01

Los años en la escuela de Shibuya nunca dejaban de ser una sorpresa para los jóvenes que cursaban en ella; incluso para Shinya, que ya nada podía impresionarle aparentemente, lo era. Su pasatiempo favorito era andar con sus amigos y molestarlos con bromas y chistes de todo tipo, pero si a alguien disfrutaba molestar sobre cualquier cosa era, sin duda, a Guren Ichinose. Él tenía algo, quizás su mal humor, lo fácil que era de irritar o el interés de por qué alguien como él tenía el corazón de su prometida. La realidad era que, sin importar qué, Guren era un idiota sin remedio que ganó su corazón y hacía que, por encima de cualquiera, Shinya disfrutara de molestar a Guren. Y por más golpes o maldiciones que recibiera del otro, jamás se cansaba. Sabía que en realidad Guren lo tomaba en cuenta como su amigo, aunque no lo admitiera, y solo eso bastaba para saber que sus palabras eran una mentira que su gran orgullo lo obligaba a decir, y que el "no ser amigos" era una vil mentira.
Ese día, en la escuela, Shinya tuvo un plan loco, uno que no incluyera a Mito y Goshi, mucho menos a Sayuri y Shigure; uno donde solo estuvieran Guren y él, como en algunas ocasiones llegaba a ser.
Se recostó en su mesa y estiró su cuello en dirección de Guren.
—Gureeeen.~ —Llamó entonando para irritar—Salgamos juntos hoy a pasear.~ —.
Hablaba y hablaba, incluso aunque la maestra estuviera hablando de fondo con la clase. A él jamás le regañarían por no prestar atención, y usaba eso para molestar a Guren a media clase.
La mente de Guren estaba en otra parte; pensaba en Mahiru Hiragi, su romance infantil e imposible; se preguntaba qué diablos hacer para que ella no se metiera en problemas. Cuestionaba hasta dónde podía llegar solo por el capricho de estar juntos y cómo detenerla. Sabía que ella hacía todo para que ambos pudiéramos ser felices, pero no le gustaba que fuera a ese precio.
Guren sostenía su cabeza con la mano, mirando por la ventana mientras el sol iluminaba su rostro. Observaba las nubes y las aves que pasaban, habiendo perdido el interés en las clases desde hace mucho. Se dejaba estos momentos para dejar su mente volar por horas, pero había un gran problema llamado Shinya Hiragi. Parecía que a él nunca le enseñaron a respetar la tranquilidad de alguien. Podía oír su voz en su oreja, pero estaba tan centrado en sus pensamientos que la voz de Shinya no lograba desmoronar la paz que había logrado tener, no del todo.
—¿Sí? ¿Sí? ¿Guren? Gu-reeeen.~ Di que sí.~ —.
Shinya seguía. Él no sabía de límites o espacio, y ya sabía que Guren, por muy molesto que siempre estuviera, estaba tan acostumbrado a sus actos como él mismo, pero jamás dejaría de ser su pasatiempo todo lo que tuviera que ver con Guren en general.
Al final Shinya le sacó del pensamiento picando con su dedo el brazo ajeno. Guren hubiera reaccionado un poco más agresivo por molestarlo, pero no se atrevería a levantarle la mano a Shinya en un lugar con tantos ojos y oídos dispuestos a dejarle mal parado; por eso solo suspiró enojado, pero se giró con un rostro neutro hacia el albino que estaba recostado sobre el escritorio. No sabía qué le había dicho, y con alguien como él, no diría que sí a algo que no escuchó.
—¿Qué quieres? —Respondió de forma cortante.
Aunque él levantara la voz, prefería no hablar muy alto. Shinya, feliz de tener su atención, le repitió su plan de salir de paseo. ¿Acaso recuerda que cada vez que salían les pasaba algo? Quería decir que no estaba ni lo más mínimo interesado en salir, menos con el foráneo. Además, le había prometido a sus subordinadas comer con ellas. Sin embargo, la insistencia de Shinya no le daba opciones, sobre todo porque sabía que si le decía que no, era capaz de ir a buscarle a casa.
—Bien, ¿Tienes algo bajo la manga? Te conozco lo suficiente como para saber que algo te pasa o quieres algo. —.
Cuando Shinya se ponía misterioso y ocultaba cosas, le daba curiosidad suficiente para no poder negarse. La curiosidad mata al gato, pero cuando no sabes ni qué es un gato, es complicado, sobre todo cuando esos ojos azules tan "inocentes" te engañan para atraparte y joderte la vida, como lo hace a diario con él.
—Tengo que volver antes de las 8. Les prometí a Sayuri y Shigure comer con ellas. Además, dudo que estemos fuera hasta tan tarde. Es peligroso para alguien con tanto poder estar en las calles a esas horas. —Continuó dando sus puntos.
