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La Navidad se acercaba, quedaban menos de 24 horas para que de nuevo esa festividad haya llegado al fin después de un largo año, todos la esperaban con ansias, su espíritu navideño rebosaba por toda la ciudad y para todos era perfecta. Todos, menos para uno.
En lo oscuro de un cuarto, se encontraba Jungkook mirando fríamente hacia delante de él, su ceño sombrío hacía que ese cuarto fuera mucho más frío de lo normal, pues no podía dejar de ver sobre lo que se posaba encima de ese ataúd.
Su compañero de trabajo y gran amigo Kim Namjoon había fallecido justo un día antes de Navidad.
¿Sentía tristeza?
No, Jeon Jungkook no se sentía triste, mucho menos adolorido, incluso, solo fue porque no había nadie más quien firmara los papeles de defunción, Jungkook era lo único que Namjoon tenía.
—Está todo listo señor... —anunció el encargado de funeral—. Solo hay que enterrarlo.
—Bien. —dijo Jungkook con un tono serio.
El encargado estiró la mano hacía Jungkook, lo cual hizo que este lo miré con confusión, pero al entender a lo que se refería Jungkook solo palideció.
Sabía que quería dinero por su servicio y eso a Jungkook no le gustaba nada.
Sacó una moneda de su bolsillo y con su mano temblando se la dio, pero una sonrisa del encargado se hizo aparecer y no bajo la mano.
Jungkook estaba ansioso, con esa debería ser más que suficiente, pero al parecer no lo era.
Con mucha fuerza de voluntad sacó otra moneda y así mismo con ansiedad, se la dio.
Ya feliz, el ayudante del encargado estaba por tapar el ataúd, pero algo se le interpuso.
—¡Quieto! —le gritó Jungkook.
Y antes de que pudiera taparlo, se acercó a Namjoon y con una tenue sonrisa agarró dos monedas que posaban sobre los ojos del fallecido.
—Dos monedas... —se dirigió al ayudante e hizo bailarlas—. Son dos monedas.
Su rostro enojado volvió y se guardó las monedas en su bolsillo, saliendo de ahí.
La calle estaba infestada de espíritu navideño.
Y eso a Jungkook le daba nauseas.
Trataba de ignorar todo lo que le rodeaba con ceño fruncido y serio, odiaba estas fechas. Con toda su existencia.
Iba pasando por un grupo de niños que cantaban villancicos navideños, esperando a que la gente le quiera dar una moneda, por su gran canto.
Jungkook los vio, los niños sintieron miedo al verlo. Corrieron con temor cuando se paró delante de ellos.
Jungkook se felicitó a sí mismo.
Todos en la ciudad conocían al pelinegro como el mayor anti espíritu navideño. No podían entender cómo es que un chico tan joven podría odiar la navidad y solo importarle el dinero.
Porque Jungkook amaba el dinero y lo amaba mucho.
Era lo único que quería tener.
Decía que la navidad era solo una festividad donde los "malditos" pobres se aprovechaban para sacarle su dinero.
—No es mi culpa que sean tan desgraciados. —Dijo para sí mismo.
Después de varios minutos caminando, llegó a su oficina mirando el letrero que colgaba en la puerta.
"Kim Namjoon y Jeon Jungkook"
Pronto debería cambiarlo.
Cuatro Navidades después.
La nieve caía de forma silenciosa, cubriendo todas las calles de la ciudad, e incluso el callejón donde estaba la oficina de Jungkook, pero este solo era oscuro y tenue.
Jungkook estaba en su oficina, revisando algunos papeles y claro... Contando todo el dinero que tenía, se sentía tan feliz de contar su dinero, su "hermoso dinero", solo suyo.
Estaba tan concentrado que su felicidad se apagó al escuchar que la puerta se abría, con gesto serio e irritante, miró a la persona que acababa de llegar.
Con enojo se levantó y se dirigió a él.
—Llegas tarde.
El chico apenado y con frio lo miro arrepentido, sabía que a su jefe no le gustaba que llegará tarde, pero esta vez no fue su intención.
—Lo siento Jung... —calló de inmediato y se corrigió—. Lo siento señor, había muchos estruendos en la calle por Navidad.
