Capítulo 1: El inicio de una guerra
El aula 304 estaba en completo silencio cuando la profesora Castillo pronunció su nombre.
—Valeria Montes y Sofía Ramírez, ustedes harán el proyecto final juntas.
El sonido de una pluma cayendo al suelo fue lo único que se escuchó antes de que Valeria girara lentamente la cabeza, con una expresión de puro horror.
—¿Perdón? —soltó con incredulidad.
A su lado, Sofía se cruzó de brazos y sonrió con burla.
—Yo tampoco estoy encantada con la idea, profe.
La profesora Castillo ignoró sus protestas y continuó asignando los equipos. Valeria sentía que la respiración se le aceleraba. ¿Por qué ella? De todas las personas en la universidad, ¿por qué tenía que ser con Sofía Ramírez?
Desde el primer día de clases, ambas se habían convertido en rivales. Sofía era todo lo que Valeria despreciaba: arrogante, desinteresada y, lo peor de todo, buena en todo sin siquiera esforzarse demasiado. Mientras Valeria pasaba noches enteras estudiando para cada examen, Sofía parecía absorber la información con solo mirar los apuntes.
Era irritante.
—Bueno, Montes —dijo Sofía con fingido entusiasmo cuando la clase terminó—, supongo que pasaremos mucho tiempo juntas.
—No me hables.
Sofía se rió.
—Ay, relájate. Tal vez hasta nos volvamos amigas.
—Prefiero reprobar.
—¿Eso significa que aceptarás mis ideas sin pelear?
Valeria apretó la mandíbula.
—No te emociones, Ramírez.
★
Después de la clase, Valeria se reunió con su mejor amiga, Camila, en la cafetería.
—Es una pesadilla —se quejó, revolviendo su café sin ganas.
Camila, una chica de cabello rizado y actitud despreocupada, sonrió con diversión.
—Dramática. ¿Tan mal está?
—¡Es Sofía! —Valeria casi golpeó la mesa—. No soporto cómo siempre actúa como si fuera mejor que yo.
—Técnicamente, tiene mejores notas en cálculo.
—¡Eso es irrelevante!
Camila se rió y dio un sorbo a su frappé.
—A lo mejor no es tan terrible. Tal vez te sorprenda.
Valeria bufó, pero en el fondo sentía una extraña inquietud.
Mientras tanto, en el otro extremo de la cafetería, Sofía se sentaba con su mejor amigo, Diego, un chico alto y bromista que la miró con burla.
—Así que ahora eres compañera de tu archienemiga. ¿Cuánto tardarás en asesinarla?
Sofía sonrió con diversión.
—No sé, ¿qué tan rápido crees que puedo hacerla explotar con solo existir?
Diego se rió.
—Sería divertido ver eso.
—No lo dudes.
Lo que ni Sofía ni Valeria sabían era que este proyecto no solo definiría su futuro académico, sino también sus sentimientos.
Y que, quizá, la rivalidad entre ellas escondía algo más profundo de lo que querían admitir.