LIA'S SCENT

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Summary

Londres, 1997. El britpop domina las radios y las portadas. Lia, una diseñadora atrapada en su rutina, acepta trabajar con una de las mayores leyendas. Lo que empieza como un encargo profesional pronto se convierte en una atracción imposible, marcada por la fama, los excesos y la soledad detrás del brillo.

Genre
Romance
Author
sel
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO I: Breathe.

6 de junio de 1997.


El caer del sol preparaba la inminente salida de la juventud londinense este viernes por la tarde. Las paradas de metro estaban abarrotadas de personas que ansiaban volver a casa tras una larga semana de trabajo, algunos con la intención de tumbarse en el sofá y otros con la idea de hacer una breve parada antes de desafiar a la noche.


Exactamente mi caso.


Tras cinco días de tolerancia infinita en la oficina, me disponía a beber todo mi peso en pintas, pues, a diferencia del trabajo, allí no tendría a nadie poniendo a prueba mi santa paciencia profesional.


No os confundáis: amo mi trabajo, es lo que toda la vida había soñado y por lo que había trabajado muy duro, desde aquellos garabatos que hice con pocos meses de edad hasta mi contundente experiencia como dibujante y diseñadora gráfica. Pero a nadie le gusta tener jefes, especialmente la que yo tengo.


Es por ello que, de alguna manera, el estrés tenía que salir antes de que yo escapase.


— Ya estoy en casa — murmuré mientras me quitaba los zapatos con los talones y me tiraba en el sofá.


— Llegas muy tarde. No nos va a dar tiempo a nada y todavía necesito probarme la mitad de tu armario — la figura de mi compañera de piso era la misma todos los viernes por la noche, Frannie se paseaba descalza por todas las habitaciones buscando el look perfecto, uno que no fuese ni muy ordinario ni muy recatado. Llevaba viviendo con ella tres años y nunca había visto un solo conjunto repetido, dado que se gasta la mitad del sueldo en ropa y cuando se queda sin opciones, acude a la mía. Hoy era ese día. — No te quedes ahí parada mirándome, ¡métete en la ducha y ayúdame a elegir algo! — asentí esbozando media sonrisa y me levanté.


Por muy superficial y presumida que fuese Frannie, en lo que respecta a la mejora de la imagen personal era una profesional. Es por eso que siempre me dejo asesorar por ella.


— Tienes razón, necesito una ducha urgentemente — no era consciente de las pintas que llevaba hasta que me miré en el espejo. Tras estar todo el día trabajando con tizas tenía el pelo como un nido de pájaros decolorado, unas ojeras hasta la comisura de los labios y la ropa llena de polvillo.


— Yo siempre tengo razón. Y échate mi acondicionador — cerró la puerta del baño y encendí la radio preparándome para una larga y relajada ducha.


Al cambiar de emisora comenzó a sonar el remix de Missing de Everything But The Girl. Llevaba varios años siendo tendencia y era la canción perfecta para sentirte todo lo poderosa que deberías un viernes tarde. Por aquel entonces no tenía mucho conocimiento sobre la música electrónica ni sus derivados, ya que me había pasado los últimos tres años siendo oyente pasiva del britpop gracias a Frannie, cuya batalla interna más importante era elegir entre Blur y Oasis. Pero era importante abrir nuevos horizontes, sobre todo en un trabajo creativo como el mío. La cadena Kiss 100 FM llevaba amenizando mis tardes varios meses desde que mi compañero de piso, Connor, me había adentrado en este mundo. Mundo del que Frannie no quería formar parte.


Es por ello que, tras unos breves bailoteos en la ducha y dos kilos de polvo de tiza más tarde, salí de la ducha sintiéndome nueva y preparada para lo que el fin de semana me tuviese preparado.


Al salir del baño me encontré a Connor con una bolsa enorme de comida china, intentando convencer a Frannie de algo a lo que ella se mostraba muy disidente.


— ¿Qué pasa? — Pregunté, aún con la toalla en el pelo y el albornoz.


— No te lo vas a creer — Connor se levantó de golpe, acercándose a mí con tres tickets en la mano y los ojos más brillantes que le había visto nunca. — Hoy en el trabajo ha venido mi jefe y nos ha dicho que un productor que es amigo suyo le ha regalado entradas para un concierto por un favor que le debían — levanté una ceja con incertidumbre y me agarró de los brazos — Pues bien, nadie quería ir así que me ha dado a mí las tres entradas. Entradas para el concierto de Sonic Reign que empieza en tres horas.


