Prólogo
Advertencia esta novela puede llegar a herir la sensibilidad de algunos lectores. Ya que trata temas como abuso sexual, maltrato, secuestro, violencia, tortura y depresión.
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El bajo resonaba en el esternón de Valentina como un tambor de guerra, cada golpe una vibración que intentaba, inútilmente, silenciar una inquietud persistente. El club, un laberinto de neón y sudor en el corazón de Buenos Aires, se suponía que era su santuario, un respiro en medio de una rutina que se había vuelto insoportable. Pero incluso aquí, entre la multitud anónima y el caos controlado, una tensión palpable la mantenía al borde, como si esperara un golpe inminente.
Respiró hondo, el aire denso cargado con una mezcla embriagadora de feromonas sintéticas, alcohol barato y la promesa latente de encuentros fugaces. Lavanda y pachulí, sándalo y cítricos... una cacofonía olfativa diseñada para estimular los sentidos y adormecer el alma. Cualquier cosa, pensó, era preferible a la nada que había estado sintiendo últimamente.
-Solo una noche -se repitió, aferrándose a la copa de fernet con coca como si fuera un amuleto. El vaso frío quemaba sus dedos, una distracción bienvenida del calor opresivo que la envolvía-. Una noche para recuperar el aliento. Una noche para sentir algo diferente.
Valentina, en un acto de rebeldía silenciosa, había optado por la comodidad sobre la ostentación. Un suéter de lana oversized, color gris ceniza, cubría sus hombros, proporcionándole una falsa sensación de seguridad. Lo había combinado con un par de shorts de jean desgastados, dejando al descubierto sus piernas bronceadas y las cicatrices casi invisibles que recordaban un pasado que prefería olvidar. Un par de zapatillas Converse All Star, blancas e impecables, completaban su atuendo, un manifiesto de su deseo de romper con la monotonía. Quería sentirse cómoda, sí, pero sobre todo, quería sentirse auténtica. Libre de las presiones, libre de las expectativas, libre de la sensación constante de estar representando un papel.
Los últimos meses se habían deslizado en una serie de días indistinguibles. Valentina se había sumergido en el trabajo, llenando cada momento libre con actividades que la mantenían ocupada, pero que no lograban llenar el vacío que sentía en su interior. Había evitado a sus amigos, inventado excusas para no asistir a reuniones familiares, incluso había dejado de responder a los mensajes de su madre. Se había convertido en una experta en el arte de la evasión, construyendo una barrera invisible entre ella y el mundo exterior.
Sin embargo, la evasión solo podía durar hasta cierto punto. Valentina sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarse a lo que fuera que la estaba atormentando. Sabía que no podía seguir huyendo para siempre.
En ese momento, una mano familiar se posó en su hombro, sobresaltándola.
-¡Valen! ¡Te encontré! -exclamó Clara, su mejor amiga, con una sonrisa radiante. Clara, una beta con una energía contagiosa, siempre lograba sacarla de su caparazón, incluso en los momentos más oscuros.
-Clari, ¿qué hacés acá? -preguntó Valentina, tratando de sonar sorprendida, aunque en el fondo se alegraba de verla.
-¡Vine a bailar, obvio! ¿Qué más iba a hacer un viernes a la noche? -respondió Clara, guiñándole un ojo-. Pero hablando en serio, me preocupé por vos. Hace semanas que no contestás el teléfono. ¿Está todo bien?
Valentina vaciló. No quería hablar sobre sus problemas con Clara. No quería cargarla con sus miedos y su confusión. Pero al mismo tiempo, necesitaba desesperadamente hablar con alguien.
-Estoy bien, Clari -dijo finalmente, tratando de sonar convincente-. Solo... un poco estresada con el trabajo.
Clara la miró con escepticismo.
-Dale, Valen. A mí no me engañás. Te conozco demasiado bien. ¿Qué pasa de verdad?
Antes de que Valentina pudiera responder, Clara interrumpió:
-¡Pero basta de dramas! ¡Hoy es noche de chicas y vamos a divertirnos! Además... tengo algo que contarte. -Clara se acercó a Valentina, con los ojos brillando de emoción-. ¡Adiviná a quién conocí! ¡Un alfa! ¡Y es... wow! Super lindo, re buena onda... ¡Un encanto! Estuvimos charlando un montón y... -Clara se interrumpió a sí misma, dándose cuenta de que Valentina no estaba tan entusiasmada como esperaba-. Ay, perdón, Valen. No quería... ya sabés...
Valentina suspiró. Sabía que Clara no lo hacía con mala intención, pero a veces su entusiasmo por los alfas podía ser un poco abrumador. Especialmente considerando la situación de Valentina.
-Está todo bien, Clari -dijo Valentina, tratando de sonreír-. Me alegro por vos. ¿Cómo se llama?
-Se llama Mateo -respondió Clara, con una sonrisa soñadora-. Y es... perfecto. De verdad, Valen, tenés que conocerlo. Creo que te caería muy bien.
Valentina asintió, pero por dentro se encogió. La idea de conocer a un nuevo alfa la aterraba. Después de lo que había pasado con Sofía, no estaba segura de poder volver a confiar en alguien.
Un escalofrío helado recorrió la columna vertebral de Valentina, a pesar del calor sofocante del club. Sintió una presencia familiar en la periferia de su visión, una mirada intensa que la hacía sentir expuesta y vulnerable. Su corazón dio un vuelco, latiendo con una fuerza dolorosa contra sus costillas. Sus ojos se entrecerraron, la mandíbula se tensó. ¿Cómo se atrevía?
