Chapter 1
Pov Pooh:
Mi nombre es Pooh. Sí, tal como suena, y aunque para algunos pueda parecer raro o incluso gracioso, en mi familia no lo es. De hecho, somos tres quienes compartimos el mismo nombre. Algo bastante curioso, lo sé, pero así son las cosas en esta familia tan peculiar. Según contaban mis padres, específicamente mi papá Pooh, fue mi otro padre, Pavel, quien tuvo la idea de cambiarnos los nombres originales por el suyo. ¿La razón? Porque cuando mi hermano gemelo y yo éramos pequeños, nos parecíamos increíblemente a él. La semejanza era tan impresionante que parecía que éramos una copia exacta de su versión infantil, al punto que cualquier persona que nos viera de niños podría confundirnos. Sin embargo, con el paso del tiempo ese parecido se fue desvaneciendo poco a poco.
Mi gemelo y yo fuimos los primeros enigmas del mundo, o al menos eso es lo que nos han contado desde pequeños nuestros padres. Hasta ahora, no se ha registrado la existencia de otros como nosotros, lo cual nos hace aún más únicos. Nuestra existencia fue posible gracias a un hecho que en la época de nuestros padres era tanto mal visto como altamente discriminado: fuimos concebidos por dos Alfas. Algo que rompía todas las normas sociales, algo que sacudía por completo las estructuras tradicionales del mundo tal y como se conocía. En ese entonces, una pareja Alfa-Alfa era sinónimo de escándalo, de rechazo, de insultos, y en algunos casos, de exilio social. Sin embargo, gracias a su valentía, a su amor, y a las decisiones que tomaron sin mirar atrás, la sociedad comenzó a cambiar. Poco a poco, con el paso de los años, la gente empezó a abrir su mente, a aceptar lo que antes consideraban aberración, y con esa aceptación crecimos nosotros: los enigmas. Una nueva evolución, una nueva posibilidad dentro de la dinámica social.
Pero ya esa parte de la historia es conocida por muchos, muy pocos no lo conocían, pero en la ciudad que nacimos, todos lo saben. Se ha contado una y otra vez, ha sido estudiada, comentada, incluso adaptada a documentales y reportajes. Ahora es momento de pasar la página y abrir paso a mi generación, la historia de mi vida, la historia de lo que está por comenzar.
Hace apenas una semana, mis padres decidieron que debíamos mudarnos al otro lado de la ciudad. Algo que, por supuesto, alteró por completo la rutina y la dinámica que teníamos. Esa decisión trajo consigo un cambio importante: el cambio de escuela. Tanto mi hermano gemelo, como nuestro hermano menor y yo, fuimos matriculados en un nuevo instituto. Y aunque en casa parecía una nueva aventura, para mí, el primer día fue un completo desastre, como si estuviera viviendo el mismísimo infierno en la Tierra. No conocía a nadie, no tenía idea de cómo orientarme, y además, fuera de casa, mis hermanos y yo éramos como desconocidos. Cada quien tomó su rumbo por separado, sin siquiera decirnos "buena suerte".
En medio de mi confusión, con una mezcla de incomodidad y soledad encima, un Alfa se me acercó. Era increíblemente guapo, con una presencia serena que imponía sin necesidad de alzar la voz. Al principio creí que solo pasaría de largo, como el resto de los estudiantes, pero no. Se detuvo frente a mí, me miró directamente a los ojos y me habló con un tono suave, cálido, casi encantador.
—Hola, estás perdido? _preguntó con amabilidad.
—Sí... no sé dónde encontrar el aula 2-09, _respondí, casi aliviado por tener a alguien que por lo menos mostrara interés en ayudarme.
—Vamos juntos. Yo soy de esa misma aula, _dijo con una sonrisa, que por un segundo me dejó sin aire.
—Qué suerte... muchas gracias. _le dije con un suspiro interno que intenté disimular.
—No hay de qué. Y... ¿cómo te llamas? _me preguntó mientras caminábamos hacia el salón.
—Mi nombre es Pooh. ¿Cuál es el tuyo?
—Pavel, me llamo Pavel.
