CAPÍTULO UNICO
SIEMPRE JUNTOS
Estaba buscando en los cajones del armario cuando de repente escucho el ruido seco de la puerta al cerrarse, me giro para ver qué ocurría, no espero a nadie. Mi novio, no tiene que regresar del viaje de trabajo hasta la mañana siguiente. Una semana separados me había supuesto una auténtica tortura.
Odiaba cada vez que me tenía que quedar solo por los molestos viajes, el ser embajador de Bvlgari nos mantiene demasiado tiempo alejados para mi gusto, extraño en exceso a mi amor. La falta de atención y mimos me llevan a sentir un gran vacío que debilita mi alma, en esos momentos es como si tuviera un enorme agujero, profundo, sin fondo.
A pesar de llevar casi 9 años de relación, ni el amor ni la pasión han mermado en absoluto, por el contrario, nuestro vínculo cada día es más fuerte.
Totalmente sorprendido lo veo apoyado en el marco, desnudo de cintura para arriba, con las manos dentro de los bolsillos, me mira fijamente y me sonríe, la boca entreabierta, sus rojos labios me invitan a morderlos, sus ojos brillantes de lujuria. No lleva más que sus jeans desgastados color negro. Me deleito observando detenidamente el musculoso cuerpo, la manga de tatuajes en el ancho brazo derecho y en el centro una palabra escrita en coreano, yo soy tú y tú eres yo. Al leerla, una gran emoción cálida envuelve mi corazón.
Me muerdo el labio inferior, muy habitual en mí, sé que lo estoy provocando y lo disfruto. Continuo con la placentera y excitante visión de lo que es mi perdición, esos pectorales abultados y duros como rocas, con los piercings en los pezones que sirven de juego cuando los chupo, una de las tantas cosas que disfruto hacerle. Está descalzo y sin cinturón, dejando ver la parte superior de los Calvin Klein que se le ajustan como un guante a la fina cintura.
Siento mariposas revoloteando en el estómago por la sorpresa, me embeleso con tan maravillosa escultura. En ese momento todo mi cuerpo reacciona en una sacudida que me recorre de pies a cabeza por la anticipación. Ya estoy duro.
Antes de poder preguntarle nada, se abalanza sobre mí inclinando la cabeza para besarme de forma apasionada, somos casi igual de altos, chocamos nuestros labios. Oh, lo había añorado tanto... Me abraza tan fuerte que siento su desespero.
Mostrando su desasosiego dice: —He soñado tanto con este momento. —
Mete la lengua en mi boca, me agarra fuerte del trasero y me da una nalgada.
—Eché de menos esto, — dice, refiriéndose a mí trasero. Paso mi mano por su delantera y palmeo la ya despierta erección. Me jadea en el oído, estoy temblando.
Me cuelgo de su cuello y lo acerco más para profundizar el beso. Siento tanta hambre.
Se nos escapan los gemidos, nuestros pechos subiendo y bajando rápido con las respiraciones agitadas. Mi cuerpo reacciona con pequeñas sacudidas que me estremecen.
—Me has hecho tanta falta.
—No he podido dejar de pensar en tí, bebé— Respondió, mientras me coloca sus manos en la cintura y me aprieta hacia sí. —
Los anteriores días habían pasado de forma lenta y tediosa, ni el trabajo que tanto me gusta como profesor de danza, me hacía olvidar el recuerdo del calor del cuerpo de mi amado junto a mí, por el contrario, me he sentido urgido, aún más a la hora de dormir.
—No puedo dormir bien si no escucho tu latido y siento tus brazos a mi alrededor. —Expreso con mis sentimientos a flor de piel.
—¿Crees que es fácil para mí, amor? —Su voz suena exaltada.
Me encojo de hombros, en una absurda rabieta.
El chasquea la lengua y dice.— Ahora no es momento de reclamos cariño, más tarde... —
Volteo los ojos y me rindo en sus manos.
Entre caricias y besos me saca la camisa por la cabeza, desabrocha el botón del pantalón bajando la cremallera rápidamente, me está mordisqueando el cuello y lame el lóbulo de la oreja. Sabe a la perfección que es uno de mis puntos débiles. Las piernas se me aflojan de tal forma que, si no es por su agarre, ahora estaría en el suelo.
Mete una de sus manos dentro del boxer y comienza a acariciar el glande de mi duro y húmedo miembro. Gimo alto al sentir como presiona la cabeza del pene con el pulgar.
