De orgullo, felicidad y muerte

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Summary

Recopilación de historias que transitan entre el orgullo de ser y existir, la felicidad del amor y la amistad, y los abismos de la muerte y la desesperación. Primera historia: No hay amor sin D Damián es un chico retraído. Daniel no lo es tanto. Damián se enamora de Daniel, pero él no siente atracción por los hombres. ¿Eso significa que solo podrán ser amigos? ¿O acaso el amor, en su ceguera, no distingue géneros ni barreras? La vida escolar nunca es sencilla, y menos aún cuando debes dar explicaciones por ser diferente. El orgullo nace del amor propio, aunque, a veces, todos necesitamos un pequeño empuje para recordarlo.

Genre
Lgbtq/Drama
Author
Carla
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

No hay amor sin D: Capítulo I

Me da muchísima vergüenza caminar por la calle. Siempre siento que todo el mundo me observa, que me juzgan sin siquiera conocerme. Por eso camino con la cabeza gacha, como perrito regañado. No sé si es porque soy gay o simplemente porque soy tímido, pero es algo que me acompaña desde siempre. Tal vez mi mamá tenga razón y solo sea porque soy demasiado sensible.


Iba así, encorvado sobre mí mismo, camino al colegio, cuando algo completamente inesperado me ocurrió.

Y cuando digo inesperado... es inesperado de verdad.


¿Pueden creer que una chica que no conozco me besó en la boca de la nada? ¡Así como lo leen! Se acercó y ¡pum! Me robó mi primer beso. Y yo... yo lo estaba guardando para el amor de mi vida: Cha Eunwoo.


—Por favor —dijo un chico con tono burlón apenas la morena se despegó de mí—. ¿En serio crees que voy a tragarme la idea de que este chico es tu amante? No es para nada tu tipo. Es demasiado flacucho como para que te hayas fijado en él.


El tipo no era feo, eso hay que admitirlo. Tenía esa pinta de chico que sabe perfectamente que es guapo. Y como supuse que era el novio de la chica, lo miré con miedo: tenía brazos fuertes y una expresión que perfectamente podía terminar en un puñetazo si respiraba mal.


—Me gusta su interior, ¿comprendes? No todo es físico... y eso él lo entiende —respondió ella con descaro.


—Ok, te daré el beneficio de la duda —dijo él, arqueando una ceja y esbozando una sonrisa torcida—. Pero dime, ¿cuál es su nombre?


—Damián... —dije sin saber por qué respondía yo y no ella.


—Se lo estaba preguntando a ella, tarado —me lanzó sin rodeos—. ¿Qué? ¿Me vas a decir que de verdad eres el amante de Donatella?


—¿Dona qué? —pregunté sorprendido. ¡Qué nombre más raro!


Él soltó una carcajada, y con eso me delaté por completo. Aunque, un segundo... ¿por qué estaba yo tratando de ayudar a esta morena de cabello frondoso?


—Está bien —dijo ella al fin, cruzando los brazos—. Es el primer muchacho que vi en la calle y lo besé. Pero Daniel, entiende... ¡no te amo! Eso ya se acabó, somos historia, ¿comprendes?


La escena era tan incómoda que lo único que quería era convertirme en moléculas de aire y desaparecer. Pero por alguna razón, no pude moverme. Quizás era la vergüenza, o la sorpresa, o la simple incapacidad de reaccionar cuando la vida decide ser absurda.


Antes de que yo pudiera marcharme, Donatella fue quien dio media vuelta y desapareció entre la gente.


Daniel —que así se llamaba el chico— se quedó mirándola alejarse, como si todo su mundo se estuviera desmoronando justo ahí, frente a mí.


—Siempre la he amado... —murmuró sin despegar la vista del suelo—. Somos vecinos desde que nacimos. Pensé que era el amor de mi vida. Pero últimamente está rara... y ahora esto. Que ya no quiere estar conmigo. ¿Qué debería hacer?


—No sé... yo ni te conozco —balbuceé, deseando huir antes de quedar atrapado en otro capítulo de este drama ajeno.


—Disculpa —dijo, volviéndose hacia mí—. Ella es muy impulsiva, por eso te besó. Lo siento si te causó problemas. No es mala persona.


—Fue mi primer beso —confesé sin querer, sintiendo que la cara me ardía—. Y ni siquiera quería que fuera con una chica... En fin, que estés bien. Adiós.


Me di la vuelta, decidido a escapar de una vez por todas, pero entonces sentí su mano sujetándome el brazo. Me giró con suavidad y, sin previo aviso, me abrazó con fuerza.


—No hay nada de malo en quién eres —dijo cerca de mi oído—. No tengas vergüenza. Mi hermano es gay también, y por eso sé que es algo normal.


Se separó un poco y me miró directo a los ojos. Tenía una sonrisa tranquila. No burlona. No incómoda. Solo... cálida.


Y así fue como ese día, sin planearlo, sin esperarlo, y con el corazón latiéndome a mil por hora, tuve que despedirme en silencio de mi fantasía coreana.


Adiós, Cha Eunwoo.

Desde ese momento, sin darme cuenta, empecé a enamorarme del tal Daniel.