¡Lo hiciste, Lisa!”

Lincoln (Pensamientos): Ella es Lisa, mi hermana. Es una prodigio, la más inteligente no solo de la familia, sino muy probablemente de todo el planeta Tierra. Su intelecto es su mayor poder, pero la Academia le ha otorgado clasificaciones formales. Su poder ofensivo es “Singularidad Cognitiva”: la capacidad de calcular trayectorias, puntos déboles y probabilidades de tal forma que puede lanzar objetos o manipular el entorno para crear efectos devastadores con una precisión absoluta, como si pudiera ver las líneas de código de la realidad misma. Y su poder defensivo es “Campo de Razonamiento Inductivo”: un escudo energético que se adapta automáticamente a cualquier tipo de ataque después de una fracción de segundo de exposición, aprendiendo y evolucionando para contrarrestarlo de manera perfecta.

Lincoln: “¿Buscas algo, Lisa?”

Lisa se ajustó los anteojos, y un rubor inusual tiñó sus mejillas. Sus ojos, usualmente fríos y analíticos, parpadearon con un destello de nerviosismo.

Lisa (sonrojada): “Bueno, herma… hermanor… sabes, podrías ir a mi habitación después. Neito ayudarme con una documentación fotográfica exhaustiva sobre la anatomía masculina, específicamente en estado de reposo y… estimulación. Es para… razones científicas, por supuesto. Completamente académico.”Mientras hablaba, su pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco se erectó de forma visible bajo su bata de laboratorio, creando una prominente tienda que contradice por completo su tono profesional.

Lily: “¡Lisa! Se suponía que era tiempo de Incoln y yo!”

Lisa: “Vamos, Lily, la ciencia no puede esperar. Solo será una sesión fotográfica detallada. No llevará más de… cuatro, quizás cinco horas.”

De repente, un estruendo proveniente del segundo piso sacudió el techo, haciendo temblar la lámpara. Gritos agudos de dos voces muy similares, pero con matices distintos, se escucharon claramente.

Lola: “¡DEJA DE ENSUCIAR MIS COSAS CON LODO, COCHINA INMUNDA! ¡Esta es una blusa de seda italiana!”

Lana: “¡Y TÚ DEJA DE ECHARLE ESE PERFUME ASQUEROSO Y EMPALAGOSO A MIS HERRAMIENTAS, DELICADA DE MIERDA! ¡Huelen a flores podridas!”

Lincoln, viendo la oportunidad de escapar de la incómoda situación en la sala, se puso de pie rápidamente.

Lincoln: “Bueno, debería… ir a ver qué pasa ahí arriba. Gemas, no se maten.”

Dejando a Lily con el ceño fruncido y a Lisa ajustando sus cálculos, Lincoln subió la escalera de dos en dos. Al llegar al rellano, el aire olía a perfume caro mezclado con olor a grasa y tierra. La puerta de la habitación de las gemelas estaba abierta de par en par.

Lincoln entra a la habitación, un espacio dividido literalmente por una línea pintada en el suelo. De un lado, todo era rosa, ordenado y lleno de coronas y trofeos de belleza. Del otro, era un desastre organizado de herramientas, piezas de motor y recuerdos de animales, con un olor a establo que se aferraba al aire. En el centro, dos jóvenes rubias de 18 años, idénticas en rostro pero polos opuestos en esencia, se enfrentaban. Y no se estaban dando golpes con las manos. Cada una agarraba su propio y colosal pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco como si fuera una espada bastarda, blandiéndolo con una fuerza que haría palidecer a un caballero medieval.

Lincoln (Pensamientos): Esas son las gemelas. Lola, es la princesa, la ganadora de concursos y, no nos engañemos, la chantajista maestra de la familia. Su poder ofensivo es “Golpe de Gracia Real”: un ataque de fuerza concentrada y energía rosada que puede pulverizar cualquier material no orgánico con un solo impacto preciso, usualmente canalizado a través de sus puños o, en este caso, a través de su miembro. Y su poder defensivo es “Aura de la Favorita”: un campo de fuerza pasivo que desvía subconscientemente los ataques directos, haciendo que los oponentes “accidentalmente” fallen sus golpes o se tropiecen, como si el universo mismo conspirara a su favor. Y Lana es la mecánica, la amante de los animales y la fetichista de lo asqueroso de la familia. Su poder ofensivo es “Cañón de Detritos”: la capacidad de convocar y lanzar proyectiles de cualquier material de desecho cercano (lodo, grasa, chatarra) con la fuerza de un cañón de riel, impartiéndoles propiedades corrosivas o adhesivas. Y su poder defensivo es “Piel de Goma y Fango”: su cuerpo puede volverse extremadamente flexible y absorber impactos contundentes, mientras que una capa de suciedad energizada se adhiere a su piel, anulando el daño por energía y ácido.*

Lincoln: “¡Chicas, chicas! ¡Tranquilícense! ¿Qué demonios está pasando?”

