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Summary

Un amor prohibido, una pasión imposible de ocultar. Jungkook y Jimin han luchado contra el miedo, contra el juicio del mundo. En la oscuridad de la noche, se encuentran, se entregan, se prometen nunca soltarse. Pero la libertad tiene un precio. ¿Podrán mantener su amor a salvo o estarán destinados a perderlo todo? Una historia de deseo, valentía y amor sin límites. ¡Atrévete a sentirlo!

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Complete
Chapters
1
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n/a
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18+

CAPÍTULO UNICO

CA

Era la última noche. Por la mañana, al amanecer, se despediría oficialmente de la vida militar que había estado compartiendo con Jungkook durante casi dos años. Afuera, el viento cálido del verano soplaba con la misma indiferencia de siempre, como si el mundo no supiera que algo dentro de él se rompía y se cerraba a la vez.

Se detuvo en el umbral del cuarto que compartían. El lugar que había contenido risas ahogadas en la madrugada, susurros, peleas innecesarias, y reconciliaciones. La tenue luz del pasillo apenas iluminaba la habitación ahora vacía y su memoria se encargó de completarla. Allí estaba Jungkook, en un rincón, con los auriculares puestos mientras hacía prácticas de canto con una pajita. Más allá, un pequeño escritorio donde Jimin solía escribir en su diario cada vez que sentía que el silencio lo devoraba.

Y cómo olvidar las discusiones. No había muchos lugares donde huir en la base, y eso hacía que los roces fueran inevitables. Una en particular regresó con claridad abrumadora: una noche en la que Jungkook le gritó que estaba harto de que Jimin se cerrara como un muro cada vez que algo le dolía. Que no podía seguir adivinando cuándo hablarle o cuándo dejarlo solo. Esa noche, Jimin se había dormido sin darle ni las buenas noches, de espaldas a él, en la cama contigua, mientras mordía su labio para no llorar.

Pero fue Jin, su hyung sabio, que les dijo, con ese tono calmado que solo él sabía usar, que en el ejército eso pasaba, justo antes de ingresar. Que las emociones se distorsionaban con el encierro, que los lazos se tensaban, pero también se fortalecían. “Aquí van a pelear, sí. Pero si logran perdonarse, entonces van a ser más fuertes de lo que creen”, les dijo mientras comían todos los miembros del grupo juntos el día de su salida.

Aquel consejo se había vuelto una constante en la mente de Jimin cada vez que las cosas se ponían difíciles. Como también lo era esa presión silenciosa que lo acompañaba desde siempre. El miedo a no gustar. A no ser suficiente. A ser juzgado por su imagen.

Los últimos meses le habían pesado más de lo que admitía. Estaba a punto de volver a la vida pública. El fandom lo esperaba, igual que las cámaras. Y él… no se sentía listo. El uniforme no escondía la forma en que había cambiado. Había ganado peso. No mucho, pero lo suficiente como para que su reflejo en el espejo lo hiciera fruncir el ceño. Sabía que la gente hablaría. Siempre lo hacían. Siempre encontraban algo en su cuerpo para criticar.

Por eso, semanas atrás, sin decirle a nadie, había dejado de comer con regularidad. Se saltaba comidas, decía que no tenía hambre, bebía agua y café para engañar al estómago. Pero Jungkook no era tonto. Lo conocía demasiado bien.

—¿Desde cuándo no cenas, Jimin-shi? —le preguntó una noche con dureza en la voz.

Jimin no respondió. Solo bajó la mirada.

—¿Estás haciendo esto otra vez…? —insistió Jungkook, y en sus ojos brilló una mezcla de rabia y decepción—. Prometiste que no lo harías más. Lo juraste en Manila, ¿recuerdas?

Manila. Aquella gira. Aquel llanto en el camerino, donde Jimin le había confesado que sentía que no importaba cuánto se esforzara, su cuerpo seguía siendo motivo de burla. Y Jungkook, con el rostro desencajado por el dolor de verlo así, y tras varios días sin hablarse, le había hecho prometer que no volvería a castigarse de esa forma. Que su salud estaba por encima de todo.

—Lo sé… Lo siento —susurró Jimin esa noche en la base, con un nudo en la garganta—. No quería preocupar a nadie. Solo… quiero volver bien.

