Capitulo 1
Hola, soy Clara. Si estás leyendo esto, significa que he decidido contar mi historia, una historia que ha estado atrapada en mi corazón durante años. Regresé a Villanueva después de tanto tiempo, y no puedo evitar sentir que este lugar guarda secretos que aún no he descubierto. La última vez que estuve aquí, todo cambió. El eco de esos días me persigue, y ahora, al cruzar el umbral de mi antigua casa, siento que los recuerdos me envuelven como una niebla espesa.
La puerta chirrió al abrirse, como si la casa misma estuviera despertando de un largo sueño. El olor a madera envejecida y a flores marchitas me recibió, trayendo consigo una oleada de nostalgia. Mis ojos se posaron en las paredes, cubiertas de fotografías en blanco y negro, cada una de ellas un destello del pasado. Allí estaba mi madre, sonriendo con su vestido de verano, y yo, pequeña, con el cabello alborotado, sosteniendo una muñeca. A su lado, Ana, mi mejor amiga, con su risa contagiosa y su espíritu libre.
Pero esa felicidad se desvaneció en un instante, y ahora, al mirar esas imágenes, solo puedo sentir un vacío profundo. Me acerqué al viejo piano de mi madre, cubierto de polvo, como si esperara que alguien lo tocara de nuevo. Mis dedos se deslizaron por las teclas amarillentas, y una melodía familiar fluyó de mis manos. Era una canción que solía tocar, una de esas que llenaban la casa de vida y alegría. Pero ahora, la música solo me recordaba lo que había perdido.
Después de unos minutos, me levanté y decidí que debía enfrentar mis demonios. Tenía que ir al lago, el lugar donde todo había comenzado y donde, sin querer, todo había terminado. Caminé por el sendero que me llevaba allí, sintiendo cómo cada paso me acercaba a un pasado que había tratado de olvidar. Las hojas crujían bajo mis pies, y el viento jugaba con mi cabello, como si intentara consolarme.
Al llegar al lago, me detuve. La vista era hermosa, pero me sentía abrumada por la tristeza. El agua brillaba bajo el sol, reflejando el cielo azul, pero sabía que ese lugar guardaba secretos oscuros. Me senté en la orilla, dejando que mis pies tocaran el agua fría. Las memorias de los días felices con Ana inundaron mi mente, pero también la angustia de su desaparición.
Recuerdo aquel día con claridad. Era un día de verano, el sol brillaba intensamente, y nos habíamos prometido que nada podría separarnos. Pero la vida tiene una forma cruel de interrumpir los momentos felices. Ana desapareció sin dejar rastro, y mi mundo se desmoronó. La búsqueda fue interminable, pero nunca encontramos respuestas. Fue entonces cuando decidí huir, dejar atrás el dolor y buscar un nuevo comienzo. Sin embargo, ahora, de regreso, sabía que debía enfrentar lo que había dejado atrás.
Mientras contemplaba el agua, noté algo brillar en el fondo del lago. Mi corazón se aceleró. ¿Podría ser un objeto de Ana? Sin pensarlo dos veces, me quité los zapatos y me metí en el agua. El frío me hizo estremecer, pero mi determinación era más fuerte que el miedo. Me sumergí, buscando entre las piedras y la arena, hasta que mis manos tocaron algo sólido.
Era un colgante, el mismo que Ana solía llevar. Lo sostuve en mis manos, sintiendo que un pedazo de ella había regresado a mí. Al salir del agua, con el colgante brillando entre mis dedos, una mezcla de tristeza y esperanza me invadió. Sabía que debía descubrir la verdad detrás de su desaparición. Este regreso a Villanueva no era solo una vuelta a casa; era una búsqueda de respuestas, una oportunidad para sanar las heridas del pasado.