Lola/Lana: “¡PERO ELLA-!”

Lincoln: “Sshhh…”Alzó las manos, usando su tono de voz más calmado, el que siempre funcionaba para desescalar las situaciones.“¿Qué tal si olvidamos este malentendido y, en su lugar, jugamos a ese juego que tanto les gusta? ¿El de rescatar a la princesa?”

El efecto fue instantáneo. La ira en sus rostros se disipó, reemplazada por un rubor intenso y una excitación palpable. Ambos penes de caballo enormes, monstruosos y grotescos, que moments antes eran armas, ahora se erectaban completamente, apuntando hacia el techo como dos torres de carne palpitante.

Lola/Lana (sonrojadas y con las voces entrecortadas): “¡YO QUIERO SER LA PRINCESA!”

Lincoln miró extrañado a Lana. Esto no era lo usual.

Lincoln: “Pero Lana, tú normalmente eres la caballera, la que rescata. Te encanta jugar en el fango fingiendo ser un dragón.”

Lana (sonrojándose hasta la raíz del pelo): “Sí, pero… esta vez quiero que me rescates a mí… ¡QUIERO SER LA PRINCESA PARA QUE TÚ ME RESCATES!” Su pene se endureció aún más, las venas latiendo con fuerza.

Lola (Sonrojada, jugueteando con un rizo de su cabello): “Sí, Linky, a nosotras… nos gustaría que vinieras a nuestra habitación más tarde para jugar a las princesas. Podemos turnarnos. Prometemos ser gentiles…”Hizo una pausa dramática, mordiéndose el labio inferior.“... al principio.”Su propio miembro dio un leve espasmo, emanando una gota de fluido cristalino que manchó su shorts de seda.

Antes de que Lincoln pudiera procesar esa inquietante oferta, un nuevo sonido captó su atención desde la habitación contigua. Eran los desgarradores llantos de una mujer, mezclados con la voz distorsionada que salía de un teléfono.

Lori: “¡NO, BOBBY! ¡NO PUEDES HACER ESTO! ¡LO NUESTRO ERA ESPECIAL!”Se escuchaba el sonido de llanto masculino al otro lado de la línea.“¿UNA MUJER NORMAL? ¿EN SERIO? ¡ME ENGAÑASTE CON UNA MUJER NORMAL! ¡VETE AL DEMONIO, ROBERTO!”

Lincoln, con un presentimiento de pesadez en el estómago, se disculpó con las gemelas y se dirigió a la habitación de Lori. La puerta estaba entreabierta. Dentro, Lori, la hermana mayor de 19 años, estaba sentada en el borde de su cama, con el rostro hundido en sus manos. Su teléfono yacía en el suelo, la pantalla agrietada. Su cuerpo, usualmente lleno de una confianza regia, estaba sacudido por sollozos. A pesar de su angustia, la imponente presencia de su pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco era innegable, formando una joroba bajo su elegante pijama de seda.

Lincoln: “Lori… ¿pasa algo? Oí gritos.”

Lincoln (Pensamientos): Ella es la hermana mayor, la que intenta controlar el ganado, es decir, a mí y a mis hermanas. Es sorprendentemente buena con la tecnología y tiene una habilidad innata para el liderazgo y la logística. Su poder ofensivo es “Orden de Parálisis”: puede emitir una onda de sonido o un comando vocal que, dirigido a un objetivo, interrumpe sus señales nerviosas y lo deja paralizado durante un tiempo proporcional a su fuerza de voluntad. Y su poder defensivo es “Barrera de Autoridad”: genera un campo de fuerza hexagonal, casi invisible, que puede bloquear ataques físicos y energéticos, reflejando una parte del impacto hacia el agresor.

Lori (Llorando, con el rímel corriéndole por las mejillas):Agarró el teléfono del suelo y apagó la llamada con un golpe seco.“¡He roto con Roberto! ¡Para siempre!”

Lincoln: “¡¿Con Bobby?! ¡Pero si ustedes se llevaban de maravilla! Él era uno del 0.2% que no le tenía miedo al… bueno, a todo esto.”Hizo un gesto vago hacia su propio cuerpo.“¿Qué pasó con tu gran plan de tener once hijas futanaris con él?”

Lori (Llorando con aún más fuerza, su cuerpo convulsionando): “¡ESE MALDITO BASTARDO ME FUE INFIEL! ¡NO CON OTRA FUTANARI, LINCOLN! ¡NO! ¡SINO CON UNA MUJER NORMAL!”Gritó la última palabra como si fuera el peor de los insultos. Su pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco, tal vez en respuesta a su agitación emocional, se pulsó y se puso rígido, empujando contra la tela de su pijama.

