CAPÍTULO UNO
ABRIL
"Mantén el control"
"Tú puedes con esto"
Me digo a mi misma viendo como un vejestorio con más dinero en la cuenta que vida en el cuerpo, me devora con la mirada. La repulsión me sube por la garganta y mi subconsciente me dice que una patada en sus huevos no le vendría nada mal. Pero no puedo. No quiero que me despidan, lo más seguro es que acabe tirada en la calle sin donde caer muerta y no puedo permitirme eso, no puedo dejar a mi hermana sola.
Así que dibujo una sonrisa en mi cara, balanceo mis caderas tragándome las ganas de mandarle al infierno.
— ¿Un whisky?— le pregunto con una sonrisa forzada
— Sí, un whisky— responde con voz pastosa y una sonrisa desagradable— Déjalo ahí, nena.
Me acerca el vaso, mirándome a los ojos fijamente, tiene unos ojos grises llenos de vacío, se me eriza la piel y aparto la mirada, pongo el hielo en el vaso y empiezo a llenarle, mi mano por una fracción tiembla; lo noto, lo controlo. Le acerco el trago con la punta de los dedos y me estremezco cuando sus dedos rozan los míos al tomar el vaso. Ese roce, en un hombre poderoso y apestado de dinero solo tiene un significado: posesión.
Me mantengo alerta.
— Gracias cariño— dice alargando la mano con un billete de cien. Orgulloso de tener dinero... a saber a qué costo.
Le quitó el billete con desagrado y una sonrisa llena de hipocresía y en el gesto me encuentro con algo más: un anillo grueso, dorado con un emblema que no consigo identificar pero me pone la piel de gallina y se me hace un nudo en la garganta.
Mi compañero de barra me hace una señal— un aviso— y yo asiento, no necesito que me digan nada, aquí las señales se leen sin palabras.
Me vuelvo hacia él, con el cambio en la mano y me obligo a sonreír otra vez, y me repito el mismo mantra de todas las noches "Mantén el control". Pero ahora solo me viene a la mente ese anillo, ese emblema, algo en el estómago me dice que me va a dar problemas y después de esta noche todo se va a complicar.
El ruido, las luces, las miradas... todo seguía girando cuando me quité este "uniforme" —si es que se puede llamar así a algo que tapa lo justo — y salí por la puerta trasera.
Ahora, el silencio de mi apartamento me resulta ensordecedor.
Dejo las llaves sobre la mesa y me dejo caer en el sofá. Mi cabeza da vueltas y mis manos siguen oliendo a tabaco y alcohol, y por alguna razón que no puedo explicar mi mente vuelve una y otra vez a ese anillo.
No sé quién es ese hombre, pero estoy segura de que no es un cliente normal.
Me levanto y me dirijo a la habitación de Sophie, mi hermana,tiene tan solo cuatro años menos, pero para mí sigue siendo mi pequeña, y ahí la veo dormida. Su respiración es lo único que mantiene cuerda. A veces pienso que si no fuera por ella habría dejado de fingir hace mucho tiempo.
Me quedo observando nuestra foto familiar recordando cuando éramos felices cuando todo era más sencillo, con nuestros padres, en la foto ella sale con diez años y yo tenía catorce, mis padres sonríen y nosotras en medio con una sonrisa de oreja a oreja porque por fin nos habían dejado tener un gatito.Una lágrima se me escapa al pensar en lo felices qué fuimos... y en lo jodidas que estamos ahora.
Sé que tengo que ser fuerte por ella, el accidente nos dolió a ambas, pero me tocó aprender a seguir caminando incluso cuando todo dentro de mí se quería rendir.
***
Me despierto oliendo a tortitas y escucho como mi tripa ruge. Anoche olvidé cenar; ni siquiera tenía apetito,pero Sophie hace unas tortitas para chuparse los dedos, así que como una ratona detrás de un trozo queso me levanto dirección a la cocina.
El sonido de la cafetera me recibe antes que su voz. Sophie está de espaldas, con el pelo negro azabache como el mío recogido en un moño desordenado con algunos mechones ondulados sueltos y con una vieja camiseta de mamá.
— Buenos días dormilona— dice poniendo la masa de tortitas en la sartén con la naturalidad de haberlo hecho mil veces.
— Buenos días— respondo frotándome los ojos todavía del sueño— ¿A qué hora te has levantado?
— Hace un rato. Me aburría y te escuché llegar tarde, otra vez.— se gira y me mira con una sonrisa intentando hacer sonar despreocupada pero la conozco, veo ese brillo en sus ojos
—Ya sabes cómo es en el bar, hay noches que parece que no acaba nunca.
Deja una torre de tortitas en medio de la mesa, la verdad que huele muy bien y la tripa me vuelve a rugir.
