El Eco de los Antiguos

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Summary

¿Y si la llave a otro mundo estuviera dentro de ti? Maelyra, princesa del reino dorado de Noswith, vive atrapada en una jaula de deberes, secretos y un destino que otros eligieron por ella. Pero cuando cruza caminos con Aidan, un cazador de brujas marcado por el pasado, su mundo comienza a resquebrajarse. Juntos emprenden un viaje hacia lo prohibido: encontrar a los hechiceros más antiguos del mundo, cerrar un portal y desvelar la verdad que une sus destinos. Porque a veces, la magia no solo se hereda... también se despierta.

Genre
Fantasy
Author
Marisol
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

"Unos nacen con un destino escrito, otros arden intentando romperlo"

Mucho antes de que esto comenzará, una chispa encendió el destino de Noswith...

La hoguera chispeaba mientras un mapa viejo y arrugado del continente temblaba por el viento, hace una horas había caído una tormenta en Windel.

—¿Seguro que quieres hacer esto, Aidan?—La pregunta de Sasha rompe el silencio. Su pierna descansa sobre una roca y y con un trozo de pan entre los dientes vuelve a hablar—Noswith no es precisamente hospitalario. Te ven con una gema y ya te están mirando como si les fueras a robar la corona.

—No vamos por gemas, tonta—gruñe Zack mientras miraba con irritación a su compañera—Vamos por respuestas.

—Vamos por problemas—Corrige Elira, ajustándose la capa mientras esquivaba el humos de la fogata—Y apuesto mi cena que vas a querer resolverlos a puño limpio, como siempre.

Zack rueda los ojos con fastidio, sabe que tiene razón pero no va a admitirlo en voz alta, es demasiado orgulloso para dejarse humillar por una chiquilla.

—¿Y qué tiene de malo? El último templo se abrió después de un puñetazo mío.

—Jajaja, ya quisieras, cabeza hueca. Obvio que fue gracias a mí—Añade Sasha, sonriendo de lado.

Aidan estaba en una esquina de la fogata, sus ojos fijos en el fragmento de piedra que colgaba de su cuello junto a un anillo de plateado. La piedra es la única cosa que conserva de su abuelo hasta ahora.

—El portal despertará muy pronto, así que debemos impedir que su señal de ayuda llegue a ellos— murmura con determinación, apretando la piedra con su mano

Simon levanta la mirada, se ha mantenido callado desde que acamparon, aunque siempre lo ha hecho, desde que tiene memoria. Luego desvío la mirada hacia las hojas sueltas que descansaban en su regazo, en el papel había hecho trazos oscuros y complejos que solo el entendía. Códigos.

Sus ojos escanearon a su alrededor y no se sorprendió por encontrar lo de cada día: Aidan absorto en sus pensamientos, Elira riendo a carcajadas mientras que Sasha y Zack rodaban en el suelo, peleando por el ultimo trozo de pan. Así que para atraer la mirada de sus compañeros dejo sus hojas frente a él para que el resto lo viera.

—¿Lo dibujaste anoche?—Cuestiona Elira, dejando de lado la euforia que sentía hace un momento. Se levanta de su lugar y se acerca a Simon para ver sus trazos con mejor detalle.

Simon asintió.

—¿Y? ¿Es una advertencia o alguna dirección?—Su pregunta hizo dgdar un poco a Simon, así que resumidamente escribió una palabra en el borde de la página.

"Ella"

Aidan y Elira quedaron con el entrecejo fruncido, su silencio llamó la atención de el otro par que todavía rodaba en el suelo. Ambos se separaron y se levantaron para caminar hacia ellos.

Otra pista inconcreta, esto suma a la lista de incógnitas que llevan registrando desde que se convirtieron en cazadores. Jamás encuentran algo concreto, solo son piezas de un rompecabezas que no han podido armar. Aidan, frustrado por esta situación cerro los ojos, suelta un suspiro antes de levantarse de su lugar y dirigirse al resto.

—Bien. Mañana a primera hora partiremos a Noswith, nuestro siguiente objetivo.

—Pero...¿Realmente quieres ir? Porque después del incidente de...—La voz de Sasha se apaga cuando la mirada de Aidan la enfoca, con una frialdad que la hace sentir tarántulas en el estómago.

—Tampco me agrada la idea, pero tenemos una meta, impedir que la profecía se cumpla—Hace una pausa antes de recoger un trozo de madera y lanzarlo a la fogata—De hecho, ese es nuestro deber.