Lincoln (Pensamientos): Mierda! Sé que debo sentir pena por mi hermana, su corazón está destrozado. Pero también siento una punzada de lástima por el pobre Bobby. En este planeta, la unión entre un hombre y una mujer “normal” era considerado el pecado supremo, la herejía absoluta, la traición más vil contra el nuevo orden natural y divino establecido por las Futas. Dentro del reino futanari, si un hombre, especialmente uno de los pocos que las aceptaba, engañaba a una futanari con una mujer normal, era una afrenta personal y colectiva. (Más si se considera que el 99.5%… bueno, ahora probablemente el 99.6% de los hombres desprecia a las futanaris). Las consecuencias sociales eran brutales: eran excluidos de vecindarios futanari, sus hijos (si los tenían) podían ser acosados en la escuela por ser “hijos de una relación infiel”, y encontraban puertas cerradas en muchos círculos laborales y sociales dominados por futas. No solo era una infidelidad; era una negación de todo lo que Lori representaba, de su esencia misma. El perdón era casi inconcebible.

Lincoln vio cómo Lori comenzaba a hiperventilar, sus ojos vidriosos por el pánico y el dolor. Sin pensarlo dos veces, se sentó a su lado y la envolvió en un abrazo.

Lincoln: “Ya, Lori, ya pasó. Él no era lo suficientemente bueno para ti. Lo sé, duele, pero respirar. Inspira… exhala…”

Lori (Aún llorando, pero calmándose un poco, se enterró en su hombro. Luego, se separó ligeramente y lo miró con unos ojos rojos e inusualmente intensos, un rubor cubriendo su rostro): “...Sabes, Lincoln… ese plan mío de tener once hijas… aunque no sea con Bobby… el plan en sí… podría seguir en pie.”Su mirada se fijó en él, cargada de un significado que hizo que el estómago de Lincoln diera un vuelco. Su pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco se erectó completamente, presionando ahora con firmeza e intención contra el brazo de Lincoln.

Lincoln: “¿…Qué?”

En ese preciso y cargado momento, una figura rubia y torpe irrumpió en la habitación. Tropezó con el borde de la alfombra y, con un grito ahogado, cayó directamente sobre Lori y Lincoln, formando una pila de miembros y quejidos.

Leni: “¡Oh, lo siento mucho, Lori! ¡Lo siento, Linky! Es que este piso está muy… resbaladizo.”

Lincoln (Pensamientos): Ella es mi hermana Leni. Es… la más especial de la casa, si se puede decir de manera amable. susurra Tiene un IQ comparable al de una niña pequeña, o tal vez a un cachorro adorable y despistado. Su mente funciona de una manera única, enfocada en la moda, los colores y las emociones simples. Su poder ofensivo es “Aguja y Ovillo de la Verdad”: puede materializar hilos de energía de colores que, al enredarse con un objetivo, lo obligan a decir la verdad o lo inmovilizan revelando sus debilidades emocionales a través de patrones de color. Y su poder defensivo es “Velo de Inocencia”: un campo de fuerza esponjoso y de colores pastel que absorbe y disipa la energía hostil, transformándola en inofensivas chispas de luz o confeti. La hace prácticamente inmune a ataques psíquicos basados en la malicia.

Leni : “Estoy buscando mi chupete, para la clase de hoy, ustedes lo vieron?”

Lincoln, desde el suelo, murmuró: “Corrijo, como la de un bebé recién nacido.”

Lincoln: “No, no lo hemos visto, Leni. Tal vez tu novio, River, lo sepa. Él siempre parece saber dónde está todo.”

Leni: “Rompí con él.”

Lincoln se quedó congelado, el impacto de la noticia añadiéndose a la ya abrumadora mañana.

Lincoln (Pensamientos): Ahora es 99.7%. Los números caen en picada.

Lincoln: “Leni, ¿qué… qué pasó?”

Leni: (Con una expresión genuinamente confundida) “Bueno, estábamos en la tienda de telas, y yo le estaba mostrando un hermoso terciopelo azul para hacerle una corbata, y él dijo que el azul no le gustaba, que prefería el verde. Y yo le dije que el verde no combina con sus ojos, que el azul haría que brillaran como el cielo. Y él se enojó y dijo que yo nunca lo escucho… y luego se fue. Y yo me puse triste, y cuando me pongo triste, pierdo mis cosas.”Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Lincoln: “Ya veo…”Era una razón tan trivial y tan Leni que casi resultaba dolorosa.

Leni: “Lincoln, ¿te puedo pedir un favor?”

Lincoln, aún en el suelo y con Lori mirándolo intensamente a un lado, respondió con cautela: “¿Cuál, Leni?”

