IKIGAI

All Rights Reserved ©

Summary

A veces vivir tiene menos sentido que la muerte pero es mucho más fácil ir a ella, claro está, para vivir se necesita coraje y en muchas ocasiones felicidad; ¿Qué pasaría si hay coraje pero no felicidad? O ¿Felicidad pero no coraje?, dos colores se encuentran como personas como una metáfora de la vida, para encontrar su razón de vivir.

Genre
Drama
Author
NANA
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Epílogo

"para todas las almas lilas en busca de un pizca azul"




IKIGAI

UNA RAZÓN PARA VIVIR
















No sé si este ave eres tú.

No sé si este ave soy yo.

Tal vez somos ambos,

encerrados en jaulas distintas,

con la puerta abierta y el miedo sosteniéndonos las alas.

Escribí esto para recordarte -para recordarme-

que la belleza no siempre se siente como un regalo,

que a veces es un peso.

Y que no tienes que volar para demostrar que eres libre.

A veces, basta con que alguien te mire de verdad,

sin querer arrancarte las plumas,

sin pedirte que cantes.

Yo te miro así.

-L.






El primero de diciembre siempre ha tenido algo de sagrado para mí. No sé si es por lo cerca que está de la Navidad, o porque es justo época del año en que puedo volver a sentir. Hay un instante -mínimo, casi imperceptible- en el que el aire cambia de textura, y todo lo que era rutina se convierte en una especie de espera. Siempre lo supe. Desde niña lo presentía. Pero este año... este año me pesa más que nunca.

Esa mañana estuve despierta desde temprano mirando por la ventana esperando que sin rezar o implorar la nieve cayera por si sola . El reloj marcaba las seis y media y la luz del dia ya comenzaba a desaparecer. El cielo era de un gris limpio, casi plateado, y las nubes parecían reposar sobre los tejados como si se negaran a disolverse.

Encendí la chimenea sin mucha fé, con las manos temblorosas, y observé cómo las brasas se encendían lentamente. El sonido del fuego se mezclaba con el murmullo de la ciudad que despertaba más abajo, y durante unos minutos creí escuchar -o quise hacerlo- el eco de una compañía.

Me puse la bata de seda que siempre uso en invierno, aunque no abriga nada. Caminé descalza hasta el jardín y abrí las puertas de vidrio. El viento entró como una ráfaga viva, golpeándome el rostro y despeinándome el cabello. Aún así salí.

Las rosas blancas que rodeaban el jardín parecían congeladas en su propio esplendor. con el césped cubierto de humedad, desprendía un rico olor a tierra fresca. Me recosté sobre él sin pensarlo demasiado y con mis dedos entrelzados sobre mi pecho comence a sentir como estos se ponian más frios con pasados los segundos.

El frío me mordió la piel como si fuera algo facil de hacer. Cerré los ojos y respiré hondo.

En silencio, oré,no pedí nada concreto, porque hace tiempo que dejé de hacerlo. Sólo pedí una señal, algo que me dijera que aún quedaba un motivo para seguir escribiendo, o viviendo, o minimo esperando pero a este punto ya no sabia que es lo que esperaba.

Pero las señales no siempre llegan como uno desea.

A veces son solo ráfagas de viento.

Sentí una de ellas recorrerme el cuerpo. Fue tan helada que por un segundo creí que el invierno me estaba contestando.

-Te enfermarás si sigues así, ¿sabes? -dijo una voz familiar detrás de mí.

No me giré enseguida, ni siquiera abri los ojos. Reconocería esa voz entre mil.

Ashtan.

Siempre tan puntual, tan correcto, tan elegante en su forma de entrar en cualquier sitio, incluso cuando ese sitio es mi jardín y yo estoy tirada en el césped con un camisón.

Se acercó despacio, con las manos en los bolsillos de su abrigo largo y el cabello rubio ligeramente despeinado por el viento. El invierno parecía hecho para él.

-No pienso moverme -murmuré sin abrir los ojos.

-Eso mismo dijiste el año pasado. Y el anterior -replicó con paciencia-. Pero igual terminaste con fiebre.

Sonreí apenas. No había cambiado en nada.

Ashtan siempre fue la parte más sensata de todos nosotros. Desde que éramos niños, su voz tenía ese tono de calma que parecía mantenernos a flote. Se sentó a mi lado sin hacer ruido, como si entendiera que mis silencios también hablaban.

-¿Esperas algo? -preguntó después de un rato.

Abrí los ojos y miré el cielo. El viento estaba más fuerte, pero aún no había nieve.

