Prólogo
No soy de las personas que cree en el destino, ni en esas coincidencias románticas que te hacen sentir que todo está escrito en las estrellas. Siempre he sido una mujer de lógica, de pasos medidos y de control absoluto sobre mi cuerpo y mi vida.
Desde pequeña, mi mundo fue un escenario. La sala de ensayo, el resonar de mis zapatos contra el piso, el dolor de los músculos tras un entrenamiento exhaustivo… Ese era mi universo. Los tutús de gasa y la disciplina férrea del ballet eran mi realidad. Mi padre me decía que el mundo era un lugar brutal y que mi única protección sería mi arte. Nunca entendí a qué se refería, hasta que el telón se alzó y la verdad me golpeó de lleno.
Él no era una coincidencia, era un cataclismo. Un huracán de destrucción y poder que llegó para reclamar lo que consideraba suyo. Su aura era tan opuesta a la mía que debimos habernos repelido, pero en vez de eso, nos unimos. Una fuerza siniestra y magnética que no me permitía escapar, no me permitía respirar. Cassian Lykaios no vino a salvarme, vino a reclamar su botín. Y yo, ingenuamente, le abrí la puerta, sin saber que al otro lado no me esperaba un príncipe, sino un rey. El rey de las sombras.