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Era ocho de noviembre, y como cada día ocho de todos los meses Jimin se disponía a ir al cementerio, aunque hoy era una fecha especialmente triste para él, se cumplía un año desde la muerte de su compañero Jackson al que le arrebataron la vida en un estúpido accidente de tráfico.
La mañana era tan triste como Jimin se sentía, mientras tomaba una taza de café, se posicionó frente al gran ventanal del salón para observar distraídamente a las personas pasar, las cuales se dirigían en su mayoría a sus trabajos, el cielo estaba de un gris plomizo, encapotado y amenazaba con nevar.
Jimin amaba la nieve y el frío, hasta que se quedó sin compañero, ahora no solo sentía un gran vacío por la perdida sino que sus huesos también se congelaban por la soledad.
Se había tomado el día libre de su consulta, al igual que cada uno de los 11 meses anteriores, para llevar un ramo de girasoles a la tumba de su amado y también poder limpiar el lugar.
El magnífico y cómodo apartamento en Busan, su ciudad natal, había sido testigo de sus vivencias más felices, estaba lleno de recuerdos que ahora lo atormentaban, convirtiéndolo en un lugar lúgubre y triste.
Mientras miraba hacia el exterior, vio una pareja caminando tomados de la mano, a su mente llegaron las imágenes de la forma tan poco usual en que él y Jackson se habían conocido y le hizo esbozar una pequeña sonrisa.
Era el mes de mayo de tres años atrás, Jimin caminaba por la calle totalmente absorto en sus pensamientos, hacia poco había abierto su consultorio fisioterapéutico y aún no tenía muchos clientes por ser nuevo, había estudiado la carrera, se graduó con honores, y a pesar de ser conocido por casi todos en la ciudad, las personas eran reticentes con él por ser este su primer trabajo.
Fue a cruzar la calle sin mirar y de repente sintió como una gran masa de músculos lo abalanzó contra el suelo. Jackson lo había salvado de las fauces de un camión que estuvo a punto de atropellarlo. Pero en ese acto heroico, Jackson se hizo un esguince en su pie derecho, Jimin cayó sobre él. A modo de gratitud Jimin le propuso ir a su consulta para tratar de mitigar y curar el daño causado.
Jackson estaba en la ciudad por trámites burocráticos, había abandonado su manada en Seúl para abrir una consulta veterinaria ya que en Busan no tenían y pensó que era necesario.
Para Jimin ese encuentro casual con el Beta significó encontrarse con su destinado, eso fue lo que hasta el momento creyó, pero si hubiera sido así no seguiría vivo.
Sacudió la cabeza como intentando lanzar fuera de él esas imágenes que solo lo hacían sufrir.
Jimin aún estaba en sus veintinueve, y sabía que tenía que seguir adelante de lo contrario la depresión acabaría con él.
Un lazo roto en un omega es una sentencia hacia la muerte cuando son destinados, y si bien es cierto que Jimin era renuente a volverse a enamorar y emparejarse, no podía simplemente dejarse morir ya que el destino seguro lo sorprendería con una nueva oportunidad. Jackson querría que fuera feliz y siguiera con su vida, formara una familia, esa que tantas veces habían planeado con varios cachorros alborotando por el que era ahora su taciturno hogar.
Sus padres habían insistido en que volviera con ellos y ciertamente los primeros meses disfrutó de los cuidados de su madre, pero él era consciente de que tenía que valerse por si mismo si quería salir del pozo de melancolía en el que se había sumergido.
Para Jimin lo que le tocó vivir era sumamente doloroso, a la perdida de su amoroso Beta había que sumarle el hecho de que Chimmy, su Omega, estaba casi ausente, cada vez lo sentía más lejano y nada comunicativo, se había dormido en un pequeño lugar, acurrucado y carente de toda actividad, no quería despertar por más que Jimin lo intentara. Si a esto le sumaba que la marca de apareamiento estaba desapareciendo y apenas quedaba muestra de ella, fue cada día más difícil continuar.
Jimin le imploraba a la Diosa Luna que le infundiera resistencia y le diera un solo motivo para seguir con su patética vida.
Armándose de las fuerzas de las que carecía, decidió que era el momento de enfrentarse con ese frío y solitario lugar, la tumba que abrazaba el inerte cuerpo, donde yacía su único amor.
