Capítulo 1: El vacío
Los vidrios de la ventana estaban empañados, empapados en el vapor de calor del adentro, pequeñas gotas caían de manera lenta por la ventana, respirándose aires de tranquilidad y calidez. A lo lejos sonaba el silbido de la tetera hirviendo en el fuego y precipitadamente sonaban pasos acelerados hacia ella.El fuego se apaga y una muchacha toma la tetera cuidadosamente con un trapo color azul, deposita su contenido líquido en dos tazas negras con unas cucharas largas, mientras el calor las empaña, revuelve ambos, ya que al fondo de la taza estaba el endulzante, se huele a la distancia el penetrante aroma a café que poco a poco empieza a llenar la pequeña casa, las paredes blanquecinas parecían sonrojarse de tanta calidez.Toma ambas tazas y con sumo cuidado de no volcar ni una gota, las lleva al cuarto a paso lento, por suerte había dejado la puerta abierta, al entrar en la habitación está un muchacho sentando en la cama apuntando el control remoto a la televisión frente a él.
Ella cruza el umbral con la cabeza levantada, esbozando una sonrisa muy orgullosa por su obra.— ¡El café está listo! ¿Ya encontraste algo para mirar? — Mira con dulzura sus brillantes ojos rasgados que voltean a mirarla
Ella posa para él, levantando levemente el hombro, ya que sus ojos la miraban como si fuera una obra de arte.
— Una comedia ¿Está bien? — Sonrió sin dejar de mirarla de esa manera dulce.
— Por supuesto, ten — Le acerca su bebida.
El toma la taza por el aza y la coloca en el posavasos de su mesa de luz mientras ella se sienta en la cama y apoya su espalda en el respaldo acolchonado.La película comienza y se acercan más el uno al otro con una gran sonrisa de complicidad mientras le pegan un sorbo cada uno a su café.Luego de unas risas entre escena y escena, la película termina y el muchacho la acerca, claramente para acurrucarse, ella apoya su cabeza en el pecho y quedan así un buen rato, tanto era la comodidad del calor que cada uno se brindaba, que atentan a quedarse dormidos, poco a poco y silencio a silencio la tarde fría se convierte en noche rápidamente, aunque sea temprano en el reloj, el clima no ayuda a que el sol siga en el cielo más tiempo, ambos estaban reposando pacíficamente de manera cómoda en los brazos del otro con ojos cerrados. Precipitadamente la muchacha abre los ojos de manera amplia, aunque sus ojos ya eran bastante grandes, parecía que se le hubieran abierto de más, quería evitar dormirse, pero fue en vano ya que ante la somnolencia inevitablemente sus ojos empiezan a caer nuevamente... la muchacha da un brinco y suavemente se despega de los brazos del muchacho, le da unos golpecitos suaves en la cara para despertarlo.
— Amor... No te quedes dormido...Ya vuelvo.
— Te espero...— Le sonrió dulcemente.
El lentamente va abriendo los ojos y asiente con la cabeza, ella tan enérgica como siempre, casi de inmediato corre al baño rápidamente, hace mucho frío y quiere ahorrar el mayor tiempo posible que no estén sus pies sobre el suelo. Prepara la piel de su rostro para irse a dormir, ya que efectivamente sabía que iba a quedarse rendida apenas vuelva a la habitación, sale del baño tratando de ser lo más rápida posible, sus pies se despegan de la alfombra cálida del baño y vuelven a tocar la cerámica fría que a pasos rápidos casi corre hacia su habitación, con rapidez brusca abre la pesada puerta color roble y da un paso hacia adentro con la cabeza baja, queda con la mirada fija en el suelo, pero algo no está bien, lo que le roba toda su atención, insólito para sus ojos, con detenimiento examina el piso, con el ceño fruncido del desconcierto, que estaba en su máximo esplendor.
— El piso es ¿Blanco? — Susurró con temblor en su voz.
Su habitación no tenía pisos blancos...si no marrón. Levanta poco a poco la vista para inspeccionar y sus ojos se abren más de lo común ante la sorpresa, su habitación no estaba allí, no existe rastro de ella, ni de la cama, ni sus muebles, ni su novio, es un sin fin de blanco, vacío como una hoja de papel, sin bordes, si nada, no parecen haber paredes ni algo que diferencie el suelo que pisa, paredes ni techo, solo un vacío enorme sin principio ni final, ante su evidente desconcierto analiza todo a detalle esperando encontrar lo que sea, de manera desesperada, su corazón empezó a ir más rápido, su cuerpo se llenaba de miedo, solo quería salir de allí.Se voltea con la respiración agitada, puesto que piensa que es una alucinación, una terrorífica alucinación.