Y en ese instante, mi mente colapsó. ¿Pavel? ¿En serio? Eso tiene que tratarse del destino. No podía ser una simple coincidencia. Me reí un poco por dentro, y no pude evitar comentarlo:
—Vaya... uno de mis padres también se llama así.
—Jajaja, qué coincidencia. _se rió con suavidad_ Mi padre Alfa me puso ese nombre por el amor de su vida. Me dijo que, aunque no podía estar con él, al menos su hijo debía llevar su nombre.
—Wow... eso es muy lindo de su parte. Tu nombre tiene casi la misma historia que la mía. Lo único que cambia es que uno de mis padres Alfas quiso que llevara el nombre de mi otro padre Alfa porque me parecía mucho a él.
—Eh... ¿tienes dos padres Alfas? _preguntó con una expresión de asombro_. ¿Tú también eres Alfa? ¡OMG! ¿Cómo es posible que tengas dos padres Alfas?
—Ah... es algo complicado y difícil de creer, pero es lo que hay. Y no, no soy Alfa como ellos. Yo soy Enigma, un rango más alto que los Alfas.
—¡Genial! Es la primera vez que escucho hablar de ese género. _se detuvo frente a un aula con el letrero 2-09_. Bueno, ya llegamos.
Asentí con una sonrisa y entramos juntos, uno detrás del otro.
El resto del día fue... bueno, digamos que "tranquilo" entre comillas. En realidad no lo fue tanto, porque varios Omegas del salón no pararon de hablarme, hacerme preguntas, halagarme y coquetear. Que si era nuevo, que si era guapo, que si ya tenía pareja, que si estaba interesado en alguien... bla bla bla. Fue un asedio que me dejó agotado mentalmente. Me tenían cansado y francamente desesperado. Por otro lado, Pavel no paraba de burlarse de mí, disfrutaba cada segundo de mi incomodidad como si fuera su comedia personal.
Al terminar las clases, salí de prisa del salón. Mi hermano menor me había pedido que lo acompañara al centro comercial para comprar algo, así que fui directo a buscarlo.
Pov PooH:
Salí del infierno llamado escuela con la mochila al hombro y la paciencia al límite. Estaba en la entrada principal, esperando a mis hermanos como era costumbre, pero pronto recibí un mensaje de Pooh diciéndome que me podía adelantar, que él había llevado a nuestro hermanito al centro comercial. Así que suspiré, guardé el teléfono en el bolsillo y me dispuse a irme.
Sin embargo, cuando estaba a punto de salir del edificio, escuché que alguien me llamaba. Me giré lentamente, y ahí estaba. Un chico increíblemente hermoso, de esos que parecen sacados de una novela romántica. Pero lo primero que pensé fue: "¿Cómo demonios sabe mi nombre?". Ah, claro... seguramente es amigo de mi hermano y me ha confundido con él. No sería la primera vez.
—Ah... ¿Hola? _respondí, intentando parecer familiar_ ¿Pasó algo?
—No, solo quería preguntarte si podíamos caminar juntos a casa.
—Claro, podemos. Por cierto... ¿cuál dijiste que era tu nombre? Es que se me olvidó. _le dije mientras le observaba de reojo.
—¿Cómo se te puede olvidar si tú mismo me dijiste que mi nombre es igual al de tu padre?
—¡Ah! ¡Cierto! Pavel... perdón, me distraje. Por eso lo olvidé.
—Okayyy, vamos, andando.
Caminamos juntos por la acera, intercambiando palabras y sonrisas. El chico era encantador, su rostro parecía tallado a mano, con piel pálida, labios rosados y un aura misteriosa. Era más bajito que yo y desprendía un olor embriagador, una mezcla dulce y picante como canela mezclada con jengibre, un aroma que se impregnaba suavemente en mis sentidos. Sus feromonas eran adictivas, y por un momento pensé que quería abrazarlo solo para seguir oliéndolo.
Ya envidiaba a mi hermano por compartir aula con él. Lo vería todos los días, durante horas, mientras que yo solo tendría estos pequeños momentos si tenía suerte. Por eso, ya estaba trazando un plan en mi mente: si quería seguir viendo a ese chico... iba a tener que hacerme pasar por mi hermano.
Y eso... eso estaba decidido.