-Solo quiero que caiga la primera nevada -dije-. No sé por qué, pero... la necesito este año.

Ashtan asintió. No hizo más preguntas. No las necesitaba.

Nos quedamos así un buen rato, en silencio, escuchando el ruido lejano de los autos y el canto de algún ave solitaria que se negaba a emigrar.

Él siempre entendía cuándo hablar y cuándo no.

Era una de las pocas personas con las que podía ser yo sin explicar nada.

---

La puerta principal se abrió con un golpe de viento y una voz alegre rompió el silencio.

-¡Estamos aquí! Y traemos provisiones para sobrevivir todo diciembre -anunció Oriol, arrastrando varias bolsas que tintineaban.

Ashtan soltó una pequeña risa. Yo me incorporé despacio, sacudiendo el césped del camisón.

Oriol entró acompañado de Lucian, que, como siempre, parecía sacado de una pintura antigua de la realeza. Elegante, reservado, con ese aire misterioso que nunca lograba desprender.

Ambos traían el aroma a canela,perfume caro, y recuerdos entre todos que nunca podian morir.

-¿Otra vez tirada en el jardín? -preguntó Lucian, alzando una ceja-. No cambias, Lila.

-Y tú tampoco cambias, sigues juzgando a la gente antes de decir "hola" primero -respondí.

Él sonrió apenas, esa sonrisa sutil que sólo mostraba cuando estaba cómodo.

Oriol dejó las bolsas sobre la mesa del comedor y se acercó a darme un abrazo rápido, cálido, como el de un hermano mayor.

-Tienes que prepararte, Monroe. Este año pienso cocinar -dijo con orgullo.

-Eso suena más a una amenaza -intervino Ashtan, riendo.

Era como si el invierno no comenzara oficialmente hasta que ellos tres entraban a mi casa.

Llevábamos años repitiendo la misma tradición: el primero de diciembre nos reuníamos aquí en mi casa para preparar juntos la cena de ese mes, y bueno se quedaban hasta terminado año nuevo, aunque todos teníamos una agradable vida adulta, al final de nuestros días sólo nos teníamos a nosotros para no caer en soledad.

Era una costumbre nacida del silencio, del recuerdo de algo que no queríamos nombrar, pero que seguía latiendo entre nosotros, era como si siguiéramos arrepentidos por algo pero al mismo tiempo lo celebraramos.

Este año, sin embargo, algo era distinto.

Lucian no venía solo.

---

Cuando Flora cruzó la puerta, la casa pareció iluminarse de otra manera.

No era solo hermosa; había algo profundamente amable en ella. Tenía el cabello castaño rizado, piel morena, ojos color avellana y una sonrisa que desarmaba hasta al más huraño.

Su nombre no podía haber sido más apropiado: Flora Blyde, como las flores que dirigían su imperio.

Sus boutiques florales se extendían por toda Europa, incluso en Asia; había leído sobre ella en artículos de arte y negocios, sin imaginar que algún día la conocería en persona.

Lucian, en cambio, parecía incómodo. No estaba acostumbrado a mezclar su vida privada con nosotros, y mucho menos con sus sentimientos,a pesar de tener años conociéndonos pero asi era él,bastante misterioso y apartado, aunque,para ser Lucian el presentar a Flora en esta época del mes es porque era realmente importante para él.

-Así que esta es la famosa Lila Monroe -dijo ella con un tono suave, extendiéndome la mano-. Lucian me ha hablado mucho de ti.

-¿Ah, sí? -pregunté, mirando de reojo a Lucian.

-Demasiado -respondió ella sonriendo-. Y tenía razón, tu casa es aún más bonita de lo que imaginaba.

Me sonrojé un poco, lo cual era ridículo y más porque estoy segura que Lucian le dijo todo lo contrario pero Flora no lo dejaría quedar mal.

Mi casa no era bonita, era un caos.

Era grande, sí, con ventanales amplios y una decoración a medio camino de cozy cottage -una recomendación de Oriol, que se consideraba experto en interiores-, pero las paredes estaban llenas de notas, bocetos, la sala llena de tazas de café a medio terminar y pinturas. Pinturas por todas partes, pero como si mi jardín no bastará también había por todos lados flores en jarrones.

-Lila, en serio deberías dejar de comprar todo lo que pinta -comentó Lucian, recorriendo con la mirada los cuadros apoyados contra las paredes.

-No los compro todos -dije, encogiéndome de hombros-. Dejé de hacerlo hace tiempo.

No quise decirle por qué.

