One-Shot
En la vibrante ciudad de Musutafu, donde los héroes y villanos moldeaban el ritmo cotidiano con un pulso casi eléctrico, la vida era un espectáculo constante de hazañas heroicas y tensiones épicas.
Los edificios relucían con carteles luminosos de héroes profesionales, proyectando sombras danzantes en las calles que se retorcían como serpientes vivas bajo la luz intermitente, y el aire vibraba con el eco distante de explosiones controladas y simulacros de batalla que resonaban como truenos lejanos, dejando un rastro acre de ozono quemado que picaba en la nariz y se adhería a la piel como una segunda capa.
En este caos organizado, los ciudadanos vivían al borde, siempre alerta, con el corazón latiendo al ritmo de sirenas estridentes y vítores ensordecedores que reverberaban en los huesos.
En este torbellino vivía Izuku Midoriya, un joven de 18 años cuyo sueño ardiente de convertirse en el mayor héroe, como su ídolo All Might, lo impulsaba a superar cualquier obstáculo con una determinación que ardía en su pecho como un fuego inextinguible, calentando su piel incluso en las noches frías hasta hacerla hormiguear con anticipación.
Nacido sin un quirk en un mundo donde el 80% de la población poseía superpoderes, Izuku había enfrentado años de burlas y rechazo, especialmente de Katsuki Bakugo, su amigo de infancia y ahora rival acérrimo.
Katsuki, con su quirk de explosiones, era una fuerza indomable, un prodigio cuya arrogancia solo rivalizaba con su talento, sus palmas sudadas siempre listas para detonar con un chasquido que olía a pólvora quemada y dejaba un residuo pegajoso en el aire, el calor de las detonaciones irradiando como ondas que quemaban la piel cercana.
A pesar de las humillaciones —insultos que cortaban como fragmentos de vidrio afilado, risas que resonaban en sus oídos como ecos crueles y persistentes, dejando un eco amargo en su garganta—, Izuku admiraba en secreto la determinación feroz de Katsuki, anotando cada detalle de sus habilidades en cuadernos llenos de análisis heroicos, el lápiz raspando el papel con un sonido suave y rítmico que lo calmaba en las noches solitarias, soñando con un día en que pudiera pararse a su lado como igual, su aliento acelerado mientras imaginaba sus puños chocando en igualdad, el impacto vibrando hasta sus huesos.
Todo cambió cuando All Might, el Símbolo de la Paz, reconoció el coraje inquebrantable de Izuku y le transmitió el One For All, un quirk que transformó al "Deku" sin poderes en un aspirante a héroe con una fuerza descomunal que hacía vibrar sus músculos con cada activación, un zumbido interno como electricidad recorriendo sus venas, dejando un hormigueo persistente en sus extremidades que lo hacía jadear de excitación contenida.
Su ingreso a la Academia U.A. marcó el comienzo de una nueva etapa: entrenamientos agotadores que dejaban sus músculos temblando y su piel pegajosa de sudor salado, gotas resbalando por su espalda como dedos invisibles que trazaban caminos ardientes; simulacros de combate contra villanos ficticios que ponían a prueba su ingenio con el estruendo de golpes y explosiones que llenaban el aire de polvo áspero y adrenalina punzante, el sabor metálico del esfuerzo en su boca como sangre imaginaria; y la presión constante de demostrar que merecía el poder que ahora llevaba, un peso invisible que lo hacía jadear en las noches de insomnio, su mente reproduciendo cada error como un bucle interminable que lo dejaba sudando frío.
En la Clase 1-A, Izuku y Katsuki eran como polos opuestos en una tormenta: Katsuki lo provocaba con insultos cortantes como "inútil" o "maldito Deku", su voz rugiendo como una detonación que hacía vibrar el aire y picar la piel, mientras Izuku respondía con una determinación silenciosa, sus puños cargados de One For All chocando contra las explosiones de Katsuki en duelos que hacían temblar los campos de entrenamiento, el suelo vibrando bajo sus pies como un terremoto personal y el olor a ozono quemado impregnando el aire, mezclándose con el sudor que empapaba sus uniformes y dejaba un sabor salado en los labios al lamerse el sudor.
Bajo esta rivalidad ardía un lazo de infancia, una conexión compleja de respeto reprimido y resentimiento que los mantenía en una órbita constante, incapaces de ignorarse, como imanes que se repelen pero no pueden separarse, sus miradas cruzándose con una intensidad que quemaba más que cualquier explosión, dejando un calor residual en el pecho.
Mitsuki Bakugo, la madre de Katsuki, era una figura imponente, una mezcla explosiva de belleza madura y carácter indomable.
A sus 40 años, Mitsuki poseía un cabello rubio cenizo que caía en picos desordenados, enmarcando un rostro afilado con ojos rojos que parecían perforar el alma con un brillo intenso, como brasas vivas que invitaban a quemarse.
Su cuerpo atlético, esculpido por años de vida activa, estaba realzado por un quirk menor de secreciones explosivas que le daba un aura de fuego controlado, su piel emanando un leve calor que se sentía al acercarse, como el preludio de una llamarada que hacía sudar a quien se aproximara demasiado.
Su piel clara contrastaba con su energía vibrante, y su figura —senos generosos que se movían con cada respiración profunda, subiendo y bajando con un ritmo hipnótico que tensaba la tela; cintura definida que se curvaba con gracia, invitando a ser rodeada por manos ansiosas; muslos firmes que tensaban la tela de sus ropas, prometiendo fuerza y suavidad bajo el tacto, con venas sutiles que palpitaban bajo la superficie— desafiaba su edad, exudando un atractivo magnético que hacía que el aire a su alrededor pareciera cargado, con un sutil aroma a pólvora dulce que se adhería a su presencia y se mezclaba con su perfume floral, creando un cóctel embriagador.
Como ama de casa y esposa de Masaru, un diseñador de moda quirkless de temperamento apacible, Mitsuki equilibraba su vida doméstica con una personalidad que podía llenar una habitación, su risa resonando como un eco juguetón y travieso que vibraba en el pecho de quien la escuchaba.
Seguía de cerca las hazañas de Katsuki en U.A., preocupada por su seguridad en un mundo plagado de villanos, pero también frustrada por su actitud arrogante, que le recordaba su propia juventud fogosa, llena de impulsos que ardían como fuegos artificiales y dejaban un rastro de calor en su piel.
Había conocido a Izuku desde que era un niño pequeño, recordándolo como el chico dulce que seguía a Katsuki como una sombra, soportando sus burlas con una resiliencia que ella encontraba admirable, sus ojos verdes brillando con una esperanza que la conmovía, tocando un lugar suave en su corazón y despertando un instinto protector que se mezclaba con una atracción sutil.
"Ese chico tiene más corazón que tú, Katsuki".
le decía a menudo, exasperada, cuando su hijo llegaba a casa despotricando sobre "ese maldito Deku", el aroma a sudor y explosiones aún pegado a su uniforme, mientras ella imaginaba el dolor en los ojos de Izuku y sentía una punzada de empatía maternal que se transformaba en un calor más profundo en su vientre.