—Estás bien. Ya estás bien. No necesitas destruirte para que te amen. Yo te amo como eres, no me importa tu físico. Además te veo estupendo así.

Hubo un largo silencio. Luego, Jungkook lo abrazó por detrás, pegando su frente a su cuello.

—Si quieres cambiar tus hábitos, hagámoslo bien. Juntos. Pero no más hambre. No más castigos, ¿sí?

Fue entonces cuando Jimin aceptó hacer ayuno intermitente, pero controlado. Supervisado. No para desaparecer, sino para sentirse en control. Y Jungkook lo acompañó, lo apoyó, sin juicios. Como siempre.

Recordar todo eso le apretaba el pecho. Pero también le dibujaba una media sonrisa. Porque estaban saliendo de ahí no solo como soldados. Salían como algo más fuerte. Más sólido. Aunque aún no lo hubieran dicho en voz alta.

Jimin dio un último vistazo al cuarto. Caminó hasta la ventana. El cielo estaba cubierto de estrellas. Pronto estaría en casa. Pronto volvería a los escenarios. Pero esta vez, con la certeza de que no estaba solo. Aunque nunca lo había estado realmente.

💞

El rumor de las botas contra el suelo de tierra seca retumbaba en el silencio de la mañana. El calor de junio en Corea no tenía compasión ni siquiera en el día de la baja. Pero Jimin apenas lo notaba. No cuando sus dedos estaban entrelazados con los de Jungkook, mientras caminaban hacia la salida de la base.

No necesitaban hablar. Diez años juntos les habían enseñado a leer cada mínimo gesto y mas este largo periodo en el que prácticamente habían estado siempre juntos, dándose apoyo mutuo.

—El coche ya debe estar afuera —murmuró Jungkook, girando apenas la cabeza.

Jimin lo miró. Su cabello oscuro caía hacia la frente, más largo desde la última vez que se lo cortaron en la base. Ya no era el maknae que había conocido. Ahora era un hombre. Su hombre.

—No quiero que esto se acabe —dijo Jimin en voz baja, y apretó los dedos un poco más—. Lo de tenerte cerca todo el tiempo.

—Vamos a estar juntos otra vez, cariño —respondió Jungkook—. Y esta vez… no nos vamos a esconder de los demás.

Jimin soltó una pequeña risa. Sabía que Jungkook lo decía en serio, pero lo conocía demasiado como para saber que se refería a una confesión pública, pero aún no lo haría hasta que supiera que él estaba listo.

Porque lo suyo nunca fue un secreto… pero tampoco una confesión.

Los fans especulaban desde hace años: las miradas, las escapadas a Jeju, a Tokio, las selfies “accidentales” con el mismo fondo, el tatuaje de Jungkook que parecía tener las iniciales de Jimin escondidas entre las letras de ARMY.

Pero aún así, ningún titular lo había dicho en voz alta.

Y ellos tampoco.

El coche negro con vidrios polarizados los esperaba al otro lado de la verja principal. Dos managers los recibieron con sonrisas amplias y ojos vidriosos.

—¡Jimin-ssi, Jungkook-ssi! ¡Bienvenidos de nuevo!

Los dos se inclinaron en saludo, respetuosos como siempre. Pero al cruzar miradas con su manager principal, Kim Sejin, ambos vieron algo distinto: emoción real. Casi como un padre viendo a sus hijos volver.

—Namjoon y Yoongi están preparando algo en la sala de ensayo. —Sejin les abrió la puerta trasera del coche—. Y… Hobi está demasiado emocionado para hablar sin llorar, así que prepárense.

Jimin rió con suavidad mientras se acomodaba en el asiento. Jungkook se sentó junto a él, era lo más natural entre ellos. Esos dos años de servicio obligatorio habían sido una pausa entre escenas nada más.

El coche arrancó.

El silencio entre ellos no era incómodo. De hecho, era la clase de silencio que solo compartes con quien te conoce hasta el alma. Jimin dejó caer la cabeza suavemente sobre el hombro de Jungkook. Afuera, los campos iban quedando atrás, y Seúl se acercaba esperándolos.

—¿Crees que ellos lo sepan? —susurró Jimin.

