Extraños
—Saben que pasa aquí cuando me traicionan.—Exclamo el hombre de lentes oscuros y sombrero.
—¡Lo siento! No lo volveré a hacer...
El hombre sonrió pero a la vez soltó una risa.
—Dime... ¿Quién soy yo?
—E-eres Heisenberg...
—No lo dudes muchacho. Traigan el fierro.
—¡No! ¡Por favor! ¡Perdóneme!
—Perdóname, dices... —Heisenberg se inclinó hacia adelante, sus lentes reflejaban las luces amarillas del lugar, impidiendo ver sus ojos—. El que perdona, murió en la cruz.
Un par de hombres altos entraron arrastrando una maleta metálica.
El sonido de los seguros abriéndose retumbó en la sala silenciosa.
Adentro, el brillo del acero dejó helado al muchacho.
—No… no, por favor… —susurró, retrocediendo contra la pared.
Heisenberg chasqueó los dedos.
Uno de sus hombres sacó un arma y la dejó sobre la mesa, no apuntando, solo descansando.
—Tú tuviste una elección, chico. Yo te di confianza, te di poder… y ¿qué hiciste? Lo cambiaste todo por unas monedas sucias.
El muchacho temblaba. Sus lágrimas caían sin control.
—Elige —dijo Heisenberg, con una sonrisa torcida—. Mueres por mi mano, o por tu mano.
—Y-yo...
El muchacho con lágrimas en los ojos, agarró el arma.
Este apunto a Heisenberg y apretó el gatillo varias veces pero no salió ninguna baja.
—No soy estúpido—Le quitó el arma y cambio de cargador.—¡Adiós!
*¡BANG!*
El cuerpo del joven cayó, la sangre salió de su cráneo.
Observé la escena sin mostrar mucha emoción.
—Lo tiene merecido—Dijo la chica al lado mío.
—Callate, Karuizawa.
—¿Te vas a poner sentimental, Tn?—Se burlo.
—No, mañana es el cumpleaños de un amigo y quiero ver qué le puedo regalar.
Karuizawa soltó una risa ligera, casi burlona, como si la tensión de ver morir al chico fuera nada más que un chisme de pasillo.
—¿De verdad? —dijo, cruzándose de brazos—. Aquí acaba de volar un cerebro y tú estás pensando en regalitos.
La miré de reojo, con frialdad.
—Precisamente por eso sigo vivo —respondí—. Si dejo que cada muerte me afecte, terminaría igual que él.
Heisenberg, que todavía sostenía el arma caliente, giró lentamente hacia nosotros.
Sus lentes reflejaron un destello del neón que parpadeaba sobre la mesa.
—Eso me gusta de ti —dijo con voz grave—. Sabes separar el negocio de lo personal. No todos lo logran.
Karuizawa se inclinó hacia atrás en la silla, todavía con una sonrisa insolente.
—Pues si hablamos de regalos… —murmuró en tono juguetón—. Tal vez el mejor regalo para tu amigo sea seguir respirando en este mundo. No todos pueden decir lo mismo.
El ambiente se volvió más denso, aunque nadie lo admitiera en voz alta.
Afuera, el rugido lejano de un motor hizo vibrar los cristales de la ventana.
Yo suspiré, apoyando los codos sobre la mesa.
—Mañana buscaré algo. Bye...
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[Al día siguiente - Academia Seirei]
—Bien, clase. Termino el examen, lapiceros arriba.
El profesor pasó por cada carpeta recogiendo los exámenes.
Por mi parte suspiré y me estire.
—Siento que no rendí en el examen. ¿Para que estudie si al final no entendí nada?
Mire al lado, a un amigo mío. Kuze Masachika.
—No te sientas mal, Tn. Mírame a mí ni siquiera estudie y... Bueno seguro reprobare, pero al menos lo intenté.
—¿Iras a la fiesta de Kyle? Ayer quería ver si le podría dar un regalo pero no me gustó nada.
—No creo. Honestamente, lo único que quiero es llegar a mi casa, tirarme en mi cama y reflexionar sobre las decisiones que me llevaron a ser este desastre humano. Y más si el lugar queda en el distrito rojo.
—Profundo.
Mire a mí otro lado, Alisa Mikhailovna Kujou para algunos le dicen la reina de hielo.
Pero yo solo veo a una adolescente que le falta que le den como cajón que no cierra.
—¿Y tú, Alisa? —pregunté, inclinando un poco la cabeza hacia ella.