Leni (Sonrojada, jugueteando con el dobladillo de su vestido): “¿Me puedes dar un beso? Solo uno, pequeñito. Para que no me sienta tan rechazada y triste.”Mientras decía esto, su pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco se erectó de forma inocente y directa, empujando contra la tela de su falda, ignorando por completo la complejidad de la petición.

Lincoln (Rojo como un tomate, sintiendo que el mundo se le venía encima): “¡Leni, pero qué… eso no se hace! ¡Somos hermanos!”

Justo cuando la situación alcanzaba su punto más surrealista, una voz cantarina y llena de energía se elevó desde el primer piso, cortando la tensión como un cuchillo.

Luan: “¡CHICOS! ¡EL DESAYUNO ESTÁ LISTO! ¡VENID ANTES DE QUE LOS HUEVOS SE PONGAN MÁS DUROS QUE EL CHISTE DE UN PÁJARO! ¡JA, JA, JA… BUUUUFFFF!”

Lincoln (Pensamientos): Ella es mi hermana, Luan. Es la bromista y payasa oficial de la familia. Vive en un perpetuo Día de los Inocentes. Su poder ofensivo es “Bomba de Reacción en Cadena”: puede lanzar esferas de energía que, al explotar, no causan daño físico directo, pero crean efectos de comedia slapstick absurdamente exagerados en el área (resbalones, explosiones de tarta en la cara, pies que se enredan, etc.) que incapacitan a los oponentes. Y su poder defensivo es “Escudo de la Cuarta Pared”: una barrera invisible que hace que los ataques dirigidos a ella pierdan seriedad o se desvíen de manera cómica, como si estuviera protegida por las leyes de la narrativa humorística.

Lincoln, Lori y Leni bajaron a la cocina, donde el resto de las hermanas ya empezaban a congregarse. El aroma a tocino y huevos revueltos llenaba el aire, mezclándose con el olor peculiar de la casa: perfume, tierra, desinfectante y ese leve y constante aroma a feromonas divinas. Lincoln tomó su asiento, sintiendo las miradas de todas sus hermanas sobre él. Luan estaba frente a la estufa, con un delantal sobre su ropa y una nariz de payaso postiza que se había quitado momentáneamente.

Lincoln, decidido a tomar el control de la conversación, miró directamente a Luan: “Déjame adivinar, Luan. ¿Tú también rompiste con Benny?”

Luan giró lentamente hacia él. Su rostro, usualmente estirado en una sonrisa de payaso, estaba inusualmente serio. Sus ojos, sin la máscara de la comedia, parecían cansados y vulnerables.

Luan: “¿Quieres ser mi novio?”

La pregunta, lanzada con una seriedad aplastante, hizo que Lincoln escupiera el jugo de naranja que acababa de beber. Tosió, ahogándose.

Lincoln (sonrojado y tosiendo): “¡Q-ue no, no, no! ¡Solo preguntaba porque Lori y Leni rompieron con los suyos! ¡Es una coincidencia estadística!”

Luan: “Solo bromeaba, Linc…”Dijo, pero su sonrisa no llegó a sus ojos. La mirada que le lanzó era profunda, directa, y no tenía una pizca de broma.

Lincoln (Pensamientos): ¿Será acaso que Luan rompió con su novio? ¿O es que Benny rompió con ella? De cualquier modo, eso deja la estadística en un aterrador 99.8%. Prácticamente no quedan hombres en Royal Woods que no nos hayan rechazado.

Mientras pasaba el plato de pancakes, la mano de Luan rozó la de Lincoln. Fue un contacto breve, eléctrico. Lincoln se quedó callado, un rubor ardiente subiendo por su cuello. Luan no retiró la mano de inmediato.

Luan (sonrojada, mirando su plato): “Por cierto, Lincoln… no te gustaría ayudarme después con una nueva parte de mi acto? Necesito un voluntario para el truco de la ‘caja de magia donde desaparece la persona’. Serías perfecto.”Mientras hablaba, su pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco se erectó bajo el delantal, haciendo que la tela se levantara de manera inequívoca.

El momento íntimo fue interrumpido violentamente por una pelota de fútbol que, procedente de ninguna parte, aterrizó con un golpe seco en la cara de Lincoln, haciéndole caer de la silla.

Una voz atlética y llena de energía exclamó: “¡Lo siento, Linky! No te vi, estaba practicando mis tiros libres para el campeonato de este mes. ¡Va a ser épico!”

Lincoln (Pensamientos, mientras se frotaba la nariz adolorida): Ella es mi hermana Lynn, la deportista obsesiva, la máquina de competir. Su poder ofensivo es “Impacto de Estela Sónica”: puede moverse y golpear a velocidades supersónicas, creando ondas de choque con sus puños o pies, o canalizando esa energía a través de cualquier objeto que use como arma, incluido su miembro. Y su poder defensivo es “Campo de Resistencia Infinita”: genera un aura que aumenta drásticamente su resistencia física y la de quienes estén cerca, permitiéndole soportar y recuperarse de golpes que dejarían inconsciente a cualquier otro ser humano. Ella es la más fuerte físicamente de la…

Lucy: “…Familia.”

