Continuidad Onírica

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Summary

En un continente donde la "Magícula" es la herramienta que se usa para todo, se cuenta la historia de diferentes personas que tienen la capacidad de crear relatos y de modificar el mundo utilizando sus capacidades de manejarla a su placer. Grauren Krocantus, en busca de sus padres, ira explorando este mundo donde rigen los mas fuertes, y los débiles buscan sobrevivir en el. Mucha tecnología descubierta en los sueños harán presencia y conocimientos nuevos serán transmitidos a este mundo. Grauren, en su búsqueda, tendrá sueños relacionados con un joven llamado Rafael. Ambos comparten experiencias propias a través de los sueños. ¿Has tenido un sueño donde al día siguiente, o tiempo después, sigue avanzando la historia? Quizá tu también seas parte de esta historia.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

El sufrimiento tras el ego

Grauren camina por los pasillos de la fortaleza después de haber llegado de comprar las verduras con Xeinhar. Pensaba sobre el momento en el que vio a Deinar hablar con la pareja de la carnicería. Nunca se imaginó que el gran Deinar Phoenix podría ser un hombre tan amable con otro ser humano. Siempre lo imagino alguien recto, frio y discriminador, salvo con los altos mandos, como típico elitista. Hecho sus brazos hacia atrás mientras observaba el techo. Tras pasar por la arena, hecho un vistazo a ella; el lugar donde fue entrenado para aprender a usar la magícula física en su primera fase: la azul. 

Tras volverse al pasillo mira a Deinar, que pasa frente a él. Esté le regresa una mirada fría y de desprecio. Grauren pasa por alto esto y sigue caminando. Antes de pasar por su lado, Deinar lo detiene con su brazo izquierdo. Grauren le regresa una mirada confusa, tratando de entender sus intenciones.

-Hola chico, veo que te la pasas muy bien paseando por aquí. – Dice Deinar, mientras agacha su cabeza.

-Me la paso bien, sí. ¿Hay algún problema, mi señor? – Pregunta Grauren, bajando sus brazos a los laterales.

-Quiero que olvides todo lo que viste. No entenderías por qué no debe difundirse el rumor de que me viste actuar así, así que te lo pido directamente. A menos que quieras problemas, harás caso a mi petición. –

Deinar toma la cabeza de Grauren, como si se tratara de un niño. Grauren arrebata la mano que lo sostenía con su contra palma. Deinar lo mira con sorpresa: nadie se había atrevido a tratarlo de esa forma, ni gente de mayor rango a él. Grauren lo mira directo a los ojos, tras haber hecho su acción.

- Mi señor, le pediré que por favor no trate de amenazarme. Comprendo su petición, pero no me gusta que me traten como a un niño pequeño. Se que soy joven, pero también merezco mi respeto como... -

Antes de terminar, una explosión saca a Grauren volando a la arena. Cae con las manos y los pies, deslizándose por el suelo de la arena. Deinar baja de un salto a la arena también, con unos ojos de rabia en ellos.

- Niño... no vuelvas a decirme que hacer. Mucho menos un plebeyo pobre como tú.

Grauren se levanta, y al ver que no tiene sus guantes, toma magícula y la coloca en sus manos para volverla en puños de roca.

- Señor, no es necesario llegar a esto. – Comenta Grauren mientras se coloca en posición defensiva.

- No me digas... ¡LO QUE DEBO HACER! – Deinar saca su látigo de plasma y azota el suelo donde se encuentra Grauren

Grauren salta a la derecha, dejando a su espalda el foro del presentador. Deinar intenta volver a golpearlo. Grauren activa su humo dorado y se lanza de frente, barriéndose por el suelo esquivando el ataque. Toma la mano de Deinar con fuerza para inutilizársela.

- ¿Cuál es tu maldito problema? Maldito niño mimado. –

- ¡Mi problema no es algo que te importe! – Deinar toma el otro brazo de Grauren y suelta una patada al vientre, dándole el impacto de lleno. Grauren sale disparado unos metros hacia atrás. ”Esa patada no es normal" Piensa mientras sale volando. Al caer, siente el dolor y como el aire se había escapado de sus pulmones. Deinar se acerca lentamente, mientras yace en el suelo.