La chica giró lentamente, sus ojos azules me atravesaron como si quisiera congelar hasta el aire que respiraba.
—¿Qué de mí? —respondió con voz suave, casi indiferente.
—¿Vas a la fiesta de Kyle? —insistí, sin esperar mucho entusiasmo de su parte.
Ella parpadeó una sola vez, luego volvió la vista hacia el frente.
—No me interesan esas cosas.
Kuze sonrió de lado, acomodándose en su asiento.
—Vamos, Reina de Hielo, no seas tan amargada. Un poco de diversión no te matará.
Alisa lo miró de reojo, con ese gesto frío que a cualquiera le haría temblar las piernas.
Kuze, sin embargo, parecía disfrutar de provocarla.
—Prefiero invertir mi tiempo en algo más útil que perderlo con fiestas y ruido innecesario —dijo, ajustándose un mechón de su cabello detrás de la oreja.
Yo me reí entre dientes.
—Claro, claro, la siempre seria y perfecta Alisa. Pero bueno, cada quien con sus prioridades.
Me levanté y camine afuera del aula.
Caminó lentamente hacia la máquina expendedora
Mientras comía, observó a ambos lados del pasillo.
De repente, un chico desde un rincón apartado le hizo una señal extraña con la mano.
Tn suspiró, sabiendo exactamente lo que quería, y caminó hacia él.
—¿Tienes lo que te pedí?
—Claro—Saca un pequeño paquete envuelto en papel de su bolsillo y se lo entrega discretamente.
El chico lo tomó apresurado y lo abrió ligeramente, revelando unas pastillas.
—Sinceramente, no quiero preguntar por qué necesitas afrodisíacos y drogas en plena escuela, pero tampoco es mi problema. ¿Mi paga?
El chico sacó un fajo de billetes del bolsillo de su chaqueta, se lo entregó rápidamente y salió disparado hacia el baño, chocando con una pareja que discutía del porque Valve no sabía contar hasta 3.
Mientras caminaba de regreso hacia la zona común, vio a Kuze peleando con la máquina expendedora.
—¡Vamos, maldita máquina! ¡Le puse mis últimos 100 yenes y nada! ¡Dame mis papitas!
—Oye, no sabía que habías desarrollado una relación tan emocional con un electrodoméstico.
—¡No es gracioso, Tn! ¡Esta máquina está claramente conspirando en mi contra!
—Quizá sólo está reflejando tu vida inviertes esfuerzo y dinero, pero no obtienes nada a cambio como a las mujeres.
Kuze se quedó mirándome con la bolsa de papitas atascada a medio caer dentro de la máquina.
—¿En serio, Tn? —frunció el ceño—. ¿Tenías que pegarle justo donde más duele?
—La verdad duele, amigo. Y al parecer también las papitas. —Le di un golpecito a la máquina. Como por arte de magia, la bolsa cayó al compartimento.
Kuze abrió los ojos, como si acabara de presenciar un milagro.
—¿¡Qué demonios!? ¡El hechicero! —gritó, sacando el paquete triunfalmente.
—O tal vez solo necesitaba un empujón, como tú con tu vida amorosa.
—Vete al diablo. —murmuró, aunque con una sonrisa.
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[Más tarde - Salida]
—Tn, compadre.—Una voz se escuchó atrás mío.
—¡Kyle! ¿Como estás?
—Estoy bien. Aquí ando. ¿Iras a mi cumpleaños?
—Si. Pero, ¿En serio vives en el distrito rojo?
—Sip y Adivina qué.
—Que.
—So.
—Ah... Estás chistoso...
—Ya, fuera de joda. Logre convencer a Masha que vaya a mi fiesta.
Lo mire incrédulo.
—¿Cómo? —pregunté, levantando una ceja.
Kyle sonrió como si acabara de ganar la lotería.
—Con carisma, hermano. Con puro carisma. —Se golpeó el pecho con orgullo.
—No me vengas con cuentos —repliqué, incrédulo—. ¿No es la hermana de Alisa? ¿Qué le dijiste? ¿Que tenías un unicornio de mascota o que ibas a invitar a Elon Musk?
Kyle se rió.
—Nada de eso. Le dije que habría karaoke, barra libre… y que si no venía, todo el mundo iba a pensar que era una aburrida sin remedio.
—Manipulación básica —comenté, medio impresionado.
—Gracias, gracias. —Kyle hizo una reverencia exagerada.—¿Crees que llegué a invitarla a salir?
—Ella es una princesa y tú eres un ogro.—Me burle.