No quise decirle que igual si solía comprarlos todos al grado de casi quedarme en bancarota pero creo que era algo que no podía evitar.

Oriol, con su energía habitual, comenzó a desempacar las bolsas. Flora se ofreció a ayudarlo, y Ashtan desapareció en la cocina, seguramente a preparar té.

Lucian, por su parte, se quedó cerca de la chimenea, observándome en silencio.

Había algo distinto en su mirada.

No era solo el paso del tiempo. Era una mezcla de nostalgia y cautela.

-Este año pienso hacerlo -me dijo de repente, sin preámbulos.

-¿El qué?

-Pedirle matrimonio -confesó.

Lo miré, sorprendida.

-¿A Flora?

Asintió.

-A Flora. Creo que... es momento de dejar de esconderme del pasado.

No respondí enseguida.

Él hablaba de su pasado como si fuera una enfermedad que aún no terminaba de curar.

Y yo entendía demasiado bien lo que eso significaba.

—Ahora entiendo tú decisión de traerla este mes.— dije mientras colocaba mis gafas arriba de mi cabeza.

—¿a que te refieres?.

—Lucian...llevas saliendo con ella 2 años ,y nunca la quisiste presentar ante nosotros,creo saber que realmente pensabas que seríamos imprudentes y le contaríamos algo.

Lucian se puso nervioso, aunque toda la vida fue reservado ahora como adulto el notaba la importancia de abrirse con las personas.

—Tenía miedo Lila.— Lucian bajó la mirada cómo un pequeño cachorro.— pero ya no lo quiero tener más.

Sus palabras me dejaron algo marcada,él por fin estaba dispuesto a soltar y me preguntaba si yo realmente aún esperaba algo.

---

Pasamos la tarde ordenando la casa entre bromas y anecdotas.

Oriol colocaba guirnaldas de luces alrededor de las ventanas, Flora arreglaba un ramo de flores blancas sobre la mesa, y Ashtan se aseguraba de ordenar las notas de papel esparcidas por todos lados.

Yo, mientras tanto, escribía algunas notas rápidas en una libreta abierta, intentando capturar la escena.

Es curioso. A veces escribo para recordar, y otras, para no tener que hacerlo.

Flora se acercó a mí con curiosidad genuina.

-He leído tu libro -dijo con una sonrisa- Un ave enjaulada, ¿verdad? Es... devastador.

-Lo es -admití, sin apartar la mirada del papel.

-¿Esa ave eras tú?

Lucian me miró de inmediato.

Esperé su aprobación, como siempre hacía. Él asintió, leve, casi imperceptible.

Entonces respiré hondo.

-No -respondí al fin-.No es sobre mi realmente.

Ella se quedó en silencio unos segundos, como si procesara algo.

Luego añadió:

-A veces las jaulas están abiertas, pero seguimos dentro porque no confiamos en lo que esta afuera.

La miré, sorprendida.

Nadie lo había dicho con tanta claridad antes.

---

Las horas pasaron entre el aroma del té, el sonido de la lluvia ligera contra los cristales y las risas dispersas.

Por un momento creí que éramos felices.

Que lo habíamos sido siempre, incluso cuando no lo sabíamos.

Flora preguntó cómo nos habíamos conocido, y los tres comenzaron a recordar cosas que creí olvidadas: los veranos en la vieja casa de campo, las tardes de arte, los juegos en los jardines.

Hasta que ella, sin saberlo, pronunció el nombre que aún dolía.

-Entonces... el primero que conoció a Lila fue Azul, ¿verdad?

El silencio cayó sobre todos.

El aire se espesó.

Lucian bajó la mirada...El no podia ser misterioso no con quien pensaba entregar su vida para compartirla,Lucian no queria desaparecer lo que sucedio, queria que flora lo entendiera y si ella lograba hacerlo , Lucian seguiria adelante junto a ella.

Ashtan fingió concentrarse en su taza,apretando los dientes, lo note por la forma en que se tenso su mandibula.

Oriol se aclaró la garganta, incómodo.

Yo giré la vista hacia la ventana.

Y fue entonces cuando comenzó a nevar.

Los primeros copos cayeron suaves, indecisos, sobre las rosas blancas del jardín.

El invierno, finalmente, había respondido.

No dije nada.

Solo observé cómo la nieve cubría poco a poco las huellas que habíamos dejado esa tarde.

Porque a veces el invierno no llega para congelar.

Llega para recordarte lo que dejaste atrás.

Y ese año, lo supe con certeza:

el invierno había vuelto...

con su nombre.

Azul.










PRÓXIMAMENTE