- ¿Y así piensas servir a esta nación? Patético. No puedes ni salvarte a ti mismo de mí. Dudo que puedas hacer algo contra otras naciones, e inclusive las bestias que hay afuera. Eres una decepción para tu padre.

- ¡No tienes ningún derecho a mencionarlo! - Grauren se levanta de golpe, con ojos llenos de ira. manifestando su fuego dorado con gran intensidad.

Deinar sonríe con soberbia, sabiendo que su contrincante había caído en la provocación. Con un giro sutil del talón, adoptó la posición de combate. Sus brazos se acomodaron con la precisión de un artista y la arrogancia de un artista marcial.

-Cierto, olvido que no sabes usar bien la magícula. Jugare a tu bajo nivel: usando artes marciales. Ven por mí, niño de pueblo.

Grauren, con el orgullo afectado, desvaneció sus guantes de magícula de roca y dejo sus puños al desnudo. Se lanza hacia Deinar mirando un punto medio entre su rostro y su torso, abarcando brazos y cadera. En un segundo, Deinar gira su cuerpo al completo y lanza una patada elevada. Grauren reacciona y se cubre el rostro. El daño a sus antebrazos es notable cuando se torna su piel rojiza. “Ese estilo de pelea... ¡¿Es Taekwondo!?”Su idea no era incorrecta. Él había visto ya este arte marcial en otros lugares, aunque primeramente fue en un sueño.

-Así que sabes Taekwondo... - Dice Grauren aguantando el dolor de sus heridas.

-Vaya, parece que el niño de pueblo no es tan ignorante como creí. Si niño, es un arte que solo los más refinados pueden aprender. Por lo que veo, solo sabes atacar a lo bestia, como el animal que eres. Normal, sabiendo que vienes de un lugar remoto que los dioses abandonaron a su suerte. Y más aun sabiendo que trabajabas como un pobre herrero que solo usa su fuerza para forjar.

Grauren aprieta sus manos de furia. Hace una respiración profunda para calmarse, y con una mirada burlona se apunta a sí mismo.

-Al menos yo no tengo que aparentar alguien que no soy por ego, como una diva.

La mirada soberbia de Deinar desaparece, volviéndose una de ira. De alguien a quien le han golpeado en una fibra sensible.

- ¡NO ENTIENDES NADA DE MI! – Una explosión tras Deinar aparece y vuela hacia Grauren.

Deinar gira intentando dar una patada. Grauren cae de espalda, evitando el impacto. Deinar corre hacia su contrincante, mientras que Grauren se levanta y poniéndose en defensa. Una patada descendente y una patada circular baja intentan conectar con él. Esquivando ambas, Grauren contrataca dando un gancho ascendente. Deinar aprovecha, y da una patada frontal. Grauren se defiende levantando una pierna para repartir el daño en sus tres extremidades. La patada es tan fuerte que lo desequilibra y lo deja cerca de la entrada de la arena. Deinar salta e intenta de nuevo una patada descendente. Grauren se barre hacia el frente y le toma la pierna a Deinar. En su logro e intentar lanzarlo, recibe una patada en el rostro como respuesta. La patada no hizo mucho daño, pero lo lanza al suelo. Deinar cae con el cuerpo hacia adelante y deslizándose por el suelo con los pies.

Se reincorpora con gracia y vuelve a arremeter. Grauren se levanta del suelo tan rápido como pudo. Al ver a Deinar esprintar hacia él, hace lo mismo. “Apunta hacia la cara. Tengo una oportunidad”. Deinar llega con una patada voladora, que va directo al rostro. Grauren se cuela por debajo de la patada, y con la misma fuerza que viene el golpe, toma la pierna e intenta azotar a Deinar contra el suelo. Deinar usa sus manos para amortiguar la caída. Haciendo un giro brusco, lanza una patada hacia el lateral de la cabeza. Grauren lo recibe de lleno, empezando a marearse por el impacto.

