Capítulo 1 ENCUENTROS
Brianna se dirigía con paso firme hacia el despacho del director. Todas sus ropas estaban llenas de barro todavía mojado, al igual que su pelo, pero una llamada del director era demasiado importante como para demorarse cambiándose.
Acababa de atrapar a un asesino que llevaba vigilando tres meses y había matado a tres prostitutas de los barrios bajos. La persecución había sido pesada y había acabado con la muerte del perseguido y con ella estirada encima de un charco después de disparar su pistola.
Estaba agotada y de muy mal humor pero el jefe la había llamado, así que tenia que ir.
Al llegar al despacho llamó a la puerta y entró. El jefe Jenckins se hallaba sentado en su silla, detrás de su escritorio, hablando con alguien que estaba de pie enfrente de él.
Al entrar, los dos hombres se giraron a mirarla que, olvidando su aspecto desaliñado, se dirigió hacia ellos levantando el mentón orgullosa.
- Brianna, te presento al agente Miller, del FBI.
Brianna se sorprendió, ¿la habían llamado tan urgentemente parar presentarle a un mequetrefe del FBI?
Miró al jefe Jenckins ignorando al visitante.
- Jefe Jenckins, ¿me ha llamado para presentarme a un colega suyo? - preguntó algo rebelde.
Lo llamaba así y le hablaba de usted, pero el jefe y Brianna eran grandes amigos.
El jefe no aprobaba algunos de sus métodos, ya que algunos rozaban la ilegalidad, pero la dejaba a su aire pues sabía que ella resolvía numerosos casos.
Él hecho de que Brianna fuera una componente de su equipo lo hacía sentir orgulloso pues ella era una de las mejores en homicidios. Pero tenía una personalidad luchadora y fuerte, y eso, a veces, lo ponía en el centro de algunos problemas. A él le valía la pena ya que la apreciaba mucho y su mujer la adoraba.
De pronto, la voz del hombre del FBI interrumpió.
- ¿Pretende que trabaje con una mujer que viste como una prostituta?
Brianna y el jefe se giraron a mirar al agente Miller.
- ¿Cómo ha dicho? ¿ Me está llamando prostituta? - preguntó Brianna ofendida.
- Señorita…
- Agente, Agente Parker – corrigió ella resaltando las palabras.
- Agente Parker, no me interprete mal. He dicho que viste como ellas, no que fuera una.
- ¡Por supuesto que no lo soy! - se alteró Brianna.
- Desde luego que no – dijo el agente Miller tranquilo- De eso ya me he dado cuenta porque con su aspecto no tendría muchos clientes.
Brianna comenzó a enrojecer por la vergüenza y la rabia. Miller observó su semblante, estaba sumamente graciosa enfadada y, con toda la cara llena de barro, apenas conseguía mantener la seriedad.
- ¡Basta! - gritó el jefe Jenckins sobresaltándolos – Agente Miller, le sugiero que de ahora en adelante respete a mi gente ya que ha venido aquí porque nos necesita.
El agente asintió.
- Y tu, Brianna, ya se que estás cansada y quieres ducharte y….bueno, todo eso, pero si te he llamado es por algo importante. Y ahora, por favor, siéntense.
Brianna se sentó sin mirar al hombre a su lado. “Dios, no lo soporto, menudo guaperas estirado”, pensó.
- Bien, Brianna, te voy a explicar la situación. Hace unas semanas que el FBI se ocupa de un caso de asesinato y no han podido averiguar nada.
- ¿Quién era la víctima? - preguntó ella interesada.
- Brooke Mallory, 22 años, soltera y sin historial delictivo. Se le encontró en el río que cruza el pueblo de Ramsey, a unos 100 Kilómetros de aquí.
- Si, lo he oído nombrar.
- Bien. La encontró un matrimonio que fue a pasear cerca del lugar. Primero vieron el cuerpo, luego apareció su cabeza.
- Mierda – susurró Brianna sin poder contenerse.
Estaba habituada a atrapar asesinos después de haber visto algunas de sus víctimas, pero nunca se acostumbraría a su crueldad. Le ponía los pelos de punta.