Lo último iba claramente con burla hacia el de ojos azules. Finalmente, este pareció aceptar la regla sin antes quejarse del poco tiempo que le daba.
La clase siguió normalmente, ya que el albino se quedó descansando sobre la mesa. Guren lo miró; era el único momento del día que tenía para pensar en lo lindo que se veía callado. Le agradecería si alguien le pusiera una maldición para que se callara de vez en cuando, pero parece que esas cosas no se pueden siquiera pedir.
Cuando sonó el timbre para irse, el albino ya estaba despierto, y a una velocidad nunca antes vista tomó sus cosas canturreando que solo darían una vuelta gracias a que su gruñón compañero solo le daría pocas horas para realizar algo más interesante. Parecía que solo quería irse.
Guren rodó los ojos y guardó sus cosas. Sus subordinadas llegaron para que se fueran juntos como todos los días. Iba a decirles algo, avisar que saldría por unas horas, pero el albino le ganó. No tardó en acercarse. Shigure era muy seria y Sayuri se tomaba las cosas muy en serio, pero, aun así, las bromas nadie se las quitaba. Estamos hablando de Shinya.
—Lo lamento, Guren y yo iremos antes a hacer cosas de chicos. Ya saben, ir a ver chicas desnudas y eso. —Les susurró a las dos para no llamar la atención, aunque atención era lo que siempre tenía.
Cuando Sayuri se sonrojó solo palmeó su cabecita porque ella siempre recordaba que si Guren quería podía usarla a ella; no necesitaba escucharlo una vez más. Miró a Shigure que ya estaba lista para negar su mentira y recordarle que a Guren no le gustaban esas cosas, tan predecible ese par.
Salió del salón con su maleta sostenida en su hombro y con Guren atrás que antes de irse se despidió sacudiendo su mano de sus subordinadas. Mientras Shinya aún celebraba su éxito, salieron juntos del instituto y caminaron por las calles. Finalmente había parado, al menos con el triunfo de salir con él, porque sabía que Guren era del tipo que si se cansaba simplemente te dejaba ahí y se iba; al menos, en un momento así sin duda lo haría.
Shinya habló finalmente de otras cosas mientras caminaban, no le paraba la boca y eso ya era de conocimiento público; al menos así el trayecto era menor y el tiempo pasaba más rápido, aunque de igual manera, con Guren siempre había buenos días, menos cuando insistía tanto en hablar de su prometida, eso era lo que le cansaba. Siempre le daba un escalofrío hablar de ella y como el tema últimamente era solo de ella, prefería hablar más él, que dejarle los temas a Guren.
Guren únicamente escuchaba y de pronto daba su opinión en pequeños momentos de silencio entre tema y tema. Guren sabía que Shinya evitaba hablar de Mahiru; sabía que para él era muy complicado, que casi la odiaba. Podía entender su punto de vista, pero esa mujer vivía en su cabeza día y noche.
Sin saber en qué momento ocurrió, ambos llegaron al edificio con departamentos, aquel edificio que estaba a nombre de los Hiragi y donde supuestamente deberían de dormir los hijos en estos periodos escolares, pero Kureto se la pasaba en la escuela o con su papá, Seishiro era un caso perdido y Mahiru estaba desaparecida tanto como Shinoa.
Nadie, además de Shinya, volvía a ese edificio últimamente, y cuando reaccionó a que habían llegado a ese lugar le sonrió a Guren.
—Si te quedas conmigo, prometo que te haré curry. —Aquella propuesta fue en serio, pero no esperó respuesta porque se adelantó en ingresar y subir al elevador.
Guren sabía que Seishiro le mataría si estuviera en ese lugar, pero cuando la voz contraria habló sobre el curry, no pudo negarse. Además, Shinya ya se había ido. Nunca le diría que no a un curry, y menos si lo hacía Shinya, tenía buena mano para hacer ese manjar de los dioses.
Shinya cuidó que la puerta no se cerrara hasta que Guren se acercó y por fin pudieron subir ambos a su piso correspondiente.
En su habitación Shinya tenía videojuegos que ya había jugado con Guren, juegos de mesa en donde le había ganado a la mayoría menos a Guren, y comida, con la cual siempre alardeaba a Guren que le cocinaría algo si se quedaba. A veces accedía, otras no, pero así era con su amargado amigo.
No le permitió hablar en ningún momento porque siguió hablando, esta vez sobre los entrenamientos de la escuela.
Guren sacó su teléfono. Les dijo a las chicas que no le esperaran para comer, que Shinya haría curry. Ninguna se opuso; le dijeron que la pasara bien, pero Shigure le dijo que se cuidara. Esa frase le dejó un mal sabor de boca. ¿Cuidarse de qué? ¿De Shinya? Iba a contestarle el mensaje, pero las puertas se abrieron y tuvieron que bajar. Guardó el teléfono y miró la habitación. Por la cantidad de tonterías que había, era mucho de esperarse que Shinya no tuviera esas cosas, que eran para pasar el tiempo, los juegos y todo.