Terminó de colocarse sus botas, se puso el abrigo, la bufanda y los guantes, cogió las llaves del auto, miró el ramo de flores, y con un ahogado suspiro, salió del apartamento para ir al garaje donde estaba aparcado el elegante coche negro, que tanto le gustaba a Jackson. Todo le recordaba a él.
Condujo por las calles absorto en sus pensamientos, la segunda navidad sin abrazos ni caricias, sin calor de hogar, solo una helada y espaciosa cama sin nadie con quien compartir.
Las calles de Busan se vestían de fiesta con sus luces y adornos navideños, los árboles ahora desnudos, sin hojas, tenían tintes de colores.
Y se respiraba la felicidad ajena, por el anticipo de las celebraciones familiares.
Llegó en poco más de 20 minutos a su destino, el cementerio estaba vacío, al abrir la verja, sintió un escalofrío, como preámbulo de que algo iba a suceder.
En sus pálidas mejillas un azote de viento gélido, lo hizo consciente de las lágrimas que había derramado y se acumulaban en su barbilla, se limpió con el guante que enfundaba su mano izquierda, en la derecha, llevaba las flores preferidas de Jackson, los girasoles con los que tantas veces lo había sorprendido sin motivo ni razón.
Es por este y muchos otros pequeños detalles que Jimin estaba convencido de que no encontraría nadie que pudiera ocupar ese lugar en su corazón. Porque una vez que encuentras a esa persona especial difícilmente alguien lo podría igualar y sustituir.
Caminó por los pasillos de piedra pulida, mirando con detalle las lápidas que se encontraban a su diestra, en el lado contrario se hallaba una extensa superficie de hierba bien cuidada, de cipreses y al final varias filas de nichos, algunos de ellos vacíos, esperando el momento en que un cuerpo inerte terminara con todo vestigio de lo que en algún momento fue su vida.
Mientras seguía avanzando se preguntó que historia encerraba cada uno de ellos, que tipo de vida les habría tocado vivir, ¿corta y efímera como la de su Beta? ¿O larga pero infeliz? ¿Quizá una feliz vida hasta el momento de partir incluso juntos?
Un pequeño consuelo llenó su roto corazón, pues a pesar de que a Jackson le habían arrebatado la vida en plena juventud, estaba seguro de que había sido buena y era muy amado por todos, en especial por él.
Llegó al lugar exacto, la lápida se erguía desde el suelo en mármol blanco con vetas grises, se podía leer:
Aquí descansa Jackson Wang quien fue luz y amor en vida.
Hasta que nos abrace el reencuentro.
02/02/1993 - 08/11/2023
Jimin no pudo reprimir las lágrimas, se arrodilló y sollozando habló con él como si estuviera presente.
-Mi amor, me haces tanta falta, los días pasan lentos y sin sentido, ya nada es igual desde que tú no estás. Chimmy está muy deprimido, se durmió y no quiere despertar además tu marca está desapareciendo y no estás aquí para renovarla.
Muchas veces a lo largo del día quiero reunirme contigo, no encuentro motivo para seguir viviendo sin tí.-
Mientras hablaba en voz alta emitiendo hipidos y sus lágrimas resbalaban sin cesar, sintió como Chimmy despertaba de forma abrupta, tomando la forma de cánido salió de su interior corriendo hacia un montículo, que hasta ahora no había vislumbrado, la hierba estaba levantada y habían removido la tierra recientemente.
Jimin llamó a Chimmy, pero no le hizo caso alguno, continuo corriendo.
Se sintió totalmente confundido, sin lograr entender como Chimmy se había materializado, no le había ocurrido algo similar desde pequeño.
Solo contaba con 5 años, estaba aterrorizado, y entró en pánico, Jimin y su familia estaban en la playa, él jugaba en la orilla sin darse cuenta de que poco a poco se iba alejando más y más del lugar donde estaban acampados sus padres, el agua se lo iba tragando y no sabía nadar, hasta que Chimmy salió de él para llamar la atención de los mayores, y que pudieran a socorrerlo.
Ahora lo veía alejarse unos cuantos metros de donde él estaba todavía de rodillas, llorando amargamente, su olor a frambuesas y crema se agrió. Tampoco entendía por qué de repente sus feromonas estaban emitiendo su aroma más fuerte de lo usual.
Chimmy se paró y empezó a escarbar con sus patas delanteras y hocico frenéticamente, a la vez que gruñía; Jimin se incorporó y fue al lugar donde estaba su Omega, ¿se había vuelto loco por el dolor de la pérdida del Beta? No podía ponerse a desenterrar sin más, sin saber quien podría estar ahí, descansando en el sueño eterno del cuerpo, alguien humilde porque no tenía lápida alguna, ni inscripción, solo un hueco en el suelo.