Inko Midoriya, la madre de Izuku, era una mujer de 38 años cuya vida como madre soltera la había marcado con una dedicación inquebrantable, pero en esta versión de su ser, su figura había evolucionado hacia una forma esbelta, sensual y voluptuosa que rivalizaba con la de Mitsuki.
Su cabello verde oscuro caía en ondas suaves que rozaban sus hombros, enmarcando un rostro delicado con ojos verdes profundos que brillaban con una calidez maternal mezclada con un deseo reprimido que ardía en silencio.
Su quirk de atracción menor le daba un aura sutil de magnetismo, atrayendo objetos pequeños pero también emanando una presencia que podía captar feromonas con una sensibilidad aguda, haciendo que su piel hormigueara ante olores intensos de deseo.
Su cuerpo, esculpido por años de preocupación y ahora liberado en curvas maduras —senos plenos y firmes que se tensaban contra la tela con cada movimiento, cintura estrecha que se curvaba invitadoramente hacia caderas anchas y redondas, muslos suaves pero tonificados que prometían un tacto como seda caliente— exudaba una sensualidad reprimida, un fuego latente bajo su fachada de ama de casa preocupada.
Inko había criado a Izuku sola, trabajando incansablemente, pero en las noches solitarias, su deseo sexual reprimido por años de soledad la hacía jadear en sueños eróticos, su piel pegajosa de sudor mientras imaginaba toques que nunca llegaban, un anhelo que se acumulaba como una tormenta contenida.
Un día, tras un entrenamiento particularmente brutal en U.A., donde Katsuki humilló a Izuku frente a toda la Clase 1-A por un error táctico en un simulacro de rescate —su voz retumbando como una explosión mientras lo llamaba "inútil", el aire cargado de humo acre y tensión palpable que picaba en la piel como agujas, el eco de risas contenidas amplificando la vergüenza que quemaba las mejillas de Izuku como fuego líquido, dejando un sabor amargo en su boca—, Mitsuki decidió que era hora de intervenir.
Cansada de la actitud de su hijo y sintiendo una responsabilidad maternal hacia Izuku, quien había sido una constante en su vida desde la infancia, lo invitó a su casa con el pretexto de una charla para limar asperezas.
Katsuki estaba en un campamento de entrenamiento intensivo en las afueras de Musutafu, donde el eco de sus explosiones se perdía en las montañas, resonando como truenos lejanos que hacían vibrar el suelo, y Masaru asistía a una convención de moda en Osaka, dejando la casa Bakugo, un hogar moderno con toques audaces —lámparas que simulaban explosiones controladas, proyectando luces danzantes en las paredes con patrones geométricos en tonos ardientes de naranja y rojo que parpadeaban como llamas vivas, el aroma sutil de incienso picante flotando en el aire como un velo seductor—, completamente vacía.
Mitsuki preparó una bandeja de onigiri caseros, el aroma salado y reconfortante del arroz y el nori llenando la cocina, mezclándose con el calor de su propia piel mientras se movía con gracia felina, cada paso haciendo que sus muslos rozaran con un susurro suave.
Su cabello suelto caía en ondas salvajes que rozaban sus hombros desnudos, vistiendo una blusa de seda ajustada que abrazaba sus senos generosos con un susurro suave contra su piel, el tejido translúcido dejando entrever sombras tentadoras de sus pezones endurecidos por la anticipación, y una falda corta que dejaba al descubierto sus muslos tonificados, el borde de unas medias negras asomando sutilmente, rozando su piel con un tacto sedoso que enviaba un cosquilleo por sus piernas hasta su centro, humedeciéndolo ligeramente.
Mientras colocaba los platos en la mesa, murmuró para sí misma:
"Ese chico merece algo mejor que las explosiones de Katsuki".
"Es hora de darle un poco de... calor verdadero".
"Voy a hacer que me folle como una puta desesperada".
sintiendo un cosquilleo anticipatorio en su vientre que se extendía como fuego líquido hacia abajo, humedeciéndolo con una excitación sutil que hacía que su piel hormigueara y su pulso se acelerara, el aroma de su propia arousal mezclándose con el de la comida.
Cuando Izuku llegó, nervioso y con su mochila de U.A. colgando de un hombro, el peso de sus libros presionando contra su espalda como un recordatorio de su dedicación, Mitsuki lo recibió con un abrazo que lo envolvió en su perfume floral mezclado con un toque picante, reminiscente de pólvora, el calor de su cuerpo presionando contra el suyo como una promesa ardiente, sus senos suaves aplastándose contra su pecho con una presión que lo dejó sin aliento, el tacto de su piel irradiando calor a través de la tela y haciendo que su propio cuerpo respondiera con un hormigueo en la entrepierna.
"¡Izuku!".
"Mira qué grande estás, pequeño héroe".
"Pasa, no seas tímido... mamá Mitsuki va a cuidarte bien, tal vez tan bien que querrás follarme aquí mismo".
dijo, su voz enérgica y acogedora mientras lo guiaba al interior, su mano rozando su brazo un segundo más de lo necesario, enviando un escalofrío sutil por su piel, el tacto de sus uñas pintadas dejando un rastro imaginario de fuego que quemaba deliciosamente.
La conversación comenzó con una disculpa por el comportamiento de Katsuki.
"Ese chico es un torbellino, pero tú... tú tienes un corazón que no se rinde".
"Eso es más fuerte que cualquier quirk... y apuesto a que tu polla es igual de fuerte, ¿verdad?".
"Muéstrame".
comentó, sirviéndole té caliente cuyo vapor ascendía con un aroma herbal calmante, perfumado con jazmín y menta que llenaba sus fosas nasales, sentándose a su lado en el sofá, su rodilla rozando la suya, el calor de su piel traspasando la tela como una caricia invisible, haciendo que el pulso de Izuku se acelerara hasta retumbar en sus oídos.
Izuku, sonrojado, balbuceó agradecimientos, compartiendo recuerdos de su infancia sin quirk, las burlas de Katsuki que aún dolían como pinchazos agudos en su pecho, y su admiración por All Might, su voz temblando ligeramente con la emoción, sus ojos verdes fijos en los de ella, atraídos por el brillo rojo que parecía absorberlo y quemarlo desde dentro.
Mitsuki lo escuchaba con atención, sus ojos rojos fijos en los suyos, su blusa desabrochada un botón extra, dejando entrever el borde de un sostén negro de encaje que contrastaba con su piel clara, el ritmo de su respiración haciendo que el tejido se tensara y relajara, revelando destellos de piel cremosa que hipnotizaban a Izuku, su aroma intensificándose con cada inhalación.
La atmósfera se cargó lentamente de una tensión eléctrica, como el preludio de una explosión contenida, el aire espesándose con el aroma mezclado de té y perfume, y un sutil matiz de excitación que flotaba entre ellos como un vapor caliente y almizclado.