Cuando Shinya abrió la puerta, a Guren le llegó un aroma un poco dulce. Se le hizo extraño, sentía que nunca lo había sentido, pero ¿Cómo no iba a recordar un aroma tan adictivo? Solo actuó normal.
Se sentaron a jugar videojuegos o a hablar de cosas más profundas, como el futuro o qué hubiera pasado si no se conocieran. En estos temas ya se soltaban más, hablando entre cuatro paredes, sin que nadie los moleste y solo teniendo a Shinya, que para Guren era como un lugar seguro. Lograba demostrar lo cómodo que estaba, hasta él empezaba a hablar más de la cuenta.
—No lo sé, me encanta pensar que todo pasará, que lograremos salvarla, deshacernos de los Hiragi y poder vivir tranquilos. Sabes, me genera un poco de miedo el no saber qué va a pasar. Solo quiero que esto acabe, y si no... Nos escapamos, ¿Te parece? Nos vamos con los chicos, y aprendemos a vivir solos... Perdón, estoy diciendo tonterías, ¿Tienes calor? —.
Guren miraba la ventana, desde la cama de Shinya, estaba recostado mirando al atardecer. No hubiera podido haber dicho eso mirándolo a los ojos. Se esforzó por verlo; pero Shinya estaba a su lado con su teléfono, sacando fotos a ambos. Guren le dio una patada y Shinya se cayó de la cama. Se quejaba de que le había dolido.
—Auch, eso me dolió... —.
—Te estoy hablando, te digo mis tonterías y me ignoras, jódete, quédate en el suelo. —.
Al parecer, había logrado formar una guerra entre ambos, porque Shinya le agarró de los pies y le tiró al suelo con él. Terminaron peleando, y cuando Shinya ganó habiéndolo inmovilizado, se acercó a su oreja para burlarse de Guren, quien se dio cuenta de que ese aroma dulce que venía sintiendo desde hace ya rato venía de Shinya. En un forcejeo logró liberarse, se levantó y se sacudió la ropa. Cuando se giró para verlo, Shinya estaba haciendo lo mismo.
—¿Cenamos ya? Me dio hambre, quiero mi curry. —.
Shinya asintió, tal como lo prometió, fue a cocinar.
Shinya no notaba nada raro en Guren aparte de su extraña pregunta sobre el calor, y pensó más en ello mientras cocinaba el curry, porque el día estaba especialmente helado, y Guren incluso parecía estar a punto de sudar.
Por su parte, Guren pasó al baño antes de ir con él. Cuando llegó, se lavó la cara y se mojó un poco el cabello, realmente tenía mucho calor en esos momentos. Cuando volvió, se sentó en el sofá mientras Shinya cocinaba. Se estaba sintiendo un poco mareado, no tenía ni idea de qué estaba pasando, pero decidió ignorar el malestar. Un mareo no le iba a quitar su curry.
Cuando Shinya terminó de cocinar, se sentaron a comer, no sin antes agradecerle por hacer el curry.
Mientras comían, Shinya le miró más a profundidad; en efecto, parecía tener más calor del normal, y podía notar su respiración algo agitada. Cosas así de simples eran fácil de notar porque Guren era una persona relativamente tranquila, notaba que estaba inquieto y pensó en que quizás él no se la estaba pasando tan bien como había pensado, o que estaría enfermo, o peor, que la preocupación por Mahiru siguiera presente a pesar de que había tratado de distraerlo en toda la tarde. Era ya de noche y hacía especialmente más frío que antes, y por medio de una ventana abierta el frío entraba más al lugar.
Comieron y siguieron con charlas sin sentido alguno. Shinya ya había acabado de comer, pero conocía a Guren y si no se equivocaba... ¡Bingo! Quería más, así que con una sonrisa fue a servirle. Tomó el plato y se alejó a la cocina.
Por primera vez, Guren había mirado a Shinya por la espalda con atención. Sus instintos estaban gritando que lo siguiera, y lo hizo. Caminó detrás de él, y cuando se quedó quieto para poder echar un poco de arroz en el plato, lo abrazó por la espalda con fuerza.
—¿Eh? ¿Qué estás haciendo? —.
Sí, ¿qué mierda estaba haciendo?
Shinya primero se confundió, luego se extrañó y finalmente empezó a preocuparse porque Guren definitivamente jamás le abrazaría de una forma tan intensa.
—¿Por qué hueles tan bien? —.
Fue lo único que salió de la garganta de Guren antes de empezar a olfatear su nuca. Shinya empezó a pelear para que lo soltara con cierta alerta encendida, pero cuando él giró su cabeza para verle, sus ojos amatistas lograron que Guren se alejara, y se quedó mirándolo asombrado.
