Prólogo
El olor a tinta fresca y la música de fondo eran mi hogar. Crecí entre el zumbido de las máquinas de tatuar y la risa ruidosa de mis padres, Blake y Audrey. Hoy, el sonido que me rodeaba era el de mi propio caos interno, un torbellino de emociones que me consumían. Me encontraba sentado en mi oficina en The Dark Side, rodeado de bocetos de tatuajes, pero mi mente estaba en otra parte, en ella.
Mi mejor amigo, Arión, se había convertido en mi hermano de otra madre. Lo conocía desde que éramos niños, cuando Jay y mi padre se hicieron socios. Siempre me cuidó, y él era una constante en mi vida. En medio de todo ese caos, estaba ella: Hécate, la dulce y sarcástica hermana de Arión. La vi crecer, transformarse de una joven curiosa y alegre, siempre con su cabello teñido de un vibrante “fox hair color”, en una mujer fuerte, pero al mismo tiempo vulnerable.
Para Arión, Hécate era una amiga más, la hermana de su mejor amigo. Para mí, era una tentación constante. Al principio, la respetaba como la hermana de mi amigo, pero su forma de ser y su ingenio me intrigaron. Su habilidad para ver el mundo con una mezcla de cinismo y esperanza me hacía dudar de nuestra amistad. Las conversaciones se volvieron más profundas, las miradas más intensas.
Una noche, cuando salimos a correr, supe que no podía seguir viéndola como una amiga más. No había nadie alrededor, y el silencio de la noche era ensordecedor.
—¿En qué piensas? —me preguntó con esa voz suave que me hacía estremecer.
—En nada importante.
—Vamos, me conoces, puedes confiar en mí.
—Tú sabes lo que yo siento por ti.
Hécate se mordió el labio. Sabía lo que Arión era capaz de hacer. Arión, que no solo era sobreprotector, sino que también era impredecible, siempre atrapado en el pasado de su familia. Me preguntaba si un amor así podría tener futuro, o si nos llevaría a la ruina.
—Un amor secreto es el más peligroso de todos —le dije, y ella me miró con esos ojos azul océano que me hacían perder el control.
En ese momento, nuestros labios se unieron por primera vez, y el caos que perduraba entre nuestras familias se hizo nuestro. Me sentí un traidor, pero también sentí que era lo más real que había sentido en mucho tiempo.
—Zander, esto no puede pasar.
—Ya pasó, Hécate. Ahora no sé cómo vamos a afrontar las consecuencias.
Ella se quedó callada. Sabía que Arión no se lo tomaría bien. Después de todo, él era un león protector con su manada. Yo no quería arruinar mi amistad con él, pero tampoco podía renunciar a ella.