Una voz profunda y melodramática surgió desde la sombra bajo la mesa. Lincoln se asustó y pegó un salto. De debajo del mantel, emergió una joven de 18 años con pelo negro azabache, vestida completamente de negro, con un velo y maquillaje pálido.



Lincoln (Pensamientos, recuperando el aliento): Ahh… Ella es… ah… mi hermana Lucy, es la gótica, la emo, la poetisa oscura de la familia. Ah… nunca sé cuál es la diferencia exacta. Su poder ofensivo es “Lamento del Vacío”: puede proyectar sombras físicas que drenan la vitalidad, la esperanza y la energía de sus objetivos, dejándolos en un estado de depresión y agotamiento profundo. Y su poder defensivo es “Manto de la Eterna Penumbra”: puede desvanecerse en las sombras, volviéndose intangible e invisible, y es inmune a efectos psíquicos basados en emociones positivas o a la luz cegadora.

Lucy: “Soy gótica, hermano…”Corrigió con un susurro que parecía salir de una tumba. Luego, inesperadamente, un rubor oscuro tiñó sus pálidas mejillas.“Sabes, hermano, he estado… entrenando con mis poderes últimamente. Practicando nuevos sonetos de dolor y desesperación. Pero me vendría bien… un poco de ayuda. Alguien que… sienta el peso de mis versos. ¿Te importaría ayudarme un poco… en mi cuarto oscuro?”Mientras hablaba, su pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco se erectó, creando una sombra alargada y grotesca en la pared detrás de ella, una silueta que contradecía su aura de fragilidad.

Lucy se deslizó hacia la silla vacía al lado de Lincoln y se sentó, su hombro frío rozando el de él.

Lynn: “Oye, ese era mi puesto…”Protestó, pero luego se encogió de hombros con una sonrisa despreocupada.“…pero bueno, puedo sentarme aquí.”Se sentó al otro lado de Lincoln, apretándose contra él. Su cuerpo emanaba un calor muscular y sudoroso.

Lynn (Sonrojada, hablando en un tono un poco más bajo de lo usual): “Sabes, Linky, he estado practicando mucho para el campeonato. He desarrollado una nueva técnica secreta. Me gustaría que vinieras a mi habitación después, para que te la demuestre. Necesito un compañero de entrenamiento… confiable.”Su pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco se endureció bajo sus pantalones de chándal, presionando contra la pierna de Lincoln con una fuerza que prometía moretones.

La familia, o al menos la mayoría, comenzó a desayunar. La conversación era un caos de voces superpuestas:

Lori: “…y luego le dije, ‘Roberto, tu sentido de la moda es tan básico como tu elección en mujeres’…”

Leni: “Oh, Lori, no seas mala. El verde es un color muy lindo para los ojos de los sapos…”

Luan: “¿Qué hace un esqueleto antes de subirse a un avión? ¡Hace su maleta! ¡JA! … ¿verdad, Lincoln?”

Lynn: “¡El deporte es lo único que importa! ¡El sudor es el perfume del triunfo!”

Lucy: “La existencia es un suspiro entre dos olvidos… ¿no crees, hermano?”

Lola: “Mi nuevo spray facial cuesta más que el sueldo de papá. Es una inversión.”

Lana: “Encontré un nido de lombrices en el jardín trasero. ¡Son tan viscosas y maravillosas!”

Lisa: “Los datos sugieren que la concentración de testosterona divina en el aire ha aumentado un 15% desde que Lincoln entró en la habitación. Es un fenómeno digno de estudio.”

Lily: (Sentada en su trona especial, mirando a Lincoln mientras comía puré de plátano) “Linky… tengo pipí.”

De repente, la puerta principal se abrió de golpe, sacudida por una patada energética. Dos figuras aparecieron en el marco de la puerta. Las dos de 18 años. Una, con el cabello castaño largo y rebelde, llevaba una camiseta de banda rasgada y un cable de guitarra colgando del hombro. La otra, de pelo rubio corto y actitud relajada, vestía una chaqueta de cuero.