—¿Quiénes? —respondió Jungkook, sin moverse.

—Los chicos.

—Yoongi lo sabe. Hobi y Jin… lo sospechan desde 2018. Taehyung finge que no, pero nos observa demasiado cuando creemos que no nos ve. Y Namjoon… —Jungkook se rió por lo bajo—. Namjoon lo aceptó en su alma antes de que nosotros lo hiciéramos, con la canción de Serendipity lo dijo bien claro.

—¿Y te molesta que aún no lo sepan todos? —preguntó Jimin, con un tono más vulnerable.

Jungkook giró el rostro apenas. Sus labios rozaron la frente de Jimin en un gesto que fue más que cariño, era consuelo.

—No me molesta que no lo sepan con palabras. Me molesta no poder besarte cuando me da la gana. Me molesta no poder abrazarte frente a ellos sin fingir que es sólo una broma. Me molesta no poder tomarte de la mano en las reuniones de la empresa. Eso me molesta.

Jimin cerró los ojos. Su cuerpo entero parecía suspirar en ese contacto.

—Y entonces, ¿qué vamos a hacer?

—Vamos a volver a BTS, a los escenarios, a las coreografías imposibles y a las fans que nos aman. Pero esta vez… no voy a apartarme cuando el mundo nos mire raro.

Voy a seguir dándoles señales hasta que se conviertan en faros.

El coche siguió avanzando. El cielo comenzaba a despejarse, con rayos de sol atravesando las nubes con manos de fuego. La ciudad se alzaba al fondo, brillante, bulliciosa, viva. Y en ese coche, dos almas que llevaban una década juntas comenzaban, por fin, a caminar hacia un nuevo capítulo.

Uno donde lo suyo ya no iba a esconderse entre canciones, miradas furtivas y silencios.

Uno donde el amor no necesitaba más explicaciones.

💞

La puerta de la sala de ensayo no era nueva, pero parecía más pesada de lo normal. Quizá por todo lo que había detrás: los recuerdos, la historia, las risas. O quizá por lo que los esperaba del otro lado.

Jimin tomó aire antes de entrar. Jungkook estaba a su lado, con la mandíbula apretada y las manos escondidas en los bolsillos. Cuando Sejin abrió la puerta, la avalancha fue inmediata.

—¡JIMIN-AH! ¡JUNGKOOK-AH! —Hoseok y Seokjin fueron los primeros en lanzarse, abrazándolos a ambos al mismo tiempo, como si pudieran protegerlos del mundo.

Luego vinieron a Namjoon, con los ojos brillando tras sus gafas de sol, y Yoongi, que fingía estar indiferente pero no dejaba de sostenerles la mirada con ternura contenida. Taehyung llegó el último, caminando como siempre con relajo y se limitó a envolver a Jimin en un abrazo largo y silencioso que dijo todo.

El aire estaba cargado de emociones. Risas. Lágrimas discretas. Apretones en los hombros. Ninguno podía evitar mirar a Jungkook y Jimin de reojo cada vez que se tocaban, incluso si era solo al rozarse al caminar o mirarse por más de dos segundos.

Cuando por fin se sentaron todos en círculo, Namjoon habló primero.

—¿Sabéis algo? No estoy llorando —dijo, con una sonrisa mientras se sacaba las gafas—, pero porque ya lloré anoche. En privado. Como un líder maduro.

Todos se rieron.

—¿Y tú, Hobi? ¿Todavía puedes hablar sin moquear? —bromeó Yoongi.

—Apenas —respondió Hoseok, sonándose la nariz con un pañuelo de papel que sacó de su bolsillo trasero—. ¡Es que están tan hermosos!

Jungkook bajó la cabeza, un poco abrumado, pero Jimin tocó suavemente su rodilla con la suya. Solo un roce, pero todos lo notaron. Sobre todo Taehyung, que alzó una ceja apenas.

—Entonces… —empezó el vocalista de sonrisa cuadrada mirando entre ambos—. ¿Van a seguir haciendo como si no compartieran la misma cama desde hace años? ¿O ya podemos decir que esta familia tiene oficialmente una pareja comprometida?

El silencio fue tan repentino como el estallido de risas posterior.