Me quedé boquiabierta, llevaba meses escuchando a Sonic Reign, especialmente su último disco, el cual sonaba en casa un mínimo de tres veces al día. Connor era el mayor fan de la banda, me había pegado la fiebre por Oliver Rowan y llevaba semanas intentando conseguir entradas para los dos, pero había sido imposible porque iba a ser en una sala con acceso muy limitado.


Y las habíamos conseguido.


— Estás de puta coña — sabía que Connor podía ser cruel a veces, pero tanto como para engañarme con esto...lo dudaba mucho.


— Yo nunca haría bromas con esto — me quedé quieta, sintiendo como la emoción me subía por el cuerpo y una ola de calor me embriagaba por dentro...hasta que vi a Frannie de brazos cruzados sentada en el sofá.


— Oh, venga, no seas así — dije ladeando la cabeza y levantando los brazos.


— Sabéis que no me gusta mucho esa música. No va nada con mi estilo, bastante tengo ya con escucharla en casa constantemente.


— Frannie — susurró Connor tratando de tranquilizar a la bestia — ¿Has oído lo que he dicho? entrada limitada, eso no nos pasa todos los días, ¿verdad? y mucho menos en Prismatika — la cara de Frannie cambió por completo, se levantó despacio, pudiendo notar su nerviosismo desde fuera, cuando empezó a caminar muy despacio por la habitación.


— ¿Estás diciendo que vamos a ir a Prismatika, uno de los clubs que más frecuentan los famosos?


— Sí. Quién sabe a quien podemos ver allí. Igual aparece Miles Ashford — Frannie soltó un grito y salió corriendo a su habitación. Ya la había convencido. Connor había dicho las palabras mágicas y me había salvado de una hora de pruebas de vestuario absurdas, ya que, durante años, Frannie había pensado en el conjunto perfecto, por si finalmente llegaba el día en que viese a su amado Miles, cantante de Loom.


— Sigo en shock. No sé que voy a ponerme ¿Qué se pone alguien para ver a Sonic Reign? — Abrí el armario de un impulso y empecé a revolver entre todas las perchas, hasta que Connor cogió un top muy escotado que llevaba años sin ponerme y me lo dejó en las manos.


— Se pone sexy. Qué es lo que vas a estar con este top — me eché a reír. Razón no le faltaba, las pocas veces que me lo había puesto me veía muy atractiva, pero quizás era demasiado. — Sé lo que estás pensando — me miró fijamente — Yo te he regalado la entrada así que, por esta vez, yo elijo tu ropa, aunque la parte de abajo la tienes que pensar tú. — se asomó a la puerta y antes de cerrarla, dijo — Yo también me voy a poner sexy, no tardes.


Entre toda la ropa decente y cómoda que tenía, encontré unos pantalones negros ajustados de campana con estampado de flores gótico, heredados de mi madre, que, en su juventud, era mucho más lista que yo, siendo consciente del cuerpo de escándalo que estos hacían.


Me maquillé rápidamente, con sombras oscuras y poco colorete, me puse los pendientes más grandes que tenía y las deportivas con la plataforma más alta. No es mi estilo en absoluto, pero reconozco que me queda espectacular.


Al salir de la habitación, vi a Connor recalentando la cena, vestido entero de negro y con su pelo rizado bien definido. Frannie seguía en su cuarto, pero yo estaba segura de que en cualquier momento saldría con un vestido diminuto que no dejaría nada a la imaginación y unas sandalias de plataforma. Esas eran sus armas de mujer cuando tenía un objetivo entre ceja y ceja.


— Cuanta razón tenía — dijo Connor con una mano apoyada en tras echarme un buen vistazo.


— Gracias. Al que tiene razón, nadie se la quita — me acerqué a él para darle un beso en la mejilla y empezamos a preparar la mesa.


En ese momento, el sonido de una puerta abriéndose con gran ímpetu desbordó por toda la casa. Frannie estaba preparada.


De repente, una mujer rubia de metro setenta con las piernas brillantes y el pelo esponjoso apareció por nuestro salón.


— Bueno, ¿qué tal estoy? — mis ojos se dirigieron a la inminente mirada de Connor, que, como si de un tigre hambriento se tratase, la miraba como a una aparición religiosa.


— Estás preciosa — dije mientras le sujetaba el brazo para darle una vuelta. A Frannie le encantaba la atracción, se volvía loca por ella. Por eso sabía cómo conseguir cumplidos tanto de hombres como de mujeres.


