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Soy un Alfa en una familia repleto de omegas y betas, los únicos Alfas somos mi padre y yo. Tengo dos herman@s Omegas y dos betas. Por lo tanto, la fe de mis padres está puesta en mí, dicen que tengo que casarme con un lindo Omega de una buena familia, ya que necesito un heredero. Aunque mis hermanos Omegas también pueden tener hijos, la tradición dicta que lo más adecuado es que ese hijo descienda directamente de un Alfa, y eso se ha normalizado en casi todas las familias que conocemos.
Cómo hijo mayor y único Alfa, todos estaban esperando por mí, ya era momento de casarme, tenía la edad suficiente para eso, sin embargo estaba más metido en mi trabajo y no encontraba a un Omega que me llame la atención.
Mis padres no se mostraban con desesperación ya que manejaba muy bien el Bufete de abogados, que es el negocio familiar, yo era el que más destacaba como abogado, los casos que llevaba siempre salían más que bien, por lo tanto mis padres no me apuraban más, porque veían que me esforzaba en hacer todo bien y casi no tenía tiempo para buscar una pareja.
Por otro lado, mi hermana Omega, la mayor de los tres menores, ya estaba comprometida. Llevaba una relación que muchos admiraban: estable, amorosa y llena de comprensión mutua. Su pareja era un Alfa también, un hombre de carácter fuerte pero de corazón gentil. Entre los dos formaban una de esas parejas que dan gusto ver, de las que todos dicen: "así quiero ser yo con alguien algún día". Era, sin lugar a dudas, una relación envidiable en el mejor sentido de la palabra.
En cuanto a mis otros tres hermanos, aún eran jóvenes, demasiado para pensar en compromisos o relaciones serias. Seguían sus estudios de manera regular. Uno de ellos acababa de entrar a la universidad, con toda la emoción y el miedo que eso conlleva, mientras que los otros dos aún estaban en secundaria, preocupados más por exámenes, tareas y amigos que por cualquier idea de formar una familia.
El orden de mis hermanos y yo, es así: 25, 22, 17, 14 y 12. Apesar de mi edad y la de mis hermanos, mis padres aún eran muy jóvenes, tal vez se debía a la buena alimentación u otra cosa por el estilo.
Siempre que salía con mi padre Alfa, nos confundían con ser hermanos y muy pocas personas creían que éramos padre e hijo. Cosa que ponía a mí padre muy orgulloso de si mismo, por cómo había llevado su vida, y no es que tuviera unos cincuenta años, pero para sus 45 años se veía demasiado joven y eso era lo que confundía a las personas.
Hace una semana me encargaron un caso, el cual llevaría a caso con un Detective el cual no conozco. Hemos estado manejando el caso vía llamadas, no tenía idea que o quién era, pero su voz me relajaba cuando me sentía perdido y sin salida, y creo que el también se sentía relajado conmigo, apesar que no nos conocíamos.
Durante esa semana que estuvimos hablando sobre nuestro trabajo, también nos desviabamos de tema para hablar sobre nosotros, pero nunca nos preguntamos nuestro género, es como si no nos importara.
Finalmente, el día de nuestro encuentro llegó. Salí de casa con una sonrisa más amplia de lo normal. Estaba emocionado por conocerlo en persona. Íbamos a reunirnos para investigar más a fondo algunos aspectos del caso que no teníamos completamente claros. Al llegar al punto acordado, mis ojos se encontraron con una figura masculina casi tan alta como yo. Tal vez le sacaba uno o dos centímetros, pero la diferencia era mínima. Su cabello era corto, de un negro intenso, y su cuerpo mostraba una musculatura bien trabajada. No había delicadeza en su porte, sino firmeza. Al instante, me acerqué a él y, al hacerlo, me envolvió un aroma intenso a cacao amargo. Ese olor característico me hizo entender de inmediato que no estaba frente a un Omega como había creído en mis fantasías, sino frente a un Alfa. Me sorprendió lo mucho que me decepcionó ese descubrimiento, aunque no tenía razón para sentirlo. Sin embargo, no dejé que se notara. Mantuve la compostura y me acerqué con normalidad, recordándome a mí mismo que estábamos allí por trabajo y nada más.
Le hablé con cortesía, y él volteó a mirarme. Su rostro no mostró sorpresa ni desilusión. Al contrario, me observó con una tranquilidad que me hizo pensar que quizá el vínculo que yo había sentido en las llamadas no era tan mutuo como había creído. Tal vez esa dulzura en su voz era simplemente parte de su personalidad. Aun así, no podía evitar sentir algo extraño en el pecho.
—Es un gusto conocerle en persona, detective Pavel _dije, extendiendo mi mano hacia él.
Él tomó mi mano con una suavidad inesperada, y me sonrió. No pude evitar notar lo guapo que era. Su sonrisa tenía algo cálido, genuino... algo que no muchos Alfas suelen mostrar con facilidad. Era una sonrisa que abrazaba.
—El gusto es mío, señor abogado... Y bien, supongo que quiere empezar con lo que tenemos pendiente.
—Sí, correcto. Me gustaría que me explicara con más detalle lo que vinimos a hacer _respondí, adoptando de nuevo mi tono profesional.
—Por supuesto. Su cliente me ha dado información clave sobre el caso, y me ha parecido justo que viniera, ya que ayudaría mucho a ganar el juicio si se entienden a fondo todos los detalles.
El detective me relató todo con precisión quirúrgica, sin dejar escapar ni el más mínimo dato. Yo lo escuché con total atención, anotando lo que me parecía esencial para el juicio. Una vez terminamos, nos dirigimos al lugar de los hechos para analizar el entorno y buscar algo que pudiera haber sido pasado por alto.
Pasaron horas. Caminamos, revisamos, preguntamos, observamos. Al final, hallamos algunos elementos interesantes que podrían inclinar la balanza a nuestro favor en el juicio. Cansados, sedientos y sudados, decidimos hacer una pausa y entrar en un café cercano para refrescarnos.
—¿No tendremos que ir a otro lugar después? _pregunté, evitando mirarlo directamente a los ojos.
—No, estamos bien con la información que reunimos hoy _respondió tranquilo.
—De acuerdo. Imagino que ahora podemos volver a casa, ¿no?
—Sí, ya podemos volver... ¿Vives cerca de aquí?
Me miró con intensidad, como si le importara más de lo que admitía. Yo, por alguna razón, evité su mirada.
—No muy cerca. Queda como a media hora de aquí. ¿Y tú?
—Vivo a dos calles a la derecha de la universidad, la que está justo frente a la comisaría.
Me sorprendí al escuchar eso. Vivíamos cerca, y sin embargo, nunca lo había visto antes.
–Vivimos cerca... Yo estoy justo a una calle a la izquierda. ¿Has ido a vivir allá recientemente?
Así es. Apenas llevo un mes viviendo allá _respondió con esa sonrisa suya, tan cálida y serena.
—Ya veo. Con razón nunca te había visto por allí _comenté, y él asintió con la cabeza_ Bueno, vamos ya. ¿Viniste en auto?
Negó con la cabeza.
—Lo dejé en el mecánico, tiene un pequeño problema.
—Ya veo... Yo te llevo entonces.
Salimos del café en silencio, pero no un silencio incómodo. Caminamos juntos hasta donde estaba parqueado mi auto, subimos y, sin necesidad de decir nada más, partimos rumbo a casa.
Holiii, me ha sucedido algo horrible, mi cuenta de Wattpad ha sido eliminada y ahora no sé si volver a publicar historias en Wattpad, 😔 tenia tantas vistas en mis historias... En fin a empezar de cero.