—Eres un jodido omega, ¿No? ¿Por eso hueles así? —.
Se sentía un poco engañado. Los ojos de Shinya mostraban incomodidad al mirarle.
Decidió alejarse. Estaba en celo, de seguro el aroma de Shinya lo provocó. Y no estaba tan alejado, los supresores que Shinya había usado ya no tenían efecto, y un olor así atrajo su celo que ya de por sí estaba muy cercano.
—Debo irme, no puedo estar así... Contigo. —.
Su voz resonó fuerte para los oídos de Shinya, que no pudo evitar poner una cara de incomodidad y verdadero horror. La forma en la que Guren lo decía, hablaba y le veía le hacía sentir mareado.
Se sostuvo un momento del mueble tras suyo y el plato resbaló de sus manos. Guren se iría, debía hacerlo, era lo correcto, él mismo lo había dicho; no podían estar juntos con Guren en ese estado, no cuando desde siempre sabía que Guren era un alfa y él era un omega. Aun así, no quería dejarlo ir y se sentía tan egoísta de querer aprovechar la oportunidad.
Miró a otro lado y no pudo evitar preguntarse si Guren se sentiría verdaderamente molesto con él por omitirle ese pequeño-gran-detalle.
—¿Conmigo? Si fuera Mahiru, lo harías enseguida, ¿No es así? —Soltó de pronto.
Shinya no era alguien impulsivo e inmediatamente se sintió tonto por esa única excepción. Se agachó y levantó el plato, dando una mirada fugaz a Guren antes de poner una muy pequeña sonrisa en su expresión. Dejó el plato en un lugar seguro y pasó rápidamente por su lado. No quería atreverse a mirarlo, o detenerse para cualquier otra cosa, solo fue a la puerta porque se quería obligar a sí mismo a dejarlo ir en ese mismo momento, antes de que cualquiera de los dos perdiera el control de cualquier otra cosa, y además, no quería que su aroma siguiera siendo la causa del malestar de Guren, aunque muy en el fondo se alegraba de que Guren aceptara que olía bien.
Guren se mantuvo alejado de Shinya en todo momento. Su cabeza, impulsada por las hormonas, ya estaba alucinando con Shinya, teniendo posibles imágenes en la mente de Shinya debajo de él. Por un momento dejó de pensar en esas imágenes eróticas cuando mencionó a Mahiru... Ahora que lo pensaba, nunca había tenido ese tipo de comportamientos hacia ella antes, nunca sintió ese gran deseo de morderla, quizás tenía algo que ver con que era una alfa. Fue entonces cuando Shinya pasó por su lado, y nuevamente tuvo el deseo de agarrarlo, pero se detuvo, observándolo desde lejos.
—Muy bien, vete Guren. No quiero que después quieras matarme o me eches la culpa de cualquier cosa que pueda pasar. —.
Aparentemente habló firme, pero su mano no se movió de la perilla, y ya que le estaba dando la espalda se permitió mostrar una verdadera expresión de preocupación, ¿Por qué no se estaba moviendo?
¡Reacciona, reacciona!
Inhaló profundamente sintiendo que en su departamento el aroma de Guren empezaba a notarse más, y como si el mundo le odiase sintió que sus propias feromonas se liberaban sin su permiso ante el propio instinto de provocar al alfa que se encontraba en celo, y por fin su mano se movió para abrir la puerta; solo eso, pues no la abrió por completo porque su propio cuerpo se negaba a hacerle caso. Sus manos temblaban mientras intentaba abrir la puerta.
El olor de Shinya llegó a la nariz de Guren, finalmente pudo identificar el olor, eran arándanos.
Resistir.
Resistir la tentación no es bueno.
Shinya es tu amigo.
No pudo aguantar más. Tiró de Shinya contra la puerta y se cerró por el impacto, evitando la huida. Guren regresó su atención a Shinya, volviendo a oler su nuca. Con su mano derecha, recorrió el brazo de Shinya hasta tomar su mano, y con la mano del albino, puso seguro en la puerta.
—Eres mío, desde ahora te pertenezco, Shinya Hiragi.~ —.
Con la otra mano, separó el cabello de Shinya y mordió su nuca con fuerza, dejando la famosa marca.
La impresión de Shinya pasó a segundo plano de un momento a otro tan pronto todo ocurrió. Era todo lo que una vez había querido escuchar y había deseado, pero se sentía incorrecto. Su mente se nubló y se mareó por un momento. La mordida ardía, dolía como nunca y de pronto sentía que todo dentro de sí estaba empezando a cambiar de una forma que le hacía sentir náuseas y a su vez empezaba a sentirse excitado, excitado por Guren que no se detuvo ahí. Sus manos comenzaron a explotar el cuerpo de Shinya, empezó a acariciar su abdomen sobre la ropa y presionó su ropa con fuerza para que no se soltara de su abrazo.