Mitsuki, con su franqueza característica, notó la forma en que Izuku la miraba: una mezcla de respeto, admiración y una chispa de deseo inconsciente, tal vez atraído por la calidez maternal que ella exudaba, algo que él, criado por una madre soltera agotada por el trabajo, rara vez había experimentado con tanta intensidad, un anhelo que se manifestaba en el rubor de sus mejillas y el brillo de sus ojos, su aliento volviéndose más superficial y entrecortado, su erección comenzando a tensarse contra sus pantalones.
"Eres demasiado bueno para este mundo, Izuku... pero apuesto a que eres malo en la cama, ¿eh?".
"Déjame tocarte y ver cómo se pone dura esa polla tuya".
dijo, colocando una mano en su muslo, sus dedos trazando círculos suaves que enviaron un escalofrío por su espina dorsal, el tacto de sus uñas rozando la tela de sus pantalones como una promesa de más, el calor de su palma irradiando como un sol privado que se extendía hacia su entrepierna, despertando una dureza palpitante que lo hacía jadear internamente.
Él tragó saliva, su cuerpo tensándose, pero no se apartó, sintiendo el calor irradiando de su palma como un fuego lento que se extendía como lava por sus venas, haciendo que su piel picara de anticipación.
Ella se inclinó más, su aliento cálido rozando su mejilla como una brisa ardiente, el aroma de su perfume envolviéndolo como una niebla seductora, mezclado con el leve dulzor de su labial y un toque salado de su piel.
"Déjame compensarte por todo lo que mi hijo te ha hecho pasar".
"Te voy a follar tan duro que olvidarás sus insultos, pequeño héroe... voy a chuparte la polla hasta que me llenes la boca de semen caliente".
susurró con una voz ronca y sucia, sus labios rozando los de él en un beso tentativo, suave pero cargado de intención, como una chispa que amenaza con encender un incendio forestal, el sabor de su labial dulce, como bayas maduras y maduras, mezclándose con el suyo, su lengua rozando ligeramente el borde de sus labios para invitarlo a abrirse, el calor húmedo de su boca prometiendo más.
Izuku, atrapado entre la sorpresa y un deseo que apenas comprendía, respondió, sus labios torpes pero ansiosos, sus manos temblando al posarse en su cintura, sintiendo la curva de sus caderas bajo la tela, el calor de su piel filtrándose a través como un pulso vivo y palpitante que sincronizaba con su propio corazón acelerado, el sonido de su propio gemido ahogado escapando contra sus labios.
El aire de la sala se volvió denso, cargado de una electricidad que superaba cualquier explosión de Katsuki, el silencio roto solo por sus respiraciones entrecortadas y el suave roce de tela contra tela, un susurro que parecía amplificarse en la quietud como un eco erótico.
Mitsuki, con la confianza de una mujer que sabía exactamente lo que quería, tomó el control, profundizando el beso, su lengua explorando su boca con una audacia que lo dejó jadeando, su sabor a menta y algo más salvaje, como fuego ahumado y deseo crudo, llenando sus sentidos, el calor húmedo de su boca enviando ondas de placer por su cuerpo, haciendo que su erección palpitara contra la tela de sus pantalones con un dolor dulce.
"Relájate, pequeño héroe".
"Mamá sabe lo que necesitas".
"Voy a chuparte esa polla dura hasta que me ruegues que pare, y luego te montaré como una puta en celo, sintiendo cómo me estiras el coño con tu verga gruesa".
murmuró, su voz ronca y seductora como un ronroneo profundo que vibraba en su pecho, mientras sus manos subían por su pecho, desabrochando lentamente su camiseta de U.A. para revelar un torso fortalecido por meses de entrenamiento heroico, cicatrices leves marcando su piel como testimonio de su esfuerzo, el tacto de sus dedos dejando rastros ardientes, rozando sus pezones endurecidos con una presión ligera que lo hizo arquearse ligeramente, un gemido escapando de su garganta como un suspiro ahogado.
Ella lo empujó suavemente contra el sofá, sentándose a horcajadas sobre sus caderas, su falda subiendo para exponer muslos firmes y el borde de unas bragas negras de encaje que apenas contenían su calor húmedo, el aroma sutil de su excitación mezclándose con su perfume, un musgo dulce y terrenal que lo embriagaba como un afrodisíaco.
Sus caderas comenzaron a moverse en un ritmo lento y deliberado, frotándose contra la creciente erección de Izuku, la fricción a través de la tela haciéndolos jadear, el roce de su humedad filtrándose contra sus pantalones como un beso líquido, el calor pulsando como un corazón acelerado, cada movimiento enviando ondas de placer que lo hacían gemir suavemente, el sonido resonando en sus oídos como una sinfonía prohibida.
"Mírate, todo nervioso".
"Pero te gusta, ¿verdad?".
"Siente cómo mi coño mojado se frota contra tu polla dura... voy a hacerte correrme en tus pantalones si no me follas ya, pequeño sucio".
susurró, besando su cuello con labios calientes y húmedos, mordisqueando suavemente la piel mientras sus manos exploraban su pecho, sus uñas arañando ligeramente, dejando marcas rojas que ardían con un placer doloroso y exquisito, el sonido de su respiración pesada llenando sus oídos, mezclado con el suave chasquido de sus labios contra su piel que picaba de sensibilidad.
Izuku, abrumado pero embriagado, dejó que sus manos subieran por su espalda, sintiendo la suavidad de su piel bajo la blusa de seda, sus dedos temblando al desabrochar los últimos botones, el tejido susurrando al caer como una cascada suave y sedosa.
Mitsuki sonrió, una chispa traviesa en sus ojos que brillaban como rubíes encendidos, y dejó caer la blusa al suelo, revelando sus senos generosos, apenas contenidos por el sostén negro, los pezones endurecidos visibles a través del encaje como picos tentadores, el aroma de su piel calentada por el deseo envolviéndolo, un calor almizclado que lo atraía irresistiblemente, haciendo que su boca se secara de anhelo.
"Toca, Izuku".
"No seas tímido".
"Aprieta estas tetas grandes, chupa mis pezones hasta que grite... quiero sentir tu boca en mí, pequeño sucio, haz que me corra solo con tu lengua en mis tetas".
instó, guiando sus manos para que masajearan, sus pulgares rozando los pezones con una presión que la hizo arquear la espalda con un gemido gutural, el sonido vibrando en su pecho como un eco sensual que resonaba en el de él, sus caderas presionándose más contra él con un roce que enviaba chispas de fuego por su espina.
Él obedeció, sus dedos temblando al principio, pero ganando confianza mientras ella gemía, presionando sus senos contra su toque, el calor de su piel quemando bajo sus palmas como carbones vivos, el tacto de los pezones endurecidos como perlas calientes bajo el encaje, endureciéndose más con cada roce circular que los hacía palpitar.