—Y eso a mi que me importa. Debes llegar a la hora que yo te diga —lo miró muy serio y sin corazón—. O te iras despedido a la calle.
El rostro del chico palideció y negó su cabeza con fulgor al escuchar a su jefe, no podía perder el empleo, era todo lo que tenía y el único recurso económico de su familia.
—Discúlpeme señor, le prometo que no volveré a llegar tarde. —Rogó.
—Más te vale.
El chico asustado fue a su lugar de trabajo para empezar con sus labores.
—Taehyung.
El chico se paró en seco al escuchar que Jungkook lo llamaba girando suavemente para mirarlo.
—No me retes.
Dijo Jungkook alto y claro dejando a Taehyung en su escritorio y con ganas de querer salir de ahí corriendo.
El tiempo y el frío seguía corriendo en aquel la habitación, Taehyung ya no sentía ni las manos y solo vio la pequeña chimenea de carbón apagada, así mismo veía como el carbón estaba sobre la mesa de Jungkook.
Apenado siguió con su trabajo, entonces fue cuando la puerta se abrió dejando ver al tío de Jungkook.
—¡Kook! —gritó eufórico al verlo yendo con la intención de abrazarlo.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó a su tío haciendo que se pare en corto.
—Kook... Solo venía para visitarte, mañana es Navidad.
—Pamplinas. —contestó el menor.
—Sobrino... —susurró a Jungkook.
—Tío. —le respondió sin ganas.
El ambiente se había vuelto tenso, Taehyung solo veía a lo lejos, escuchando la discusión que seguro tendrían Jungkook con tío.
—Jungkook... Quería invitarte a la cena de mañana, se hará en mi casa, y estoy deseando que nos puedas acompañar.
—¿Una cena? —soltó sin importancia Jungkook—. ¿Cómo vas hacer una cena si eres pobre?
—El dinero no importa si estamos todos juntos Kook...
Jungkook se levantó de su asiento y con aire de superioridad miro a su tío.
—Jin, no estaré en tu maldita cena. Eso es para perdedores como tú.
Jin se hizo de oídos sordos.
—Kook, vamos... Es Navidad, la época de compartir y celebrar con amigos y familia, de caridad...
—¡Ese es el problema! —golpeó su escritorio—. Solo los pobres muertos de hambre como tú se aprovechan de esta festividad para quitar dinero.
—¿Qué? No...
—Basta. —miró a Jin con asco—. Lárgate de mi oficina con tu cena y espíritu navideño, que de nada te sirve.
Jin sintió las palabras de su sobrino en su corazón, que le hizo romperse en mil pedazos, pero aún así con esa sonrisa que le caracterizaba, se la dedicó a Jungkook.
La conversación había durado mucho menos de lo que Taehyung se imaginaba.
—Jungkook... Aunque nunca haya recibido nada de ti, que nunca haya recibido algo de dinero en navidad. —miró a su sobrino feliz—. ¡Yo alzaré la copa por esta festividad, el amor y el compartir todos juntos!
Tae al escucharlo sintió que en su corazón volvía a sentir esa chispa por todo lo que la navidad reflejaba. Se acercó a los dos y aplaudió antes las palabras de Jin, siendo una excusa también, para que sus manos entrarán en calor.
Jin miraba a Tae con una sonrisa.
—Vuelvo a escuchar otro sonido de ti Taehyung y celebrarás la Navidad perdiendo tu empleo actual. —Amenazó Jungkook apuntándolo con una regla.
Con miedo y vergüenza volvió a su escritorio.
—Excelente discurso Jin. —Volvió a decir a su tío—. Pero creo que tus falsedades solo servirían en la política.
—Jungkook... Por favor ven a cenar con nosotros.
—Vete Jin.
El mayor se rindió, se puso su sombrero de copa y con una sonrisa, pero con las lagrimas a punto de caer por su rostro grito con devoción:
—Feliz Navidad Kook.
—Lárgate...
—Y feliz Año Nuevo
—¡Dije que te largues!
Jin ignorándolo se dirigió a Tae y con un fuerte apretón de manos le sonrío, poniendo su mano sobre su hombro.
—Feliz Navidad para usted también señor.