Cuando se separó de su nuca, se percató cómo esa camisa blanca se había manchado de sangre. Lamió alrededor de la mordida y soltó el agarre para que Shinya se diera vuelta. Ahora estaban cara a cara, estaban jadeando en la boca del otro. Se limpió sus labios, tenía rastro de su sangre. Entonces la culpa y cualquier otro pensamiento escapó de la mente de ambos, porque... ¡Al diablo!, querían al otro para ellos completamente.
—Hasta por dentro sabes delicioso. —.
Guren besó sus labios y se dejó llevar por el placer. Puso una mano en su mejilla para acariciarlo mientras se besaban, su otra mano se encargaba de desabotonar su camisa para ver su cuerpo de omega.
Por parte de Shinya, solo bastó que finalmente sus labios se unieran para rodear con sus brazos el cuello ajeno. Una de sus manos jaló la camiseta de Guren y apretó el agarre, mientras que la otra subió por su negro cabello para aferrar sus dedos en sus oscuros rizos y pegarlo a su cuerpo con la ansia de que lo tomara de una buena vez. Guren sonrió cuando la mano de Shinya fue a su cabello para agarrarlo, tal vez era una forma de sentirse un poco dominante. Lástima, porque ahora él mandaba; le pertenecía, todo su ser debía obedecerlo.
—Guren... Guren... —.
Shinya llamó entre el beso, podía sentir la mano ajena que buscaba desnudarlo y se lo permitió, ayudándolo a quitar la prenda cuando todos los botones quedaron libres. La camiseta resbaló por sus brazos y la dejó caer al suelo. Sus manos fueron rápidas a querer quitarle la camiseta a Guren para estar a la par.
Solo quería que le siguiera tocando, que no soltara su mejilla y mucho menos lo soltara a él, porque estaba dispuesto a derretirse en las manos ajenas, a deshacerse ahí mismo y perder todo su control.
Al acabar el beso Shinya alzó su cabeza jadeando por aire, y solo bastó un segundo para que pudiera bajar su vista para ver a Guren. Sus manos se habían quedado sujetas en el borde de la camisa, y se dio cuenta de que estaba temblando, que de no ser por la puerta detrás suya, o por Guren, habría perdido el control de sus piernas.
Eso era lo que toda su vida había odiado de sí mismo, lo débil y vulnerable que podía ser por culpa de su naturaleza como omega, de verse así de débil. Pero era Guren quien estaba mirando esa vulnerabilidad, y no le importó porque era al único a quien quería mostrarle ese lado suyo.
Así entonces, respirando agitado, se tomó su propia libertad de tocar con sus manos el abdomen expuesto de Guren, su piel caliente y tan suave, digna de él. Solo le hizo desear aún más que eso continuara así. Esta vez pegó sus cuerpos; Shinya estaba igual de caliente que Guren, su cuerpo temblaba por él. Qué adorable se veía.
—Guren... Guren te deseo.~ —.
Aquello lo susurró sobre la boca ajena, sus gemidos llamando a Guren por su nombre le dieron un escalofrío al aludido que recorrió toda su columna.
Shinya, sin esperar una respuesta, propio de él, atacó esta vez sus labios, hundiéndose en el sabor de su boca y pegando sus cuerpos en busca de fricción o una unión más cercana. Quizás él había provocado el celo de Guren, pero era culpa del celo de este que estuviera reaccionando a sus impulsos sin pararse a pensar en las consecuencias.
La mano de Guren que había logrado desnudar a Shinya, ahora se paseaba por los costados de él, su cintura, que si le hubiera prestado suficiente atención, se habría percatado de que era la de un omega. Apretó su piel en su cintura y clavó sus uñas para dejarle unos rasguños. Esas curvas ahora le pertenecían. Se veía tan delicioso a la vista que mordería cada parte para demostrar lo lindo y suave que era.
Las manos y piernas de Shinya temblaban; las sentía muy bien. Por lo mismo, puso su pierna derecha entre las piernas ajenas para que no sintiera que se podía caer. Bajó sus dos manos a sus muslos para apretarlos y disfrutar de acariciarlo. Él no era experto, por lo mismo haría que fueran despacio, descubriendo el cuerpo del otro con sutileza.
Las calientes manos de Shinya le tocaban, y él frotaba sus muslos mientras jadeaba en su oreja por el calor y para provocarlo.
—Yo también te deseo, mi adorado Shinya. —.
Agarró a Shinya con fuerza de los muslos y lo levantó; para Guren, él era como una pluma. De nuevo sus labios se encontraron, pero él no cerró sus ojos esta vez.