Izuku besó su clavícula, bajando lentamente para succionar un pezón a través del encaje, su lengua trazando círculos lentos y húmedos que arrancaron un gemido más alto, el sabor salado de su piel mezclado con el encaje áspero y empapado, el sonido resonando en la sala silenciosa como una invitación irresistible, su aliento caliente contra la tela humedeciéndola y haciendo que sus pezones se erizaran aún más.
"Buen chico... sí, chupa más fuerte, muerde mis tetas como un animal".
"Me estás mojando tanto que mi coño gotea por ti, voy a hacer que me folles hasta que me rompas".
murmuró ella, sus uñas trazando líneas en su espalda que ardían como rastros de fuego, mientras se frotaba con más fuerza contra él, sus caderas ondulando en un ritmo que lo hacía jadear, su erección palpitando contra la tela húmeda de sus bragas, el aroma de su excitación intensificándose como un perfume prohibido, envolviéndolos en una nube de deseo puro y embriagador.
El encuentro escaló con una intensidad que ninguno anticipó, un incendio que consumía cualquier inhibición, el aire cargado de sudor salado y deseo almizclado, el aroma impregnando cada rincón como un velo espeso.
Mitsuki desabrochó los pantalones de Izuku con dedos hábiles y temblorosos de anticipación, liberando su miembro endurecido que palpitaba al aire libre, sus ojos brillando con deseo crudo mientras lo acariciaba con movimientos que alternaban entre lentos y tortuosos, diseñados para llevarlo al borde, sus dedos envolviéndolo con una presión perfecta, rozando la cabeza sensible con el pulgar para extender el precoz fluido resbaladizo, el tacto enviando ondas de placer que lo recorrían como relámpagos; y rápidos y precisos que lo hacían arquearse, sus caderas moviéndose instintivamente hacia su mano, el tacto de su palma suave pero firme enviando ondas de placer que lo recorrían como electricidad salvaje, el sonido de su propia respiración entrecortada amplificándose, mezclado con el leve sonido resbaladizo de su mano que lo hacía gemir alto.
"Mira lo que me haces, pequeño".
"Tu polla está tan dura y goteando... voy a ordeñarte hasta la última gota, pero primero, mete tus dedos en mi coño mojado y fóllame con ellos como un héroe sucio, haz que chorree como una puta".
susurró, sus labios rozando su oreja con un aliento caliente que picaba, mientras su mano trabajaba con maestría, sus uñas rozando la piel sensible de la base, el contraste entre su suavidad y su firmeza haciéndolo gemir, un sonido ronco que vibraba en su garganta.
Izuku, perdido en la sensación, deslizó una mano bajo su falda, encontrando la tela empapada de sus bragas, el calor húmedo pulsando contra sus dedos como un corazón vivo, el tejido pegajoso adhiriéndose a su piel y dejando un rastro mojado en sus yemas.
"Mitsuki-san...".
murmuró, inseguro, pero ella lo animó, presionando su mano contra sus pliegues húmedos y hinchados, guiándolo para que frotara el clítoris endurecido con círculos precisos que la hicieron jadear.
"Más profundo, héroe".
"Muéstrame de qué estás hecho".
"Mete esos dedos en mi coño apretado y hazme correrme como una puta, quiero sentir cómo me estiras antes de que tu polla me rompa".
exigió con voz sucia.
Sus dedos exploraron, frotando en círculos cuidadosos que la hicieron jadear y arquearse, luego penetrando lentamente, guiado por los gemidos de ella y el movimiento de sus caderas, que se mecían contra su mano con una urgencia creciente, el sonido mojado de su excitación llenando el aire como un chapoteo sensual, el aroma musgoso intensificándose, sus paredes internas apretando sus dedos con un calor pulsátil que lo fascinaba y lo endurecía aún más.
Mitsuki alcanzó el primer clímax con un grito ahogado que resonó como un trueno personal, su cuerpo convulsionando sobre él en ondas violentas, sus uñas marcando su piel mientras se aferraba a sus hombros con fuerza que dolía deliciosamente, su respiración entrecortada y el pulso de su interior apretando sus dedos como un vicio vivo y caliente, ondas de placer recorriéndola que la dejaban temblando y perlada de sudor salado.
"¡Sí, joder!".
"Me estás haciendo correrme tan fuerte... tu turno, héroe, voy a tragarme toda tu leche caliente mientras me follas la boca como una zorra".
Sin pausa, ella se levantó brevemente, quitándose la falda y las bragas con un movimiento fluido y desesperado, dejando su cuerpo desnudo ante él, curvas maduras brillando bajo la luz suave de la sala, su piel perlada por una fina capa de sudor que acentuaba cada contorno y hacía que reluciera como seda mojada, el aroma de su deseo ahora libre y embriagador, un almizcle dulce que lo atraía irresistiblemente y lo hacía salivar.
"Tu turno".
"Quítate todo y déjame ver esa polla heroica... voy a montarte hasta que me llenes el coño de semen, hasta que me preñes como una puta en celo".
dijo, ayudándolo a deshacerse de sus pantalones y ropa interior con tirones impacientes, sus ojos devorando su físico fortalecido, las cicatrices de sus entrenamientos como un mapa de su determinación que ella trazaba con uñas ligeras, el tacto de sus manos dejando rastros calientes mientras rozaba su miembro palpitante que goteaba de anticipación.
Lo guió de nuevo al sofá, montándolo con una lentitud deliberada que era una tortura exquisita, dejando que su calor húmedo lo envolviera centímetro a centímetro, sus paredes internas ajustándose alrededor de él con un calor abrasador, húmedo y resbaladizo como terciopelo líquido, mientras comenzaba a moverse, sus caderas ondulando en un ritmo que era tanto tierno como feroz, sus senos rebotando con cada embestida profunda, el sonido de piel contra piel resonando como palmadas suaves y húmedas, mezclado con el chapoteo mojado de su unión que llenaba la habitación.
Izuku jadeó alto, sus manos apretando su trasero con fuerza, sintiendo la firmeza de sus músculos contraídos mientras ella aceleraba, sus gemidos mezclándose con los suyos en una cacofonía ronca, el aroma de su sudor mezclándose con el suyo, un cóctel salado y almizclado que los envolvía.
"Sí, así, pequeño... más fuerte, destrózame el coño con esa polla gruesa".
"Fóllame como si fuera tu puta personal, lléname hasta que chorree tu semen por mis muslos".
susurró, inclinándose para besarlo, sus lenguas entrelazándose en un baile apasionado y salvaje, sus dientes mordiendo suavemente su labio inferior hasta sacar un sabor metálico leve de la pasión, su interior contrayéndose alrededor de él con cada movimiento descendente, masajeándolo en ondas de placer que lo llevaban al borde.