- Agente Parker – habló el visitante formalmente – He venido para pedirle ayuda a su jefe pues su equipo tiene fama de ser el mejor. Le he pedido que me...prestara, por así decirlo, a su mejor agente y la ha llamado a usted. Espero que podamos colaborar en la investigación.
- No, lo siento, estoy muy ocupada con varios casos – dijo Brianna levantándose. No quería trabajar con aquel hombre alto y frío que la miraba con esos ojos azules que parecían atravesarla.
- Brianna, se que acabas de atrapar a tu asesino y también se que los demás casos los llevas adelantados, el agente Fowler puede seguir con ellos en tu ausencia. Tú eres mi mejor investigadora y quiero que ayudes al FBI en este caso – dijo el jefe.
- No, jefe, no lo haré. No trabajaré con este cretino que no hará otra cosa que darme órdenes y hacerme traer el café cada vez que se le antoje.
- No se olvide de traerme también algo para picar con el café – comentó el agente Miller sarcástico.
Brianna le envío una mirada fulminante.
- ¡Brianna! - el jefe se levantó dando un golpe en la mesa – Te lo estoy pidiendo, no hagas que te lo ordene.
- Pero….
- Trabajarás con el agente Miller en igualdad de condiciones – la ignoró su jefe – Espero que colabores. Miller te explicará el resto de lo que quieras saber y te dará los informes para que los revises. Mañana salís para Ramsey.
- ¿Ir a Ramsey? - pregunto Brianna sorprendida.
- Si, iréis los dos. Algo se cuece en ese pueblo y espero que lo descubran antes de que haya otra víctima. Y ahora, si me disculpan, tengo mucho trabajo que hacer. Buena suerte.
Brianna comprendió que no había nada que hacer cuando el jefe hablaba en ese tono de voz. Se levantaron y salieron por la puerta del despacho del jefe en silencio.
- Bien, Brianna Parker, será un placer tener a alguien con quien discutir durante unos días. La recogeré mañana las ocho.
- Si, señor – contestó ella sarcásticamente alejándose hacia su mesa.
- ¡Y no se retrase! - le gritó él a sus espaldas.
Brianna rechinó los dientes pero no contestó. Se sentó en su mesa y se apoyó en el escritorio con la cabeza metida en sus brazos. Realmente estaba muy cansada y no le apetecía para nada viajar a un pueblo con aquel hombre. Era un impertinente, un soberbio, un prepotente con traje y...y… qué podía decir, también era muy guapo y eso la enfadaba más, no sabia por qué.
Suspiró resignándose. Entonces, se levantó, cogió su abrigo y, cuando iba a ponérselo, se vio en el espejo, al fondo de la sala...
Su pelo estaba totalmente marrón por el barro seco. No se distinguían apenas las facciones de su cara sucia. Llevaba puesta una falda negra muy estrecha y un top. Las botas negras de tacón le llegaban por encima de las rodillas.
Realmente parecía una prostituta, pero sucia, muy sucia. Había tenido que hacerlo para atrapar al asesino, pero no podía dejar de pensar que ese agente la había visto con aquella facha.
“¿Qué importa?”, pensó, “aunque fuera Miss Mundo él te hubiera tratado como un trapo viejo”. Aunque ella no tenía nada de trapo. Los grandes rizos de su pelo le llegaban por los hombros y eran negros como el azabache. Sus ojos, de un color caramelo oscuro, reflejaban su estado de ánimo, sobre todo cuando se enfadaba. Tenía los pómulos pronunciados, cosa que le daba un toque de sofisticación. En general, era una mujer atractiva con una bonita figura y unas preciosas piernas, según su ex-novio.
Se puso el abrigo cubriéndose al máximo y se dirigió al aparcamiento a por el coche.
Poco después, llegaba a su pequeño apartamento. Nada más entrar, se metió en la ducha para quitarse toda la suciedad que se le pegaba al cuerpo incómodamente. Se puso el agua caliente e intentó relajarse.
Estaba tan agotada, que se secó el pelo húmedo y se fue a dormir directamente, no había dormido en veinticuatro horas. Además, tenía que madrugar para estar lista y con la maleta hecha a las 8h.
No quería pensar en nada más que en dormir. Era la mejor manera de cerrar los malos días.