Lincoln (Pensamientos): La que tiene el cabello castaño es mi hermana Luna, ella es la roquera y música de la familia. Su poder ofensivo es “Eco Primordial”: puede emitir ondas sonoras de su voz o de su guitarra que resonan con la frecuencia de los objetos, haciéndolos vibrar hasta destrozarlos, o pueden inducir estados emocionales extremos (éxtasis, terror, furia) en los seres vivos. Y su poder defensivo es “Muro de Sonido”: genera una barrera física hecha de vibraciones sónicas comprimidas que puede bloquear casi cualquier ataque físico o energético. Y quien la acompaña es su novia, Sam. Sí, Sam es una futanari también, ya que, como ahora el 99.8% de los hombres las aborrece, las futanaris deben relacionarse entre sí para que su especie siga prosperando. Afortunadamente, ese no es un problema legal en este planeta, ya que se acepta plenamente la homosexualidad… e, irónicamente, de manera igualmente legal y sin tabúes, el incesto, visto por algunos como una forma de mantener los linajes divinos “puros”. Su poder ofensivo es “Ritmo de la Perdición”: puede crear explosiones sónicas sincopadas y destructivas al golpear cualquier superficie, y su poder defensivo es “Armónica de la Disonancia”: un campo que distorsiona y descompone los ataques entrantes en frecuencias inofensivas.

Luna: “¡FAMILIA, ¿ESTÁIS LISTOS PARA ROQUEAR?! ¡UGH!”

Sam: “Buenos días a todos. Le pregunté a Luna si no había ningún problema en que viniera a desayunar con ustedes.”

Luna: “¡Y le dije que no, por supuesto que no! Porque…”Se sonrojó ligeramente, mirando a Lincoln con una sonrisa tímida.“...porque ya casi eres de la familia, ¿no, Lincoln?”Su pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco se erectó bajo sus ajustados jeans, haciendo que la costura se tensara peligrosamente.

Lincoln, sintiendo que todas las miradas se posaban sobre él otra vez, tartamudeó: “Ah, bueno, yo… opino qu-”

En ese momento, aparecieron los dos pilares adultos de la familia. Rita Loud, con su pelo rubio peinado con cuidado pero con una mirada cansada, y Lynn Loud Sr., con su pelo castaño y una sonrisa que no llegaba a sus ojos. El pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco de Rita, normalmente una presencia imponente, parecía… desinflado, triste, colgando con menos vigor bajo su bata.

Sr. Lynn (Con una sonrisa forzada que se notaba a kilómetros de distancia): “¡Claro que sí, cariño! Eres más que bienvenida, Sam. Eres parte de esta familia.”Su voz era jovial, pero sus ojos escaneaban la habitación como buscando una salida.

Rita: “Puedes venir las veces que quieras, Sam. Siempre hay un puesto para ti en nuestra mesa.”Su voz era cálida, pero tenía un deje de fatiga.

Lincoln (Pensamientos): Y ellos son mis padres. Mi madre, Rita, es una Futa poderosa. Su poder ofensivo es “Grito de la Genitora”: un poderoso estallido sónico de fuerza concéntrica que puede noquear a múltiples oponentes sin causar daño permanente, pero dejándolos vulnerables. Y su poder defensivo es “Abrazo de la Matriarca”: un campo de fuerza amplio y protector que puede extenderse para cubrir a toda su familia, absorbiendo y distribuyendo el daño entre ella y sus hijas, fortaleciéndose con cada miembro presente. Mi padre no tiene ningún poder. Es un hombre normal, un sobreviviente.

Sam: “Muchas gracias, señor y señora Loud. Realmente lo aprecio.”

Luna, Sam, el Sr. Lynn y Rita se sentaron, completando la mesa. La cacofonía familiar se reanudó, pero Lincoln no podía evitar notar la dinámica entre sus padres.

Rita miró a su marido con ojos suplicantes. “Cariño, me prometiste que me ayudarías a limpiar las cañerías del baño principal hoy. Están haciendo un ruido terrible.”

Sr. Lynn, evitando su mirada, se ajustó el cuello de la camisa. “Lo siento, Rita, pero hoy no podré. Estaré ocupado en el restaurante todo el día. Hay un inventario grande.”

Rita: “¿Por cuánto tiempo?”

Sr. Lynn: “El día entero, probablemente. Desde la apertura hasta el cierre.”

Rita: “Seguramente tu jefe…”

Sr. Lynn (cortándola con un tono un poco más brusco de lo necesario): “¡Lo siento, pero mi jefe quiere que sea puntual y que no falte! Es muy estricto con eso. No puedo arriesgarme.”

Rita: “Oh… okay…”Su voz se apagó. Bajó la mirada hacia su plato y empezó a mover la comida con el tenedor, una nube de tristeza palpable envolviéndola. Su miembro, ya lánguido, parecía encogerse un poco más.

Lincoln (Pensamientos): Siento una pena profunda por mi mamá. Ella lo da todo por esta familia. Pero seguramente papá sí está muy ocupado. Al fin y al cabo, somos, él y yo, parte del 0.2% que, por lo menos, soporta y convive con las futanaris. Él se casó con una y tuvo once hijas futanaris. Eso tiene que contar para algo, ¿verdad? Debe de estar exhausto.