Fue en este momento de frenesí, con Mitsuki montando a Izuku en el sofá, sus gemidos resonando como explosiones contenidas —"¡Sí, joder, héroe! Tu polla me está rompiendo, fóllame más duro, haz que mi coño se contraiga alrededor de tu verga como una puta desesperada"—, y el chapoteo de su unión mojada llenando la sala, que la puerta principal se abrió de golpe.
Inko Midoriya, preocupada por la ausencia de su hijo y habiendo recibido un mensaje confuso de Mitsuki sobre "cuidar de Izuku", entró sin llamar, su figura esbelta y voluptuosa enmarcada en la puerta.
Vestía un vestido ajustado que abrazaba sus curvas sensuales —senos plenos presionando contra la tela, caderas redondas balanceándose con cada paso nervioso—, su cabello verde ondeando mientras sus ojos verdes se abrían en shock al ver la escena: su hijo enterrado profundamente en Mitsuki, quien jadeaba y se movía con ferocidad, gritando "¡Corréte dentro de mí, Izuku! Lléname el coño de semen caliente, preñame como una zorra".
"¡Izuku! ¿Qué... qué está pasando aquí?".
"Mitsuki, ¿qué le estás haciendo a mi hijo?".
exclamó Inko, su voz temblando de incredulidad y horror inicial, su rostro enrojeciendo mientras el aire cargado con las feromonas intensas de Izuku —un aroma almizclado y potente amplificado por el One For All, que hacía vibrar su quirk de atracción— la golpeaba como una ola invisible.
El olor la invadió, humedeciendo sutilmente su interior, su piel hormigueando mientras un calor inesperado se extendía por su vientre, despertando recuerdos reprimidos de soledad y deseo sexual que había enterrado durante años.
"Esto... esto no está bien".
murmuró para sí misma, pero su cuerpo traicionero respondía, sus pezones endureciéndose contra la tela de su vestido, un leve jadeo escapando de sus labios mientras observaba el movimiento hipnótico de los cuerpos unidos, el chapoteo húmedo resonando en sus oídos como un llamado prohibido.
Mitsuki, sin detenerse, miró a Inko con una sonrisa maliciosa, sus caderas aún ondulando sobre Izuku, quien jadeaba "Mitsuki-san... no pares, tu coño me aprieta tan fuerte".
"Inko, querida... no te quedes ahí parada".
"Huele eso, ¿verdad?".
"Las feromonas de tu hijo... son tan potentes, me están volviendo loca".
"Únete, mira lo que tu niño me hace... su polla es tan grande y dura, me está follando como un dios".
"Ven, prueba cómo sabe su semen mezclado con mi coño mojado".
invitó Mitsuki con voz ronca y sucia, extendiendo una mano mientras aceleraba el ritmo, sus gemidos altos amplificando el aroma en el aire.
Inko retrocedió un paso, su mente en conflicto:
"No... soy su madre, esto es... pecaminoso".
pensó, pero el aroma la envolvía como una niebla seductora, haciendo que su quirk atrajera más las feromonas, intensificando el calor entre sus piernas.
Sus ojos se fijaron en el miembro de Izuku deslizándose dentro y fuera de Mitsuki, el brillo húmedo hipnotizándola, un pulso de deseo reprimido surgiendo en su interior.
"Izuku... mi niño... ¿te gusta esto?".
"¿Te gusta follar a la madre de tu rival como una puta?".
murmuró Inko, su voz temblando, pero dando un paso adelante involuntariamente, su mano rozando su propio pecho, sintiendo sus pezones endurecidos.
Mitsuki rió entre gemidos:
"Sí, le encanta... mira cómo me estira el coño".
"Ven, Inko, toca... siente cómo palpita su polla dentro de mí".
"Sé que lo quieres, tu coño debe estar goteando ya por tu propio hijo".
Inko tragó saliva, su mente corrompiéndose poco a poco: el shock inicial daba paso a una curiosidad prohibida, el aroma nublando su juicio como un veneno dulce.
"No debería... pero huele tan... fuerte".
"Izuku, ¿por qué me hace sentir así?".
susurró, acercándose más, su mano extendiéndose tentativamente para rozar el muslo de Mitsuki, sintiendo el calor y el sudor.
Mitsuki la animó, deteniéndose un momento para guiar la mano de Inko hacia donde sus cuerpos se unían:
"Toca aquí, siente cómo me folla... tu hijo es un semental, Inko".
"Imagina esa polla en tu coño maternal, llenándote como nunca".
Inko jadeó al sentir la humedad y el pulso, un escalofrío recorriéndola, su deseo reprimido rompiendo barreras:
"Oh... es tan... cálido".
"Izuku, mi bebé... mamá no debería, pero... quiero probar".
Lentamente, su corrupción mental avanzaba; se arrodilló junto a ellos, su vestido subiéndose para revelar sus muslos temblorosos, besando el cuello de Izuku mientras Mitsuki reanudaba el movimiento.
"Hijo... mamá te ha criado sola, te he deseado en secreto... fóllala, pero luego... tal vez a mí".
murmuró Inko, su voz volviéndose sucia gradualmente, sus dedos explorando su propio cuerpo mientras observaba, el aroma empujándola al borde.
Finalmente, con un gemido ahogado, Inko se rindió por completo, desabrochando su vestido con manos temblorosas:
"No puedo más... el olor de tu deseo, Izuku, me corrompe".
"Mamá necesita esto, necesito que me folles como a ella, que me llenes el coño con tu semen caliente como una puta incestuosa".
Revelando su cuerpo voluptuoso —senos plenos rebotando libres, coño ya mojado y palpitante—, se unió, besando a Mitsuki profundamente mientras Izuku observaba atónito.
"Lame el coño de tu mamá, héroe... hazla gritar mientras yo te monto".
ordenó Mitsuki.
Inko, ahora corrompida del todo, se posicionó sobre el rostro de Izuku:
"Sí, hijo... chupa el clítoris de mamá, fóllame con la lengua... eres tan sucio, tan bueno, mamá te va a ordeñar después".
El trío escaló en un caos de toques, besos y embestidas, Inko y Mitsuki alternando posiciones, sus cuerpos resbaladizos de sudor, gemidos sucios llenando el aire —"Fóllame más duro, Izuku, rompe el coño de mamá" de Inko, "Lléname de semen, héroe, hazme preñada como una puta" de Mitsuki— hasta clímax simultáneos que los dejaron temblando.
El encuentro se prolongó, explorando cada rincón de la casa Bakugo como si el espacio mismo se rindiera a su deseo voraz, el tiempo dilatándose con cada toque, cada susurro cargado de promesa y urgencia.
Mitsuki lo llevó contra la pared de la sala, envolviéndolo con sus piernas mientras él la levantaba con la fuerza del One For All zumbando en sus músculos como un torrente eléctrico, penetrándola con fuerza que la hacía gritar, sus gemidos resonando mientras sus uñas se clavaban en su espalda, dejando marcas rojas que ardían con un placer doloroso y adictivo, el tacto de su interior apretado y húmedo pulsando alrededor de él como un latido frenético, el sonido de sus cuerpos chocando como ecos en la habitación vacía, el aroma de su excitación envolviéndolos en una nube densa y sofocante.