— Gracias. Tú también estás divina. Cuello halter con escote pronunciado, ¿eh? ¿A quién quieres impresionar? ¿ahora eres una groupie? — las dos reímos al unísono mientras Connor intentaba recuperar la respiración.


— Estás impresionante. Supongo que es mi destino estar rodeado de mujeres guapas — Connor era un casanova nato, especialmente con las rubias, siempre nos contaba sus líos con mujeres, que no eran pocos, pero siempre acababan como empezaban, en líos. Tenía un pavor especial al compromiso y tanto Frannie como yo éramos conscientes, pero desconocíamos el por qué, si porque lo que le movía era estar con muchas chicas o por miedo a enamorarse de verdad.


— No me gustan los macarras — declaró Frannie acomodando sus sandalias de diez centímetros y su vestido rosa — ¿Podemos cenar ya? Me muero de hambre.


Una vez en el metro nos encontramos con más gente que iba de camino al concierto. Había de todo, fiesteros de espíritu libre, ravers, amantes de la cultura alternativa y alguna que otra pija que acompañaba a sus amigos. Como Frannie.


— ¿Qué tal te ha ido hoy en el trabajo? ¿Se supone que te iban a decir el nuevo proyecto, no? — preguntó Connor.


Desde que había comenzado a trabajar para esa agencia y mi jefa me amargaba la vida ambos habían comenzado a preocuparse por mi. Frannie no entendía muy bien por qué mi relación con un superior era tan caótica, ella es profesora en un colegio infantil y ese es un ambiente mucho más relajado, teniendo en cuenta que todos los niños la aman.


Por otro lado, Connor trabajaba en Camden en una tienda de ropa vintage, no era su trabajo soñado, pero era lo que le ayudaba a pagar el alquiler y sus estudios de producción musical y sonido.


— Bueno...bien, supongo. No es un nuevo proyecto como tal, nos ha contratado un grupo para ayudarles con lo relacionado con diseño para merchandising. El lunes mi jefa se reúne con ellos y a raíz de eso empezaremos a trabajar.


— Un grupo ¿Qué grupo? — Cuestionó Frannie.


Scent — La cara de Frannie y Connor se convirtió en un poema.


Scent era uno de los grupos más conocidos de la escena pop rock de los últimos años. Habían tenido varios número uno en pocas semanas y sus discos se vendían como chicles. La prensa rosa y la MTV los seguían a todas partes, especialmente a su cantante, Neil Lane.


— ¿Estás de coña? — preguntó Connor boquiabierto mientras Frannie parecía tener una ataque de nervios.


— Oh Dios mío, oh Dios mío. ¡Oh, Dios mío! ¡Lia, vas a trabajar con Scent! — le tapé la boca a Frannie con las manos e intenté tranquilizarlos a los dos. — Llevamos tres horas juntas ¿Cómo no me lo has dicho antes?


— Escuchad, a mí también me hace mucha ilusión ¿vale? Pero conozco a mi jefa, sé que no nos dejará trabajar directamente con ellos. Además, esta gente suele tener muchas cosas que hacer, que pensáis que va a pasar ¿Qué se van a sentar conmigo en un escritorio de ocho a cinco, de lunes a viernes? —


— Aún así, es una oportunidad increíble — Exclamó Connor.


— Lo sé, y por eso me da tanto miedo cagarla. Pero tengo un contrato de confiabilidad para estas cosas y se supone que no puedo decir nada, así que calladitos, y lo digo sobre todo por tí.


Frannie cerró la boca como si de una cremallera se tratase para proceder a chillar internamente.


— Dios mío, Neil Lane — murmuró por lo bajo — Creo que estás cumpliendo el sueño de cualquier mujer en este país.


— Bueno...no sé si el de toda mujer, el mío se llama Oliver Rowan — Ambas reímos al unísono mientras Connor ladeaba la cabeza con una sonrisa.


Las paradas de metro fueron pasando y finalmente llegamos al concierto. Según nos acercábamos a la entrada me latía el corazón más rápido, nunca había estado en un sitio como este ni en un ambiente parecido.


Ya en la cola pudimos ver a algunos personajes conocidos del panorama actual, productores de música, presentadores de televisión y actores, pero, por desgracia para Frannie, ni rastro de Miles Ashford.


Al entrar, vimos un escenario bastante grande, con una sala que poco a poco iba llenándose de gente como nosotros, mientras que en los palcos exclusivos estaba la gente más famosa del momento.


