CORVAYNE

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Summary

Dos hermanos. Una maldición que convierte el amor en muerte. En Winterbreak, el terror nace del apellido Corvayne... Y un corazón será el precio final. ¿Estás preparado/a para conocer a los hermanos Corvayne... Y perder el corazón en el intento?

Genre
Romance
Author
Rdc Gilar
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

THEO EL CAPULLO

Fue la primera vez que alguien logró erizarme la piel con una sola mirada, infundir terror en mi cuerpo sin siquiera moverse... y luego, simplemente, deshacer todo lo anterior con una sonrisa tímida.

Yo no era una de esas chicas fáciles de impresionar. Por lo general, necesitaba algo más que una cara bonita y un par de bíceps. Necesitaba sentir. Y en aquellos momentos, nada me hacía sentir. Ni siquiera mi exnovio, Billy. Pero ese chico...

Había algo en él, algo inexplicable, que me volvía loca.

Su nombre era Theo Corvayne.

Vivía en el número 47 de la avenida Middlecross, al sur de Winterbreak, en el King Palace.

¿Que qué era el King Palace, preguntas?

La mansión más grande de toda Westmore. Perteneció a Paul Corvayne, uno de los fundadores de Winterbreak. Y ahora, a su tataranieto.

Aquel tipo, además de guapo, inteligente e increíblemente sexy, era millonario y pertenecía a una de las familias más antiguas del país.

Y sí... todo eso lo hacía aún más atractivo.

Theo Corvayne se había convertido en la sensación de la localidad: todos hablaban de lo estupendo y maravilloso que era. Las chicas hacían cola para hablar con él; los chicos le rogaban que entrara en el equipo de fútbol. Era una leyenda.

Sin embargo, yo, Liora Bandley, fui quien desmontó aquella fachada perfecta que había construido el inquebrantable Theo Corvayne un día cualquiera. Porque, aunque innegablemente agraciado, Theo era... desagradable.

De hecho, era la persona más desagradable de toda Inglaterra.

Era la noche de Halloween cuando salí con Grace, mi hermana pequeña, a pedir caramelos. La noche transcurrió con normalidad, hasta que, a eso de las once y media, Grace golpeó la puerta del número 47 de Middlecross, el King Palace.

Del interior salió Theo, con una expresión que solo podría describir como molesta.

—¿No es un poco tarde para seguir pidiendo caramelos, niña? —dijo.

El tono de su voz era irritante. Grave, varonil, excitante... pero incómodo. Estaba a punto de intervenir, pero mis intenciones se desviaron en cuanto vi sus ojos: negros, inmensos, siniestros. Me dejaron sin palabras.

—No tengo nada para darte. Márchate —replicó, cerrando la puerta lentamente.

Yo me quedé hipnotizada, pero Grace no.

—¡Eres un capullo! —gritó—. ¡Ya no eres Theo Corvayne, eres Theo el Capullo!

Y, por alguna razón, aquellas palabras, salidas de una niña de diez años, hirieron su ego.

—Escúchame, renacuaja. O te marchas, o Theo el Capullo te arrancará esas orejitas preciosas y se las comerá. ¿Entendido?

Y cerró la puerta.

Así fue. Theo, el perfecto, había hecho llorar a una niña diciéndole que se comería sus orejas y le había cerrado la puerta en la cara. Todo un caballero, si me preguntan.

En cuanto a mi silencio... solo diré que Theo el Capullo tenía ese efecto en todos a su alrededor. Resultaba fascinante ver cómo cada persona que cruzaba miradas con él quedaba prendada, casi hechizada.

Por eso, mi siguiente investigación se centraría en descubrir el misterio detrás de los ojos de aquel canalla.

Y mi misión comenzaría esa misma noche, durante la lluvia de estrellas.

Una noche a la que, por supuesto, él también estaba invitado.

Al margen de toda esa parafernalia, nadie sabía mucho más sobre Corvayne.

Ni su edad, ni de dónde venía, ni por qué había regresado a Winterbreak, ni qué había sido de su familia.

La vida de Theo era un misterio que nadie había logrado descifrar.

Pero yo estaba dispuesta a hacerlo.

—Liora, ¿no crees que estás siendo un poquito excéntrica con todo esto? No sé, piénsalo. Es raro que estés vigilando a ese pobre chico.