—El que arriesga no gana.
—Esta bien. Nos vemos más tarde.
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[Apartamento de Tn]
Dejé mi mochila en el sofá y camine hacia la cocina.
Había un plato de comida que puse en el microondas y lo calente.
—No voy a ir temprano. Conociendo a la gente llegarán una hora después.
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[Distrito rojo - Apartamento de Kyle]
—¿Que piso dijo que era?
—¡Disculpe!—Una chica con traje de maid había entrado y la puso en el 5to piso.
Tenía un aspecto raro, unos cuernos y una cola.
—¿Eres amigo de Kyle?—Ella dijo.
—¿Por qué la pregunta?
—Tienes el mismo olor que el.
Me quedé helado por un segundo, no por lo que dijo, sino por cómo lo dijo.
—¿El mismo olor…? —repetí, arqueando una ceja.
La chica maid sonrió con una calma inquietante, moviendo su cola como si estuviera marcando un ritmo invisible.
—Sí, lo reconozco fácilmente. Es una mezcla extraña… como humo, alcohol y algo más… peligroso.
Me acomodé la mochila al hombro, intentando sonar casual.
—Bueno, Kyle es un tipo raro. Supongo que eso se contagia.
Ella inclinó la cabeza, observándome como un depredador.
—Quizás. —Sus ojos parecieron brillar por un instante.
Tras llegar al piso toque la puerta.
La puerta se abrió mostrando a Kyle.
—Tn y Tohru ¿Como están?
—Hola, Kyle. Te dejo un regalo de parte de Kobayashi.—Le extendió el paquete.
—¡Gracias!—Exclamo Kyle con entusiasmo.—Dile gracias de mi parte.
—¡Si!
La maid se marchó.
—¿Que Kobayashi no es tu apellido?
—Compartimos apellido pero no somos familiares, entra.
Tn entrando al salón y mirando alrededor con incredulidad.
—No mames... esta vez sí se pasó.—Se fija en las decoraciones, que parecían una mezcla entre un circo barato y un intento de boda de novela turca— ¿De verdad contrató globos con su foto?
—Bueno... Tampoco...
—Kyle, por favor, dime que no hay alcohol.
—No, bro. ¿Estás loco? Nos llevarían a la cárcel, y yo no sobrevivo ni una semana ahí.
—Gran fiesta, Kyle. Una fiesta completamente sobria y madura... ¿Ella está aquí?
—¡Sí, allá está!—Señalo con su dedo.
Tn siguió la dirección de su dedo y, efectivamente, ahí estaba.
La hermana mayor de la Reina de Hielo, María Mikhailovna Kujou, mejor conocida como Masha.
Su cabello marrón caía como una cascada dorada sobre sus hombros, y su sonrisa tranquila iluminaba el rincón en el que estaba sentada, rodeada de un grupo de chicos que claramente estaban intentando impresionarla, sin éxito.
—Kyle, ¿estás seguro de que quieres arriesgarte con ella?—Menciono sonriendo burlonamente.
—Tn, Masha no es una chica cualquiera. Ella es... un milagro caminando entre nosotros.
Tn bufo mientras se servía un vaso de refresco.
—Más bien es una sentencia de muerte para ti.
—No importa lo que digas, Tn. Hoy será el día en que logre conquistarla.
Bueno, si fallas, al menos ya tienes decoraciones con tu cara para tu funeral.—Tomando.un sorbo.
Kyle se ajustó el cuello de su camisa, tomó aire como si fuera un gladiador entrando a la arena, y caminó hacia Masha con toda la confianza del mundo... que rápidamente se derrumbó cuando tropezó con una mesa y derramó refresco en su camisa.
—Esto va a ser mejor que cualquier serie de comedia que haya visto.
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[Unos minutos después]
La fiesta estaba en su punto más alto.
La música retumbaba, las luces parpadeaban en colores que parecían haber sido elegidos por alguien bajo los efectos de sustancias cuestionables, y Kyle estaba intentando secar su camisa con un ventilador.
En un rincón, el mismo chico al que Tn le había vendido los afrodisíacos observaba atentamente.
Su mirada estaba fija en Masha, quien, como siempre, se destacaba del resto de los presentes, no solo por su belleza, sino por la calma elegante que emanaba incluso en una fiesta llena de adolescentes escandalosos.
—Es hora de que estas “vitaminas” hagan su magia.—Murmurando para sí mismo mientras sacaba las pastilla.