Fatboy Slim, Sasha & John Digweed y The Chemical Brothers eran algunos de ellos. Connor sabía que si conseguía hablar con ellos su amago de carrera musical como DJ podría empezar antes, pero todo estaba rodeado por los de seguridad.


De repente, la oscuridad se hizo en la sala, y Sonic Reign salió al escenario, dando lugar a un montón de gritos, botes y luces de neón.


Mientras tanto, Oliver Rowan estaba a unos quince metros de mí. Era hipnótico, sus ojos te atrapaban y te desafiaban al mismo tiempo. Ni tú misma eras consciente de lo que se te pasaba por la mente al ver tanta energía junta. Era explosivo, arrollador e incontrolable.


Connor comenzó a saltar como un loco junto al resto de la gente mientras yo me dejaba llevar por la música. En un momento dado, se giró, me cogió del brazo y posó una pastilla de éxtasis en mi mano.


Durante unos segundos lo dudé, no era la primera vez que lo tomaba, aún así, sabía el efecto que causaba en mí y lo mucho que podría arrepentirme mañana.


Pero, ¿para qué está el mañana más que para arrepentirse? Así que me la tragué junto a un trago de roncola.


Pasado un rato del concierto ambos estábamos bañados en sudor, la pastilla todavía no me había hecho efecto pero en cierto modo ya me sentía extasiada.


Frannie había desaparecido, a ella la música no le importaba pero estaba buscando algo que sacar de todo esto.


A Connor le brillaban los ojos desde que entró en el local, lo que más ansiaba en el mundo era eso. No por la fama, el dinero o las chicas, sino por cómo hacía sentir a las personas, él quería ser el motivo de que todo un local bailase con sus mezclas, de que viviesen la mejor noche de su vida gracias a él, y que pudiese observarlo todo desde lo alto del escenario. Supongo que desde siempre él había sido muy complaciente.


La gente de mi alrededor saltaba y bailaba sin parar, las bebidas se iban derramando a cada bote que daba la gente y todos se movían muy desinhibidos. Era la máxima expresión de libertad y libre albedrío que había visto nunca.


Tras unos minutos admirando cada detalle de mi círculo visual, empecé a notar los efectos de las drogas. Los colores de las luces parecían más intensos, la música sonaba como si saliese de mi cabeza y comenzaba a sentirme cada vez más eufórica.


La temperatura me estaba subiendo cada vez más, me sentía más viva que nunca y sentía una conexión muy fuerte con todo lo que estaba sucediendo en torno a mí.


Connor pasó su brazo por mi pecho, atrayéndome a él para darme un beso en la cabeza. Al éxtasis la llaman la droga del amor, cosa que mi amigo demostraba cada vez que la consumía. Se volvía extremadamente cariñoso con el resto y nos hacía saber cuánto nos apreciaba, algo que de normal no suele hacer.


Mi corazón palpitaba a mil por hora, no podía dejar de bailar y saltar, parecía que el mundo se había parado y solo continuábamos viviendo nosotros en él.


De pronto, una chica subida a la tarima extendió su mano, haciéndome gestos para que subiera con la otra. La miré fijamente, pensando si de verdad debería hacer eso estando bajo el efecto de una pastilla que me había hecho perder la vergüenza por completo.


Pero no tuve tiempo a pensarlo, sentí a alguien agarrándome por la cintura y subiéndome a la tarima mientras la chica me agarraba de la mano. Al girarme vi a Connor, él me había subido y me estaba animando a bailar.


Así que bailé, todo lo que pude y más. Más de lo que había bailado en toda mi vida. Me sentía el centro del mundo, observada por todos los asistentes de la fiesta mientras disfrutaban de un espectáculo inolvidable. Es como si me hubiera metido en un videoclip, como si estuviera rodeada de cámaras. Como si la fiesta fuese un pastel y yo la cereza de decoración que se pone arriba.


Todo estaba en mi cabeza. Pero sí había algo real, las cámaras, que no paraban de hacernos fotos a las tres chicas subidas a la tarima.


Sonic Reign había comenzado a tocar Run, la que era mi canción favorita de los últimos meses. Así que estaba animando al público a volverse completamente loco. Se habían hecho distintos pogos en la pista, la barra estaba llena de gente de pie y las chicas se subían a los hombros de sus novios para poder llegar a tocar la mano de los miembros de la banda. Era como si el apocalipsis fuese una comedia.


De pronto, vi a Frannie en el fondo de la gente, abriéndose paso a empujones mientras me miraba con los ojos muy abiertos y desesperados. Al llegar a mi, me agarró del brazo y comenzó a gritarme al oído, pero había demasiado ruido como para entenderla.