*—Volveré al baño y me lavaré la cara, todo está bien—*
Pensó tratando de respirar calmadamente y sonrió de manera forzada, intentando transmitirse a sí misma tranquilidad. Al voltear para volver por donde vino queda aún más consternada. Su cocina, que estaba al lado de su habitación tampoco estaba allí, no había si quiera puerta a la cuál volver. El pánico se estaba apoderando de su cuerpo y comenzó a temblar mientras buscaba de manera desesperada una salida, sin embargo, no paso mucho tiempo hasta que logró ver algo, achinando un poco los ojos, notó que ya no era tan vacío el lugar donde estaba, en la lejanía a unos pasos de distancia se alejaba un joven peli negro vestido de traje, ante él, una puerta instantáneamente había aparecido y sin dudas la abrió, saliendo por ésta con naturalidad.
— ¡¡Espera, para por favor!! — Gritó desesperadamente, en vano, pero no la escuchaba.
—Hey!! — Negó desesperadamente.
La adrenalina le recorría el cuerpo, corrió lo más rápido posible, con todo de si, antes de que la puerta se cierre, estaba alejándose cada vez más.Corrió lo más rápido que pudieron sus piernas, pero el joven no la había escuchado.
— ¡Espera! — Gritó más desesperadamente, pero seguía sin escucharle.
Aceleró el paso por la adrenalina y logró detener la puerta golpeándola bruscamente con su mano, antes que el muchacho la cierre, al notar que no hubo sonido de la puerta cerrándose tras de él, sino más bien un golpe en seco, el muchacho voltea rápidamente a la defensiva, con una mano en uno de sus bolsillos, como un animal salvaje queriendo atacar, se frena a si mismo al ver que ella no es una amenaza.
Se da cuenta de su modo defensivo, por lo que se recompone enderezando la espalda y exhalando fuertemente, la analiza de arriba hacia abajo con la mirada, está agitada y con la mirada pérdida, totalmente desesperada, como un cachorro perdido, aun así, su mano permanece inmóvil por un momento, reposando en el bolsillo hasta que siente que es seguro, suelta lo que sea que tenía sostenido allí y saca la mano de este, definitivamente ella no es una amenaza. El muchacho que solo se había concentrado en analizar sus gestos y comportamientos, no pudo evitar darse cuenta de que ni siquiera le había mirado bien su rostro, no se había dado cuenta que no le había prestado la suficiente atención a ello, por lo general, podia notar todos los detalles. Le dio otro vistazo, ella lo miraba impaciente, esperando una respuesta, lo que sea que la ayudase, sus miradas se encontraron fijamente, en él se vio el asombro inequívoco en los ojos que, desde ya, ya eran llamativos por su gris claro, por lo que ahora se le notaron más, ya que los abrió con sorpresa evidente, negó con la cabeza un momento con una leve sonrisa que se le dibujó de manera natural, la borró para fingir naturalidad ante su nueva espectadora, la examinó de arriba abajo, otra vez, sin poder creerlo.
— ¿Qué diablos? — susurró para sí, casi inaudible.
— ¿Qué? Discúlpame, no tengo muy buen oído...—dijo mientras se entrelazaba los dedos y miraba a su al rededor con confusión, apartando la mirada de sus ojos.
Detrás del muchacho había un pasillo de departamentos, parecía un lugar muy pulcro y elegante, de pisos negros con paredes blancas como el mismo vacío, mientras que, a su diferencia, tras ella la puerta que daba al eterno blanco profundo, se cerró, haciéndola ir un poco hacia adelante por la sorpresa del ruido de la puerta tan cerca.Él intento controlar sus emociones e intento actuar más natural que sorprendido, evidentemente, en vano, ya que la sorpresa que tuvo fue inevitable no notarla. Aun así, actuó su papel de desinterés a la perfección.
— Parece perdida, señorita, no debería estar aquí. — Agregó con tranquilidad fingida. — ¿Necesita ayuda? —
La miró de arriba a abajo, ya que solo tenía un pantalón pijama blanco, una camiseta larga Blanca también, y además estaba descalza.Ella llevo sus dedos a sus cienes y se las masajeo.