Mientras tanto, Tn estaba disfrutando de la fiesta a su manera.
Oye, esto no está tan mal. Pensé que Kyle arruinaría todo, pero al menos la música no apesta.—Dijo mientras bailaba con una chica.
Kyle aparece de la nada con una camisa nueva.
—¡Claro que no! Mi playlist está aprobada por los dioses del perreo.
—¿Tú y “perreo” en la misma oración? Eso suena tan realista como que alguien como tu, con pareja.
—¡Oye!
Cerca de la mesa de bebidas, el chico aprovechó el momento.
Se aseguró de que nadie lo estuviera mirando, sacó una de las pastillas y la disolvió rápidamente en un vaso de refresco.
Levantó la mirada justo a tiempo para ver a Masha acercándose al lugar.
Masha había tomado un vaso al azar.
—Hm, qué sed—Le da un pequeño sorbo.
El chico sonrió con satisfacción.
Sin embargo, antes de que pudiera seguir admirando su “obra”, alguien interrumpió su plan sin querer.
—¡Masha! Ven, vamos a bailar.—Menciono una chica sin importancia.
Masha dejó el vaso en la mesa y se fue con las chicas hacia la pista de baile, ajena a lo que había estado a punto de suceder.
Tn, por otro lado, seguía bailando y disfrutando del ambiente.
—Ya hace calor, necesito algo para beber.
Caminó hasta la mesa de bebidas y, sin pensarlo mucho, tomó el primer vaso que encontró.
El mismo vaso que Masha había dejado momentos antes.
—Ah, esto está... un poco raro, pero bueno.—Mirando el vaso.
Sentí un cosquilleo extraño en la lengua apenas el líquido pasó por mi garganta. Tenía un sabor dulce, demasiado dulce, como si alguien hubiese mezclado jarabe para la tos con soda barata.
—Qué demonios… —murmuré, frunciendo el ceño, pero igual le di otro trago.
Desde la distancia, el chico de antes abrió los ojos como platos. Había esperado que Masha cayera en su red, pero ver cómo yo bebía el vaso lo dejó helado. Su sonrisa triunfal se derrumbó al instante.
—¡Mierda…! —susurró, sudando frío mientras fingía servirse otro trago.
La música retumbaba, los cuerpos se movían al ritmo frenético del bajo, y las luces parpadeaban como si el universo estuviera teniendo un ataque epiléptico. Todo parecía normal… hasta que no.
El mundo empezó a vibrar. No como un terremoto, sino como si cada cosa —las paredes, el suelo, las personas— estuviera latiendo al compás de un corazón que no era el mío.
—Oye, Tn, ¿estás bien? —preguntó Kyle, apareciendo a mi lado con su eterna sonrisa confiada.
Intenté responder, pero las palabras salieron arrastradas, como si las vocales se hubieran licuado:
—Sí… sí, todo bien… creo.
Kyle me observó de cerca.
—Creo...
—¿Tn?
—Kyle... ¿Desde cuándo tienes ese bonito rostro?
—¿¡Que?!
—Nada, nada. Olvídalo—mira a su alrededor y ve a Masha— Oye, esa chica.
—¿Masha? ¿Que hay con ella?
—Se ve como un ángel que bajó a esta fiesta para salvarnos de la oscuridad.
—¿Qué te pasa, Tn? ¿Estás borracho?
—No lo sé, Kyle, pero de repente siento que... tengo una necesidad irracional de bailar como si no hubiera mañana.
Y así, Tn se lanzó a la pista de baile con una energía que nunca antes había mostrado.
Tn se acercó bailando exageradamente a Masha.
—¡Vamos, Masha! Esta noche es nuestra.
—¿Eh? ¿De qué hablas?—Menciono Masha, claramente confundida.
He descubierto algo, Masha. Mi propósito en esta fiesta... es bailar contigo hasta que las estrellas se apaguen.—Tomo su mano.
—¿Qué te pasa?—Intento contener su risa.
Kyle, mientras tanto, observaba la escena desde lejos.
—...
Este dejo de ver a la pareja, y camino hacia la salida de su apartamento.
Fue una noche bastante alocada...
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[En la mañana]
Tn se encontraba despertando, tenía un ligero dolor de cabeza.
Este sin abrir los ojos se acomodo en su cama hasta sentir el tacto de otra piel.
Lo cual le hizo abrir los ojos, vio a la chica.
María mikhailovna kujou, o como la mayoría le llama. Masha.
Tn reviso su cuerpo que estaba desnudó, tenía algunas mordidas y le dolía ligeramente el vientre.