Miró la ventana con curiosidad. Estaban en un piso alto y sin que nadie se diera cuenta de lo que ocurría, así que solo quería molestar a Shinya. Caminó hacia la ventana y lo apoyó. Se separó del beso con una sonrisa ganadora.
Las manos de Shinya se aferraban con fuerza a Guren. Por un breve momento pensó que el destino sería la habitación, pero no fue así. Guren de nuevo lo apoyó en una superficie, y sus mejillas se tornaron más carmín, estaban al lado de la ventana.
—No puede ser...—Jadeó.
—Quiero que todos vean a quién le perteneces, así dejan de mirarte tanto. —.
Guren no tuvo piedad en tocar a su gusto su delicado cuerpo. Atacó sus lindos pezones, lamiéndolos y succionándolos, además de morderle un poquito la punta. Sus manos no podían quedarse tranquilas, así que le quitó el cinturón y lo tiró sin mirar, además de querer quitarle el pantalón para con sus manos llegar a su entrada ya lubricada, no sin antes levantar la vista para verle a los ojos. No es que fuera a parar, pero sí quería verlo. Se quedó mirando su rostro mientras con sus dedos jugaba en aquella zona, solo para ver sus ojos llorosos, eran tan adorables.
Dejó de chupar sus pezones y su mano libre entró al juego, jugaba como si fueras perillas. Con la otra introdujo un dedo dentro de él, Shinya ya estaba mojado para él.
Shinya no sabía por qué estaba tan sensible, si por el calor o la marca, pero de cualquier forma sus gemidos fueron esta vez más audibles, y añadiendo eso al pequeño temor de ser vistos; una mano fue a su boca, pero en lugar de cubrirla simplemente la apoyó ahí, teniendo espasmos que eran provocados por Guren, su Guren. Ya se sentía perdido en el placer.
—Parece que tu culo sabe lo que le toca, estás húmedo. —.
Shinya echó su cabeza atrás sintiendo algo de dolor aún en la mordida, pero no le importó. Guren había metido un dedo en su interior y hasta ahora no se había dado cuenta de lo desesperado que estaba por ello, tenía sentido que para ese punto ya estuviera mojado, pero que Guren lo dijera era vergonzoso.
—¿E-es tu turno de hacer bromas? —.
Shinya habló lo más claro que pudo, pero entre jadeos era bastante complicado, y el respirar tan irregular no ayudaba.
El ambiente olía a ambos y eso le hizo sentir mil veces mejor.
Apoyó su otra mano en la ventana y dio un suave mordisco a la mano que se mantenía sobre sus labios, solamente quería que Guren entrara en él de una vez, pero eso a su vez sabía que no podía ser posible por ahora, tampoco quería que se acabara tan rápido, porque si Guren se arrepentía, o él mismo se arrepentía, quería que al menos hubiera valido la pena.
Incluso así, no se dejaría dominar, al menos no del todo, porque en ese momento Guren podría tener control total de él con una sola mirada, después de todo cualquier cosa que hiciera o dijera le hacía ponerse más caliente, si eso era posible.
Su entrada se lubricaba para prepararse, y él solo quería pedirle que siguiera, que dejara de torturarlo; y por ello mordía sutilmente su mano, porque no diría más de lo que hiciera falta, al menos no lo soltaría todo recién al inicio, cuando todavía no pasaba lo interesante.
—Solo necesito a mi alfa... Guren.~ —.
Guren movía el dedo dentro de él, para asegurarse de que se estaba mojando, también estaba medio desesperado de ya querer entrar en él, pero sabía que podría hacerle daño, por lo mismo, movía su dedo. Luego de unos minutos metió otro, ya con dos dentro, era más fácil manejarlo y jugar dentro. Recordó ese famoso punto G, no tenía ni idea de dónde estaba situado, por lo mismo se puso a investigar dentro de él, mientras lo besaba o su mano izquierda, la cual jugaba con sus pezones, bajaba hasta el pene del foráneo, para iniciar con la masturbación.
Su intención era que se mojara y preparara lo antes posible, realmente estaba desesperado.
Tener a Guren dominando su cuerpo era mejor que todo lo que alguna vez no había imaginado, y lo único que quería era no olvidar ningún segundo de todo lo que estaban haciendo juntos. Tocarlo y ser tocado era como una montaña rusa de emociones y no podía dejar de ver a su alfa, que aunque estuviera en su celo parecía estar muy consciente de qué era lo que hacía.
—Quiero que cuando te la meta, grites mi nombre, y tengas a mis cachorros, ¿Entiendes, mi omega? —.
—Sí... —.
La sola idea de ser él quien tuviera los cachorros de Guren y que quisiera eso le hacía enloquecer, lo quería, lo deseaba y solo podía balbucear y aceptar todo lo que este tenía por decirle.
Guren estaba hablando por hablar, para provocarlo y por deseo de que le hiciera caso de gemir alto introdujo otro de sus dedos y con los tres dentro, pensó que ya era el tamaño adecuado.