—Feliz Navidad para usted igual señor... —respondió Tae con una gran sonrisa, llevando a Jin hacía la salida.
—Son un par de perdedores...
Jungkook suspiró intentando tranquilizarse y volver a lo que estaba, cuando la puerta de nuevo se abrió.
—Jin ya te dije que...
Jungkook cayó al ver a un señor con ropa distinguida y con un aire muy extravagante.
—Oh un cliente.
El ceño de Jungkook se aligeró y atendió de la forma más cordial a ese señor, esperando a que quiera invertir en él.
—Oh... Lo siento no soy un cliente. —Se disculpó sonriendo—. Soy de la fundación de niños en pobreza.
De nuevo, todo el carácter de Jungkook se volvió sombrío.
—¿Puedo ayudarle en algo? —preguntó por preguntar, sentándose de nuevo en su silla.
—Estuve investigando sobre usted y quería informarle que por las épocas que estamos pasando, estamos recibiendo donaciones para los niños de escasos recursos, con esto podemos hacer que tengan una mejor navidad.
El hombre sacó una pequeña libreta.
—¿Cuánto va a donar usted señor? —pregunto animado.
Jungkook se limitó a observar la pequeña vela que se estaba consumiendo sobre su escritorio, alzó su mirada hacía aquel distintivo señor.
—¿Qué no hay asilos para ellos?
—Los hay señor, pero...
—Incluso en prisión creo que estarían mejor. —interrumpió Jungkook.
—I-imagino que sí señor, pero...
—Incluso en su fundación, estarían mejor.
—Señor...
—¿Acaso dejaron de funcionar? —preguntó ya hartándose.
—No señor Jeon... Pero muchos de esos niños no pueden acercarse a estos establecimientos y es por eso que pedimos ayuda, si no... Podrían morir...
Jungkook sonrío.
—Que se apresuren en hacerlo. —Dijo mirando al señor enojado—. Así el mundo estará libre de la sobrepoblación y de pobres vagos como ellos.
La mirada de ese señor y de Taehyung era de sorpresa y miedo. No podían creer lo que acaba de decir.
Tae... Sintió las ganas de llorar.
—Por favor retírese.
El resto de la noche solo pasó en silencio, hasta que era la hora de la salida. Jungkook vio el reloj y luego a Taehyung.
—Me imagino que querrás que mañana te de todo el día libre.
Tae se limitó a verlo y agarrando sus cosas para volver a casa.
—Si le es conveniente señor... —respondió nervioso.
—Claro que no me es conveniente. Pero si no lo hago me dirán que te estoy explotando.
Para lo que Jungkook pagaba a Taehyung, se podría decir que así era, pues Tae solo recibía 3 tristes monedas al mes por parte de su jefe.
Ambos se alistaron y salieron de la oficina poniéndose cada uno su abrigo, se despidieron con solo una mirada y cada uno se fue por su camino.
No sin antes que Jungkook se girará para ver a Taehyung de reojo, luego siguió su camino.
En cambio, el menor de los dos vio a su jefe desaparecer entre la niebla que la nieve había causado, entonces su felicidad y espíritu navideño regresó a él, con una sonrisa corrió hasta ver a unos niños que jugaban con sus trineos.
Sonrío y no pudo evitar jugar con ellos en la nieve, siendo testigo de varias risas al ver como se chocaba contra una montaña de nieve, siguió jugando, haciendo ángeles de nieve, muñecos, todo lleno de felicidad.
Amaba a los niños, amaba a la Navidad, amaba como esta festividad podía unir a todos y volver a ser felices.
Amaba a su hermano pequeño.
Una sonrisa nostálgica apareció en su rostro a recordarlo.
—Mi pequeño Tim...
Miró a los niños y sintió como una pequeña lagrima se resbalaba por sobre su mejilla.
—Daría mi vida para que puedas disfrutar de este momento...
Puso su mano en sus bolsillos y se tranquilizo al notar que todavía tenia las monedas que había ahorrado, pues había hecho lo posible para que esta Navidad, su hermano menor y sus padres pudieran tener una gran cena de Navidad como Dios mandaba.
Y feliz volvió corriendo a su hogar, para ver a sus padres y también a su pequeño Tim...
Quería estar con él mientras pudiera.