—¿En serio no te da curiosidad, Adele? Este tipo ha aparecido de la nada, solo, sin dar explicaciones de ningún tipo y todos lo adoramos como si nada. ¿No te resulta extraño?

—Creo que te estás volviendo loca de remate. ¿Por qué no dejas de vigilarlo por la ventana y empiezas a prepararte para la fiesta? Te vendría bien reintegrarte.

Miré a Adele con recelo, incapaz de contener mis sentimientos de sospecha. ¿Qué quería decir con reintegrarme? ¿Acaso pretendía borrar todo lo ocurrido durante la primavera pasada?

—Nunca perdonaré a Diana por lo que le hizo a Abby, si es lo que pretendes. La traición no merece perdón.

Adele decía que me lo tomaba todo demasiado en serio. Tal vez tenía razón. Pero, vamos, ¿una traición no es algo serio? Tal vez yo era la loca... o tal vez el mundo estaba demasiado tranquilo. Ella suspiró, tratando de hacerme entrar en razón, ajena a mis sentimientos de odio hacia aquella ramera de polígono.

—Vamos, Liora, solo besó a James. ¡Ni siquiera te caía bien!

—No lo entiendes, Adele. Diana besó al novio de Abby, la traicionó. Tan solo imagina de qué es capaz.

—Honestamente, amiga, creo que te estás extralimitando. Deberías controlar tus emociones, ¿no te das cuenta de que estás en un estado de alerta constante? Primero sospechas del nuevo y ahora de Diana. Algo va mal contigo.

Guardé silencio. Quizá tenía razón.

O quizá no.

En aquel instante apareció por mi calle Theo Corvayne, vestido con su habitual chaqueta negra y más prisa de la que suele ser habitual para una persona que solo pasea. Observé con interés la escena, Adele se unió.

Comenzó a hacer aspavientos mientras gritaba algo que no lograba entender.

—¡Herín!

—¿Déjame de una vez, Herín? —susurré, repitiendo lo que creí escuchar.

Miré de reojo a mi amiga, quien mantenía los ojos fijos en el chico.

—Te dije que era raro.— sentencié.

Adele corrió las cortinas de mi habitación, cerrándolas con un tirón brusco, como si temiera que, tal como nosotras lo habíamos vigilado, él pudiera estar haciendo lo mismo.

Me quedé frente al espejo unos segundos. No tanto como para detenerme en los detalles, pero lo suficiente como para reconocer —o intentar reconocer— a la persona que tenía enfrente.

¿En quién me había convertido?

Siempre había sido una chica alegre, espontánea, cariñosa. Amiga de mis amigas. Soñadora. Creativa.

Ahora solo era lo que los demás querían ver: la chica popular. La más guapa. La más encantadora. La más capaz.

Pero... ¿quién era realmente?

¿La antigua Liora, la que no se metía en problemas, la que amaba los domingos en familia y los días sin pretensiones?

¿O la nueva Liora? La que opinaba de todo, la que no admitía errores, la que temía perder su lugar en el pequeño universo social de Winterbreak.

Y, lo más importante, ¿quién quería ser?

Suspiré, tomando entre mis manos un discreto vestido azul celeste. El color resaltaba el tono claro de mi piel y contrastaba con mi cabello rubio y mis ojos oliva. Era el vestido perfecto.

Yo era la chica perfecta.

La Barbie perfecta.

Justo lo que todos querían ver.

Pero no lo que yo quería ser.

—¿Cuánto tiempo me tomaría teñirme el pelo?

Los ojos de Adele se abrieron como platos.

¿Teñirme? Aquella palabra ni siquiera parecía que pudiera salir de mi boca.

Junto a Diana y Abby éramos las Sisgirls: pequeñas muñequitas rubias, de piel de porcelana y sonrisas perfectas.

¿En qué cabeza cabría teñirse?

—Estarás bromeando... —murmuró Adele, horrorizada.

—¿Me favorece más el castaño o el negro? —pregunté, colocando sobre mi cabello un par de trapos oscuros para comparar tonos—. Castaño, ¿verdad?

—Solo espero que estés bromeando.

Pero no, no lo estaba.

En menos de dos horas, me había hecho un cambio de look que me dejó irreconocible.

Mis facciones se veían más marcadas, mis ojos resaltaban, y aquella dulzura que siempre me había definido... había desaparecido.

Ya no parecía inocente.

Me veía peligrosa.

Y aquel solo fue el principio de una noche que marcaría el inicio de lo que muchos considerarían el fin.