Pero allí estaba, recortada contra la luz estroboscópica, su silueta inconfundible. Sofía vestía una remera blanca básica, que contrastaba con sus pantalones negros vaqueros ajustados que delineaban sus largas piernas. Una chaqueta de cuero, con el cierre entreabierto, completaba su atuendo, dándole un aire rebelde y peligroso. El cabello negro azabache, peinado en un corte asimétrico que enmarcaba sus pómulos altos y sus ojos grises penetrantes. La sonrisa que se dibujaba en sus labios era suave, casi dulce, pero Valentina solo veía manipulación en ella.
Sofía.
El mundo se redujo a un punto singular. La música se convirtió en un zumbido sordo, las luces en manchas de color sin sentido. Clara, Mateo y el resto de la multitud se desvanecieron, dejándolas solas en un vacío inquietante. Valentina sintió que el aire se espesaba a su alrededor, volviéndose difícil de respirar. La rabia comenzó a hervir en su interior.
De repente, todo encajó en su lugar. La inquietud que la había estado carcomiendo, la necesidad de escapar, la sensación constante de estar siendo observada... todo tenía sentido ahora. Había estado huyendo de Sofía, aunque no se había permitido admitirlo. Y ahora, como si fuera una cruel broma del destino, Sofía estaba allí, frente a ella, con esa mirada que siempre la había desarmado. Pero esta vez, Valentina no iba a ceder. Esta vez, iba a luchar.
Valentina sintió el impulso primario de huir, de desaparecer entre la multitud y correr tan lejos como sus piernas pudieran llevarla. Pero se obligó a permanecer quieta, a mantener la compostura. No le iba a dar a Sofía la satisfacción de verla huir.
Sofía comenzó a moverse hacia ella, deslizándose entre la multitud con una gracia felina. Cada paso era deliberado, pero esta vez, no parecía amenazante. Su rostro reflejaba una mezcla de arrepentimiento y... ¿ternura? Valentina no se lo creía.
Cuando Sofía estuvo a solo unos metros de distancia, Valentina pudo ver la preocupación genuina en sus ojos. Pero no importaba. Ya no confiaba en ella.
-Valentina -dijo Sofía, su voz suave, casi un susurro. Parecía querer transmitir sinceridad, pero a Valentina solo le sonaba falso-. Te he estado buscando. Quería... quería saber cómo estabas.
El sonido de su nombre, pronunciado con esa familiaridad posesiva, hizo que Valentina se estremeciera. Era como si Sofía estuviera reclamándola, marcándola como su propiedad. Pero esta vez, no iba a funcionar.
-¿Qué haces acá, Sofía? -preguntó Valentina, su voz cortante, llena de desprecio-. Y no me vengas con tus excusas.
Sofía pareció dolida por sus palabras.
-Valentina, por favor... -intentó decir, pero Valentina la interrumpió.
-No me vengas con tus manipulaciones -espetó Valentina, acercándose a ella, desafiante-. Sé perfectamente de lo que eres capaz. Ya te había dicho que no te quería ver a más.
Sofía negó con la cabeza, con una expresión de tristeza en el rostro.
-Solo te estoy preguntando como estas, Valentina -dijo-. Quiero... quiero arreglar las cosas. Quiero que volvamos a estar juntas.
Valentina soltó una carcajada amarga.
-¿Arreglar las cosas? -repitió, incrédula-. ¿Qué mierda queres arreglar? ¿Después de todas las cagadas que te mandaste? No, Sofía. No hay nada que arreglar. Se terminó.
Sofía dio un paso hacia ella, extendiendo una mano en un gesto suplicante.
-Por favor, Valentina -dijo-. Dame una oportunidad. Déjame demostrarte que puedo cambiar. Déjame demostrarte que te amo.
Valentina la miró con frialdad.
-Tu amor me asfixia, Sofía -dijo-. Y no quiero saber nada más de ti.
Se dio la vuelta y empujó a Sofía a un lado, alejándose de ella y adentrándose en la multitud. En ese momento, su único pensamiento era alejarse lo más posible de Sofía. Cada paso la alejaba de esa mirada dulce que sabía que escondía una tormenta. Pero la preocupación no terminaba ahí. Este era un boliche conocido, uno de los favoritos de la familia de Sofía. La idea de encontrarse con alguno de sus hermanos la llenaba de terror. Eran alfas, como Sofía, pero carecían de la sutileza de su hermana. Eran brutos, violentos, y siempre habían mostrado una clara hostilidad hacia Valentina, una omega que, a sus ojos, no merecía el afecto de Sofía. La sola idea de tener que lidiar con ellos la hacía sentir náuseas.
Mientras corría, sintió la mirada de Sofía quemando su espalda. Pero esta vez, no era una mirada de posesión, sino de desesperación. Y eso, de alguna manera, le daba a Valentina una pequeña victoria.
La música se intensificó, envolviéndola en un torbellino de sonido y luz. Valentina corrió más rápido, impulsada por una mezcla de rabia y alivio. Sabía que el camino por delante sería difícil, que tendría que enfrentarse a sus propios demonios y a la implacable obsesión de Sofía. Pero estaba dispuesta a escapar de ella.
Mientras se perdía entre la multitud, Valentina sintió una punzada de dolor en el pecho. A pesar de todo el daño que Sofía le había causado, todavía la amaba. Pero ese amor estaba contaminado, envenenado por la obsesión y el control.