Al ver a su acompañante. Ella también estaba de la misma manera.
Tn suspiro resignado. Quería irse de la escena, lo peor es que no la conocía para nada.
Sabía de su existencia, si. Pero nunca intercambiaron palabras.
Se levantó con cuidado, intentando no despertarla.
—¿Uhm...? —Murmuro la rusa, somnolienta. Viendo a Tn.
—Hola...
—¡AHH! ¿¡QUE HACES EN MI CAMA?!
—Eh... Solo pasaba.
Tn cayó de la cama.
Tn se golpeó la cabeza contra el piso de madera, aumentando el dolor de su ya molesta resaca.
—¡Auch…! —masculló, llevándose la mano a la frente.
Masha, cubierta apenas con las sábanas, lo miraba con los ojos como platos, el rostro enrojecido entre furia y vergüenza.
—¡No solo estabas en mi cama…! ¡Estabas… tú sabes! —señaló torpemente, evitando mirar su propio cuerpo descubierto.
Tn levantó las manos en señal de paz.
—Oye, oye, cálmate. Yo también estoy sorprendido. Créeme, si hubiera planeado esto, lo recordaría. Y no recuerdo absolutamente nada.
—¡Eso no me hace sentir mejor! —replicó ella, apretando la sábana contra su pecho.
El silencio se apoderó de la habitación por unos segundos. Solo se escuchaba la respiración nerviosa de Masha y el pitido en la cabeza de Tn.
Él se reincorporó lentamente, rascándose la nuca.
—Mira… creo que la fiesta se salió un poco de control. Posiblemente alguien metió algo en las bebidas… y bueno, ya sabes.
—Eso no explica por qué terminamos así. —ella lo fulminó con la mirada, pero había un brillo de confusión en sus ojos, como si tratara de armar el mismo rompecabezas que él.
Tn suspiró.
—Tienes razón. No explica nada. —se levantó, recogiendo su camisa del suelo y comenzando a vestirse—. Pero no pienso quedarme aquí esperando a que decidas si me denuncias o me asesinas.
Masha apretó los labios, indecisa, y finalmente habló:
—Nadie puede enterarse de esto. ¿Me oyes? Nadie.
Tn se detuvo, la miró de reojo y asintió.
—Tranquila. Yo tampoco quiero agregar este problema a mi lista de problemas.
Ella se recostó de nuevo, dándole la espalda, claramente avergonzada pero sin más fuerzas para seguir discutiendo.
—Un momento... Esta no es mi habitación—Masha menciono viendo alrededor.
—Tampoco la mia. Debe ser de Kyle....
Finalmente, bajamos juntos las escaleras.
Al llegar al salón, el caos de la fiesta pasada nos recibió como un recordatorio de que el desastre no tenía límites.
— Vaya...—Tn dijo mirando a su alrededor.
Muebles volcados, vasos rotos, y una lámpara colgando precariamente de un cable, como si también hubiese tenido una noche difícil.
Y ahí, en el centro de todo, estaba Kyle.
Tirado en el suelo, durmiendo plácidamente en sus boxers de My little pony.
Sobre su pecho, escrito con marcador permanente, se leía:
“LA PERRA DE YOSHIDA”
Masha se tapó la boca para no soltar una carcajada, sus mejillas todavía rojas pero ahora por contener la risa.
—¿Es… en serio? —susurró entre dientes.
Tn se cruzó de brazos, observando la escena como si intentara descifrar una obra abstracta.
—Sí. Ese es Kyle. —suspiró—. Lo sorprendente no es que esté así… sino que siga vivo después de esta fiesta.
En ese momento, Yoshida apareció desde el pasillo, tambaleándose con una botella vacía en la mano y un calcetín que no era suyo colgando del bolsillo.
—¿Quién… quién escribió eso? —balbuceó, mirando a Kyle—. ¡Yo no fui!
Tn arqueó una ceja.
—Claro, claro… nadie nunca es culpable. Lo curioso es que la “P” de perra tiene exactamente tu horrible caligrafía de primaria.
Yoshida se quedó en silencio, mirando al suelo con un leve rubor en las orejas.
Masha, ya incapaz de contenerse, soltó una risita elegante, aunque trató de ocultarla con la mano.
Kyle, como si todo el ruido lo activara, se movió apenas, rascándose la panza y murmurando medio dormido.
—Kyle... Sabe de nenas...
Finalmente dejaron solo a Kyle en su departamento.