"Eres más fuerte de lo que pensé, Izuku... rómpeme, héroe, fóllame el coño hasta que sangre de placer, haz que chorree como una puta barata".
jadeó, mordiendo su oreja con dientes afilados, succionando el lóbulo mientras sus cuerpos se movían en sincronía violenta, su clítoris rozando contra su pelvis con cada embestida profunda que enviaba chispas de fuego por su cuerpo, haciendo que sus paredes internas se contrajeran en espasmos.
Inko se unió, presionando sus senos contra la espalda de Izuku, sus manos masajeando sus bolas mientras susurraba
"Sí, hijo, fóllala duro... ahora ven y mete esa polla en el coño de mamá, hazme gritar como una zorra incestuosa, preña a tu propia madre".
Luego, en el suelo, ellas lo montaron alternadamente, sus caderas moviéndose en círculos salvajes y desesperados, su cabello cayendo en cascada sudorosa mientras él masajeaba sus senos desde atrás, pellizcando sus pezones endurecidos con fuerza que las hacía gritar de placer mezclado con dolor dulce, sus cuerpos temblando con cada movimiento, el calor de su piel contra la suya como un fuego vivo que quemaba, el sonido de sus traseros golpeando contra sus muslos amplificándose como palmadas húmedas, mezclado con sus gemidos roncos que llenaban el espacio.
"Cambia, Mitsuki... ahora fóllame a mí, Izuku, estira el coño apretado de mamá con tu verga gruesa mientras Mitsuki me lame el clítoris como una lesbiana sucia".
exigía Inko, mientras Mitsuki agregaba
"Sí, llénala de semen, héroe... queremos que nos preñes a las dos como putas en celo, que nuestros vientres se hinchen con tu semilla heroica".
Cambiaron de nuevo, él encima en el sofá, embistiendo con una intensidad nacida de su entrenamiento heroico, sus manos entrelazadas con las de ellas mientras besaba cada centímetro de su piel: sus cuellos, sintiendo el pulso acelerado bajo sus labios, lamiendo el sudor salado que resbalaba por sus gargantas como néctar caliente; sus hombros, succionando suavemente para dejar marcas rosadas que palpitaban; sus senos, succionando con una devoción feroz que las hacía arquearse, su lengua trazando espirales alrededor de los pezones, el sabor de su piel como un néctar adictivo, salado y dulce con un toque de pólvora en Mitsuki y floral en Inko.
Mitsuki e Inko lo provocaban con palabras sucias y roncas, alabando su vigor —"Dámelo todo, pequeño héroe, no te contengas... llena a mamá con tu fuerza, destrózala desde dentro con tu polla palpitante" de Mitsuki, "Fóllame como a una perra en celo, hijo, haz que mi coño chorree tu semen caliente y me preñes como una puta incestuosa" de Inko— mientras Izuku respondía con toques audaces y salvajes, su lengua explorando sus pezones con lamidas lentas y succiones profundas que los hacían hincharse, sus dedos frotando sus clítoris hinchados en sincronía con sus embestidas brutales, círculos precisos y rápidos que las llevaban al borde, sus interiores apretando como vicios calientes y húmedos, contrayéndose en ondas violentas que lo masajeaba hasta el éxtasis, sus gritos resonando como explosiones contenidas:
"¡Sí, joder! Me estás rompiendo el coño, héroe, córrete dentro y preñame" de Mitsuki,
"¡Hijo, mamá se corre en tu polla... lléname, hazme madre de nuevo con tu semen prohibido!" de Inko.
No contentos, se trasladaron a la cocina, donde Mitsuki e Inko lo sorprendieron contra la encimera fría que contrastaba con su piel ardiente, tomando una botella de miel de la despensa y vertiendo un hilo dorado sobre su pecho, el líquido pegajoso cayendo lentamente, fresco al principio pero calentándose con su piel, resbalando por sus abdominales en riachuelos que ellas lamían con lenguas que trazaban patrones ardientes y lentos, succionando cada gota con labios suaves y succionadores, el sabor dulce de la miel mezclándose con el salado de su sudor y el leve sabor de su piel, haciendo que su erección palpitara de anhelo.
"Sabe mejor en ti... ahora chupemos esa polla juntas, Inko".
"Vamos a tragarnos su semen como putas hambrientas, ordeñándolo hasta que nos llene la garganta".
susurró Mitsuki, arrodillándose junto a Inko para tomarlo en sus bocas, sus lenguas trazando patrones intrincados alrededor de su miembro, succionando con una intensidad que lo hizo gemir alto y gutural, sus manos enredándose en sus cabellos sudorosos, el calor húmedo de sus bocas envolviéndolo como guantes de terciopelo abrasador, sus lenguas girando alrededor de la cabeza sensible mientras sus dedos masajeaban la base con presión firme, alternando ritmos lentos que lo torturaban con succiones profundas y rápidas que lo llevaban al límite, el sonido resbaladizo de sus bocas amplificándose.
"Mitsuki-san... Mamá... no puedo... por favor".
jadeó él, su cuerpo temblando violentamente, pero ellas solo sonrieron con malicia, acelerando hasta llevarlo al borde, deteniéndose justo antes para prolongar la tortura exquisita, el sabor dulce de la miel mezclándose con el suyo pre-seminal salado, sus alientos calientes contra su piel enviando escalofríos eléctricos que lo hacían convulsionar.
"Aguanta, hijo... mamá quiere que me folles la boca hasta correrme en tu lengua, mientras Mitsuki te lame las bolas como una perra".
ronroneó Inko.
Luego, en el baño, bajo la ducha, el agua caliente amplificó cada roce como un multiplicador de sensaciones, sus cuerpos resbaladizos moviéndose en un ritmo frenético y salvaje, el vapor llenando el aire con un aroma limpio y húmedo mezclado con su deseo almizclado, el calor del agua picando en su piel sensibilizada.
Ellas se apoyaron contra la pared de azulejos fríos que contrastaba con su fuego interno, guiándolo para que las tomara desde atrás alternadamente, el sonido del agua cayendo en cascada mezclándose con sus gemidos roncos mientras él embestía con fuerza brutal, sus manos masajeando sus senos resbaladizos y bajando para frotar sus clítoris con dedos jabonosos, círculos rápidos y presionados que las hicieron gritar su nombre en aullidos primal, el pulso de sus interiores contra él como olas calientes y contrayentes, el agua resbalando por sus curvas en riachuelos que acentuaban cada movimiento, sus cuerpos uniéndose en un chapoteo rítmico y ensordecedor que resonaba en el espacio confinado, llevándolas a clímax tras clímax en ondas convulsivas.
"¡Fóllame más profundo, Izuku!".