Le dio el último beso y se separó de él, le dio vuelta para que pudiera ver la ciudad. Se sacó el cinturón y amarró las manos de Shinya en su espalda, quien se dejó algo sorprendido.
La ciudad afuera estaba oscura, iluminada por los edificios vecinos y las viviendas a lo lejos. No tener control de la situación por primera vez se sentía bien solamente porque sabía que en las manos de Guren estaba a salvo, por más que las propias estuvieran atadas.
Esta vez, Guren acercó su miembro a la entrada de Shinya y jugó un poco con él, frotándose en esa húmeda entrada. Por primera vez, lo estaba escuchando suplicar.
—¿Tú? ¿Suplicando? Realmente debes estar deseando que te lo meta. —.
—Por favor... Por favor... ¡Guren~! —.
Guren con sus manos agarró su cadera y fue entrando con cuidado en él, jadeos y gemidos salían de sus bocas, mientras entraba lo más suave que podía en el peliblanco. Sus piernas temblaban.
Guren se acercó a su nuca nuevamente, para besarla y lamerla.
—Tu interior es tan caliente, ¿Te sientes bien, verdad? Dime si te duele. —.
El cristal se empañaba por la caliente respiración de Shinya y su cuerpo tuvo un nuevo espasmo conforme Guren iba entrando más profundo. Se encogió de hombros gimiendo y murmurando su nombre, en su boca se escuchaba muy bien, así como su nombre se escuchaba bien en la boca de Guren.
Guren lo sostenía fuerte y estaba casi seguro de que al día siguiente tendría demasiadas marcas, y ahí estaba la parte emocionante de todo eso.
—Oh... Guren.~ —.
Apretó sus manos entre sí y cerró por un momento su vista. El sudor hacía que su cabello se pegara a su frente, y el que no; cayera desordenado sobre su cara. Si alguien podía llegar a ver lo que pasaba en ese departamento desde fuera, sin duda se llevaría la imagen de todo en sí, vuelto loco por su amado Guren.
Pese a ya no tener el control en absolutamente nada, aún buscaba la forma de provocar al alfa y hacerlo sentir bien, y eso quedó en claro cuando, luego de sentir que Guren casi terminaba de ingresar en él; movió sus caderas ligeramente mientras sus gemidos aumentaban. Estaba incluso más profundo que los dedos, y si ya se había sentido bien con ellos, esto era totalmente otra cosa.
Guren no había escuchado ninguna queja sobre si sentía dolor el pasivo, por lo cual no tuvo deseos de parar, menos cuando quedaba tan poco, cuando ya estaba dentro de él y su interior apretaba a su miembro.
Shinya realmente estaba en otra, Guren podía notarlo por las contracciones internas y los espasmos, sus piernas temblaban y se sentían débiles, como las de un animal herido que se había dejado morir, pero al menos no podría morir de placer.
Los movimientos de cadera de Shinya le indicaron que ya estaba listo y que no presentaba ningún tipo de dolor al tenerle dentro de él, así que con esta señal, dio la primera embestida. Tuvo cuidado de que su omega no se golpeara con la ventana, así que se alejaron un poco. Había puesto una mano en el abdomen de Shinya para sostenerlo, mientras que con su otra mano empezó a tocarle el culo.
Una sutil idea se cruzó por su cabeza; sabía que el albino venía de abusos físicos, así que dudó en darle una nalgada, no quería que se sintiera mal. Se notaba que confiaba en él, y no quería perderlo por un simple juego de excitación. Dejó pasar ese pensamiento y se concentró en las siguientes embestidas, con la misma intensidad que la anterior.
Ver su culito en su pelvis le hizo tener nuevamente ese pensamiento intrusivo. No pudo evitar actuar; su mano ya lo había hecho. Le habría pedido perdón, si no fuera porque Shinya soltó un gemido luego de la nalgada.
Se quedó mirando donde la mano había golpeado su piel; había una marca roja, era leve, pero se notaba que era de una mano. Decidió hacerlo luego de cada embestida: una estocada dentro de él y luego un golpe en su culo.
Sus gemidos eran lo mejor que había escuchado salir de su boca, además de como decía su nombre y le suplicaba.
Cada sensación que Shinya comenzó a sentir a partir de ahí era tan intensa que hizo que la vergüenza quedara en segundo plano, y todo pensamiento se nubló cuando la primera nalgada por parte de Guren llegó; seguida de muchas más que le hacían gemir y rogar más. ¡Al diablo si alguien los veía, o si alguien los escuchaba! Estaba siendo tomado por Guren, su alfa.
—Qué lindos sonidos hace tu cuerpo; hasta tu culo hace lindos sonidos cuando lo golpeo. No pensé que te gustaría que fuera brusco contigo. —.