Pero lo que Lincoln no sabía, lo que ninguna persona en esa mesa, excepto el propio Sr. Lynn, podía siquiera imaginar, era la amarga y pecaminosa verdad. El señor Lynn no estaba yendo a trabajar. Le estaba siendo infiel a Rita. No con otra futanari, sino con una mujer “normal”, una secretaria de su trabajo llamada Carol. El restaurante al que debía ir no era para un turno extra, sino una tapadera para una cita de motel barato. Mientras Rita planeaba limpiar cañerías con la esperanza de pasar tiempo con su marido, él planeaba manchar las sábanas de otra cama, traicionando no solo a su esposa, sino a todo el orden divino y social que su familia representaba. Y no sentía ni un ápice de remordimiento ni de culpa, ni por Rita ni por su maldita y abrumadora familia. Para él, era un escape, una forma de reafirmar su masculinidad en un mundo que la había dejado obsoleta.

Lincoln, sintiendo la tristeza de su madre como una herida abierta, se inclinó hacia ella.

Lincoln: “Sabes, mamá, yo te puedo ayudar con las cañerías. Después de volver de la clínica. No soy tan fuerte como papá, pero puedo pasarle las herramientas.”

Rita levantó la mirada, y por un momento, la tristeza en sus ojos se disipó, reemplazada por un brillo de gratitud y… algo más. Algo que hizo que Lincoln se estremeciera.

Rita: “En serio, hijo? Eso sería… maravilloso.” *Sonrió, una sonrisa genuina que iluminó su rostro. “Te aseguro que… te gustará ayudarme. Puede ser… una experiencia muy educativa.”Su mirada recorrió su cuerpo de arriba abajo, y su pene de caballo enorme, monstruoso y grotesco dio un leve, casi imperceptible, espasmo de interés.



La familia terminó de desayunar en medio de una conversación cada vez más tensa y cargada:

Lori: “…necesito reponer mi guardarropa después de este trauma emocional. La terapia de compras es la única verdadera.”

Leni: “¡Oh, podemos ir juntas! Yo vi un vestido que sería perfecto para ti, es color ‘azul corazón roto’…”

Luna: “¡Este desayuno necesita más metal! ¡Sam, pasa los pancakes!”

Sam: “Aquí tienes, Luna. Señora Loud, los huevos están deliciosos.”

Luan: “¿Por qué el pollo cruzó el camino? ¡Para evitar a el ex-novio de Lori! ¡BUUUFFFF… ah, nadie me quiere.”

Lynn: “¡Después del desayuno, diez vueltas a la casa! ¡A ver si así quemamos estas calorías sentimentales!”

Lucy: “El amor es una ilusión, un fantasma que se desvanece con la luz de la mañana… como el rocío sobre una tumba.”

Lola: “Si alguien necesita un consejo de imagen post-ruptura, mis tarifas son razonables. Acepto pagos en chocolates suizos.”

Lana: “Tengo un nuevo lodo del pantano del este. Es extrañamente terapéutico. ¿Alguien quiere probar?”

Lisa: “La probabilidad de que todas mis hermanas hayan experimentado una ruptura sentimental en un período de 24 horas es de 0.000045%. Las variables emocionales son… fascinantes.”

Lily: “Linky… tengo caca.”

Rita: “¡Ah, Lily, cariño! Lincoln, ¿puedes…?”

Señor Lynn: (Levantándose abruptamente) “Bueno, me voy. No quiero llegar tarde. Que tengan un buen día.”Y sin mirar atrás, casi huyó de la casa, dejando atrás un silencio incómodo.

Lincoln terminó su último bocado y se levantó, listo para escapar hacia la clínica y un respiro de la asfixiante atmósfera doméstica. Pero cuando alzó la vista, se encontró con un muro de miradas. Lily, Lisa, Lana, Lola, Lucy, Lynn, Luan, Luna, Sam, Leni y Lori. Todas, sin excepción, lo miraban fijamente. Y todas, sin excepción, tenían sus penes de caballo enormes, grotescos y monstruosos en un estado de erección completa y palpitante, distorsionando sus ropas de maneras obscenas y a la vez divinas. Era un bosque de carne erecta, un ejército de deseo dirigido únicamente hacia él. Lori, aún con los ojos enrojecidos, lo miraba con una determinación feroz.

Lincoln (Sonrojado, sintiendo el calor de once pares de ojos y once erecciones monumentales): “Ah- bueno… yo… tengo que ir a la clínica. La cita es pronto.”

Rita, limpiando la mesa, sonrió con una calma que resultaba inquietante. “Que te vaya bien, cariño. Y cuando vuelvas, nos cuentas cuáles son tus superpoderes. Estamos todas… muy ansiosas por saberlo.”