Deinar, viendo que su enemigo tambaleaba, aprovecho para dar una ráfaga de patadas al torso y cabeza. Grauren, por su condición actual, no pudo esquivar. Se defendió como pudo, dejándole morados los antebrazos. Deinar al intentar ejecutar a su adversario, se precipito a una patada circular directa a la cabeza. Grauren, en su poco momento de lucidez, se agacho e imito una de las patadas de Deinar: patada circular baja. Deinar cae directo al suelo, sorprendido por ver que su rival había imitado una técnica de él. Grauren intento aprovechar el momento y dejo caer un puñetazo al vientre de Deinar. Esté se defendió con ambas manos, sosteniendo el puño que iba a dejarlo fuera de combate. “Esté maldito mocoso tiene una fuerza descomunal. Me está lastimando los tendones de los brazos” se decía Deinar a sí mismo.

Deinar intenta hacer una patada de medialuna, intentando golpear por detrás de la cabeza de Grauren. Grauren se defiende de la patada con el brazo disponible que tenía.- ¡Basta de tonterías! – Dice Grauren, entre regañadientes.

Sostiene con fuerza la pierna y la coloca en su hombro, inutilizándola. Deinar empezaba a sentir el dolor en su rodilla de la fuerza que estaban ejerciendo en ella para someterla. En un momento de desesperación, comienza a provocar una explosión de magícula en su cuerpo. Grauren se percata y salta hacia atrás, evitando la explosión. Deinar se levanta del suelo, con magícula de fuego rodeándolo. Grauren mira que su enemigo empezaba a usar magícula, así que recolecta para reformar sus guantes.

-Maldito mocoso. Te enseñare porque no debes faltarle el respeto a un Phoenix. – Dice Deinar mientras sigue recolectando magícula.

La gente empezaba acumularse en la arena por el ruido. Los apostadores comenzaron a hacer su trabajo de recolectar el dinero para las apuestas. Las apuestas iban mayormente a Deinar, mientras que para Grauren eran una cantidad contada con una mano.

Grauren corrió hacia Deinar, tratando de dar un puñetazo al vientre. En su fútil intento, recibe una patada al costado. Esta vez uso magícula de piedra para hacer una placa que lo protegiera del impacto, provocando que solo saliera lanzado. La gente a su izquierda gritaba tras ver el combate. Grauren los miro por un momento, pero al distraerse Deinar salto dando una patada circular en el aire. Grauren la detiene con ambos puños.

- ¿¡Por qué haces esto!? ¿¡Cuál es tu maldito problema conmigo!?

- ¡Mi problema es que dices que quieres ser como tu padre, cuando no has podido salvar a nadie! -

Grauren queda confuso con lo que acaba de escuchar.

- ¿¡Y a quien se supone que debo rescatar!? – Dice forcejeando aun con la pierna atrapada en sus puños.

Deinar se reincorpora con un paso hacia atrás. Sus ojos de ira se comienzan a llenar de lágrimas.

- ¡Mucha gente sufre sin que lo digan! ¡Es tu trabajo averiguar quién!

Un recuerdo fugaz viene a la mente de Deinar. Mira sus manos ensangrentadas y con moratones, frente a él está su padre con las manos con manchas de sangre. Hijo, no quiero que seas una decepción para esta familia. Eres el hijo menor, así que los errores que cometí con tus hermanos y los que ellos cometieron, no deben verse en ti. Serás el niño prodigio de esta familia.

Deinar, en un arrebato de ira, usa su otra pierna para patear de frente a Grauren. Grauren se cubre con una placa de magícula de piedra, pero el impacto es tan fuerte que logra agrietar la placa. Sus pies se aferran al suelo para no salir en el aire.

Con su cabeza viendo el suelo y entre lágrimas, camina hacia su derecha dejando a espaldas al público. Grauren camina también a la derecha, para mantener la distancia entre ambos. Una nube de magícula se alza a espaldas de Deinar. El polvo comienza a tornarse rojizo poco a poco, como una brasa.

