Prólogo
La luz dorada del amanecer empezó a colarse por las cortinas rojo carmesí de la ventana de mi habitación, abrí los ojos despacio, otro día más en el mundo de la mafia, otro día teniendo que soportar a mis hermanos.
Me incorporé en la cama, una cama doble y muy espaciosa con unas sabanas supercómodas negras.
Me puse una bata de seda negra, mis pantuflas y bajé a la cocina para desayunar, al poner un solo pie en las escaleras de caracol ya escuché las quejas de mi hermanastro mayor, Conrad, de 30 años.
En la cocina la escena era la de siempre, Conrad sentado en la isla comiendo tostadas con mantequilla y mi hermano, Sacha de 35 años, comiendo una manzana y leyendo el periódico.
𑁋Buenos días, peque𑁋 dijo Sacha sin siquiera levantar la vista del periódico, sabe lo mucho que odio ese apodo y le gusta molestarme.
𑁋No me llames así, no soy tan pequeña𑁋 respondí fingiendo indiferencia.
𑁋Para nosotros sí, tienes 21 años𑁋 dijo Conrad mordiendo una tostada.
𑁋Pero más letal que vosotros𑁋 respondí.
𑁋Eso también𑁋 dijo Conrad señalándome con su tostada medio mordida.
Me preparé un té y me senté con ellos, no me gustaba el café.
Conrad se preparó un café, pero se pasó un poco mucho de caliente.
𑁋Nastya, hermanita, te quiero mucho, y hoy tu cabello está hermoso𑁋 dijo Conrad con su tono de “necesito algo de ti y por eso te hago la pelota”.
𑁋¿Qué quieres?
𑁋Enfríame el café porfa.
Con un suspiro me levanté y fui al mesón donde Conrad tenía la taza de café, estiré mi mano y el café se enfrió, demasiado.
𑁋¡Nastya! ¡Esto está peor!𑁋 se quejó Conrad.
𑁋¿Qué quieres que haga? No controlo la temperatura del hielo, solo controlo el hielo.
𑁋¿Estamos en invierno y me harás beber un café frío?
𑁋¿Para qué me lo pedias?
Minutos después Sacha se levantó.
𑁋Nastya, ven a mi oficina después de desayunar𑁋 me dijo con su tono serio de siempre.