El recuerdo de su ausencia se calma por la oleada de placer que me sube por toda la columna. Mis manos recorren ahora sus fuertes y abultados pectorales. Me entretengo mordiendo sus pezones perforados y jugueteo con las barritas, estirando de ellas con los dientes, el frío metal contra el calor de mi lengua.
“¡Ummm supremo!”
Se detiene un momento y me dice—. Quiero compensarte por no haber estado junto a tí estos días, sé que cada vez lo llevas peor, déjame demostrarte una vez más el gran amor y adoración que siento por ti.
—Susurra entre agitados besos húmedos—. Cada día que pasa caigo más y peor. Te amo tan mal.
Mientras devora mi boca, no puedo evitar pensar lo afortunado que soy de tenerlo.
—Se la suerte que tengo por ser el elegido, bebé, — dice leyéndome el pensamiento.
Lo juro si no fuéramos lo que somos desde hace tanto tiempo, me daría miedo esa compenetración que tenemos. Telepatía. Comunicación sin palabras. Como magia.
—También sé que te pones celoso a veces por mi entorno de trabajo, pero de verdad que no tengo ojos para nadie más Jimin, te lo juro, — me dice en un sexy acento satoori. Sabe que me vuelve loco.
Las sensaciones que experimento al sentirme amado junto con la dedicación que me está ofreciendo, me tienen abrumado, son tan fuertes que no puedo articular palabra y la vista se me nubla haciéndome cerrar los ojos.
—¡Mírame! Quiero ver tus hermosos ojos y tu lujuriosa mirada de deseo. —
Dice con voz cálida y satinada. Lo miro tal como ha solicitado y al hacer contacto, puedo apreciar la profundidad de sus galaxias y en ellas el mismo amor que siento por él.
Somos uno. Mi corazón se llena de emoción.
Estimula mi masculinidad con la mano, de arriba a abajo, en ligeros tirones, que son interrumpidos para deshacerse de la molesta ropa que todavía nos queda.
En el momento que quedo desatendido, emito un fuerte jadeo como protesta. —No pares. —Le exijo en tono demandante.
En respuesta a mi mandato, entierra su boca en el hueco del cuello, tira con fuerza del cabello de la nuca, sin poder dejar de inhalar mi aroma.
Yo, lo aprieto contra mí y muevo las caderas, dándole pequeños embistes.
—Se ríe—. Ay descarado ¿Disfrutas de mi excitación? ¿Sabes lo que ocurre cuando te portas mal? —Me pregunta sin dejar de sonreír—.
—Si, y sí, sé que tú lo disfrutas tanto o más que yo. ¿O no? — le pregunto con una sonrisa coqueta.
Retira el pelo de mi cuello, obteniendo un mejor acceso y me hace un chupetón.
Me encanta en demasía que sea posesivo y me marque como lo que me considero que soy, ,“Su Propiedad”. Somos tan iguales, tenemos un gran sentido de pertenencia, nos complementamos a la perfección.
Una vez desnudos, me carga con sutileza y me lleva a nuestra cama, envuelvo los brazos en su cuello y las piernas en la cintura.
—Tómame, hazme tuyo— demando casi en un hilo de voz.
Me deja con sumo cuidado sobre las suaves sábanas negras de raso, se sube sobre mí, noto el tan familiar peso, su miembro está ahora junto al mío.
Busca ansiosamente mi boca y me besa con desespero, succiono y entrelazo mi lengua con la suya, mordisqueo su labio inferior y lamo el lunar de su barbilla que tan bobo me tiene.
Alzo las caderas, moviéndome de adelante hacia atrás, me muelo sobre su gran pene. Subo la mano hasta su pezón y lo pellizco fuerte.
En tono burlón y arqueando una ceja, dice: —Auch. Con que esas tenemos, ¿eh?
¿Quieres jugar? —
Me hace cosquillas en las costillas, como castigo, sabe que no las soporto, y besa y lame mi tatuaje de nevermind.
—Ahh, soy adicto a tus besos. —Digo aún entre risas y obviando su pregunta.
Acaricio su espalda, la suavidad de la piel aterciopelada es un agasajo para mis manos.
—Me siento tan querido Kookie. —Digo en un suspiro agitado.
—Mmm. —Murmura en mi boca—. Créeme que yo te amo mucho más. —
—No, yo te amo más. —Dije mientras me acerco a su boca y le agarro las nalgas.