Luego de eso, Guren empezó a hacer las embestidas más frecuentes y descoordinadas a propósito, para que el chico no pudiera prepararse. Además, era lindo pensar que la desesperación también era un tipo de tortura para él. Embestidas más embestidas en su culo; además de golpearlo, su mano en sus glúteos no desaparecía, estaba marcada. Por lo mismo, fue a sus caderas a hacer lo mismo; quería que todo su lindo cuerpo blanquito gritara que era suyo, que le pertenecía a un Ichinose.
Liberó sus manos y las puso en el borde de la ventana para que se sujetara. Ya teniendo a Shinya dando estabilidad, con la mano que lo había golpeado, agarró su cabello y lo bajó hacia atrás. Se reclinó sobre él para morderle la oreja y jadear con él.
Sentían diferentes sensaciones, entre ellas estaba el hecho de que estaban por acabar. Ninguno deseaba que esto se cortara, por lo mismo Guren decidió aguantar un poco más, pero hacerlo más intenso, embestida tras embestida, con más fuerza, sin sentir vergüenza, gemir por la clara excitación: No lograba aguantar mucho más, por lo que antes de dar las últimas y frenéticas embestidas, clavó sus dientes nuevamente en su nuca, donde, cuando dio las últimas embestidas con sus últimas fuerzas, se corrió dentro del albino.
Al unísono ambos alcanzaron el clímax, mientras uno lo rellenaba como un pavo en navidad. Había mordido con más fuerza y había tenido suaves espasmos. Se tuvo que quedar unos segundos en la misma posición para recuperarse.
Cuando se encontraron mejor, Guren intentó alejarse de Shinya, pero se dio cuenta de que habían quedado unidos por el nudo, no podía alejarse del albino por unos minutos.
—Mierda... ¿Estás bien? Lo siento si te golpeé muy fuerte. Me encantaría soltarte, pero estamos unidos. Tendremos que esperar. —.
Con sutileza, lo levantó y se sentaron en el sofá, era lo más cercano para descansar hasta que pudieran liberarse. El albino se recostó sobre el cuerpo del azabache.
Guren miró cómo el pene de Shinya tenía sus fluidos, sonrió un poco victorioso. Fue mirando su cuerpo con más delicadeza; era tan lindo. Solo que tenía un poco de sus propios fluidos encima y estaba sudando. Guren estaba en las mismas, por lo cual solo se frotó en su cuello, para sentirse amado por ese jovencito.
—Estoy bien, no pasa nada... Guren, ¿Tú estás bien? —.
Guren hizo un sonido aprobatorio con su garganta. Shinya se calmó.
Desde su lugar podía ver que sus muslos tenían las marcas de las manos de Guren, no solo ahí, en algunas zonas de su cuerpo; mientras miraba, Guren se frotaba en él, por lo que alzó una mano para acariciar el cabello de Guren. Echó su cabeza hacia atrás a pesar de que le dolió un poco su cuello, aun así quería ver a Guren a los ojos, quería confirmar que eso era real y no era un sueño bastante bien formado por su mente. Pero Guren estaba ahí, ya más tranquilo como él.
Cerró sus ojos mientras acariciaba la mejilla de Guren y esperaba.
—Estoy cansado... —Murmuró.
—Yo también estoy cansado... —.
¿Cuánto tiempo estarían así? A Shinya le preocupaba, el nudo era claramente algo que los alfas hacían para asegurarse de que sus omegas tuvieran cachorros, pero Guren no lo quería en realidad, una vez saliera de su celo volvería a pensar en Mahiru, y además no podían, los Hiragi se molestarían y la escuela...
Abrió sus ojos de golpe justo cuando sentía que Guren poco a poco dejaba de estar anudado. Soltó un suspiro deseando que de ahí no salieran cosas de las cuales no estaban seguros de tener o que al menos ambos lo querrían; como la marca, que ya estaba hecha.
Guren salió de Shinya, ambos estaban en las mismas condiciones, y por el cansancio, deseaban irse a bañar. Por lo mismo, Guren se levantó de nuevo, con el joven en sus brazos, caminó al cuarto del que tenía en brazos y se acostaron. Limpiarían las sábanas luego, pero realmente el sueño y el cansancio empezaban a afectarlos.
Guren quiso al menos decirle a Shinya que lo amaba, pero ya se había quedado dormido cuando Guren se giró para verlo a los ojos.
Decidió hacer lo mismo, así que se giró para darle la espalda y dormir como él.

Vaya, ya quería subir este fanfic hace mucho. Es una colaboración con mi parejaziggykiray realmente le tenemos muchas esperanzas.
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Gracias por leer, comentar y votar. Espero amén este fanfic y lo llenen de amor, ¡Nos leemos erizillos!
[ 28/10/24 ]