- ¿Por qué no puedo ser libre como el resto? ¿Por qué...? ¿¡POR QUE!?

La nube explota, generando un fuego abrazador que envuelve a Deinar. A los ojos del público, era como ver una explosión común y corriente que consume a su portador, pero para Grauren, era una imagen de dolor. Un semejante a Deinar se forma, estirando su mano y con un rostro de tristeza, como si quisiera alcanzar a Grauren.

La explosión dispara a Deinar directo hacia su contrincante, sin embargo, Grauren se cubre con ambos brazos. Al llegar, Deinar intenta hacer una patada descendente. Grauren levanta su defensa para amortiguarla desde arriba, pero Deinar contrae la rodilla antes del impacto, engañándolo y abriendo la defensa de Grauren con una patada frontal a la cabeza. Tras su movimiento, gira su talón, moviendo todo su cuerpo para asestar una patada lateral. Sin defensa alguna, Grauren recibe el golpe provocando que se arquee y recibiendo una patada circular interior.

La mirada de Grauren se alza en un segundo y el dolor comienza a recorrerle toda la cabeza. Suficiente... ¡Voy a romperle la maldita pierna! En un arrebato de ira, sus nudillos se realzan como pequeñas estacas de piedra. Aprieta sus manos y dientes, mientras una mirada de furia ciega se torna en su rostro. El golpe iba directo a la rodilla de Deinar a gran velocidad, lo suficiente para destrozarla.

La puerta de la arena azota con gran fuerza y una de polvo, con dirección a los dos peleadores, se levanta con gran revuelo. Toda la gente queda sin visión del escenario mientras los murmullos ahogan los gritos de euforia de la pelea. Tras bajar el humo, una figura conocida se torna en medio de ambos luchadores: Pulktar. Con una mano, sostiene la pierna de Deinar, y con la cuchilla de su guante, detuvo el puño que tenían las estacas.

- ¿Pulktar? – Dijeron ambos al unísono.

- Aquí no es lugar pa’ sus peleas de chamacos miados. El general y yo hablaremos con ustedes más tarde. De momento, bájenle a su pedo o tendré que dislocarles sus extremidades.

Grauren deshace sus guantes por completos y relaja el cuerpo. Mientras tanto, Deinar forcejea para zafarse. En un movimiento veloz, Pulktar toma la otra pierna de Deinar y lo hace caer al suelo de espaldas, junta sus dos piernas y lo mira por encima de ellas.

-Y lo digo especialmente para ti, Deinar. Tu título no te da el beneficio de hacer tu desmadre en los cuarteles.

Deinar, con un rostro de ira y resignación, relaja las piernas para que Pulktar se las libere. Pulktar las lanza a un lado y le da la mano para ayudarlo a levantarse. Deinar acepta y se levanta. Se limpia la tierra de su ropa y le da la espalda a Grauren y Pulktar sin antes regresarle una mirada de odio a su rival. Grauren lo mira con seriedad, mientras ve como se aleja. Pulktar da una mirada seria a Grauren murmullándole ”Tenemos que hablar”.

En las estradas, Kagner comienza a disolver a los grupos que se formaron de apuestas.

- ¡Como castigo, me quedare un diez por ciento de todo lo que apostaron!

Todos en las estradas comenzaron a quejarse. Sin negarse, comenzaron a entregar el dinero a los apostadores y los apostadores a Kagner. Xeinhar y Vahionel llegaron cuando la gente apenas empezaba a salir por la puerta.

Xeinhar ayudaba a acomodar las filas para que se fueran en orden. Vahionel corrió hacia Deinar, que venía de camino.

- ¡Majestad, ¿Está herido? - Dice preocupada mientras carga con una caja de primeros auxilios en sus manos.

-Estoy bien, doctora. –

-Cualquier molestia, hágamelo saber. –

Vahionel le da una reverencia y Deinar le regresa con un gesto de respeto.