Lincoln casi corrió hacia la puerta, sintiendo las miradas ardiendo en su espalda. Al cerrar la puerta de la 216 Franklin Avenue tras de sí, inhaló profundamente el aire de la mañana, tratando de limpiar sus pulmones de la densa atmósfera cargada de hormonas divinas y tensión sexual. Comenzó a caminar hacia la clínica, su mente un torbellino de confusión, miedo y una curiosidad reprimida.


A las afueras de Royal Woods.

Mientras Lincoln se dirigía a la clínica, a kilómetros de distancia, en los límites boscosos del pueblo, el aire se onduló y se desgarró con un sonido similar a un cristal infinito rompiéndose. De la rasgadura dimensional emergieron dos figuras.

La primera era un ser de belleza celestial y terror divino. Una mujer, o lo que parecía una mujer, con un cabello rubio tan puro que parecía hilarse con la luz de las estrellas, cayendo en cascada hasta sus caderas, recortado y elegantemente dividido por encima de sus ojos al frente. Sus ojos eran pozos de un azul eléctrico que contenía galaxias en su interior. Su atuendo era una pequeña y sencilla toga blanca, inmaculada, que contrastaba con las polainas negras y las sandalias que calzaba. Y entre sus piernas, tan grande que casi rozaba el suelo, colgaba un pene de caballo enorme, grotesco y monstruoso que parecía tallado en mármol viviente, con venas de energía pura latiendo en su superficie. Era Crimvael.

Crimvael: “¡Por fin llegué! Después de eones de búsqueda a través de las arenas del tiempo y el vacío… ¡voy por ti, Aethelred! Nuestra Diosa Anathēma te espera con los brazos abiertos. Es hora de que el círculo se cierre.”

La segunda figura era un contraste marcado. Una pequeña hada, no más alta que un brazo, con un pelo verde esmeralda despeinado y una apariencia general de desgaste y cansancio eterno. Sus cejas eran gruesas, y bolsas oscuras y pronunciadas colgaban bajo sus ojos de un púrpura profundo. Llevaba una pipa en la boca, fumando con despreocupación frente a su compañera celestial. Sus cuatro alas de insecto, de un verde translúcido, estaban rotas y melladas en las puntas, aunque aún zumbaban con energía, permitiéndole volar. Cinco tatuajes rojos, como runas de sangre, estaban grabados en su cuerpo: uno en cada clavícula, uno en el brazo derecho, uno en la pierna derecha, uno en la espalda y uno justo sobre el área del útero. Sus orejas estaban perforadas con tres anillos minúsculos cada una. Su atuendo consistía en un par de botas negras de tacón alto hasta la rodilla, un top negro extremadamente escotado que dejaba poco a la imaginación y una simple tanga roja. No se molestaba en usar pantalones. Y entre sus piernas, desproporcionadamente grande para su pequeño cuerpo, colgaba un pene de caballo enorme, grotesco y monstruoso que parecía pesado y práctico, como otra herramienta más en su desaliñado arsenal. Era Aloe.

Aloe: “¿Estás segura de esto, Crimvael? El rastro es… tenue. Y este planeta huele a desesperación y a… hormonas baratas. Tal vez Aethelred…”

Crimvael (cortándola con una voz que resonaba con la autoridad de los cielos): “¡La Diosa no se equivoca, Aloe! Su Lamento nos guió hasta aquí. Su amado está cerca. Puedo sentir su esencia, débil pero dulce, como un suspiro en el viento. Es él.”

Aloe: (Suspirando, dando una calada larga a su pipa) “Si tú lo dices, jefa. Pero que quede claro, no me gustan los lugares con tanto… drama doméstico.”Sus alas se agitaron, produciendo un zumbido cansado.“Solo espero que este Aethelred reencarnado esté más dispuesto que la última vez. Aquel tipo del siglo XV fue… complicado.”

Crimvael: “Esta vez será diferente. El Cambio ha preparado el camino. Las hijas de la Diosa están en todas partes. Él no tendrá a dónde huir. Ahora, ven. Su aroma me guía… hacia ese pueblo.”Señaló con un dedo perfecto hacia Royal Woods.“Hacia la 216 Franklin Avenue.”

Aloe: “Allá vamos, entonces.”Se ajustó la tanga y, con un aletazo perezoso, se elevó del suelo, flotando junto a la majestuosa y determinada Crimvael.“A por tu príncipe consorte, o lo que sea.”

Y así, las dos seres divinas, una de pureza celestial y otra de cansada practicidad, cruzaron los límites de Royal Woods, su llegada marcando el inicio de una tormenta que se cernía sobre la ya complicada vida de Lincoln Loud. El destino, tejido con los hilos del lamento de una diosa, el amor de un dios y la posesividad de once hermanas, estaba a punto de desatar su trama sobre él, y ni siquiera la más inteligente de las Loud, Lisa, podría haber calculado las probabilidades de lo que se avecinaba.

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