SIBLINGS

All Rights Reserved ©

Summary

Dakota siempre ha sido la figura "materna" de Kurt. Pero el hermano al que conocía a cambiado. Ya no es el niño dulce que la necesitaba, ahora es frío, distante, imposible de leer. Lo que no sabe es que, bajo esa fachada, Kurt guarda un sentimiento peligroso que amenaza con destruir todo lo que han sido. En Hermanos, nada es lo que parece. Una historia de vínculos rotos, secretos no dichos y una línea que jamás debió cruzarse. ¿Hasta dónde puede llegar el amor cuando el pasado lo justifica todo… menos el deseo?

Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Desde que tenía seis años, mi rutina siempre ha sido la misma: levantarme temprano, asearme, vestirme, ayudar a mi hermano con su ropa, preparar nuestras mochilas y asistir a mi padre con el desayuno, ya que nunca ha sido bueno en la cocina. Sin embargo, con el tiempo algunas cosas cambiaron: dejé de ayudar a mi hermano y empecé a preparar el desayuno sola.

Todavía recuerdo con nostalgia todo lo que tuvimos que pasar mi padre, mi hermano y yo desde que mi madre falleció de cáncer de mama. Aún recuerdo cuando ella intentó enseñarme a hacer todas las tareas del hogar con tan solo cinco años y medio, siempre acompañada de su frase: “Al equipo familiar le va a faltar un integrante y alguien va a tener que ayudar con sus tareas”. Cada vez que le preguntaba a dónde se iba a ir, me decía: “Mi cuerpo descansará en la madre tierra y mi espíritu será libre; volará al cielo con Dios y nuestros ancestros, y allí tú no podrás ir”. El concepto de la muerte era muy confuso para mí, pero mi madre, con palabras simples, mientras estábamos en el jardín plantando flores, me hizo entender que nunca más la volvería a ver. Seguían apareciendo en mi memoria los momentos que pasé con mi mamá: cuando cantaba, cuando me hacía reír, cuando me abrazaba cada vez que estaba triste, e incluso cuando me regañaba por hacer travesuras con otros niños. Hoy es el aniversario de su muerte, y como cada año, me dedico a preparar su desayuno favorito: un bowl lleno de frutos rojos con un poco de yogur natural, pan casero tostado con palta, tocino crujiente y un té de menta. Todo esto para recordar su pasión por la cocina. Mi papá, quien siempre fue su mejor comensal, sigue diciendo que las comidas de mi mamá eran deliciosas… pero extrañas. ¡Ja, ja, ja!

Con el desayuno listo sobre la barra de la cocina, me dirijo a la escalera para llamar a Kurt. Pero antes de que pueda siquiera pisar el primer escalón, lo veo bajar. Está arreglado, incluso con el cabello recogido en una trenza. Al parecer, recordó que hoy es el aniversario de mamá y que visitaremos su tumba en familia. Es extraño, porque todos los años soy yo quien se lo recuerda. Emocionada, le comento cómo me siento.

—¡Hey! Te acordaste de que hoy es el aniversario de mamá. Qué feliz estoy —me acerco a él para darle un abrazo, pero me detiene con brusquedad, colocando sus manos en mis brazos, y me mira extrañado.

—¿Qué? ¿Era eso hoy? —su voz y su expresión indican que no está bromeando. Otro año más, ha olvidado a nuestra madre.

—Sí, así es, Kurt —le respondo con un tono serio, entre la tristeza y el enojo.

Sin decir nada, suelta mis brazos y camina hacia la cocina. Lo sigo, esperando que diga algo, pero solo lo veo tomar un trozo de tocino y llevárselo a la boca. Después de tragar y limpiarse los labios con una servilleta, habla con un tono despreocupado:

—Voy a salir con mis amigos, así que no iré. Si quieres, otro día vamos juntos a dejarle las florecitas a mamá —dice, y luego toma un sorbo de té—. Bien, me voy. Les prometí a los chicos desayunar juntos.

Indignada por el comportamiento de Kurt, esta vez soy yo quien lo detiene con firmeza y me coloco delante de él, impidiéndole el paso. Respiro hondo para contener las ganas de llorar antes de hablar.

—Espera. Aunque nunca recuerdas qué día es, al menos sabes en qué mes es. Además, siempre debes pedir permiso para salir…

—Ya lo sé, Dakota. Ahora déjame pasar, por favor, que los chicos están afuera —me interrumpe, sin apartar la vista de su celular.

—No —respondo tajante.

Sin previo aviso, me toma de los hombros y me aparta bruscamente, luego cruza la puerta principal. Anonadada, me quedo mirando hacia la entrada durante unos segundos antes de reaccionar. Corro a abrirla nuevamente y grito:

—¡Kurt! ¡Vuelve a casa ahora!

Kurt ya estaba en la esquina de la calle con sus amigos. Me miró y se rió con ellos. Antes de que pudiera seguir su camino, vi llegar la patrulla de mi padre. Se estacionó, bajó y empezó a regañarlo. Observé cómo los amigos de Kurt se ponían incómodos ante la escena, hasta que uno de ellos, Kendall, se atrevió a interceder por él. Tras unos minutos, vi a mi padre hacer un gesto con la mano indicándole que se fuera. Luego subió a la patrulla y se estacionó en la entrada de nuestra casa.

Rápidamente me acerqué al vehículo mientras él bajaba, y lo empecé a interrogar.

—¿Qué le dijiste a Kurt? ¿Por qué dejaste que se fuera? Acaso… ¿tú tampoco te acuerdas qué fecha es hoy?