— Sí, yo no sé cómo terminé aquí, solo quería irme a dormir y mi cuarto no estaba...solo había un lugar muy blanco, donde te vi...y corrí hacia aquí, no sabía que hacer…—
El apretó los labios ante la preocupación y empezó a mover los ojos mientras pensaba, a la vez que aguantaba las ganas de llorar por la desesperación.
— Bien, te puedo ayudar a volver a tu casa, pero tienes que quedarte quieta aquí, tengo algo muy importante que hacer ahora, pero te prometo que volveré, quédate quieta y no hables con nadie de esta dimensión.
— ¿Disculpa? O sea que... ¿viaje a otra dimensión? — Contestó de manera abrupta, casi al segundo que terminó de hablar.
Empezó a ponerse más Blanca de lo que su piel pálida ya le permitía, se sostuvo con la pared ya que sintió que perdía el equilibrio de la impresión, además que su estómago se revolvió, tenía ganas de vomitar.
— No entiendo…No me siento muy bien…
— Carajo...tu tranquila, te prometo que en un momento saldrás de aquí. Puedes esperarme unos minutos esto realmente es urgente. —
Ella asintió con la cabeza mientras miraba pensativa al suelo.— Es mejor si te sientas en el suelo... — le puso las manos en los hombros como empujándola a que se siente y ella se sentó.
El chico se llevó una mano a la frente y se la rascó ante la frustración al no saber si era muy buena idea dejarla sola, en ese estado, completamente desorientada y aturdida, no pudo evitar mirarla otra vez, como a un cachorro perdido al que quería rescatar, pero no podía perder tiempo, tenía que irse, y rápido. Trató de convencerse a sí mismo unos segundos mirándola, estaba temblorosa, con los ojos vidriosos y con la mandíbula muy cerrada. Negó con la cabeza, tenía que terminar lo que había venido a hacer, se agachó poniendo una rodilla sobre el suelo para ponerse a su nivel, la miró a los ojos y ella respondió a la mirada.
— Vas a estar bien, no me tardo... Por favor, no hables con nadie. — indicó mirándola con preocupación.
Ella asintió con la cabeza y respiró profundo, éste le regaló una sonrisa, se puso de pie tan rápido que la sorprendió y salió corriendo rápidamente por el pasillo. Pasaron los minutos de una manera tan pesada que parecian horas, ella se agarró la cabeza con las manos y apretó su rizado cabello naranja de los nervios, casi haciéndose daño en el cuero cabelludo.
— ¿Cómo voy a volver a casa? — susurró para sí misma con la voz un poco quebrada.Una de las puertas de los departamentos se abre, de la cuál, sale una mujer muy bien vestida, madura y risueña.
— Bueno hijo cuídate mucho, vuelvo la semana que viene. — se escuchó de fondo, la voz le resultaba muy familiar, tanto que la obligó a levantar la cabeza rápidamente para ver si se trataba de quien ella pensaba. Del asombro abrió un poco la boca y la inspeccionó un segundo.Era su suegra, pero se veía diferente, tenía ropa elegante, cuando suele estar más informal, pero ahora tenía un bolso más caro que dos de sus sueldos y con un maquillaje muy bonito con tonos marrones que le favorecían a sus ojos rasgados. Ambas se miraron, la mujer asombrada la inspeccionó rápidamente también sin poder ocultar la sorpresa en sus ojos, de manera veloz salió del departamento para ponerse a su nivel y mirarla con ternura además de una evidente preocupación maternal.
— Corazón... ¿Qué te pasó? ¿Estás bien? — Le toma las manos para levantarla del suelo, instantáneamente por instinto al apenas levantarse del suelo la abraza fuertemente agarrándose de su cuello, hondando el abrazo, al cerrar los ojos, comenzaron a caerle lágrimas de estos.—Tranquila, todo está bien...— la aparta suavemente, poniendo las manos en sus hombros, la guía a su costado, para luego ponerle una mano atrás asistiéndola adentro del departamento que seguía con la puerta abierta. Caminaron juntas y ella podía sentir en la planta de sus pies sentía el tacto un poco más cálido de un piso de madera. La luz que entraba de los grandes ventanales la cegaba un poco, a lo lejos distinguía una figura de un muchacho abotonándose un blazer y disfrutando de la grandiosa vista, unos edificios y a lo lejos un parque gigante lleno de verde.Este volteó a mirar que estaba pasando y su cara cambió notoriamente al instante de una despreocupada mirada a una llena de ira y molestia, sin embargo, permaneció sereno, pero muy serio.Caminó con tranquilidad hacia ellas y al instante reconoció quien era, era su novio, pero su cuerpo se veía diferente, más tonificado y obviamente con un traje que parecía ser más caro de lo que le había salido remodelar su cocina. Ella sonrió un poco asombrada, no podía creer que era él justo en ese momento, aunque dentro de ella sabía que no era el mismo que estaba esperándola en su casa para dormir hace unos minutos.Ella corrió a abrazarlo fuertemente de la emoción, sin embargo, este permaneció inmóvil mirando con irritabilidad a su madre, mientras que, después de tan solo segundos del abrazo, de manera un poco brusca con sus antebrazos, quitaba las manos de su cuerpo.