— ¡No puedo oírte!


— ¡Scent está en el palco!


Me di la vuelta y levanté la cabeza. En efecto, Scent estaba en el palco. En el palco que estaba justo encima de mí. En el palco que tenía visión directa a lo que llevaba haciendo toda la noche. Y por si no fuera poco, al darse cuenta de que les observaba fijamente, Neil Lane se quedó mirándome.


Me di la vuelta petrificada, bajé corriendo de la tarima y me mezclé entre la gente. No había empezado a trabajar con ellos y ya habían visto más de mí de lo que había visto nunca nadie.


Avancé a trompicones hasta el baño, donde al entrar un grupo de chicas empezó a aplaudirme, silbar y gritarme onomatopeyas. Sonreí incómoda, dándome cuenta de que ya no estaba sola en el mundo, ni era ninguna cereza encima de un pastel. Era una chica que había bailado como una stripper muy saltarina hasta arriba de éxtasis delante de sus futuros jefes.


— ¿Qué estás haciendo? — preguntó Frannie enfadada desde la puerta del baño — ¿Por qué te has ido corriendo?


La cogí del brazo y la acerqué a mi — Creo que me han visto.


— Oh, cielo, te han visto todos los presentes — tapé mi cara con las manos y ladeé la cabeza — ¿Cuál es el problema? Estabas espectacular. Hechizante, los hombres te miraban como si estuvieran teniendo una aparición divina.


— Y eso está muy bien, pero te recuerdo que Scent está aquí y en menos de 72 horas empiezo a trabajar con ellos — susurré agresivamente.


— ¿Y eso es lo que te preocupa? ¿Crees que no hacen cosas así? No creo que sea su primer concierto de música electrónica — ella siempre sabía cómo tranquilizarme, qué decir en el momento adecuado, pero estaba tan nerviosa y tan excitada que no sabía cómo actuar — He estado hablando con un periodista musical durante toda la noche, es muy guapo y atento, la verdad es que no sé qué hace aquí — comentó mientras me colocaba el top y me arreglaba el pelo — Me ha invitado a subir a su palco, quiero que tú y Connor subáis conmigo. Hay muchos DJ's y a Connor le vendría genial conocerlos.


— ¿A un palco? ¿Todavía más cerca de ellos? — estaba desesperada, había entrado en bucle y no paraba de pensar en la escena tan poco profesional y anticorporativa que había hecho allí mismo.


— Oh, por Dios, eres muy dramática. Te pones insoportable cuando tomas pastillitas de esas — me pintó ligeramente los labios con uno de sus ocho pintalabios que siempre llevaba en el bolso y me agarró por ambos lados de la cabeza — No es el mismo palco y no se van a dar cuenta de que estás en frente, seguro que tienen muchas drogas que tomar o groupies a las que soportar.


Cogió mi mano y me sacó del baño a rastras. Al salir, ahí estaba Connor, confundido y entusiasmado al mismo tiempo. Frannie le puso al corriente de la situación y todos nos dirigimos al palco VIP, al que, sorprendentemente, sí que nos dejaron pasar.


Pasé las siguientes horas en el lugar más lúgubre del palco, disfrutando del concierto de manera modesta y tranquila sin llamar mucho la atención, escondida entre el mobiliario. Desde allí podía ver a Frannie, sentada casi encima del periodista, usando todos sus recursos disponibles, y Connor, que hablaba con distintos DJ's a los que les prestaba minuciosa atención.


Al acabar el concierto, los palcos llenos de famosos, se iban vaciando poco a poco según iba terminando la noche. Las pocas mesas que había estaban despejadas, solo quedaban los posos de los vasos y ceniceros llenos de colillas.


Ahora estaba tocando un DJ, y por lo tanto seguían vendiendo copas. Como ya habían pasado unas horas desde que me había tomado la pastilla, comencé a sentir la garganta y la boca muy secas. Entre todo lo que había sudado y bailado, no tenía sentido que no me hubiese deshidratado antes.


— Hola, ¿puedes ponerme una botella de agua sin gas? ¿Por favor? — Le pregunté a la camarera.


— No nos queda, pero puedes ir a la barra del palco de al lado — hice una mueca de incomodidad — pasa por detrás, no hace falta que des toda la vuelta — levantó la puerta de la barra y me dejó pasar, salí por la puerta trasera y llegué al otro palco, estaba más vacío de lo que se podía observar desde el mío.


— Hola, ¿me puedes dar una botella de agua por favor?