— Pues al menos come algo que pareces un zombie— dice riéndose
— "Zombie"— respondo riéndome mientras me lleno el plato con tortitas y un montón de sirope
—Prefiero "cansada con estilo".
—Claroo, si tú lo dices— responde irónica y con una carcajada — el estilo te lo veo, pero lo cansada también.
Su risa me alivia, es lo que necesito en estos momentos. La veo moverse por la cocina y por un instante todo parece normal.
— Hoy no me esperes para comer— dice llevándose una tortita a la boca.— Tengo clases de baile, después de la uni.
—Ahh por cierto — añade con la boca llena de tortita —Yo cocino y tú limpias. Besos, hermanita.
Sale corriendo de la cocina antes de que la pueda responder.
Me río sola, negando con la cabeza. Esa es Sophie: caótica, alegre y aunque a veces me saque de quicio no sé qué haría sin ella.
Mientras me río sola me pongo mis cascos, mi playlist y me dispongo a recoger el desastre que ha hecho en la cocina, no tardo mucho hasta que subo y me quito el pijama, me veo en el espejo y observo mi cara.
Tenía razón; se me nota tanto el cansancio, tengo más ojeras que ojos, mis pecas parecen manchas, y mi flequillo parece una escoba, cualquiera que me vea pensaría que no he dormido en semanas.
Preparo un baño relajante, me pongo velas, necesito relajarme, necesito tiempo para mi, sino acabaré en la mierda. Al menos quiero sentirme bien conmigo, Sophie siempre está perfecta, coqueta arreglada, le encanta cuidarse, a veces me gustaría ser más atrevida como ella, yo pienso que no hace falta arreglarse tanto para los demás, pero viéndome ahora quizás verse bien para uno mismo no está mal.
Y ahora mismo, yo me veo como el puto culo.
Así que introduzco el pie en el agua bien caliente de la bañera y poco a poco me voy relajando, notando como todos mis problemas se esfuman.
No sé cuánto tiempo pasa, pierdo la noción del tiempo...y cuando miro la hora, mierda, llegaré tarde a comer con Rachel mi compañera y mejor amiga. Como Sophie no suele comer conmigo aprovecho para verla fuera del trabajo.
Así que me dispongo a salir de la ducha, peino y seco mi dichosa melena, no sé en qué momento nací con tanto pelo y tan largo; un día de estos me lo corto. Pero que divino queda cuando está bien cuidado. Me aplico mis cremas, me plancho el pelo, me arreglo el flequillo y decido tapar mis ojeras aun que dejaré mis pecas visibles no quiero tener mil kilos de maquillaje en la cara... eso sí, el rímel que no falte.
Me pongo mis pantalones favoritos y una camisa blanca pegada, las combino con mis convers y me pongo mi chaqueta y salgo en busca de Rachel.
Salgo a la calle y el aire frío me golpea la cara, espero no llegar tarde y que Rachel ya haya pedido la comida; no soportaría comer sushi otra vez... la última vez acabé toda la noche potando. Camino rápido, rezando a los dioses por encontrar a Rachel todavía tomando algo, hasta que la veo con una sonrisa y la mano levantada saludándome desde la mesa.
—¡Hey!— grito acercándome a la mesa
—Pensé que te habías perdido— responde poniendo los ojos en blanco— Me alegro mucho de verte— me abraza muy fuerte
Me río acomodando mi flequillo rebelde y empezamos a ponernos al día, yo la ruego por no pedir sushi y al final acabamos pidiendo lo de siempre: pasta. ¿A quien no le gusta la pasta? Un buen ravioli... se me hace la boca agua de solo pensarlo
Con ella siento que la tensión de la mañana va desapareciendo y los problemas que parecen imposibles empiezan a tener solución.
— ¿Sabes que?— me dice con una sonrisa pícara y ya se a que se refiere— Tenemos que planear algo este finde semana. Hay que salir de fiesta, yo lo veo y tú lo ves ¿Qué me dices Abril?—
Asiento, sonriendo, por un momento todo parece perfecto. Solo nosotras, unos raviolis, unas risas y todo el mundo de fuera puede esperar.
Salimos del restaurante y damos un paseo hasta que nos toca entrar al trabajo, hoy estamos juntas así que, se me hará la jornada más rápida. Entramos en Costa D'Oro el club en el que trabajo, soy una simple camarera pero ahí puedes ver de todo, no es un puticlub eso está claro, es algo más pijo, pero igual me tengo q vestir con ropa un poco corta.
Entramos en el vestuario y tenemos colgados nuestros "uniformes", que se basa en un vestido corto apretado negro con un escote en V, una vez puesto me hago una coleta alta apretada, me maquillo más, no me gusta pero así me aseguro de que no me reconozcan tanto.
Me giro y veo a Rachel, se ha rizado su pelo corto rojo y está divina.
Nos miramos cómplices antes de salir a soportar una noche más.