INTRODUCCIÓN
Hay lugares donde el tiempo no se mide en horas, sino en recuerdos.
En la pequeña villa de Varenna, junto al Lago di Como, las campanas suenan con una cadencia antigua, como si guardaran secretos de otras vidas. Dicen que, cuando el viento sopla desde el norte, puede oírse una melodía perdida, una que jamás debió olvidarse.
Adeline Kriegal llegó buscando respuestas para su tesis sobre una mujer del siglo XIX: Eleanora Weiss, pianista y escritora, desaparecida en circunstancias inexplicables. Pero cuanto más se adentra en su historia, más siente que algo —o alguien— la observa desde el otro lado del espejo del tiempo.
Y entonces lo sueña.
Kaiden Gavintara. El hombre que toca la misma melodía que ella escucha en sus sueños. El mismo nombre que aparece en los diarios de Eleanora.
Lo que comenzó como una investigación se convierte en un viaje hacia lo invisible: un entrelazamiento de almas separadas por más de un siglo, un eco de amor que atraviesa la muerte, la locura y la memoria.
Porque a veces, las campanas no llaman al presente. Llaman a lo que nunca terminó.