Jimin se sonrojó. Jungkook, en cambio, se giró hacia él, y por primera vez en ese espacio, le sostuvo la mirada como si no hubiera nadie más en la sala.

—No lo hemos dicho… pero nunca lo hemos negado —dijo Jungkook, firme, sin evasivas.

Jimin asintió despacio.

—Llevamos diez años. A veces separados por trabajo, por miedo… por el deber. Pero siempre ha sido él.

Taehyung sonrió, con los ojos brillando. Yoongi inclinó apenas la cabeza, satisfecho. Namjoon dijo:

—Ya era hora. ¿En serio pensasteis que nos íbamos a creer que las canciones Letter y Still with you, que ambos compusieron eran para ARMY? Todos, incluidos muchos de los fans sabíamos que Letter era para Jungkook y De calcomanía fue para Jimin.

Jungkook abrazó por el hombro a Jimin que se ruborizó ante las palabras de Nam.

—¿En serio lo sabían. Tan evidentes somos? —pregunto Jimin

Hobi, asintió y con lágrimas cayendo sin pena, murmuró:

—Los amo tanto que duele. ¿Podemos organizar una boda secreta en Jeju?

Todos rieron otra vez. Pero esta vez, no hubo tensión en el aire. Solo alivio. Y amor.

💞

Poco a poco el cielo se iba oscureciendo sobre Seúl cuando el coche negro se desvió hacia las afueras. Jimin observaba el paisaje desde la ventana, pero Jungkook lo observaba a él. Más que paisaje, más que casa nueva, más que libertad, era Jimin lo que había esperado todo ese tiempo.

La nueva mansión era moderna, amplia, con grandes ventanales y un jardín trasero que parecía sacado de una revista. La familia había ayudado a adquirirla, sí, pero Jungkook la había elegido con una única persona en mente: la que ahora caminaba a su lado por el pasillo principal.

—¿Sabes lo que más me gusta de este lugar? —preguntó Jungkook, dejando su mochila en el suelo.

—¿Qué?

—Que nadie ha dormido aquí todavía. Eres el primero en cruzar esta puerta conmigo.

Jimin se detuvo. Miró a su alrededor: todo era nuevo. Todo era de ellos.

—¿Me estás diciendo que me trajiste a estrenar una casa contigo como una declaración indirecta de matrimonio?

—¿Te suena muy obvio? —rió Jungkook, nervioso por primera vez.

—No. Me suena perfecto.

Se quedaron mirándose en silencio unos segundos, Jimin caminó hasta el ventanal que daba al jardín, se quitó la camisa del uniforme y se quedó en camiseta de tirantes. Estaba más delgado, se había esforzado por estar delgado para la vuelta al grupo, también se veía más maduro. Más hermoso que nunca a ojos de Jungkook, aunque para él siempre era lo más bello.

—No hay cámaras aquí, ¿verdad? —preguntó Jimin.

—Ninguna. Las quité todas. Aquí solo existimos tú y yo.

Jungkook se acercó por detrás. Despacio. Como si se acercara a un altar. Y cuando abrazó a Jimin por la cintura, fue regresar al hogar después de dos años de viaje.

—No quiero volver a ocultarte —susurró contra su cuello—. No quiero que nuestros recuerdos estén en habitaciones a oscuras o en mensajes cifrados. Quiero fotos tuyas en las paredes. Quiero tus camisas en mi armario. Quiero que esta casa huela a ti.

Jimin se giró, con los ojos húmedos.

—Pues empieza por besarme. Aquí. Donde nadie puede decirnos que no.

Y Jungkook lo hizo. Lo besó con la pasión de los años acumulados, con el peso del silencio y la fuerza del amor paciente. Lo besó como si fuera la primera vez.

Afuera, el verano empezaba a pintar el cielo de naranjas y violetas.

Dentro, dos corazones que nunca se soltaron finalmente estaban libres de volver a latir como uno solo.


💞

La noche ya era profunda cuando las luces de la ciudad quedaron lejos, y solo el murmullo del viento entre los árboles acompañaba el silencio de la casa.

