Alice y el Collar de Suller

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Summary

Libro I Al cumplir Alice dieciséis años, recibe un collar dejado por su fallecido padre. Lo que no sabrá es que al aceptarlo, se convertirá en la portadora de una mítica profecía para salvar al mundo oculto de Blidder de la malvada Reina de las tinieblas. ¿Podrá Alice, aceptar su destino y salvar los Reinos?

Genre
Fantasy
Author
Pri
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo I: "Sociedad"

Era un día realmente encantador, pero lo arruinaba el hecho de encontrarme en la mansión de los Freilen. La hija de la gran familia, Darling quien era primogénita del Duque, había tenido la cortesía de invitarme a su tarde de té.

No es que me agradara la idea, pero mi tía no me dio el lujo de negarme a la invitación. Nunca había podido empatizar totalmente con estas chicas. Tal vez por el simple hecho de que mi tía decidió que nos fuéramos al campo, lejos del ruido de Londres, lejos de la extravagancia y sobre todo, lejos de la sociedad.

—Dime una cosa, ¿Acaso no has visto a Stuart? Es el más guapo de todos—comentaba Jaqueline, hija del conde de Logan.

—No lo creas, Simón es más apropiado— opino Isabelle, ella era hija de Lord Pascual.

Estaban hablando de los hijos del hombre más respetado en Londres, el Duque de Devonshire. Estaba Stuart, quien era el mayor y por tanto heredero del gran y millonario ducado. Simón, el segundo. También estaba el pequeño Stefan, el hijo menor de la familia.

—Esta vez estoy de acuerdo contigo Isabelle— agregó la anfitriona, Darling— Stuart puede ser el próximo duque, pero Simón, él es más guapo— todas rieron, y yo sólo escuchaba atenta y algo aburrida a su conversación.

— ¿Y usted, Alice? Díganos, ¿Quién le parece llamativo? —pregunto Jaqueline, levante una ceja y me senté mejor para responder.

—No tengo mi atención en nadie, por el momento— dije serenamente—. —Tampoco estoy segura de que pronto la tenga — ellas me miraron y no evitaron sus risas que sentía, fueron incómodas.

—¿Planeas casarte algún día? — me preguntó Isabelle, por lo que al instante respondí:

— No esta en mi futuro casarme, me considero alguien más libre y fuera de las obligaciones de un matrimonio— Di a entender y ellas abrieron los ojos como platos.

— ¿Disculpa? ¿Escuche bien? — dudo Darling sorprendida— ¿No planeas casarte?

—Has oído bien, no planeo casarme— respondí y bebí un sorbo de mi té. Ellas habían sido criadas bajo estos estándares. No con lo que deberían y quieran hacer sino con lo que debía ser "correcto" y apropiado para una mujer.

—Oh vaya, que interesante — rio Darling—. Y... ¿Qué planeas hacer entonces? ¿Qué harás sin un hombre?

Su última frase me produjo una sensación que hizo que el té me supiera amargo. El hecho de que lo dijera de una forma tan... urigda, me daba pensamientos que era mejor no decirlos.

—Viajar— ellas se quedaron viéndome atentas.— Mi padre al fallecer dejó sus barcos que siguen en el mar. Cuando tenga la edad suficiente para ocuparme de su negocio, estaré allí.

— Eso si que es extravagante —los ojos de Jaqueline se abrieron aún más, y bebió su té.

Mi padre trabajo transportando productos y mercaderías a todas las regiones del mundo, siempre amo su labor, solía contarme historias de los marineros y mares. Los sueños que las olas contaban y las criaturas de fantasía que se volvieron leyendas comunes entre los marinos.

—Ya verás Alice, pronto conocerás un chico y olvidaras esa idea. Eso es lo que mi madre siempre dice— aseguro Isabelle.

—Claro— agregue con sarcasmo que solo yo entendía.

Luego de una pausa, empezaron hablar de los vestidos que usarían para la gran fiesta que daría la Reina, con quienes bailarían y como actuarían.

El baile Otoñal que la Reina daba cada año. Como es de esperarse, se contaba con la presencia de cada familia importante de Londres. Era una ocasión perfecta para que las jovencitas encontrarán un posible candidato a esposo. Esto me incluía pero afortunadamente no me era obligatorio.

—Han oído que descubrieron a Lady Gruelle, en un encuentro secreto con Lord Frinton en la fiesta del duque de Hamilton— chismeo Jaqueline con asombro.

Este tipo de comentarios nunca faltaban. Repito, nunca faltan, era casi uno de los principales temas de conversación.

— ¿¡Realmente!?— dijeron las demás. Jaqueline asintió y mostro grandeza por poseer tan grande información.

—También dicen, que el Conde de Hasoller, ya no planea casarse con ella después de esto— agregó en voz baja—incluso dicen que ya anulo el compromiso.

—No puedo creerlo— canturreo Darling— ¿Cómo sabes tú esto?— dudo y se acomodó el delicado cabello.

—Las paredes tienen oídos, Darling— rio y las demás igual.

—Además es...— tocaron la puerta dos veces y entro el mayordomo de Darling.

—Discúlpenme que las interrumpa señoritas, Lady Hansen me ha enviado por usted señorita Alice—por fin.

Me levanté de mi asiento delicadamente y acomodé mi vestido. Hice una pequeña reverencia con una media sonrisa.

—Gracias por haberme invitado Darling, la pase muy bien.

—Espero verte de nuevo pronto— ella se levantó e hizo una reverencia—. Ponte atenta, que pronto te invitaré a una nueva fiesta— sonrió.

—Oh, estupendo. La esperaré con ansisas— mentí.

Me despedí de las demás y me dirigí hacia la puerta.

Cuando ya estaba afuera de la mansión, vi a mi tía Dorothy en el carruaje, parecía estar leyendo un periódico. Camine hasta el y subí.

—Oh, por fin—me deje caer sobre el asiento en un suspiro.

— ¿Qué tal tu fiesta? —preguntó ella.

—Oh, no imaginas lo estupenda que estuvo, tía...— sonreí y ella se rio.

—La primera que te gusta, que maravilla.

—Si, es un chiste— resople.

—Alice, de seguro te agradan las chicas— propuso ella.

—Lo dudo, sus conversaciones son tan aburridas, para nada entretenidas— bufe moviendo mis manos.— Siempre lo mismo, hablar de esposos, casamiento, bla bla... Simplemente algo debatible.

—Recuerda muy bien, la forma en la que ellas han sido criadas y educadas no es la misma que la tuya — me recordó—. No tienen la misma libertad que tú tuviste, a ti te crio tu padre con los valores que él consideraba correctos.

—Lo sé y realmente agradezco eso cada día— me apoye en la ventanilla y cerré los ojos.