"Rompe el coño de mamá con tu verga heroica, haz que chorree como una fuente".
gritaba Inko, mientras Mitsuki agregaba
"Sí, y luego lléname a mí... haznos preñadas, héroe sucio, que nuestros úteros se llenen de tu semen caliente y espeso".
Cada encuentro era una exploración prolongada y voraz, una danza de poder y deseo que parecía no tener fin, los sentidos abrumados por toques intensos, aromas embriagadores, sabores adictivos y sonidos primal: el roce de piel contra piel, suave y resbaladizo con sudor; el aroma de sudor salado y almizcle femenino que saturaba el aire; el sabor de besos profundos y piel lamida en el calor del momento; los gemidos que se elevaban como una sinfonía erótica y caótica.
En un almacén de U.A. durante un descanso entre entrenamientos en un dia de visita de los padres a sus hijos, Mitsuki e Inko lo provocaron con uniformes ajustados que habían traído "para animarlo", los tejidos ceñidos abrazando sus curvas como segundas pieles, dejando que las explorara con aceite de masaje perfumado con lavanda y almizcle, sus manos resbalando por sus pieles mientras ellas gemían alto, sus piernas envolviéndolo con fuerza mientras se unían en el suelo polvoriento y frío, el olor a metal y sudor mezclándose con su pasión, el tacto aceitoso amplificando cada caricia resbaladiza, sus dedos deslizándose por sus pliegues húmedos antes de penetrarlas alternadamente con embestidas feroces, prolongando cada movimiento hasta que se convulsionaban alrededor de él en espasmos violentos que lo apretaban como puños.
"Cambia, Inko... fóllame a mí ahora, Izuku, estira mi coño con esa polla gruesa mientras Mitsuki me lame el culo como una lesbiana sucia".
exigía Inko.
En su coche, estacionado en un callejón discreto bajo la lluvia que tamborileaba en el techo como un ritmo primal, ellas lo montaron alternadamente con una intensidad que hizo crujir los asientos, sus manos enredadas en su cabello mientras sus cuerpos se movían en sincronía desesperada, el calor del vehículo amplificando cada sensación hasta hacerla insoportable, sus gemidos ahogados por besos desesperados y mordiscos, el aroma confinado de deseo llenando el espacio como un gas afrodisíaco, sus interiores apretados masajeándolo mientras aceleraban el ritmo a un frenesí, llevándolo a un clímax que lo dejó temblando y gritando sus nombres:
"¡Corréte en nosotras, héroe!".
"Lléname el coño de semen mientras mamá Inko te chupa las bolas".
En un motel discreto al que escaparon una noche, con el neón parpadeante filtrando luz rojiza a través de las cortinas como sangre pulsante, ellas lo ataron juguetonamente a la cama con bufandas, los tejidos suaves contra sus muñecas tensas y sudadas, provocándolo con hielo que derretía gotas frías sobre su piel caliente, resbalando por su pecho y abdomen hasta su miembro palpitante, el contraste de frío y calor haciéndolo jadear y convulsionar, seguido de plumas que rozaban zonas sensibles —sus pezones endurecidos, la parte interna de sus muslos que picaba, la base de su erección sensible— con toques ligeros que lo torturaban hasta el borde de la locura, antes de cabalgarlo alternadamente con ferocidad, prolongando cada movimiento descendente, sus paredes internas contrayéndose en ondas deliberadas y apretadas, sus ojos brillando en la penumbra mientras susurraban promesas sucias y exigentes —"Corréte dentro de mí, hijo, preña a mamá como una zorra incestuosa" de Inko, "Lléname el útero con tu semen caliente, héroe, hazme gritar como una puta preñada" de Mitsuki—, el sabor de sus labios aún en su boca cuando finalmente lo liberaban para que las volteara y las tomara con fuerza brutal, embistiendo hasta que todos colapsaban en un éxtasis compartido y exhausto, sus cuerpos temblando en ondas residuales.
En otro de sus difrentes y constabtes encuentros en la casa bakugou, volvieron a tener sexo en el sofá, donde se entrelazaron en una posición íntima y feroz, él encima alternando entre ellas, envolviéndolas con sus piernas como vicios, sus cuerpos moviéndose en un ritmo perfecto y salvaje, el sonido de su unión mojada resonando como un eco sensual y chapoteante, cada embestida profunda y lenta al principio, construyendo hacia un frenesí que los hacía gritar.
Cada embestida era una confesión primal, cada gemido una promesa ronca, el aroma de su sudor y deseo envolviéndolos en una burbuja sofocante.
Mitsuki e Inko lo miraban con ojos brillantes y feroces, sus ojos llenos de pasión descontrolada, sus manos acariciando su rostro mientras susurraban con voces entrecortadas:
"Eres increíble, Izuku".
"Mi pequeño héroe... dámelo todo, lléname hasta que explote con tu semen espeso y caliente" de Mitsuki,
"Fóllame, hijo... preña a mamá, haz que mi vientre se hinche con tu semilla prohibida, como una puta maternal" de Inko.
Alcanzaron el éxtasis juntos, sus cuerpos temblando en un orgasmo simultáneo y violento que los dejó exhaustos, colapsando en un abrazo sudoroso y pegajoso, sus respiraciones entrecortadas llenando el silencio como jadeos animales, el pulso de sus corazones sincronizados, sus interiores pulsando alrededor de él en ondas finales que lo vaciaban por completo, dejando un calor residual que ardía.
"Esto es nuestro secreto, ¿verdad?".
murmuró Mitsuki, besando su frente con labios hinchados, sus dedos trazando círculos perezosos en su pecho, el tacto cálido prolongando la conexión, el aroma de su unión persistiendo en el aire como un recordatorio eterno.
"Pero mi puerta siempre está abierta... y la de Inko también".
Izuku, jadeando, asintió, su corazón latiendo con una mezcla de culpa ardiente, deseo insaciable y una conexión profunda que no podía ignorar, el aroma de sus pieles grabado en su memoria como un tatuaje invisible y quemante.
Inko, acurrucada contra él, susurró
"Sí, hijo... mamá te necesita siempre, fóllame cuando quieras, preñame una y otra vez como tu puta personal".
Los días siguientes fueron un torbellino de emociones intensas, el mundo exterior —las clases en U.A., los entrenamientos con el sudor pegajoso y el eco de explosiones que dejaban un zumbido en sus oídos y un sabor metálico en la boca— contrastando con los momentos robados con Mitsuki e Inko, donde cada mirada casual en la academia encendía un fuego interno.
En U.A., Izuku seguía enfrentándose a Katsuki, pero cada insulto de su rival le recordaba el secreto ardiente que compartía con Mitsuki e Inko, el aroma de sus perfumes persistiendo en su mente como un fantasma seductor que lo endurecía en momentos inoportunos.
Ellas lo visitaban con pretextos: traer almuerzos con un aroma casero que lo tentaba, discutir el progreso de Katsuki con sonrisas que ocultaban promesas lascivas, pero cada encuentro derivaba en pasión desenfrenada y voraz, ahora en tríos explosivos.