— Claro — El camarero abrió la nevera y sacó una botella de agua fría mientras me miraba con los ojos entrecerrados ladeando la cabeza — ¿Eres la que estaba en la tarima? — Asentí, muy avergonzada — Bailas muy bien, ¿te dedicas a ello?


— No — reí — Es la primera y última vez que lo hago, pero muchas gracias — abrí la botella de agua y me la bebí casi de un trago. Tenía la sensación de haber perdido mi peso en sudor aquella noche.


De pronto, mientras estaba apoyada en la barra, vi como un grupo de jóvenes con pintas entre grunge, pop y rock se levantaban del sofá donde quedaban las últimas personas. Parecían un grupo de adolescentes ligeramente enfadados, pero la realidad es que eran Scent.


Desde donde estaba no podían verme, pero yo a ellos sí. Así que me quedé observando a mis futuros jefes el tiempo justo antes de salir corriendo otra vez.


Los cuatro parecían la misma persona, tenían la misma forma de vestir y un peinado muy parecido, pero el color de su pelo era distinto y tenían los rasgos de la cara muy marcados, lo que ayudaba a diferenciarlos.


Chris Davies era el batería, probablemente el más tranquilo de la banda, nunca estaba metido en problemas. La prensa no le prestaba suficiente atención dado que era muy correcto, pero a mí me parecía un chico enfocado en lo que le gustaba. Llevaba toda la vida con su novia del colegio y se habían casado recientemente, eran una pareja ejemplar, y me imagino que con una confianza de hierro.


Aidan Foy era el guitarrista, un irlandés atento pero escéptico, por eso quizás duraban tan poco sus decenas de relaciones con modelos. Era el que más hablaba con los medios, le gustaba ser el centro de atención y como figura no daba mala imagen.


Malcolm Grafton era el bajista, sin duda el más mediático. Natural de Memphis, en los inicios de la banda se metía en peleas cada fin de semana, había sido un alcohólico empedernido y un adicto a las mujeres. Se rumoreaba que llegó a estar en el loquero por tres trastornos distintos durante meses, tenía 29 años, un hijo, y ya se había divorciado dos veces.


Y por último, Neil Lane, el cantante. La mitad del país estaba pendiente de lo que hacía, a dónde iba, qué hacía y, sobre todo, con quién se juntaba. Se había convertido en una especie de sex symbol nacional gracias a su belleza natural y su aire despreocupado. Parecía un buen chico, pero siempre he pensado que tiene una especie de coraza, que nunca se involucra demasiado.


Era muy atractivo, alto, delgado, con una mirada sencilla pero completa, el pelo castaño claro revuelto y un pendiente plateado que lo convertía en alguien todavía más interesante.


Su música no era completamente de mi estilo, pero he de reconocer que no estaba nada mal. Las letras eran mucho mejor que las melodías, pero su presencia escénica los ayudaba mucho.


El problema estaba en que, en Londres, en junio de 1997, o eras muy audaz o te quedabas atrás. Veníamos de una época muy activa, con el britpop, el auge de la música electrónica, girlbands de pop, grunge...por lo que, o sabías reinventarte, o te hundes.


Scent no se había hundido, pero se había chocado contra un iceberg, necesitaban ayuda en todos los aspectos, incluida la imagen y el merch, así que me imagino que por ese motivo contrataron a la empresa para la que trabajo.


— Vamos a cerrar ya, ¿te importa moverte? Voy a limpiar la barra — me disculpé con el camarero y me separé de la barra.


Al mirar a mi izquierda, pude ver como Neil Lane estaba a cinco metros de mí dejando unas botellas vacías en la barra. Sus ojos se posaron en mí y esbozó una media sonrisa.


Volví a la realidad instantáneamente. Tenía que salir de allí ya y esta vez, a poder ser, sin reaccionar como una lunática. Me di la vuelta tras haber hecho una mueca rara entre asombro, susto y vergüenza y volví a mi palco a un paso muy ligero. Al llegar, cogí a Connor y me lo llevé a casa.


Frannie había decidido irse con el periodista y yo necesitaba escapar de allí lo antes posible.


De camino a casa, Connor no paraba de hablar sobre los contactos que había hecho, todo lo que le habían contado y las fiestas a las que le habían invitado. Pero entre el sueño, el bajón de la pastilla y el ridículo, sentía que estaba escuchando debajo del agua.


Al llegar a casa le di las buenas noches y me metí en la cama, siendo consciente de que al día siguiente tendría mucho que meditar por todo lo sucedido.