Jimin intento sujetar a su Omega de forma infructuosa, Chimmy le gruñó y siguió afanándose en rascar, hasta que finalmente llegó a la tapa de un ataúd de madera de pino, color claro.
Jimin seguía aguantando a Chimmy sin lograr detenerlo, sus brazos y piernas empezaron a temblar por lo que él suponía el esfuerzo, Chimmy seguía con insistencia, hasta que súbitamente se escuchó un leve aullido, un rasgar de uñas y unos golpes secos.
Jimin se apresuró a ayudar a su Omega, lo primero que pensó es que algún malnacido sin alma, habría podido encerrar a alguna mascota cachorro, cuando aún estaba con vida.
Cuanto más se hacía visible el ataúd, más fuerte era el sonido de rasgar en la madera.
Jimin intentando apaciguar al que se imaginaba como un indefenso animalito. Le habló.
-Tranquilo bonito, te vamos a sacar de ahí, ya estás a salvo. Te llevaré a casa y te quedarás conmigo, ya nadie te volverá a hacer daño, yo te cuidaré. -Jimin, creyó que esta era la respuesta a las plegarias que había elevado a la Diosa Luna.
Una mascota estaría bien para ayudarle a superar su duelo. Sus feromonas ahora se habían dulcificado y exudaban más fuerte de lo habitual, seguro era por la emoción, se dijo mentalmente.
La tapa estaba sellada con clavos, Jimin al darse cuenta, le dijo a Chimmy que cuidara del pequeño mientras iba por la caja de herramientas que siempre llevaba en el maletero del coche, por si se fundía una bombilla o tenía un pinchazo en la rueda, corrió y corrió hasta quedarse sin aliento, tras apenas cuatro minutos había regresado y estaba haciendo palanca con todas sus fuerzas para poder liberar a su nueva mascota.
Finalmente la lámina que cubría el cajón cedió y pudo levantarla, dejando ver en su interior el cuerpo agonizante de un gran ejemplar de Lobo.
Jimin por el sorprendente hallazgo y por la fuerza del impacto al sacar la tapa, cayó de culo con la boca abierta.
Observó el gran cuerpo casi sin vida, cubierto por un manto de hermoso pelo negro profundo, ahora muy deteriorado y desaliñado, tenía, zonas donde había sido arrancado, varios cortes, unos más profundos que otros con sangre pegada, un par de uñas rotas y las almohadillas de las patas traseras agrietadas. Sus párpados aún cerrados.
Jimin se incorporó para asegurarse si aún existía algún signo de fuerza vital en él, le tomo el pulso y comprobó si aún respiraba. Un fuerte olor a acónito invadió sus fosas nasales. Este lobo había sido envenenado y torturado. Todavía habitaba en él un hilo de vida, su pulso era débil y su respiración escasa.
Sin saber muy bien que hacer, intento incorporarlo pero no iba a poder sin ayuda, le ordeno a Chimmy que volviera a su lugar, y con tono suave y preocupado le habló al Lobo.
-¿Hola? ¿Puedes hacer algún tipo de esfuerzo para que podamos sacarte? -
El animal escucho la voz en medio de su semiinconsciencia, e intentó abrir los ojos, dejando ver sus doradas pupilas sin brillo alguno, opaca. Hizo ademán de mover las patas y sintió como ese ser rubio de presencia angelical, las tenía entre sus manos. Había muerto y estaba en el cielo, seguro eso era lo que había ocurrido, creyó.
Jimin le acarició el cuello y el pecho, y tiró de las patas delanteras para sacarlo, tendría que llevarlo a rastras porque dado su gran tamaño no podía cargarlo.
La situación era un poco diferente a lo que había imaginado, pero de ninguna manera lo abandonaría allí a su suerte, hasta que se extinguiera la poca vida que le quedaba.
En ese momento los copos de nieve hicieron acto de presencia, los blancos cristales de geométricas formas cubriéndolos en el recorrido hasta el auto. Jimin miró al lobo a los ojos, él también lo estaba mirando, sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo, lo achacó a la fría nieve. Ambas miradas se conectaron y Chimmy dió un brinco.
-¿Qué demonios había sido eso?-Algo había alterado no de buena manera a su Omega.