En sus casas, en rincones discretos de la academia donde el polvo y el silencio amplificaban cada susurro y roce áspero; en moteles donde el neón parpadeante filtraba luz rojiza sobre sus pieles, tiñéndolas de pasión y sudor; su relación se profundizó, cada encuentro más audaz, más íntimo y brutal, los sentidos sobrecargados con nuevos detalles: el tacto de sábanas arrugadas y húmedas contra su espalda, el sabor de piel salada lamida en el calor del momento con mordiscos que dejaban marcas, el aroma de deseo confinado en habitaciones cerradas que saturaba los pulmones, el sonido de gemidos ecoando como música prohibida y primal.
Mitsuki e Inko encontraban en Izuku una vitalidad que reavivaba su pasión explosiva, un escape de sus rutinas —el matrimonio de Mitsuki con Masaru, la soledad de Inko—, cuya gentileza era reconfortante pero carecía de la chispa feroz que Izuku les daba con cada embestida; mientras él crecía en confianza, no solo como héroe con el zumbido del One For All en sus venas que lo hacía sentir invencible, sino como amante, aprendiendo a complacerlas con la misma dedicación que ponía en sus entrenamientos heroicos, cada toque una victoria sensorial y salvaje, explorando nuevos ángulos —besos en la parte interna de sus muslos que las hacían temblar y gritar "¡Sí, lame ahí, héroe sucio!", dedos curvados para encontrar ese punto interno que las hacía convulsionar en éxtasis con gemidos como "¡Joder, me estás haciendo chorrear como una puta!", lenguas entrelazadas en besos que duraban minutos eternos y dejaban sabores mezclados en la boca, tríos donde se lamían mutuamente mientras él las follaba alternadamente con palabras como "Chupa mi clítoris mientras tu hijo me rompe el coño, Inko".
Años después
En la ciudad musutafu, ahora mas futurista, iluminado por neones que parpadeaban como estrellas artificiales y vigilado por héroes que surcaban el cielo con estruendos supersónicos, dejando estelas de luz cegadora en la noche, Izuku, ahora en sus 20s, se había convertido en Deku, un pro hero de renombre, su dominio del One For All inspirando a millones con un poder que vibraba en su cuerpo como un trueno contenido, sus músculos endurecidos por batallas que lo habían marcado con cicatrices profundas pero honorables que picaban bajo la ropa.
Katsuki, como Dynamight, era su aliado en batallas épicas contra villanos, su rivalidad transformada en un respeto forjado en el fuego de incontables misiones compartidas, el aroma a explosiones quemadas aún uniendo sus caminos, sus puños chocando en saludos que resonaban con camaradería y vibraban hasta los huesos.
Mitsuki e Inko, aún radiantes en sus 40s, mantenían su relación con Izuku en la sombra, sus encuentros menos frecuentes pero más profundos y intensos, sostenidos por un amor que desafiaba las convenciones sociales, el tacto de sus pieles aún fresco en su memoria, evocando noches de pasión que habían evolucionado de frenéticas a tiernas pero con una ferocidad subyacente, con toques que conocían cada secreto del otro y lo explotaban hasta el límite.
En un apartamento discreto que compartían para sus citas, lejos de los ojos de Katsuki y Masaru, con vistas a la ciudad que zumbaba con vida nocturna —luces parpadeantes reflejándose en las ventanas como fuego líquido, el distante rumor de tráfico como un pulso urbano que sincronizaba con sus corazones—, Mitsuki e Inko lo recibieron una tarde, sus figuras ligeramente cambiadas por embarazos incipientes, sus vientres comenzando a redondearse bajo vestidos sueltos que abrazaban sus curvas maduras, acentuando sus senos más plenos y sensibles, sus caderas más anchas, el aroma de sus perfumes floral llenando el espacio, mezclado con un nuevo dulzor maternal que lo atraía.
"Pequeño héroe, mira el lío en que nos metiste a las dos... nos has preñado como putas sucias con tu semen heroico".
bromeó Mitsuki con una voz ronca de deseo, atrayendo a Izuku para un beso lento y profundo, sus labios suaves y cálidos, hinchados por los cambios hormonales, su lengua explorando con una ternura que contrastaba con su pasión pasada pero se intensificaba con cada roce, sus manos descansando en sus vientres, el calor de sus pieles traspasando la tela como una promesa de vida nueva y ardiente.
Inko se unió, besándolo también:
"Sí, hijo... mamá y Mitsuki llevan tu semilla prohibida... ahora fóllanos suave, pero haznos corrernos como antes, con tu polla gruesa estirándonos los coños preñados".
Él, emocionado, besó sus pieles expuestas en los escotes con labios hambrientos, sus manos temblando de orgullo y amor mientras acariciaba suavemente las curvas de sus embarazos, sintiendo los leves movimientos bajo sus palmas como aleteos sutiles que lo llenaban de maravilla y lo endurecía, sus labios rozando la tela para besar los vientres con reverencia, lamiendo ligeramente las pieles expuestas para saborear su dulzor salado.
"Nuestro secreto ahora es una familia doble... voy a follaros hasta que gritéis, pero con cuidado para no dañar a nuestros bebés".
respondió, su voz llena de la misma determinación heroica que lo había llevado a la cima, el aroma de sus perfumes mezclándose con el suyo, un cóctel de flores y sudor heroico que los embriagaba.
Mitsuki e Inko rieron, sus chispas explosivas intactas, sus ojos brillando con picardía mientras lo guiaban a la cama, donde se entregaron a una pasión más suave pero no menos intensa y sensorial, sus cuerpos uniéndose con movimientos lentos y profundos, sus manos explorando las nuevas curvas con toques sensitivos y presionados, gemidos suaves pero guturales resonando mientras él las llenaba con cuidado pero firmeza, sus interiores más cálidos, húmedos y sensibles por los embarazos, contrayéndose en ondas suaves que los llevaban a un clímax compartido y tembloroso que los dejó entrelazados, los pulsos de las vidas nuevas entre ellos vibrando como ecos de su unión.
"Tendremos que entrenar a estos pequeños para que sean tan fuertes como tú y tan explosivos como nosotras".
"Verdaderos héroes Bakugo-Midoriya".
susurraron ellas, sus dedos trazando patrones en su pecho sudoroso mientras soñaban con el futuro, sus cuerpos aún palpitando.
Mientras Katsuki y Masaru seguían sus vidas ajenos, con el eco de explosiones distantes marcando sus días como truenos lejanos, Izuku, Mitsuki e Inko forjaban un legado en la sombra, donde el heroísmo y la pasión se entrelazaban en un tapiz eterno y ardiente, los sentidos aún vibrando con los recuerdos de toques pasados, aromas persistentes y promesas de un mañana compartido, lleno de amor prohibido y fuerza inquebrantable que quemaba en cada fibra.