Las palabras dichas causan que nuestros corazones sientan un cálido tirón al unísono.
Me pego a sus labios y le paso la lengua, retomo el beso, esta vez soy yo quien está a cargo, nuestras lenguas danzando en un baile lento.
Inicia un camino de besos desde el cuello hasta el ombligo, delineándolo con la punta de su hábil lengua mientras me agarra fuerte de las caderas y las mordisquea.
“Seguro ahí también quedarán marcas”
—Se lo que estás haciendo.—Digo sin evitar reír
—¿Pues, que esperabas? Tengo que volver a poner mis marcas ya no se notan las anteriores, te ves endemoniadamente sexy con ellas—. Dice guiñándome un ojo.
Siento una descarga eléctrica desde el vientre hasta la puta de mi miembro, que ya llora presemen, jadeo por lo sobreexcitado que me tiene su actitud. No puedo dejar de moverme, busco más fricción. Siempre es generoso en nuestros encuentros, pero la sorpresa y el deseo contenido me tienen en continuo estado de euforia.
“De veras que esta semana sin vernos obró milagros”.
Pero rápidamente soy devuelto a la realidad, cuando la boca de mi amor cubre por completo mi polla. Mis caderas cobran vida y se mueven sin control.
Con la boca llena hasta la garganta, siento como el éxtasis se adueña de él—. Joder, tu exquisito sabor me tiene totalmente aturdido. —Balbucea con la boca llena.
—Amor, por favor no me tortures más, quiero sentirte.—
Le muerdo el cuello como represalia.
El pasa su lengua por mi glande en círculos y se lo traga hasta la garganta una vez más, mete superficialmente la lengua en la uretra. Y yo no puedo evitar gritar ante la intrusión.
Mientras, el corazón bombea tan rápido, como un tren a toda velocidad y un torrente de placer me recorre, haciéndome que estire los dedos y arquee los pies.
Baja lamiendo las pelotas y las chupa primero una, después la otra de forma alterna, arqueo la espalda. Lleva dos de sus dedos a mi boca, invitándome a lamerlos y mojarlos, al hacerlo mi gemido queda silenciado en un pequeño quejido.
Afanándose succiona el miembro hasta el fondo una vez y otra vez, como sabe que me gusta, acaricia con los dos de sus dedos húmedos por mi saliva, la entrada, que en adelanto se contrae.
—Joder, Minnie estas siempre tan apretado. —
Preso del placer que me recorre, gimo y jadeo—. ¡¡PARA!! ¡Me voy a correr!
—Shhhhh, tranquilo amor, no importa tenemos todo el tiempo del mundo. —Haciendo que no pueda retenerme más y me libero en su boca.
—Cariño, no me canso de repetir lo mucho que te amo. Pero ahora te necesito.— Le digo con urgencia.
Escupe en su mano mi corrida y mientras tantea mi orificio con suavidad responde—. Te amo más, bebé.
—¡Por favor, ya basta, te quiero sentir! —
La sobre estimulación me tiene en una neblina de placer.
Un dedo profundiza en círculos mi orificio, besa mis muslos causándome cosquillas. Escupe más para introducir el segundo dedo.
Estoy tan desesperado por sentirme lleno, que le pido que pare para ir por el lubricante.
Sabe que me puse exigente y eso solo lo hace sonreír pues su lado posesivo y dominante se activa. Me voltea sobre mis manos y rodillas, me da una nalgada y siento como la saliva caliente cae entre mis mejillas.
Luego procede a succionar y chupar de nuevo toda el área. El perineo, los testículos, mis muslos. Un mordisco aquí, una nalgada por allá. El amasa toda mi retaguardia a su disposición ahora desesperadamente, como si no supiera que hacer primero. Empujo mi trasero hacia su cara demandando más atención.
—Tranquilo bebé, te haré sentir bien, lo sabes, solo quiero disfrutarte un poco más.— Me dice en satoori—. Yo también te extrañé demasiado.
Vuelven los dedos húmedos. Intercala movimiento de tijeras, con circulares, mientras combina con metida de lengua al mismo tiempo. La necesidad me gana y empiezo a gemir y suplicar sin control.
—Kookie lléname, te necesito, por favor. —
Otro mordisco acompañado de otra nalgada.
—Todavía no... Me falta adorar tus lunas, bebé.
—Nooo K-ookie, por favor.