Vahionel corre hacia Grauren. Al ver los antebrazos hinchados y morados de Grauren, acelera su paso. Grauren la intenta saludar, pero al levantar el brazo, y que su adrenalina se reduce, el dolor le invade todo el cuerpo. Pulktar lo sostiene y lo ayuda a sentarse. Los lugares donde Deinar le impacto con sus patadas comienzan a palpitar y el dolor empieza a ser insoportable. Comienza a sudar frio y a jadear. Comienza a hacer ejercicios de respiración para calmar un poco el dolor y no concentrarse tanto en el dolor.

-- ¡Grauren! Muéstrame tus brazos. –

Vahionel toma uno de los brazos. La expresión de dolor en el rostro de Grauren es notable. Sus ojos se abren como platos y con la otra mano golpea con gran fuerza el suelo. Su respiración se vuelve pesada y comienza a temblar.

-Dime la verdad, Vahionel... - Dice con una voz temblorosa. - ¿Están rotos? –

Vahionel, tras analizar sus brazos, confirma que si: están rotos. Se tapa la boca, pensando en que lleva más de la mitad del tiempo de la pelea con los brazos rotos. Pulktar se percata de un pequeño detalle, que le asusta un poco, pero que a la vez le da orgullo: llevaba toda la pelea conteniéndose. A pesar del entrenamiento que tiene Deinar, Grauren ha estado más expuesto a peleas y con ello, ha adquirido mucha más experiencia de pelea. Pensaba en la posibilidad de usar magícula, donde si Deinar hubiera decidido usar su látigo de plasma quizá haya sido más equilibrada la pelea.

-Muy bien, ten esto. – Vahionel le da una tabla a Grauren para que la muerda.

Grauren, con miedo, sostiene con la boca la tabla. Vahionel aplica magícula curativa en los antebrazos y comienzan a hacer su función. El dolor del brazo comienza a nublarle la vista y sus sentidos comienzan a apagarse poco a poco.

-Aguanta un poco más. –

Poco a poco, el dolor va reduciendo. Le cuesta mantenerse firme con esfuerzo, pero lo logra. Tras unos segundos, su brazo derecho vuelve a estar funcional, aunque con dolor.

-Muy bien, vamos con el siguiente. - Vahionel se quita el sudor de la frente. Su sudoración es más por nervios que por esfuerzo. Ella sabe que el tratamiento de magícula es muy doloroso por como esta se comporta al regenerar partes del cuerpo.

-Solo... haz que el hueso este en su lugar. Ya después que sane con el tiempo. – Con duro esfuerzo, Grauren logra gesticular aún con el trozo de madera en su boca.

Vahionel asiente, y comienza el tratamiento. El dolor vuelve a ser tan intenso como el anterior. El sudor frio lo empapa y un grito ahogado sale de boca. Tras acabar el tratamiento a medias, Grauren gira su cuerpo al lateral y comienza a vomitar. Vahionel intenta auxiliarlo, pero él la detiene con la mano. Tras terminar, toma aire y escupe lo que restaba de su boca. A duras penas logra levantarse con el apoyo de Pulktar. Vahionel lo sostiene del otro brazo para llevarlo a enfermería a terminar de tratarle el brazo izquierdo.

Mientras lo recuestan en la camilla, comienzan a untarle ungüentos y algunas vendas en las heridas. Xeinhar se encuentra en la entrada, observando el estado de su compañero, mientras Vahionel busca los medicamentos. Pulktar está sentado junto a él algo preocupado, sin embargo, sabe que ha pasado por cosas peores. Tras vendarlo y entablillarle el brazo izquierdo (por seguridad), Pulktar se levanta y se dirige hacia la puerta. Antes de salir, Grauren le toma el brazo. Pulktar voltea a ver a Grauren, preguntándose si quería tener el sermón en ese momento o por algún otro motivo. Sus ojos se abrieron por completo, para después dirigir una mirada seria tras escuchar la petición de Grauren: Dígame, ¿Cómo es la familia de Deinar con él?