Prólogo
—Me da igual, padre. Esta es mi vida y yo decido qué hago con ella —gruñí, con el eco de mi voz retumbando en la oficina de "The Dark Side", el lugar que es mi cárcel y mi reino a la vez.
Jay Larzon, el hombre que me dio la vida y este infierno, me miró con esa mezcla de exasperación y resignación que ya conozco bien. El mismo brillo de rebeldía que me arde en las venas, lo vi en sus ojos en los viejos videos que me muestra la abuela Luciana. El cabello plateado por los años, las canas en la barba, y esos tatuajes que me recuerdan a los míos. Él lo entiende. Lo vive. Pero mi madre…
—No, Arión. No te dejaré seguir por ese camino. Tu madre se mata para que no vivas lo mismo que nosotros —dijo, su voz dura como el acero.
Mi madre, Ivy Woods. La mujer que sufrió en cautiverio y que nos protege con una furia de leona. Me preocupa que se arriesgue de nuevo si se entera de mis tratos con los peces gordos de la ciudad, en los que mi padre también está involucrado. El legado de mi abuelo, el padre de Ivy, el gran imperio que le costó levantar, cayó en sus manos. Ahora, mi madre lucha por mantenerlo fuera de ese mundo.
—No sé de qué camino hablas. Estoy aquí, en el bar, ayudándote —le respondí con cinismo.
—Lo que haces con tu tiempo libre, tus "amigos" y esas carreras clandestinas que tu madre no sabe que volviste a hacer. ¿Crees que soy un estúpido? —me recriminó.
Señalé un grupo de jóvenes que entraban al bar. —Los tengo controlados, no causarán problemas. Saben que The Dark Side es un lugar legal para la gente que quiere pasarla bien.
—Si, hasta que pasa algo y tengo que romperle la cara a alguien o llamar a la policía, como en los viejos tiempos. No quiero más problemas, Arión. Ya no.
Suspiré, cansado de la misma discusión de siempre. Yo también estaba cansado de lidiar con los fantasmas del pasado. Mis padres se lo buscan. Se aferran a los secretos de la familia de mi padre y mi madre, a los negocios que no debieron involucrarse, y yo soy el que debe recoger los pedazos.
El pasado es un ancla que me arrastra a la oscuridad y no sé cómo soltarlo.
La puerta de la oficina se abrió de golpe y mi hermana, Hécate, apareció con una sonrisa brillante. Se parece a mamá en su temperamento y su físico. Le doy gracias a Dios por eso. La miro y me doy cuenta de que debo cuidarla, no quiero que termine como yo, mezclado en este mundo.
—¡Arión, el tío Alex y la tía Jean están aquí! ¡Y con ellos vienen Kaia y Caleus!
El aire se me fue de los pulmones. Kaia. Mi Kaia. No la he visto en años. Desde que la chica de mi infancia, la que yo consideraba una niña, una bebé, se fue sin decir adiós. Me burlé de sus sentimientos. Me arrepiento cada maldito día. Ahora, tengo una oportunidad para arreglar mi error. Lo que no sé es si ella querrá.
Mi cabeza me dice que la ignore. Mi corazón que no la deje ir.