Mi padre solo suspiró y caminó hacia la casa sin responder. Ya en la cocina, se sentó en uno de los taburetes de la barra y por fin habló.

—Llegamos a un acuerdo. Él desayunará con sus amigos, pero después irá con ellos a visitar la tumba de tu madre, a las diez, a la misma hora que nosotros. Así estaremos todos juntos —hizo una breve pausa, se levantó y me abrazó con mucho cariño—. Así que no te preocupes, mi pequeña Dakota.




Estamos frente a la lápida de mi madre y Kurt no se veía por ninguna parte. Al parecer, no iba a cumplir con su acuerdo. Por eso, dejé de buscarlo y me arrodillé para empezar a retirar las hojas de otoño que cubrían la lápida. Con un trapo húmedo, la limpié. Como cada año, repasé su hermoso nombre con pintura blanca y dibujé plumas y flores a su alrededor. Una vez terminado, volví a observar el nombre de mi mamá: Lakota Dowanhowee Moore. Nunca le pregunté qué significaban su nombre o el segundo nombre de Kurt o mi nombre. No sé si mi papá lo sabrá. Lo miré, y él rápidamente notó mi duda.

—¿Deseas preguntarme algo, Dakota? —preguntó con calma, acuclillándose a mi lado.

—Sí. ¿Sabes qué significan los nombres de mamá, el de Kurt y el mío?

Antes de que pudiera responder, lo empujé suavemente, provocando que perdiera el equilibrio y cayera sentado. Mi papá solo rió, mostrando sus dientes algo amarillos por el cigarro. Pensé: “qué rápido pasa el tiempo”. Yo también me senté a su lado, buscando estar más cómoda. Luego de reír, se acomodó mejor y me ofreció su hombro para apoyarme.

—El primer nombre de tu madre y el tuyo significan lo mismo: “amiga”. Solo cambia la primera letra. Yo quería que te llamaras igual que ella, pero a ella no le gustaba la idea. Me dio una razón y dijo: “Ay querido Oliver, no quiero que ella y yo nos confundamos cuando nos llamen. ¿Qué tal si le ponemos Dakota? Significa lo mismo, solo que es de otra tribu”. Y tenía razón, aunque igual te confundías cuando la llamaban —rió de nuevo, suspiró y continuó—. El segundo nombre de tu madre significa “voz cantante”, y el de tu hermano, “búfalo” o “toro”.

—El segundo nombre de mamá le venía muy bien, ¿verdad? Tenía una voz hermosa.

—Sí. Su voz era melodiosa como la de un ángel.

—Papá, ¿cómo era mamá cuando la conociste?

No me respondió. Levanté la cabeza de su hombro para ver si me había escuchado y lo vi con la mirada fija en el nombre de mamá, con una sonrisa enorme, como si recordara cada momento que pasó a su lado. Iba a hablarle otra vez, pero antes de que lo hiciera, me miró con esa misma sonrisa y respondió:

—Era grandiosa… Hermosa, valiente, de carácter fuerte, pero muy amable y siempre consciente de sus acciones. Nunca persiguió ni le rogó a nadie. Sin embargo, también tenía un lado tímido y temeroso. Siempre intentaba ocultarlo, incluso el día que nos conocimos. Ese día trató de disimular que estaba perdida. Fue bastante divertido…

Antes de que pudiera seguir contando su historia, una voz muy reconocible para mí interrumpió.

—Mmm... No quisiera interrumpir este momento tan lindo entre padre e hija, pero me gustaría que me dieran permiso, por favor, para colocar las flores y pintar mi parte del trabajo de todos los años —dijo con un tono sarcástico o burlón, mientras se acuclillaba y se colocaba entre mi padre y yo.

Al notar a papá visiblemente irritado por la actitud de Kurt, me levanté de inmediato y le tomé el brazo para que hiciera lo mismo. Empecé a hacerle preguntas sobre qué le gustaría cenar y si quería que hiciéramos un mini spa en su habitación antes de dormir. Él aceptó con gusto, y pronto olvidó que Kurt se había vuelto a comportar tan mal.

Cuando Kurt terminó de repintar los caballos en la base de la lápida de mamá, se incorporó, me entregó las pinturas y dijo:

—Mis amigos me están esperando afuera del cementerio, así que nos vemos más tarde.

Sin dar un abrazo ni mostrar ningún tipo de afecto, simplemente se fue, dejando a papá y a mí atónitos por lo mucho que había cambiado en tan poco tiempo.

Este día ha sido más triste que feliz. Por eso, le pedí a mi padre que volviéramos a casa; él necesitaba descansar y yo, mentalmente, no podía más.

Cuando llegamos, le dije que tomaría una siesta. Él me abrazó con mucho cariño y me dio un beso en la frente, diciendo:

—Descansa, mi pequeña Dakota.

—Gracias, papá... eso espero —le respondí, desanimada.

Subí las escaleras, caminé hasta mi habitación, entré y lo primero que vi fue a mi gato Tom, profundamente dormido sobre mi cama. Sonreí al verlo tan plácido, y sin pensarlo me acosté a su lado, buscando su calor. Entonces comencé a hablarle, como si fuera mi confidente.

—Tom... hoy decidí que voy a tratar de ser como mamá: valiente, con carácter fuerte, y que no perseguiré ni le rogaré a nadie nunca más. En especial a Kurt. Él tendrá que aprender a hacer las cosas solo.