Una vez con sus cuerpos apartados, le lanzó una miraba de arriba abajo con desprecio, para luego sostenerle la mirada con frialdad.— No la hubieras dejado entrar mamá... — Esta vez, miró a su madre con decepción y suspiró fastidiado.
Un poco incomoda ante la situación dio un par de pasos hacia atrás para darle espacio y quedar cerca de la madre de él.
— Quiero que te vayas ahora. — La miró brevemente como quien mira algo desagradable y volteó a buscar su teléfono que estaba sobre una mesa de arrime a unos pasos atrás de él.Ella temblorosa quedó inmóvil y se puso las manos sobre sus propios brazos acariciándolos, consolándose a sí misma.
— Lo siento, no sé qué pasó, pero lo lamento. — Aguantaba las lágrimas lo más que podía, pero una de ellas de todos modos calló.La madre de él bastante enojada fue hacia donde estaba su hijo y le susurró algo al oído, la chica no pudo escuchar mucho, solo una frase:
— ¿Cómo no vas a hacer nada? Mira lo mal que está, además está descalza. —
Él a su vez también le susurró algo y la cara de su madre ahora era de indignación.Fue hacia la muchacha y la estrechó con un abrazo afectuoso y largo.
— Ahora tengo que irme, ustedes hablen, no dudes en llamarme si necesitas algo. — Le susurró al oido mientras continuaba abrazada a ella.
Se apartó de manera lenta y le regalo una sonrisa sincera, para después salir por la puerta con cara preocupada mientras cerraba la puerta.
Lo único que la reconfortaba era saber que incluso en otra realidad, ella seguía siendo la misma mujer dulce que siempre la trató bien. Por otra parte, él, ignorándola completamente, se fue por un momento, entrando en una habitación, y salió casi de inmediato de ella con unas zapatillas blancas con franjas negras de deporte muy bonitas, de su talle.
— Es lo único que dejaste, ponte esto y no vuelvas por favor. — dijo fríamente entregándoselas en las manos temblorosas que ella alzó.Asintió con la cabeza y se agachó para ponérselas, con bastante dificultad por el temblor de su cuerpo nervioso.Se levantó y lo miró aun aguantándose las lágrimas, su mirada estaba llena de desconcierto y amor por él a pesar de todo, mientras la mirada de éste era impaciente y fría, esperando que se vaya lo antes posible.
— Muchas gracias, y lamento mucho haberte molestado. —Por dentro ella solo tenía preguntas, ¿Por qué la trataba de esa manera? ¿No eran pareja en esta realidad? ¿Qué había pasado?, sin embargo, le causaba mucho dolor, ya que a pesar de que no era él, no era su novio de su dimensión, aun así, sus palabras le dolían tanto como si fueran de él. Pero al menos, su suegra seguía siendo la misma de siempre, amorosa y atenta.
— Sí, me molestaste bastante, vete por favor. Y no te molestes en volver, ya llegamos a un acuerdo hace casi un año. —
Volteo para irse y sin querer las lágrimas empezaron a caer, se las limpió mientras caminaba hacia la puerta de salida en silencio, ya que si le respondía sabría por su voz que ya estaba llorando.Este notó que estaba llorando de todas formas y caminó hacia la puerta acompañándola para cerrarla.
— Y.…otra cosa, no te hagas la inocente con las lágrimas. Esa mirada de pobrecita ya no engaña más a nadie. Bueno, al menos a mí ya no…—
Dicho esto, cerró con fuerza la puerta y tras ella, su mandíbula se tensó queriendo aguantar las lágrimas, tragó saliva y suspiró tratando de calmarse, corrió lo más rápido posible pasando por los pasillos, a las escaleras con un nudo en la garganta, quería salir lo más rápido posible de allí.
Salió del edificio y el sol les molestaba a sus ojos rojos de llanto contenido y se tapó con una mano del sol.