Gimoteo. Ignora mis suplicas y comienza a dejar besos húmedos en mi espalda. Cuello, omoplatos, espalda baja. Realiza la misma acción de nuevo y cada vez que lo hace, me restriega su pene que se ha quedado quieto entre mis nalgas.
La espera y expectativa me tienen en vilo. Intento empujar mis caderas para penetrarme yo, pero el me sujeta con fuerza con una mano, y con la otra me da un cachete que escuece.
Sacó la mano dura en esta ocasión. El hormigueo se extiende en ligeras pulsaciones que coinciden con el palpitar de mi corazón y el movimiento de succión de mi agujero.
Haciendo alarde de mi perspicacia, urdo el plan que sé que no podrá fallar y accederá a mis deseos.
—Por favor, Hyung te necesito. —Ruego desesperado.
El frota su pene por toda el área. Con su mano empuja mis omoplatos hasta que mi pecho queda pegado a la cama, y procede a introducir su miembro.
“Sabía que mi plan es un éxito seguro” Rio para mis adentros.
Un hilo de saliva se escurre por entre mis nalgas antes de sentir como la cabeza entra. El ardor inicial de la penetración se pierde en la desesperación de sentirme lleno. Empujo de nuevo para empalarme, pero me da otra nalgada rápida.
—Joder bebé, me lo estas poniendo muy difícil. — Dice el muy sinvergüenza. Yo aquí estoy a punto de caramelo.
—Muévete, dámela toda, por favor... Por favor ¡HYUNG! —Grito.
Y entonces por fin se hunde de un tirón en mí.
Gloriosa sensación. Sus manos sujetando mis caderas, su pelvis y sus pelotas tocando contra mis nalgas. El movimiento circular mientras sale de mí y vuelve a embestir. Una y otra vez... Una y otra vez...
—Tan bueno. —Dice con la voz ronca.
Yo he perdido el habla. Solo siento. Me noto lleno, pleno, amado, cuidado, deseado. Al llevar tanto tiempo juntos es una ventaja en estos casos pues no hay necesidad de decir mucho. Nos conocemos del derecho y del revés. Sabe dónde presionar, como, que tanto, con cuanta fuerza y cuando. Es el amo de mis fetiches, yo soy el guardián de los suyos.
Nos complementamos en todo. Él es mi universo yo soy sus galaxias.
—Somos perfección juntos bebé. —Dice leyéndome el pensamiento una vez más.
Solo puedo lloriquear ante la sensación de estar tan repleto.
—Siempre me aprietas tan bien, tan estrecho como la primera vez. ¡JODER! Minnie, me voy a correr en este, mi agujero... Porqué ¿Es mío verdad? —
Quiero decir que sí, pero mi garganta se ha secado con tanto gemido y respiración profunda a cada embiste recibido.
—¿De quién es este agujero, amor? —Exige con un gruñido mientras me da otra nalgada.
-T-t-uy-ooo. Me corro Hyung!
—También yo, cariño.—
Me manipula cual muñeco de trapo, sujeta mis brazos y me levanta sin dejar de penetrarme, una mano sujeta con firmeza mi cuello asfixiándome lo justo para incrementar mi placer y la otra en mi cinturón de Apolo. Está esperando el momento exacto para masturbarme.
—AHORA. —Ruge mientras sostiene mi pene alargando mi orgasmo. Entre la falta de aire leve y su simiente cálida en mis entrañas, ni cuenta me doy que mi eyaculación sale dosificada por la presión de sus largos dedos y su mano grande continúa manipulando mi polla todavía.
Caemos juntos. Siempre juntos. Llevo mi mano hacia atrás para impedir que se mueva y se salga de mí.
Suelta una risita mientras me abraza y me besa el cuello nuevamente.
—Pequeño bebé codicioso que no quiere desperdiciar su leche. —
—Si, Hyung tu bebé sufrió de abstinencia láctea. — Suspiro feliz mientras él se ríe.
—Te amo Jungkook.— Digo mientras un bostezo se apodera de mí y voy al lugar de los sueños.
—Descansa pequeño. Te amo. Yo también te extrañe. Te tengo. Siempre te tengo y velo por tí. —
Sonrío mientras mis ojos se cierran, al sentir como su respiración se apacigua. Iremos a los brazos de Morfeo juntos, porque, aunque no siempre lo estemos, nuestras almas lo están. Siempre lo estuvieron y siempre lo estarán.
💞-FIN-💞