Jimin caminaba descalzo sobre el suelo de marmol negro. Se había quitado el uniforme militar y llevaba puesta solo una camiseta negra ancha, una de Jungkook, que le quedaba a medio muslo, y el pelo aún húmedo por la ducha. Había algo en esa simple imagen que hacía que Jungkook sintiera que el mundo entero se podía detener allí mismo, sin más.

—¿Qué miras tanto? —preguntó Jimin desde el umbral del cuarto, apoyado contra el marco de la puerta.

—La razón por la que construí todo esto —respondió Jungkook sin pensarlo, sin ningún filtro. Estaba sentado en el borde de la cama, ya cambiado, el cabello aún mojado también. Se veía tranquilo. Estaba feliz.

Jimin caminó hasta él, lento, y se sentó a horcajadas sobre sus piernas, envolviéndolo con los brazos.

—¿Tú sabes lo que duele amar en silencio durante años? ¿Saber que lo tienes todo con alguien y no poder gritarlo?

—Sí —Jungkook apoyó la frente contra la de él—. Pero también sé lo que se siente amar sin condiciones. Esperar sin exigir. Quedarse incluso cuando no hay promesas habladas. Porque tú siempre volviste a mí.

—Siempre —afirmó Jimin, rozando sus labios—. Incluso cuando dudaba de todo, nunca dudé de ti.

Se besaron. No como adolescentes impacientes, sino como dos adultos que se han amado en la sombra y por fin pueden respirar. Cada caricia, cada roce, era un mapa de memorias, de batallas ganadas. Y cuando, al fin, se recostaron juntos entre las sábanas blancas no hubo urgencia. Solo verdad.

La luna se filtraba por las ventanas. Iluminaba la silueta de sus cuerpos, entrelazados, piel con piel. No hacía falta hablar para entender que estaban completos, eran uno. Y que, a partir de ese momento, ya no habría vueltas atrás.

—¿Sabes qué quiero ahora? —dijo Jimin, con los dedos jugando suavemente en el pecho de Jungkook.

—¿Qué?

—Un espacio que sea solo nuestro. Un camerino en HYBE donde pueda dejar mis cosas junto a las tuyas. Un rincón donde pueda abrazarte después de cada ensayo sin mirar por encima del hombro por si nos pueden ver.

Jungkook sonrió.

—Entonces lo haremos. A nuestra manera.

—¿Y si los fans nos odian?

—No pueden odiar lo que nos hizo mejores artistas, mejores personas. Tú me hiciste crecer. Me salvaste de mí mismo muchas veces.

Jimin lo miró con los ojos brillando por las lágrimas acumuladas.

—Y tú a mí.

Se quedaron un rato, solo respirando juntos. Y luego, como si el universo hubiera dado su bendición, sonó un pitido en el teléfono de Jungkook. Un mensaje de Taehyung en el grupo:

🐻: Suban una foto. Los dos. No hagan que lo haga yo por ustedes. Estoy borracho de amor.

Ambos rieron.

—¿Quieres? —preguntó Jimin, con la sonrisa torcida que usaba cuando se arriesgaba.

—Sí. Pero solo una pista. Una señal suave, como siempre hicimos.

Se sentaron juntos en la cama, aún medio enredados en sábanas. Jungkook alzó su celular. Cambió la cámara a modo selfie. Jimin se acercó, apoyando la cabeza en su hombro, sin mirar la pantalla. Ambos estaban despeinados, con la piel cálida por la intimidad, los ojos tranquilos y sin defensas.

—Dime cuándo —susurró Jimin.

—Ya.

La foto salió cálida y con complicidad compartida. No mostraba nada explícito, pero lo decía todo. Las miradas. La cercanía. La felicidad

La subieron a su cuenta conjunta de BTS en X, sin descripción. Solo unos emojis: 🌞🌙

Veinte segundos después, las redes sociales estallaban.

—¿Y ahora? —preguntó Jimin, abrazándolo por la espalda mientras el teléfono vibraba en la mesita.

Jungkook apagó la pantalla, lo rodeó con los brazos, y respondió:

—Ahora nos amamos, dormimos. Mañana ensayamos. Y cuando subamos al escenario… si me miras como siempre, voy a tomarte de la mano frente a todos y te voy a besar.

Jimin sonrió contra su cuello.

—¿Y si hay cámaras?

