Silencioso

Summary

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Genre
Lgbtq
Author
Blstories
Status
Complete
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
18+

Primero


En una casa humilde, sencilla pero llena de esfuerzo y sacrificio, vivía una madre junto a sus dos hijos: su hijo menor, un Omega, y su hijo mayor, un Alfa. Ella era madre soltera; el padre de los niños los había abandonado hacía años, se fue con otra Omega y decidió borrarlos por completo de su vida, como si nunca hubieran existido. Desde entonces, la mujer cargó sola con toda la responsabilidad. Trabajó incansablemente, luchó día y noche para sacar adelante su pequeño negocio y, gracias a su perseverancia y a su fe, logró el éxito. Con el tiempo, pudo darles a sus hijos una vida estable, sin carencias, asegurándose de que no les faltara comida, educación ni un techo digno donde vivir. Sin embargo, por más que todo estuviera cubierto materialmente, los chicos pasaban mucho tiempo solos cuando ella no estaba en casa. Cosa que no le tranquilizaba para nada.

Desde que el menor nació, el chico mayor asumió el papel de protector. Siempre fue así. Pooh, el Alfa, se encargaba de cuidar a Pavel, el Omega, como si fuera su mayor responsabilidad en el mundo. Lo vigilaba, lo guiaba, lo defendía y se mantenía a su lado en todo momento. Esa dinámica nunca cambió, al menos no hasta que Pavel cumplió quince años y entró de lleno en la adolescencia. Fue entonces cuando algo dentro de Pooh empezó a transformarse lentamente, de una forma silenciosa y peligrosa. Ya no lo miraba solo como a su hermano menor; sus ojos se detenían más de lo debido, su atención era excesiva, distinta. Para Pooh, Pavel se convirtió en el Omega más hermoso que había conocido, alguien que ocupaba cada vez más espacio en su mente y en su corazón.

El crecimiento de Pavel, su desarrollo natural, la manera en que su presencia llenaba cualquier lugar, volvía completamente loco a Pooh. Él sabía, en el fondo, que aquello estaba mal, que esos pensamientos no debían existir, pero aun así jamás se le cruzó por la cabeza detenerse o cuestionarse seriamente sus propios impulsos. Nunca pensó que no debía hacer lo que hizo con Pavel cuando este alcanzó una edad más madura; para Pooh, todo parecía inevitable.

Un tiempo antes de eso, cuando Pavel aún era estudiante de secundaria, la escuela organizó un viaje de una semana para los alumnos. Ese día, la madre estaba en casa y Pavel no dejaba de hablar del viaje, contando cada detalle con entusiasmo, describiendo las actividades, los lugares que visitarían y lo emocionado que estaba por compartir con sus amigos. Mientras él hablaba lleno de ilusión, Pooh permanecía serio, con el ceño fruncido, incapaz de ocultar su molestia. La idea de que Pavel se fuera no le agradaba en absoluto, sobre todo porque sabía que tendría que compartir habitación con otro chico, y lo más probable era que fuera un Alfa. Ese pensamiento lo irritaba profundamente.

—Mami, la voy a pasar muy bien en el viaje, estoy muy emocionado por estar con mis amigos —decía Pavel con una sonrisa amplia y una voz llena de alegría, mientras Pooh apretaba la mandíbula y la madre los observaba con ternura.

—¿Es obligatorio ir? —preguntó su hermano mayor, con una expresión claramente molesta, sin siquiera disimular su incomodidad.

—No, pero todos queremos ir, va a ser muy divertido —respondió Pavel con sinceridad.

—Pues no vas —dijo Pooh con firmeza, cortante, provocando que la madre lo mirara confundida.

—No me hagas esto, P'Pooh, llevo días emocionado por el viaje —suplicó Pavel, sintiendo cómo la ilusión comenzaba a quebrarse.

—Ya hablé, Pavel. En tu escuela hay más Alfas que Omegas y tú, como Omega, no puedes ir a ese tipo de viajes donde los maestros no tienen el control total de todos —sentenció Pooh, convencido de que tenía razón.

—No es justo. Yo sé cuidarme, sé que no debo juntarme con ellos, puedo ir —insistió Pavel, con la voz temblorosa pero decidida.

—Dígaselo usted, señora, para que él entienda que no puede ir —dijo Pooh, buscando apoyo.

—Sé que estás preocupado por él y créeme que yo lo estoy peor, porque la idea de que el este en medio de tantos Alfas, no me gusta, pero deja que tu hermanito vaya. Es muy inteligente y lo sabes, no hay manera de que no se pueda cuidar —respondió la madre con calma, confiando plenamente en su hijo menor. Pero claro, solo lo decía porque su hijo estaba emocionado por ir.

—Está bien, déjalo que vaya. A mí no me digan nada si llega a pasar algo —aceptó Pooh de mala gana. A Pavel no le importó el tono ni la advertencia; su felicidad era demasiado grande como para opacarse.

Aunque Pavel no lo demostraba abiertamente, odiaba la forma en que su hermano se comportaba con él. Esa sobreprotección exagerada, constante, asfixiante, le resultaba insoportable. Con el tiempo, esos sentimientos se fueron transformando en un resentimiento profundo, casi en odio.

Los adolescentes necesitaban salir, disfrutar con sus amigos, vivir experiencias propias, siempre y cuando todo fuera sano, y Pavel jamás hacía cosas indebidas. A pesar de su corta edad, tenía una madurez sorprendente; sabía decir que no, sabía poner límites y cuidar de sí mismo.

Por eso su madre confiaba plenamente en él y siempre decía que su Omega era muy inteligente, aunque era muy estricta cuando lo dejaba salir, hablaba de confiar en el, pero le prohíba cosas y le ponía límites a la hora de salir. Y así, Pavel empacó su ropa, cerró su maleta y se fue al viaje con una sonrisa. Pooh, en cambio, estaba que explotaba por dentro. Durante el trayecto, no dejó de enviarle innumerables mensajes, amenazándolo, advirtiéndole que si hacía algo extraño lo castigaría. Eso le dio un poco de miedo a Pavel, pero decidió bloquearlo hasta su regreso, porque no soportaría ni un minuto más las amenazas constantes de Pooh.