—Que graben la historia de amor más larga jamás contada sin palabras.

La noche siguió en silencio. Afuera, las luciérnagas flotaban en el jardín, y dentro, dos almas que por fin habían llegado a casa, soñaban el mismo sueño: un futuro juntos.

💞

La habitación estaba sumida en una suave penumbra, era de madrugada y estaba tenuemente iluminada solo por la luz suave de la luna que aún se colaba entre las cortinas. Las sábanas de algodón blancas estaban ligeramente arrugadas y revueltas bajo sus cuerpos, mezcladas con los suspiros contenidos y la electricidad que aún vibraba en el aire.

Jimin yacía sobre el pecho de Jungkook, con la respiración agitada y la piel húmeda por el calor del encuentro. Sus dedos trazaban círculos lentos sobre la clavícula de su pareja, mientras su corazón latía contra el de él, sincronizado.

—Extrañaba esto —susurró Jimin, con voz temblorosa—. No solo el contacto. Te extrañaba a ti. Este tú, el que solo yo conozco.

Jungkook lo rodeó con los brazos, apretándolo contra sí temiendo que se desvaneciera.

—Estuve entero todo este tiempo solo porque sabía que volvería a ser como antes, era lo que me mantenía cuerdo, me volvía loco cada vez que te tenía cerca y no te podía besar o tocar.

—No sabes cuántas veces quise correr a ti, cuando estaba allá. Solo para que me abrazaras así. Para sentir que el mundo se quedaba mudo por un rato.

Jungkook acarició su cabello lentamente. Lo besó en la frente, luego en la mejilla, luego en la nariz, memorizando cada parte de él de nuevo.

—Aquí ya no tienes que correr. No hay barreras, ni cámaras, ni uniformes, ni horarios. Solo tú y yo.

El silencio volvió a llenar la habitación, pero era uno cómodo, lleno de lo que no hacía falta decir. Jimin se giró apenas, apoyando su mejilla en el pecho de Jungkook, sintiendo el latido bajo su oído como un mantra.

—Me haces sentir seguro —susurró—. Igual que si este fuera mi lugar en el mundo.

—Lo es —dijo Jungkook sin dudar—. Siempre lo fue. Incluso cuando el mundo no lo sabía.

Jimin alzó la mirada y sus ojos se encontraron, oscuros y profundos. Jungkook se inclinó lentamente y lo besó. No con la urgencia de antes, sino con la calma de quien ama sin prisa. Sus labios se entrelazaron en una caricia silenciosa que hablaba de los meses robados, de las promesas nunca dichas y de los futuros que ahora sí podían construir.

Las manos de Jimin se deslizaron por la espalda de Jungkook, y las de él se aferraron a sus caderas con devoción. Se buscaron de nuevo, sin miedo, sin esconderse. Fue un encuentro lento, lleno de suspiros, de piel que tenía memoria, de miradas largas y gemidos suaves que solo ellos escucharían.

Y cuando la intensidad bajó, cuando los cuerpos se relajaron tras el torbellino de deseo, tras la explosión de placer compartido, quedaron enredados bajo la sábana, respirando al unísono.

Jungkook giró levemente a Jimin para que quedara recostado sobre su pecho otra vez, su brazo fuerte y protector sobre él, era una muralla contra el mundo.

—Prométeme que siempre volverás a mí —murmuró Jungkook, con voz dormida.

—Siempre estaré a tu lado.

Prométeme tú que nunca me soltarás —respondió Jimin, ya con los ojos cerrados.

—Nunca.

—JK cántame bajito De calcomanía demandó Jimin con un puchero. Jungkook se acercó a su oído y lo complació, susurrándole entre besos la canción.

Un último beso en la sien. Un suspiro compartido. El calor de dos cuerpos que ya no tenían que fingir que no se amaban.

La noche los envolvió con su abrazo silencioso, y el sueño llegó lento, e inevitable.

Y así, por primera vez en mucho tiempo, durmieron sin miedo, el uno en los brazos del otro, en un hogar construido con paciencia, amor y verdad.

El mundo allá afuera podía estar o no de acuerdo.

Ellos, por fin, ya no tenían que esconderse, eran libres para amarse y demostrar su eterno amor.